Quizá me habría ido peor sin el driver. Nunca se sabe.
En las últimas horas del British Open, dos españoles cerraron sus participaciones con tarjetas bajo par que, más allá de los números, revelaron algo sobre el carácter humano ante la adversidad y la ambición. Sergio García jugó casi toda la vuelta sin su driver tras romperlo en un momento de frustración, y aun así firmó 68 golpes; Jon Rahm, insatisfecho con su semana, encontró en la figura de Scottie Scheffler no un techo inalcanzable, sino una prueba de que la transformación es posible. En Hoylake, el golf fue una vez más el escenario donde los hombres miden no solo su técnica, sino su temple.
- García rompe su driver en el hoyo 2 y se enfrenta a 16 hoyos con solo 13 palos, convirtiendo un accidente en una demostración de oficio.
- Lejos de hundirse, el ganador del Masters 2017 encadena cinco birdies y firma una de las rondas más singulares de su carrera reciente.
- Rahm acumula bogeys en los primeros nueve hoyos y reconoce que no competirá entre los treinta primeros, una decepción que contrasta con sus actuaciones en los otros tres majors de la temporada.
- El vizcaíno encuentra consuelo en las sensaciones de su swing y en la historia de Scheffler como prueba viviente de que un jugador puede redefinir su propio techo.
- García mantiene viva su candidatura para la Ryder Cup en Bethpage, argumentando que su experiencia en ambientes hostiles es exactamente lo que el equipo europeo necesitará.
En la última jornada del British Open, Sergio García protagonizó uno de los episodios más insólitos del torneo. En el tee del hoyo 2, un arrebato de frustración partió por la mitad la varilla de su driver, dejándolo con solo 13 palos para el resto de la vuelta. Lo que podría haber sido un derrumbe se convirtió en una lección de adaptación: García anotó su primer birdie precisamente en ese hoyo y acumuló cuatro más a lo largo del recorrido, cerrando con 68 golpes bajo par. Cuando se le preguntó si los 14 palos completos le habrían dado un mejor resultado, respondió con la calma de quien lleva décadas en el juego: quizá no.
Más allá del resultado, García tiene la mirada puesta en Bethpage. La próxima Ryder Cup lo llama, y el español no ocultó cuánto significaría para él ser elegido por el capitán Luke Donald. Argumentó que los jugadores experimentados tienen un papel irreemplazable en territorio hostil, especialmente para preparar a los más jóvenes ante lo que les espera.
Jon Rahm tuvo una semana más irregular. Bogeys en los hoyos 7, 9 y 10 complicaron su primera vuelta, y aunque remontó con tres birdies en la segunda mitad, reconoció que probablemente no entraría entre los treinta primeros, un sabor amargo para alguien que había terminado octavo en el PGA Championship y séptimo en el US Open. Sin embargo, Rahm no se mostró desmoralizado. Encontró consuelo en las sensaciones de su swing y, sobre todo, en la trayectoria de Scottie Scheffler: un jugador que transformó radicalmente su capacidad de cerrar victorias. 'Si él pudo hacerlo, todos podemos', reflexionó el vizcaíno, con la convicción de quien sabe que el camino, aunque largo, no está cerrado.
En la última jornada del British Open, dos golfistas españoles cerraban sus participaciones con vueltas que les permitían marcharse con la cabeza alta. Jon Rahm firmó 69 golpes mientras Sergio García completaba su ronda con 68, ambos bajo par en un torneo donde la competencia había sido feroz. Lo que hizo memorable el día de García fue la adversidad que tuvo que sortear: en el tee del hoyo 2, la varilla de su driver se partió por la mitad en un arrebato de frustración. A partir de ese momento, jugó prácticamente toda la vuelta con apenas 13 palos en lugar de los 14 reglamentarios, sin el palo que muchos considerarían esencial en cualquier recorrido de golf.
Lo extraordinario fue que García no solo no se desmoronó, sino que jugó con elegancia. Consiguió su primer birdie precisamente en ese hoyo 2 donde se había roto el driver, y a lo largo de los dieciocho hoyos acumuló cuatro birdies más sin su palo más potente. En los pares 5 de los hoyos 7 y 12 volvió a encontrar el birdie, mientras que sus únicos bogeys llegaron en los pares 4 de los hoyos 4 y 10. Cuando se le preguntó si le habría ido mejor con los 14 palos completos, García respondió con la sabiduría de quien ha jugado este deporte durante décadas: quizá no. "No sé, quizá me habría ido peor. Nunca se sabe", comentó el ganador del Masters 2017. Sobre el accidente en sí, explicó con cierta perplejidad que en cincuenta ocasiones anteriores había ejecutado el mismo gesto sin consecuencias, y que la rotura por la mitad de la varilla lo sorprendió, pues normalmente los palos se quiebran por el cuello, no por el centro.
Para García, sin embargo, la jornada tenía un significado que iba más allá del resultado. Aún está en conversaciones para ser seleccionado por el capitán Luke Donald en la próxima Ryder Cup, que se disputará en Bethpage, Nueva York. El español no ocultaba la importancia que tendría para él estar presente: "Significaría muchísimo para mí estar allí". Reconocía que faltaban un par de meses para que se tomara la decisión final, pero dejaba clara su posición: si podía ayudar al equipo europeo, ese era su objetivo principal. Argumentaba que los jugadores experimentados como él tenían un papel crucial que desempeñar, especialmente en territorio hostil, para asegurar que los novatos comprendieran en qué se estaban metiendo. "Creo que puedo aportar cosas al equipo que probablemente sean necesarias", afirmaba con convicción.
Rahm, por su parte, tuvo un día más complicado. Cometió bogeys en los hoyos 7, 9 y 10, y en los primeros nueve hoyos apenas logró un birdie. Falló más calles y greenes de lo que hubiera deseado, y aunque remontó en la segunda vuelta con tres birdies adicionales, especialmente en los hoyos 15 y 18, su juego no fue tan ordenado como le habría gustado. El vizcaíno reconocía que probablemente no entraría entre los treinta primeros del torneo, lo que le sabía a poco considerando sus actuaciones recientes en otros grandes campeonatos: decimocuarto en el Masters, octavo en el PGA Championship donde había peleado por la victoria, y séptimo en el US Open.
Lo que más le molestaba a Rahm no era tanto el resultado final, sino la sensación de no estar compitiendo en el domingo con los mejores. "Desmoralizado no es la palabra, quizá desanimado", explicaba. "Quieres estar ahí, quieres competir en los Major". Sin embargo, encontraba consuelo en otros aspectos de su juego. "No estaba previsto que fuera así esta semana. Sigo bastante contento con mi rendimiento. El swing se siente mejor, independientemente del resultado", comentaba, mostrando que veía el torneo como un paso más en un proceso de mejora continua.
Cuando se le preguntó sobre la distancia que lo separaba de Scottie Scheffler, el actual número uno mundial, Rahm fue generoso en sus elogios pero también claro en su ambición. Reconocía que muy pocos jugadores en la historia del golf habían logrado lo que Scheffler estaba haciendo: tres majors en tres años, nueve victorias en la temporada anterior, y un dominio que parecía imparable. Pero Rahm veía en la trayectoria de Scheffler una lección esperanzadora: el estadounidense había sido capaz de cambiar drásticamente su capacidad para cerrar oportunidades de victoria, pasando de no poder concretarlas a hacerlo con frecuencia. "Si él pudo hacerlo, todos podemos", reflexionaba el español. "Definitivamente he jugado a un nivel muy alto, y he tenido mis batallas contra él cara a cara, y siempre ha sido muy divertido. Soy optimista de que puedo llegar a ese nivel también". No era una afirmación ingenua, sino la convicción de alguien que había competido al más alto nivel y sabía que el camino, aunque difícil, era posible.
Citas Notables
Lo he hecho 50 veces y nunca he roto un palo. La varilla simplemente se partió por la mitad, y me sorprendió.— Sergio García
Significaría muchísimo para mí estar allí. Creo que puedo aportar cosas al equipo que probablemente sean necesarias.— Sergio García sobre la Ryder Cup
Soy optimista de que puedo llegar a ese nivel también. Obviamente no es fácil, pero soy optimista de que se puede lograr.— Jon Rahm sobre alcanzar el nivel de Scheffler
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo es posible que García haya jugado mejor sin su driver? ¿No es eso contranatural en el golf moderno?
En realidad, depende del recorrido. Royal Portrush no es un campo donde necesites bombardear la bola a 300 metros en cada hoyo. García es lo suficientemente inteligente para saber qué palo usar en cada situación, y sin presión, simplemente jugó su juego.
Pero ¿no debe estar furioso por haber roto el palo? ¿Cómo mantiene la compostura después de eso?
Eso es lo interesante. García dice que en cincuenta ocasiones anteriores había hecho exactamente lo mismo sin romper nada. La sorpresa fue mayor que la rabia. Y una vez que pasó, simplemente se adaptó.
¿Qué significa realmente para él la Ryder Cup en este momento de su carrera?
Significa todo. A los 35 años, García sabe que no le quedan muchas oportunidades. Bethpage será territorio hostil para Europa, y él cree que su experiencia es exactamente lo que el equipo necesita para los jugadores jóvenes.
Y Rahm parece estar en una encrucijada diferente. ¿Está realmente optimista o solo siendo diplomático?
Creo que es genuino. Ha jugado bien en otros majors este año. Lo que lo frustra no es su nivel, sino no estar en la pelea el domingo. Pero ve a Scheffler como prueba de que el cambio es posible.
¿Cree que Rahm puede realmente alcanzar el nivel de Scheffler?
Es la pregunta del golf en este momento. Rahm tiene el talento, ha demostrado poder ganar. Pero Scheffler ha hecho algo que muy pocos logran: convertir su potencial en consistencia brutal. Eso es lo que Rahm está persiguiendo.