Primer ministro iraquí escapa ileso de ataque con drones explosivos en Bagdad

Dos miembros de la guardia personal presidencial resultaron heridos en el ataque con drones contra la residencia del primer ministro.
Mi residencia ha sido blanco de una agresión cobarde
Kazimi se dirigió a la nación horas después del ataque con drones contra su residencia en Bagdad.

En las primeras horas del domingo en Bagdad, un ataque con drones explosivos contra la residencia del primer ministro Mustafá al Kazimi marcó una escalada sin precedentes en la violencia política iraquí. Kazimi sobrevivió ileso, pero el gesto —audaz, no reivindicado, ejecutado en el corazón de la Zona Verde— habla de fuerzas que no reconocen la legitimidad del Estado que intentan gobernar. El ataque llega en un momento en que Irak busca consolidar un proceso electoral disputado, recordándonos que las transiciones democráticas rara vez ocurren sin que alguien intente detenerlas por la fuerza.

  • Tres drones despegaron desde las cercanías del puente de la República y apuntaron al corazón del poder iraquí: la residencia del primer ministro en la Zona Verde.
  • Dos aparatos fueron derribados, pero el tercero detonó, destrozando puertas, esparciendo escombros y hiriendo a dos guardaespaldas, mientras Kazimi grababa un video desde su escritorio para demostrar que seguía vivo.
  • El ataque no fue reivindicado, pero llegó días después de que grupos proiraníes vinculados a Hashd al Shaabi protestaran contra los resultados electorales del 10 de octubre, que les habían costado numerosos escaños en el Parlamento.
  • Washington calificó el incidente como terrorismo y ofreció asistencia; Irán respondió con alusiones veladas a Estados Unidos; la Liga Árabe y la ONU condenaron el ataque en los términos más enérgicos.
  • Con el resultado electoral definitivo aún pendiente y las negociaciones para formar gobierno en marcha, el ataque convirtió un proceso ya frágil en uno abiertamente amenazado.

En la madrugada del domingo 7 de noviembre, tres drones explosivos fueron lanzados contra la residencia de Mustafá al Kazimi en la Zona Verde de Bagdad. Dos fueron interceptados por su guardia personal; el tercero detonó, dejando puertas destrozadas, escombros en el suelo y dos guardaespaldas heridos. El primer ministro, en el cargo desde mayo de 2020, escapó ileso y apareció poco después en un breve video grabado en su escritorio: "Mi residencia ha sido blanco de una agresión cobarde. Estoy bien, gracias a Dios", declaró con una calma que contrastaba con la gravedad del momento.

Los aparatos habían sido lanzados desde las proximidades del puente de la República, en dirección a la sección más vigilada de la capital, donde también se encuentra la embajada estadounidense. El ataque no fue reivindicado de inmediato, pero su contexto era difícil de ignorar: apenas una semana antes, Irak había celebrado elecciones legislativas cuyos resultados habían desatado una crisis. La coalición Hashd al Shaabi, de fuertes vínculos con Irán, había sufrido un retroceso electoral significativo, mientras el líder chiita Moqtada Sadr emergía como el gran ganador. Los grupos proiraníes rechazaron los resultados como un fraude y habían iniciado protestas y sentadas en las entradas de la Zona Verde en los días previos al ataque.

La comunidad internacional respondió con rapidez y firmeza. Estados Unidos calificó el incidente como "un acto aparente de terrorismo"; Francia lo condenó "con la mayor firmeza"; el presidente iraquí denunció un intento de derrocar el orden constitucional. Desde múltiples capitales árabes y desde organismos internacionales llegaron condenas similares. Irán, por su parte, llamó a "la vigilancia para descubrir los complots que amenazan la seguridad" en Irak, una alusión velada a Washington.

Kazimi pidió "calma y moderación de parte de todos, por el bien de Irak". Importantes fuerzas de seguridad se desplegaron en la Zona Verde tras el ataque. Con el resultado electoral definitivo aún por publicarse y las negociaciones para formar gobierno en curso, el ataque con drones había convertido ese proceso en algo aún más frágil, con la seguridad del propio primer ministro ahora en cuestión.

En la madrugada del domingo 7 de noviembre, tres drones explosivos fueron lanzados hacia la residencia de Mustafá al Kazimi en Bagdad. Dos de ellos fueron interceptados por la guardia personal del primer ministro iraquí. El tercero alcanzó su objetivo, detonando contra la vivienda ubicada en la Zona Verde, la sección más vigilada de la capital iraquí. Cuando cesó el ruido, Kazimi seguía vivo. Dos de sus guardaespaldas habían resultado heridos en la explosión, pero el primer ministro en el poder desde mayo de 2020 había escapado ileso.

Los tres aparatos fueron lanzados desde las proximidades del puente de la República antes de dirigirse hacia la Zona Verde, donde además de la residencia presidencial se encuentra la embajada estadounidense. Las imágenes distribuidas por los servicios del primer ministro mostraban puertas de madera destrozadas, escombros esparcidos por el suelo y escaleras exteriores dañadas. Poco después del ataque, Kazimi se dirigió a la nación a través de un breve video grabado en su escritorio. "Mi residencia ha sido blanco de una agresión cobarde. Estoy bien, gracias a Dios, así como quienes trabajan conmigo", declaró con una calma que contrastaba con la gravedad del momento.

La comunidad internacional respondió con rapidez. Washington clasificó el incidente como "un acto aparente de terrorismo" y ofreció su asistencia en la investigación. Francia condenó el ataque "con la mayor firmeza". El presidente iraquí, Barham Saleh, denunció un "intento de derrocar el orden constitucional". Desde Líbano, Siria, Catar, Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Jordania y Kuwait llegaron condenas similares. La Liga Árabe y la misión de las Naciones Unidas en Irak también se pronunciaron en "los términos más enérgicos". Irán, cuyas relaciones con Estados Unidos permanecen tensas, emitió un comunicado llamando a "la vigilancia para descubrir los complots que amenazan la seguridad" en Irak, una alusión velada a Washington.

El ataque no fue reivindicado de inmediato, pero ocurría en un momento de profunda turbulencia política. Apenas una semana antes, el 10 de octubre, Irak había celebrado elecciones legislativas cuyos resultados habían desatado una crisis. La influyente coalición Hashd al Shaabi, integrada por antiguos grupos paramilitares ahora parte del Estado y fuertemente vinculada a Irán, había sufrido un retroceso electoral significativo. Su brazo político, la Alianza de la Conquista, perdió numerosos escaños en el Parlamento. Los resultados preliminares señalaban como ganador al líder chiita Moqtada Sadr, cuya corriente había obtenido más de 70 de los 329 escaños de la cámara.

La dirección de Hashd al Shaabi rechazó los resultados, calificándolos de "fraude" y "estafa". Sus partidarios habían iniciado protestas y sentadas en las dos entradas de la Zona Verde, creando un clima de confrontación directa con el Gobierno. Los disturbios entre fuerzas de seguridad y estos grupos proiraníes habían marcado los días previos al ataque con drones. Aunque Hashd al Shaabi seguiría siendo una fuerza influyente en el Parlamento a pesar de su derrota electoral, la tensión entre sus militantes y la administración Kazimi era palpable.

Los ataques contra la Zona Verde no eran nuevos. El domingo anterior, tres cohetes habían estallado en Mansur, un barrio adyacente, sin causar víctimas. Los ataques con drones explosivos se habían multiplicado en los últimos meses, dirigidos frecuentemente contra intereses estadounidenses en Bagdad y Erbil. Sin embargo, un ataque directo contra la residencia del primer ministro representaba una escalada sin precedentes en la violencia política iraquí.

Kazimi pidió "calma y moderación de parte de todos, por el bien de Irak" en un mensaje publicado en Twitter poco después del incidente. Tras el ataque, importantes fuerzas de seguridad se desplegaron en el interior y los alrededores de la Zona Verde. El resultado definitivo de las elecciones del 10 de octubre debería publicarse en unas semanas, mientras Irak navegaba las negociaciones entre partidos para la formación de un nuevo Gobierno. El ataque con drones había convertido esas negociaciones en un proceso aún más frágil, con la seguridad del primer ministro ahora en cuestión y la comunidad internacional observando atentamente cómo respondería el Estado iraquí.

Mi residencia ha sido blanco de una agresión cobarde. Estoy bien, gracias a Dios, así como quienes trabajan conmigo
— Mustafá al Kazimi, primer ministro de Irak
Este aparente acto de terrorismo, que condenamos fuertemente, apuntaba al corazón del Estado iraquí
— Ned Price, portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué alguien querría atacar al primer ministro en este momento específico?

Model

Porque acababa de ganar las elecciones un rival político de los grupos proiraníes. Hashd al Shaabi perdió escaños, sus aliados estaban furiosos, y Kazimi representaba una administración que no les favorecía.

Inventor

¿Quién lanzó los drones? ¿Se supo después?

Model

No fue reivindicado de inmediato. Eso es lo inquietante. Todos sospechaban de Hashd al Shaabi por las protestas y la tensión, pero nadie lo confirmó públicamente.

Inventor

¿Qué significa que dos drones fueron "derribados"?

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Que la guardia personal de Kazimi tenía sistemas de defensa. Interceptaron dos de los tres aparatos antes de que explotaran. El tercero llegó a su destino.

Inventor

¿Cuál fue el daño real?

Model

Dos guardaespaldas heridos, puertas destrozadas, escaleras dañadas. Pero el objetivo principal, Kazimi, salió ileso. Eso fue lo que importó políticamente.

Inventor

¿Por qué Irán respondió de forma tan velada?

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Porque no podía admitir responsabilidad sin confirmar que sus aliados iraquíes estaban detrás. Así que habló de "complots" sin nombrar a Estados Unidos directamente.

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¿Qué pasó después con las negociaciones de Gobierno?

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Continuaron, pero en un ambiente mucho más tenso. Un primer ministro que acaba de escapar de un asesinato tiene menos poder de negociación, no más.

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