Las instituciones de justicia están siendo capturadas por los mismos actores que alimentan la desconfianza
El presidente de la Junta Nacional de Justicia tiene sentencia por violencia familiar; el nuevo presidente del Congreso enfrenta denuncia por violación sexual sin impedimento para su cargo. La aprobación a Boluarte es de 2.5%, el Congreso tiene 93% de desaprobación, y el 48% considera al país 'demasiado dividido con diferencias irreconciliables', comparado con 20% en 2019.
- Aprobación presidencial de Boluarte: 2.5%; desaprobación del Congreso: 93%
- 48% ve al país como 'demasiado dividido con diferencias irreconciliables', comparado con 20% en 2019
- Presidente de JNJ tiene sentencia por violencia familiar; nuevo presidente del Congreso enfrenta denuncia por violación sexual
- Ministerio de la Mujer reporta aumento sostenido de casos de violación sexual, principalmente contra menores
Perú enfrenta una profunda crisis de legitimidad institucional con líderes cuestionados por violencia familiar y denuncias de violación sexual, mientras la aprobación presidencial cae a 2.5% y crece el pesimismo ciudadano.
Mientras el país se prepara para celebrar sus Fiestas Patrias, las instituciones que deberían encarnar sus valores están sumidas en una crisis de credibilidad que toca lo más profundo de la vida pública. En las últimas semanas, decisiones y nombramientos han expuesto una desconexión radical entre quienes gobiernan y lo que el país dice que representa.
El Congreso acaba de legislar para blindar a funcionarios acusados de graves violaciones a derechos humanos. El Ejecutivo, por su parte, se suma a un desafío abierto a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, todo mientras Perú intenta construir una reputación internacional como Estado de derecho. Pero hay más. El presidente de la Junta Nacional de Justicia—la institución responsable de nombrar, evaluar y sancionar a jueces y fiscales—tiene una sentencia firme por violencia familiar contra su exesposa. El recién elegido presidente del Congreso enfrenta una denuncia activa por violación sexual. Su elección no fue impedida por esto. Según el analista Fernando Vivas, muchos legisladores que votaron por él lo ven no como un agresor sino como una víctima de lo que llaman "ideología de género".
Mientras esto ocurre, el Ministerio de la Mujer documenta un aumento sostenido de denuncias de violación sexual año tras año, con menores de edad como víctimas principales. La ironía es brutal: las instituciones encargadas de proteger a las personas están siendo dirigidas por hombres cuestionados precisamente por violencia contra mujeres.
Los números de aprobación reflejan el colapso de confianza. La presidenta Boluarte tiene una aprobación de apenas 2.5 por ciento. El 94 por ciento la desaprueba. El Congreso enfrenta una desaprobación del 93 por ciento, según la encuesta del Instituto de Estudios Peruanos de julio. Pero más preocupante aún es lo que revelan las actitudes ciudadanas sobre el país mismo. Hace cinco años, el 41 por ciento de los peruanos veía su nación como "un país muy diverso, y esa diversidad es parte de nuestra riqueza". Hoy ese número cayó a 17 por ciento. En el mismo período, quienes ven al país como "demasiado dividido, con diferencias irreconciliables" pasaron de 20 por ciento a 48 por ciento. El optimismo sobre el futuro, que alcanzaba máximos históricos hace años, ahora es el más bajo de la última década: apenas 44 por ciento. El pesimismo crece y ya toca el 30 por ciento.
Esta es la pregunta que emerge: ¿qué sucede en una nación cuando sus líderes pierden toda credibilidad? El historiador Hugo Neira lo planteó hace años en términos que hoy resultan proféticos. Cuando las élites son despreciadas y odiadas, cuando la gente sospecha que la riqueza viene del delito y no del mérito, la cohesión social se quiebra. No necesariamente en una revolución organizada, sino en algo más difuso y peligroso: un desacato colectivo generalizado, una sociedad que deja de respetar las reglas porque ya no cree en quienes las hacen. Es el vasto desorden que emerge cuando nadie confía en nadie.
Perú está viviendo ese momento. No hay un enemigo claro, no hay un movimiento revolucionario con programa. Hay, en cambio, una erosión silenciosa de la legitimidad institucional, un crecimiento del cinismo, una sensación de que el sistema está podrido desde adentro. Y mientras eso ocurre, las instituciones de justicia—que deberían ser el antídoto contra esta descomposición—están siendo capturadas por los mismos actores que alimentan la desconfianza. Es un círculo vicioso sin salida visible.
Citações Notáveis
A través de la candidatura de Jerí, la mayoría congresal está rechazando la 'ideología de género' que criminaliza no solo toda forma de abuso a la mujer, sino hasta la mínima sospecha de aquella— Fernando Vivas, analista
Cuando las élites son despreciadas y odiadas, la falta de claridad entre quienes tienen estatus por mérito produce desorganización social y un vasto proceso de desacato colectivo— Hugo Neira, historiador
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué importa tanto que el presidente de la Junta Nacional de Justicia tenga una sentencia por violencia familiar?
Porque esa institución decide quiénes pueden ser jueces y fiscales. Si quien la dirige está condenado por lo que supuestamente persigue, ¿quién cree que la justicia es imparcial?
Pero hay muchos políticos cuestionados. ¿Por qué esto es diferente?
No es solo que sean cuestionados. Es que están siendo elegidos precisamente porque están cuestionados. El Congreso votó por el nuevo presidente sabiendo de la denuncia de violación. Eso no es un error. Es una decisión.
¿Qué significa esa decisión?
Significa que una mayoría legislativa está rechazando la idea de que estas acusaciones importan. Están diciendo que la "ideología de género" es el verdadero problema, no la violencia.
¿Y cómo se conecta esto con el aumento de violaciones que reporta el Ministerio de la Mujer?
Ese es el punto más oscuro. Mientras las instituciones de justicia pierden legitimidad, los casos de abuso sexual contra menores siguen creciendo. Las víctimas no tienen a dónde ir.
Los números de aprobación son catastróficos. ¿Qué pasa cuando casi nadie confía en nada?
Lo que Hugo Neira describió: desacato colectivo. No una revolución, sino un desorden generalizado. La gente deja de respetar las reglas porque ya no cree en quienes las hacen.
¿Hay forma de salir de esto?
Solo si las instituciones recuperan credibilidad. Pero eso requiere que quienes las dirigen demuestren que el mérito y la ley importan más que la lealtad política. Hoy, nada de eso está ocurriendo.