República Dominicana lanzará inyección semestral gratuita contra el VIH desde septiembre

Aproximadamente 1,300 personas mueren anualmente por enfermedades relacionadas con el VIH en República Dominicana, mientras 20,000 han abandonado el tratamiento.
La inyección cada seis meses es un punto de contacto, no una cadena diaria de decisiones
Refleja por qué una inyección semestral puede cambiar la adherencia al tratamiento en poblaciones vulnerables.

En un momento en que el financiamiento internacional para la salud global se retrae, República Dominicana elige avanzar: desde septiembre, ofrecerá gratuitamente una inyección semestral contra el VIH basada en lenacapavir, apostando por la simplicidad como puente hacia quienes la constancia diaria ha resultado imposible. La medida reconoce que la ciencia, por sí sola, no basta si no alcanza a los más vulnerables —migrantes, estigmatizados, invisibles para el sistema— y que sostener la vida requiere tanto voluntad política como recursos que, en este caso, comienzan a escasear.

  • Unas 20,000 personas han abandonado su tratamiento antirretroviral en el país, y cada año 1,300 mueren por enfermedades vinculadas al VIH, una hemorragia silenciosa que el sistema actual no ha logrado detener.
  • Los migrantes haitianos concentran gran parte del abandono terapéutico, atrapados entre barreras de acceso, estigma social e inestabilidad económica que hacen de la pastilla diaria una promesa difícil de cumplir.
  • La inyección semestral de lenacapavir —avalada por la OMS en julio de 2025— se presenta como la respuesta: dos dosis al año en lugar de 365, una lógica que podría transformar la adherencia para los grupos más rezagados.
  • El plan piloto arranca en septiembre dirigido a poblaciones vulnerables, con expansión gradual hasta 2027 para cubrir a los 85,000 dominicanos que viven con el virus.
  • El horizonte financiero ensombrece el avance: Estados Unidos ya suspendió su agencia de desarrollo y el Fondo Mundial retirará su apoyo en 2030, dejando al programa en una carrera contra el tiempo y el presupuesto.

Desde septiembre, República Dominicana pondrá en marcha un programa piloto que ofrecerá inyecciones semestrales gratuitas contra el VIH. El medicamento, conocido como Yeztugo y basado en lenacapavir, busca reemplazar la medicación diaria para quienes no logran mantenerla de forma consistente.

El contexto es urgente: de las 85,000 personas que viven con el virus en el país, unas 20,000 han abandonado el tratamiento. Entre ellas predominan los migrantes haitianos, quienes enfrentan barreras particulares de acceso y estigma. El plan piloto se dirigirá inicialmente a estos grupos vulnerables, con una expansión prevista a lo largo de 2027. Cada año se registran cerca de 4,000 nuevos contagios y 1,300 muertes por enfermedades relacionadas con el VIH, cifras que las autoridades consideran manejables pero que exigen respuesta sostenida.

La estrategia se apoya en el respaldo de la Organización Mundial de la Salud, que en julio de 2025 avaló el lenacapavir inyectable como herramienta complementaria de prevención, especialmente para personas con acceso irregular a servicios médicos o expuestas al estigma. Dos dosis al año, en lugar de una diaria, pueden marcar la diferencia entre quien permanece en tratamiento y quien lo abandona.

Sin embargo, el programa nace bajo presión financiera. Estados Unidos ya suspendió su Agencia para el Desarrollo Internacional, y el Fondo Mundial entregará su último aporte al país en 2030: 9,8 millones de dólares. Onusida advierte que los recortes globales amenazan los avances logrados —570,000 muertes en 2025, un 9,5% menos que el año anterior— precisamente en las poblaciones más frágiles. La iniciativa dominicana es, a la vez, un paso adelante y una carrera contra el tiempo.

A partir de septiembre, República Dominicana pondrá en marcha un programa piloto que ofrecerá inyecciones semestrales gratuitas contra el VIH, un cambio que busca simplificar el tratamiento para decenas de miles de personas que viven con el virus en el país. El medicamento, conocido comercialmente como Yeztugo y basado en lenacapavir, representa una alternativa a la medicación diaria que muchos pacientes encuentran difícil de mantener de forma consistente.

En un país donde aproximadamente 85,000 personas conviven con el VIH, las autoridades sanitarias han identificado un problema crítico: alrededor de 20,000 personas han abandonado sus tratamientos. Entre ellas predominan los migrantes haitianos, un grupo que enfrenta barreras particulares para acceder a servicios médicos continuos. El plan piloto se dirigirá inicialmente a estos sectores vulnerables, con una expansión gradual prevista a lo largo de 2027. La estrategia reconoce que la adherencia al tratamiento diario es uno de los mayores desafíos en la respuesta contra el virus, especialmente para quienes carecen de estabilidad económica o enfrentan estigma social.

Los números que contextualizan la situación son significativos. Este año se han realizado más de 194,000 pruebas de detección. Cada año se registran aproximadamente 4,000 nuevos contagios, y alrededor de 1,300 personas mueren por enfermedades relacionadas con el VIH. Los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres y las trabajadoras sexuales continúan siendo los grupos más afectados, aunque las autoridades sostienen que los indicadores generales permanecen bajo control en una población nacional de más de 10 millones de habitantes.

La decisión de implementar esta inyección semestral se alinea con recomendaciones internacionales. La Organización Mundial de la Salud respaldó el uso del lenacapavir inyectable dos veces al año en julio de 2025, definiéndolo como una herramienta complementaria de prevención para personas con dificultades para seguir esquemas diarios, aquellas expuestas al estigma o con acceso irregular a servicios médicos. El cambio representa un reconocimiento de que la medicina de una sola pastilla diaria, aunque efectiva, no funciona para todos.

Sin embargo, el despliegue de esta estrategia ocurre en un contexto de presiones financieras crecientes. El gobierno de Estados Unidos ya ha suspendido su Agencia para el Desarrollo Internacional, y República Dominicana recibirá la última ayuda del Fondo Mundial en 2030, por un monto de 9,8 millones de dólares. A nivel global, el Programa Conjunto de las Naciones Unidas sobre el VIH/Sida registró 570,000 muertes en 2025, un 9,5% menos que el año anterior, y 1,2 millones de nuevos casos, una reducción del 7,6%. Estos descensos reflejan los esfuerzos de los gobiernos, pero Onusida ha advertido que los recortes en financiamiento internacional pueden comprometer la prevención, el diagnóstico y el tratamiento, particularmente en las poblaciones más vulnerables.

La iniciativa dominicana, entonces, representa tanto un avance en opciones terapéuticas como una carrera contra el tiempo. Las autoridades deben expandir un programa nuevo mientras el apoyo financiero externo se contrae. El éxito dependerá de si logran llegar a esas 20,000 personas que abandonaron el tratamiento y mantener el acceso para los miles que actualmente reciben medicación diaria.

La OMS recomendó en julio de 2025 el lenacapavir inyectable dos veces al año como herramienta adicional de PrEP para personas con dificultades para seguir esquemas diarios
— Organización Mundial de la Salud
Aproximadamente 20,000 de las 85,000 personas que viven con VIH en el país dejaron el tratamiento por distintas razones
— Rafael Enrique González, director del Consejo Nacional para el VIH y el Sida
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué una inyección semestral marca tanta diferencia si ya existen medicamentos diarios que funcionan?

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Porque la vida no es un consultorio. Una pastilla cada día suena simple en teoría, pero cuando eres migrante sin hogar estable, sin dinero para transporte, cuando cargas estigma social, esa rutina se quiebra. La inyección cada seis meses es un punto de contacto, no una cadena diaria de decisiones.

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¿Entonces el problema no es que la medicina no funcione, sino que la gente no puede mantener la disciplina?

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No es disciplina. Es acceso, es estabilidad, es dignidad. Veinte mil personas abandonaron el tratamiento. No porque sean irresponsables, sino porque las circunstancias las obligaron a elegir entre comer y medicarse, entre migrar y permanecer en un lugar donde reciben atención.

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¿Y cómo financiarán esto si Estados Unidos ya cortó fondos y el Fondo Mundial se va en 2030?

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Esa es la pregunta que mantiene despiertos a los funcionarios. Están lanzando un programa piloto ahora, esperando que funcione, que demuestre valor. Pero saben que en cuatro años el dinero internacional se agota. Es una apuesta contra el reloj.

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¿Quién se beneficia primero?

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Los que más lo necesitan: migrantes haitianos, trabajadoras sexuales, hombres que tienen relaciones con hombres. Los que enfrentan barreras para llegar a una clínica cada mes. Pero también es un mensaje: el sistema está reconociendo que la solución no es culpar al paciente, sino adaptar la medicina a la realidad de las personas.

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¿Qué pasa si el programa funciona pero no hay dinero para mantenerlo?

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Entonces República Dominicana tendrá que elegir entre expandir un programa exitoso o dejar que miles de personas vuelvan a abandonar el tratamiento. Es el dilema de la salud pública en un país de ingresos medios: tienes la solución, pero no tienes garantizado el futuro.

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