Rolón: la felicidad requiere liberarse de los mandatos ajenos que nublan la voluntad propia

Estamos tan atravesados por opiniones ajenas que quedamos excéntricos a nosotros mismos
Rolón describe cómo los deseos y expectativas de otros nos desplazan de nuestro propio centro.

En el estudio de LN+, el psicoanalista Gabriel Rolón plantea una de las preguntas más antiguas de la condición humana: ¿cómo distinguir lo que uno genuinamente desea de lo que otros han depositado en uno desde la infancia? A través de su libro y su práctica clínica, Rolón sostiene que la felicidad no es euforia sino claridad interior, y que alcanzarla exige el trabajo paciente de separar la propia voz de las voces heredadas. En un tiempo en que la identidad se construye bajo presiones familiares, sociales y culturales cada vez más visibles, su reflexión invita a un acto de responsabilidad radical: elegir conscientemente quién se quiere ser.

  • Millones de personas viven desconectadas de sus propios deseos sin saberlo, atrapadas en metas que en realidad pertenecen a sus padres, familias o entornos.
  • Cuando alguien descubre que sus logros responden al narcisismo parental y no a una pulsión propia, emerge una angustia particular: no la de fracasar, sino la de nunca haberse preguntado qué quería.
  • Rolón advierte que la culpa de decepcionar las expectativas ajenas actúa como una barrera invisible que bloquea el acceso al deseo auténtico.
  • El camino propuesto no es rechazar todo lo externo, sino desarrollar discernimiento: preguntarse en cada elección si algo es propio o prestado.
  • La entrevista cierra con una invitación incómoda y necesaria: ser más compasivo con uno mismo y tomarse el tiempo de averiguar qué es lo que realmente se desea.

Gabriel Rolón se sienta frente a Luis Novaresio en LN+ y abre una pregunta que muchos reconocen en silencio: ¿cómo saber qué se desea cuando la propia voluntad está sepultada bajo expectativas ajenas? El psicoanalista, autor de La felicidad, lleva años escuchando a personas que viven desconectadas de sus anhelos más genuinos.

El primer obstáculo que identifica es concreto: los deseos de otros. Un padre que proyecta en el hijo lo que él no pudo tener, una madre que espera una carrera específica, una familia que define qué significa el éxito. Rolón lo resume con precisión: estamos tan atravesados por opiniones ajenas que terminamos siendo excéntricos a nosotros mismos, desplazados de nuestro propio centro.

Esa desconexión tiene un costo emocional preciso. No es la angustia de fracasar en lo que se desea, sino la de descubrir que nunca se preguntó qué se deseaba. La culpa de decepcionar lo que otros esperaban se convierte en una barrera invisible entre la persona y su propio deseo.

El autoconocimiento, insiste Rolón, no es un lujo sino una necesidad. Nadie nace en blanco: todos heredamos algo que nos precede, y muchas veces ese algo es el narcisismo parental disfrazado de amor, la exigencia de que la siguiente generación repare lo que la anterior no pudo.

La felicidad, en su visión, no es euforia permanente sino la posibilidad de mirarse hacia adentro sin vergüenza. El desafío no es rechazar todo lo externo, sino desarrollar discernimiento: preguntarse si cada elección es propia o prestada. Al cierre, Rolón deja una invitación incómoda y necesaria: ser un poco más piadoso con uno mismo y tomarse el tiempo de averiguar qué es lo que realmente se desea, el viaje desde la obediencia automática hacia la elección consciente.

Gabriel Rolón se sienta frente a las cámaras de LN+ con Luis Novaresio y plantea una pregunta que muchos reconocen en sí mismos: ¿cómo saber qué se desea cuando la propia voluntad está sepultada bajo capas de expectativas ajenas? El psicoanalista argentino, autor de La felicidad, ha pasado años escuchando a personas que viven desconectadas de sus propios anhelos, atrapadas en un laberinto de voces que no les pertenecen.

Desde el inicio, Rolón es claro: no es sencillo identificar el deseo genuino. Entre el individuo y lo que realmente quiere se interponen obstáculos concretos, y el primero de ellos son los deseos de otros. Esas voces que hablan desde la infancia, los mandatos que se repiten sin cuestionamiento, las expectativas que se heredan como si fueran propias. Un padre que dice al hijo: vos vas a tener todo lo que yo no tuve. Una madre que espera una carrera específica. Una familia que define qué significa el éxito. Rolón lo resume con precisión: estamos tan atravesados por opiniones ajenas que terminamos siendo excéntricos a nosotros mismos, desplazados de nuestro propio centro.

Esta desconexión tiene consecuencias profundas. Cuando una persona descubre que sus metas actuales responden no a una pulsión interna sino a lo que su círculo íntimo esperaba de ella, surge una angustia particular. No es la angustia de fracasar en lo que se desea, sino la de descubrir que nunca se preguntó qué deseaba. Rolón señala que esa culpa, esa decepción, ese dolor que habita cuando se sabe que se está defraudando lo que otros esperaban, se interpone entre el deseo y la persona como una barrera invisible.

El especialista enfatiza que el autoconocimiento no es un lujo sino una necesidad. Implica un trabajo de separación: distinguir entre los anhelos que brotan de adentro y las imposiciones que el entorno ha depositado. Nadie nace en blanco, aclara Rolón. Todos heredamos algo que nos precede, y si se tiene suerte, ese algo es un buen deseo. Pero muchas veces lo que se hereda es el narcisismo parental disfrazado de amor: la proyección de sueños incumplidos, la exigencia de que la siguiente generación repare lo que la anterior no pudo.

La felicidad, en la visión de Rolón, no es un estado de euforia permanente sino la posibilidad de mirar hacia adentro sin vergüenza de quien se es. Es la capacidad de sentirse conforme con la propia identidad, independientemente de lo que otros hayan esperado. Esas voces que nos dijeron cómo teníamos que ser, a quién amar, si debíamos estudiar o no, si seríamos felices o no serviríamos para nada: todas esas voces nos construyeron, pero también nos nublaron. El desafío es recuperar la claridad.

Rolón reconoce que la sociedad y la cultura son un desafío que hay que enfrentar. No se trata de rechazar todo lo que viene de afuera, sino de desarrollar la capacidad de discernimiento. Preguntarse: ¿esto es mío o es de otro? ¿Quiero esto o lo quiero porque se espera que lo quiera? El esfuerzo personal es, en última instancia, el motor que permite transformar esa realidad. No es pasividad ni resignación, sino un acto de responsabilidad hacia uno mismo.

Al cierre de la entrevista, Rolón deja una invitación incómoda pero necesaria: sé un poco más piadoso contigo mismo, déjame averiguar qué es lo que yo deseo. Es una frase que resume el trabajo de toda una vida para muchas personas: el viaje desde la obediencia automática hacia la elección consciente, desde la vida que otros diseñaron hacia la vida que uno elige vivir.

No es fácil saber qué se desea. Porque entre el deseo y uno mismo se interponen tantas cosas. Lo primero que se interpone, son los deseos ajenos.
— Gabriel Rolón
La felicidad es la posibilidad de mirar hacia adentro sin sentir vergüenza de quién uno es
— Gabriel Rolón
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué es tan difícil para la mayoría de las personas identificar sus propios deseos?

Model

Porque desde que nacemos estamos rodeados de voces que nos dicen quiénes deberíamos ser. Esos mandatos se vuelven tan familiares que los confundimos con nuestros propios anhelos. Es como vivir en una casa donde todos hablan al mismo tiempo y nunca aprendemos a escuchar nuestra propia voz.

Inventor

¿Qué sucede cuando alguien descubre que sus metas no son realmente suyas?

Model

Surge una angustia particular. No es el miedo al fracaso, sino la culpa de haber defraudado expectativas que nunca cuestionó. Y esa culpa se interpone entre la persona y cualquier deseo genuino que pudiera surgir después.

Inventor

¿Es posible separarse completamente de esas voces externas?

Model

No, y tampoco debería serlo. Nadie nace en blanco. Lo importante es desarrollar la capacidad de discernir: reconocer cuáles voces nos construyeron de manera valiosa y cuáles nos nublaron. Es un trabajo de toda la vida.

Inventor

¿Qué rol juega la vergüenza en todo esto?

Model

La vergüenza es lo que nos mantiene alejados de nosotros mismos. Cuando podemos mirar hacia adentro sin sentir vergüenza de quiénes somos, sin compararnos con lo que otros esperaban, ahí comienza la felicidad real.

Inventor

¿Cómo se diferencia el deseo genuino del deseo heredado?

Model

El deseo genuino viene con una sensación de autenticidad, aunque sea incómodo. El deseo heredado viene con culpa si no lo cumplimos. Uno es tuyo; el otro es una deuda que nunca pediste contraer.

Inventor

¿Qué significa entonces ser feliz, según esta perspectiva?

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Significa sentirse conforme con quién eres, independientemente de los mandatos. No es euforia constante. Es paz con tu propia identidad.

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