Richard Arce: La renuncia de Boluarte podría ser "la cura peor que la enfermedad"

Pérdidas humanas registradas como resultado de la espiral de violencia desatada principalmente en regiones del sur del país.
La cura podría ser peor que la enfermedad
Advertencia sobre los riesgos de la renuncia presidencial en medio de la crisis política peruana.

En el Perú de enero de 2023, la violencia en las calles del sur ya no es una anomalía sino el pulso mismo de la vida política. Ante la presión de renunciar, la presidenta Boluarte enfrenta una paradoja que la historia conoce bien: el remedio más evidente puede ser más destructivo que el mal que pretende curar. Cuando las instituciones no tienen la capacidad de contener lo que desborda, cada decisión se convierte en una apuesta sobre el abismo.

  • Las muertes en el sur del país se acumulan día a día, y la Policía carece del equipamiento y la logística para responder a una espiral de violencia que supera su capacidad operativa.
  • La renuncia de Boluarte, lejos de cerrar la crisis, abriría una disputa feroz entre facciones del Congreso, donde la ambición reemplazaría al acuerdo y el vacío institucional se volvería el verdadero peligro.
  • El adelanto de elecciones tampoco apaciguaría el clamor popular: los plazos obligarían a sacrificar la reforma política mínima y a regresar al tráfico de candidaturas que ya desacreditó al sistema.
  • El país se encuentra atrapado entre una crisis que escala y soluciones que podrían amplificarla, con el marco jurídico como único dique frente a un escenario de anarquía.

El Perú atraviesa una crisis donde la violencia en el sur ha dejado de ser excepcional para convertirse en parte del paisaje político cotidiano. Las protestas escalan a un ritmo que ninguna institución logra contener, y la Policía —con graves carencias logísticas— no tiene la capacidad de respuesta que la situación exige. El peligro no es solo el presente, sino la dirección hacia la que apunta.

Quienes proponen la renuncia de la presidenta Boluarte como solución pasan por alto lo que vendría después. El presidente del Congreso asumiría automáticamente, pero no habría ordenamiento institucional: habría una batalla interna entre facciones parlamentarias, cada una viendo en el vacío una oportunidad para avanzar sus propias ambiciones. La imagen de congresistas eligiendo de buena fe a un presidente de transición es una ilusión; lo más probable sería un vacío de poder que abriría las puertas a la anarquía.

El adelanto de elecciones tampoco es la salida que parece. Incluso si los organismos electorales lograran organizar comicios para diciembre, no calmarían el clamor popular. Además, la premura obligaría a sacrificar la reforma política mínima que el país necesita, y sin tiempo para primarias, se regresaría al sistema de tráfico de candidaturas donde los partidos negocian en la oscuridad.

Lo que está en juego es más profundo que un cambio de gobierno. Cualquier salida debe ser responsable y mantenerse dentro del marco jurídico, porque apartarse de él amplificaría la violencia en lugar de contenerla. La paradoja es cruel: la solución que parece más obvia podría ser la cura peor que la enfermedad.

El país ha llegado a un punto donde la violencia cotidiana y las muertes en las calles —especialmente en el sur— ya no son excepciones sino parte de la realidad política. La pregunta que flota sobre todo es qué hacer cuando las protestas escalan más rápido de lo que cualquier institución puede contenerlas. La Policía, con sus limitaciones logísticas y de equipamiento, no tiene la capacidad de respuesta que la situación exige. Esto es peligroso no solo por lo que está pasando ahora, sino porque apunta hacia algo peor aún.

En medio de esta crisis, hay quienes ven la renuncia de la presidenta Boluarte como una solución. Pero esa lectura pierde de vista lo que vendría después. Si Boluarte se va, el presidente del Congreso asumiría automáticamente. Lo que sucedería entonces no sería un ordenamiento institucional sino una batalla interna por el poder dentro del Parlamento, donde cada facción vería una oportunidad de avanzar sus propias ambiciones. Los sectores movilizados imaginan que los congresistas se pondrían de acuerdo de buena fe para elegir un presidente de transición. Eso no ocurriría. Lo que ocurriría es un vacío de poder, el escenario perfecto para la anarquía.

También está el tema de las elecciones adelantadas. Muchos las ven como la salida, pero ese diagnóstico también falla. Incluso si los organismos electorales aceleraran todo y las elecciones se realizaran en diciembre de este año, no calmaría el clamor popular. El adelanto de elecciones exigiría sacrificar la reforma política mínima que el país necesita para tener una mejor representación. Además, sin tiempo para primarias, volveríamos al sistema de tráfico de candidaturas, donde los partidos negocian en oscuridad quién representa a quién.

Lo que está en juego es más profundo que un cambio de gobierno. La salida tiene que ser responsable y tiene que estar dentro del marco jurídico, porque cualquier otra cosa amplificaría la violencia, no la contendría. Pero aquí es donde la lógica política se quiebra: la solución que parece más obvia —la renuncia de Boluarte— podría ser la cura peor que la enfermedad. A veces, en una crisis, lo que parece ser el remedio es en realidad el veneno.

La salida tiene que ser responsable y estar dentro del marco jurídico para apaciguar la violencia desencadenada en varias regiones
— Richard Arce
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué la renuncia de Boluarte no resolvería nada si la gente la está pidiendo?

Model

Porque la gente pide la renuncia creyendo que eso abre una puerta. Lo que en realidad abre es un vacío. Williams asumiría, pero el Congreso es un nido de pugnas internas. Sin una presidencia fuerte, cada facción se vuelve contra la otra.

Inventor

¿Y si los congresistas se pusieran de acuerdo?

Model

Eso es lo que muchos esperan. Pero no sucede. La buena voluntad no existe en esos espacios cuando hay poder en juego. La ambición gana siempre.

Inventor

Entonces, ¿qué salida hay?

Model

Una que sea responsable y dentro del marco jurídico. Pero eso requiere que la gente entienda que a veces el cambio que pides es peor que lo que tienes.

Inventor

¿Y las elecciones adelantadas?

Model

Tampoco calman nada. Incluso si se hacen en diciembre, sacrificas la reforma política que necesitas. Vuelves al tráfico de candidatos en la oscuridad.

Inventor

Entonces estamos atrapados.

Model

Estamos en un punto donde cada salida visible tiene un costo invisible. Por eso es tan difícil.

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