Los misiles cobardes y los drones no construyen naciones
En las primeras horas del domingo, un dron explosivo golpeó la residencia del primer ministro iraquí Mustafá al Kazimi en la Zona Verde de Bagdad, sin lograr su objetivo. El ataque se produce en un momento de profunda fragilidad: cuatro semanas después de unas elecciones que castigaron duramente a las facciones proiraníes, dejando al país suspendido entre la voluntad popular expresada en las urnas y la violencia de quienes rechazan ese veredicto. Nadie ha reclamado la autoría, pero el gesto habla por sí solo: Irak se adentra en una de sus transiciones políticas más peligrosas.
- Un dron cargado de explosivos impactó la residencia del primer ministro en el perímetro más protegido de Bagdad, marcando una escalada sin precedentes recientes en la violencia política iraquí.
- Dos guardias resultaron heridos y la vivienda sufrió daños visibles, pero Kazimi sobrevivió y apareció en video horas después para declarar que los drones cobardes no construyen naciones.
- El ataque llega tras semanas de protestas y enfrentamientos en los que un manifestante murió, luego de que la coalición proiraní Hashd al Shaabi perdiera escaños clave en las elecciones del 10 de octubre.
- Ningún grupo ha reivindicado la acción, aunque el contexto señala directamente hacia las facciones que cuestionan los resultados electorales y los han calificado de fraude.
- Estados Unidos condenó el hecho como terrorismo y ofreció apoyo en la investigación, mientras el país aguarda semanas de negociaciones para formar un nuevo gobierno en medio de una volatilidad creciente.
En la madrugada del domingo, un dron explosivo alcanzó la residencia del primer ministro iraquí Mustafá al Kazimi en la Zona Verde de Bagdad, el perímetro fortificado que alberga embajadas y edificios de gobierno. Kazimi salió ileso. Las fotografías difundidas por su equipo mostraban puertas destrozadas y escaleras dañadas; dos guardias resultaron heridos. Desde Twitter, el primer ministro pidió calma a todos los sectores, y horas después, en un breve video desde su oficina, fue más contundente: los misiles cobardes y los drones no construyen naciones.
El trasfondo político es inseparable del ataque. El 10 de octubre, Irak celebró elecciones legislativas que golpearon duramente a la coalición proiraní Hashd al Shaabi, cuyo brazo político perdió numerosos escaños frente al avance del líder chiita Moqtada Sadr. La derrota desató protestas y enfrentamientos: el viernes previo al ataque, manifestantes proiraníes chocaron con fuerzas de seguridad cerca de la Zona Verde, dejando al menos un muerto. El liderazgo de la coalición denunció fraude electoral, y uno de sus principales comandantes lanzó una advertencia críptica horas antes del ataque.
Nadie reivindicó la acción de inmediato. Estados Unidos la condenó como un aparente acto de terrorismo y ofreció colaborar en la investigación, afirmando que el ataque apuntaba al corazón del Estado iraquí. Aunque los cohetes contra la Zona Verde no son novedad, un golpe directo contra la residencia del primer ministro representa una escalada significativa. Con semanas de negociaciones por delante para formar gobierno, Irak enfrenta una fase aún más incierta de su transición política, con la pregunta sobre los responsables todavía sin respuesta.
En la madrugada del domingo, un dron cargado de explosivos se lanzó contra la residencia del primer ministro iraquí Mustafá al Kazimi en el corazón de Bagdad. La vivienda, ubicada en la Zona Verde—ese perímetro fortificado del centro capitalino que alberga embajadas y edificios de gobierno—fue alcanzada, pero Kazimi emergió ileso del ataque. Su oficina confirmó lo que parecía casi milagroso: el intento de asesinato había fallado.
Los daños fueron visibles pero contenidos. Fotografías distribuidas por su equipo mostraban una puerta de madera destrozada, grabados esparcidos por el piso, escaleras exteriores dañadas. Dos guardias de su cuerpo de seguridad resultaron heridos, aunque sin precisarse la gravedad de sus lesiones. Poco después del suceso, Kazimi escribió en Twitter con un tono que buscaba calmar los ánimos: estaba bien, gracias a Dios, y pedía contención de todos los sectores por el bien del país. Horas más tarde, en un breve video grabado en su oficina con camisa blanca, fue más directo: los misiles cobardes y los drones no construyen naciones.
El ataque llegó en un momento de extrema fragilidad política. Apenas cuatro semanas antes, el 10 de octubre, Irak había celebrado elecciones legislativas que sacudieron el equilibrio de poder. La influyente coalición Hashd al Shaabi—un conglomerado de antiguos grupos paramilitares ahora integrados formalmente en el Estado, fuertemente vinculada a Irán—sufrió un golpe electoral devastador. Su brazo político, la Alianza de la Conquista, perdió numerosos escaños en el Parlamento. En cambio, el líder chiita Moqtada Sadr emergió como el ganador, con su corriente obteniendo más de 70 de los 329 escaños de la cámara.
La derrota electoral desató una ola de tensión. El viernes anterior al ataque contra Kazimi, cientos de manifestantes proiraníes se enfrentaron a las fuerzas de seguridad cerca de la Zona Verde. Según fuentes de seguridad, un manifestante murió en los choques, aunque Hashd al Shaabi reportó dos muertes. Los partidarios de la coalición derrotada iniciaron protestas sentadas en las dos entradas principales del perímetro protegido, bloqueando el acceso. Su liderazgo calificó los comicios de fraude y estafa. Qais al Khazali, uno de los principales comandantes de Hashd, incluso emitió una advertencia el viernes: alertó contra cualquier tentativa de actores vinculados a servicios de inteligencia de bombardear la Zona Verde y luego culpar a las facciones de la resistencia—el término que los grupos proiraníes usan para referirse a sí mismos.
Nadie reivindicó el ataque de inmediato. La identidad del responsable quedó en suspenso, aunque el contexto de tensión poselectoral y los enfrentamientos recientes con grupos proiraníes apuntaban hacia ellos como sospechosos. Estados Unidos fue rápido en condenar lo que llamó un aparente acto de terrorismo. El portavoz del Departamento de Estado, Ned Price, expresó alivio por que Kazimi saliera indemne y afirmó que el ataque apuntaba al corazón del Estado iraquí. Washington ofreció ayuda en la investigación y reafirmó su compromiso con la soberanía iraquí.
Los ataques con cohetes contra la Zona Verde no son nuevos. El domingo anterior, tres cohetes habían estallado en Mansour, un barrio adyacente, sin causar heridos. Pero un ataque directo contra la residencia del primer ministro marcaba una escalada. Kazimi ha estado en el poder desde 2020, navegando un país fracturado entre facciones rivales, presiones estadounidenses e influencia iraní. Ahora, mientras el país se prepara para semanas de negociaciones entre partidos para formar el próximo gobierno, la pregunta sobre quién intentó matarlo y por qué permanece sin respuesta clara. Lo que sí está claro es que Irak entra en una fase aún más volátil de su transición política.
Citas Notables
Estoy bien, gracias a Dios, y llamo a la calma y a la contención por parte de todos por el bien de Irak— Mustafá al Kazimi, primer ministro de Irak, en Twitter
Este aparente acto de terrorismo, que condenamos fuertemente, apuntaba al corazón del Estado iraquí— Ned Price, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué un ataque contra el primer ministro en este momento específico?
Porque acaba de perder poder electoral su aliado más fuerte. Hashd al Shaabi esperaba mantener su influencia tras las elecciones, pero fue derrotado. Ahora está furioso, bloqueando la Zona Verde, protestando. Un ataque así es una forma de presión.
¿Pero atacar al primer ministro no es demasiado arriesgado para ellos?
Depende de cómo lo veas. Si lo niegan, si no hay pruebas claras, pueden mantener la negación. Y si lo hicieron, envía un mensaje: no aceptamos estos resultados, y estamos dispuestos a actuar.
¿Qué pasa ahora con las negociaciones para formar gobierno?
Eso es lo complicado. Hashd seguirá siendo influyente a pesar de su derrota, gracias a alianzas con otros grupos. Pero este ataque, si se prueba que fue obra suya, podría aislarlos más. O podría envalentonarlos.
¿Y Estados Unidos qué gana condenando esto?
Reafirma su posición: está del lado de la estabilidad y la soberanía iraquí. Pero también es un recordatorio de que sigue atento, que Irak no es territorio libre para que Irán y sus aliados hagan lo que quieran.
¿Kazimi está en peligro real?
Sobrevivió este ataque. Pero vive en un país donde la política se resuelve a veces con violencia. La Zona Verde es el lugar más protegido de Bagdad, y aun así fue alcanzado. Eso dice algo.