La psicología del efecto underdog: por qué celebramos al más débil

Hinchar por el débil no es instinto, se aprende
La identificación con el desfavorecido es una conquista cultural, no un mecanismo biológico innato.

La victoria de Paraguay sobre Alemania despertó simpatía global no por conocimiento del país, sino por el atractivo universal de desafiar pronósticos. Los niños naturalmente favorecen al fuerte; aprender a apoyar al débil es una construcción moral adquirida vinculada a valores de justicia e igualdad.

  • Paraguay derrotó a Alemania en el Mundial, despertando simpatía global sin que la mayoría conociera el país
  • Los niños naturalmente favorecen al fuerte; aprender a apoyar al débil es una construcción moral adquirida
  • En experimentos de Joseph Vandello, cerca del 90% de participantes eligió simpatizar con el equipo desfavorecido
  • El débil recibe absolución moral: se perdonan acciones que nunca toleraríamos del poderoso

Un análisis del fenómeno psicológico que lleva a millones a apoyar al equipo desfavorecido, explicando cómo la identificación con el débil es una conquista cultural, no un instinto biológico.

Cuando Paraguay derrotó a Alemania en el Mundial, algo extraordinario sucedió más allá de las calles de Asunción. Millones de personas en todo el planeta, sin conexión alguna con el país ni con sus jugadores, se encontraron a sí mismas gritando, emocionándose, celebrando como si la victoria fuera propia. El presidente Santiago Peña decretó un día de asueto. Pero la reacción que atravesó fronteras fue más profunda y más difícil de explicar: la de extraños que, sin razón aparente, querían que ganara el equipo que llegaba como claro perdedor.

El politólogo Tomás Trapé abordó este fenómeno en su columna, llamándolo por su nombre: el efecto underdog. Es un patrón que la psicología social lleva décadas estudiando, y Paraguay no fue la excepción sino la última expresión de algo que se repite en cada torneo mundial. Uruguay en Sudáfrica 2010, Marruecos en Qatar 2022: en cada caso, una selección inesperada despierta simpatía global. Lo que conquista no es solo el resultado, sino la historia que representa. La posibilidad de que quien parecía condenado a perder logre desafiar todos los pronósticos.

Pero este impulso no nace del instinto. Trapé recurrió a investigaciones de François Quesque, del Centro de Neurociencia de Lyon, para explicar que los niños pequeños tienden naturalmente a ponerse del lado del más fuerte, un comportamiento ligado a mecanismos evolutivos de supervivencia. Solo con el aprendizaje de valores vinculados a la justicia y la igualdad aparece la tendencia a identificarse con quien ocupa una posición de desventaja. Hinchar por el débil no es instinto: se aprende. Es una conquista cultural, una capa de moral adquirida.

Esta idea encuentra uno de sus principales desarrollos en los trabajos del psicólogo social Joseph Vandello, de la Universidad del Sur de Florida. Su teoría de la compensación justa sostiene que el underdog cumple una función de equilibrio dentro de la sociedad. Los experimentos de Vandello reforzaron esta hipótesis. Cuando presentó a distintos grupos de personas dos equipos ficticios y les pidió que eligieran por cuál simpatizaban, cerca del 90% optaba por el desfavorecido cuando el contexto dejaba clara la desigualdad. Esa preferencia surge porque tendemos a atribuirle un mayor esfuerzo al que tiene menos recursos, aun cuando no exista evidencia objetiva de ello.

Trapé formuló una pregunta que trasciende el deporte: ¿hinchamos por el débil o hinchamos contra el poderoso? A su entender, ambos mecanismos conviven porque cualquiera puede proyectarse en esa historia. Todos podemos ser el underdog: del jefe que odiamos, del banco que nos presiona, del alquiler que nos ahoga todos los meses. Si Cabo Verde puede empatarle a España, quizás nosotros también podemos con nuestros Goliats. Esa misma lógica ayuda a entender fenómenos políticos recientes. Trapé recordó la Cena de Corresponsales de la Casa Blanca de 2011, cuando Barack Obama ironizó públicamente sobre Donald Trump mientras este permanecía sentado entre el público. Lo importante es lo que vio el público: el poder burlándose de un tipo sentado. Lo convirtieron en underdog delante de millones. Desde esa perspectiva interpretó parte del ascenso político de Javier Milei: un subestimado, un marginal, un underdog. Buena parte de su capital inicial fue exactamente ese, la encarnación de una injusticia que una porción del electorado quería ver corregida.

Pero el efecto underdog también tiene un costado menos visible. Otro estudio de Vandello, realizado en 2011, mostró que cuando los participantes evaluaban exactamente los mismos actos violentos cometidos por dos países ficticios, uno poderoso y otro pequeño, esas acciones eran consideradas más justificables cuando provenían del país más débil. El débil no solo genera simpatía; genera absolución. Le perdonamos cosas que al fuerte no le perdonaríamos jamás. Para Trapé, ese hallazgo ayuda a entender por qué quienes logran construir una identidad de outsiders suelen recibir un margen de tolerancia mayor que los actores tradicionales, tanto en el deporte como en la política.

La reflexión final volvió sobre una pregunta que sigue abierta: qué ocurre cuando quien era percibido como el desfavorecido finalmente alcanza el poder. ¿Milei puede seguir vendiéndose como outsider desde la Casa Rosada? ¿Qué pasa el día que el underdog gana? ¿Lo seguimos queriendo o empezamos a buscarle el lado oscuro? Quizás esa sea también la explicación de por qué millones de personas terminaron celebrando la victoria de Paraguay. No porque conocieran a sus jugadores o tuvieran un vínculo con el país, sino porque durante un rato sintieron que el mundo había corregido una desigualdad.

El underdog es el equilibrador de la sociedad
— Tomás Trapé, parafraseando a Joseph Vandello
¿Milei no fue un poco eso? Un subestimado, un marginal, un underdog
— Tomás Trapé
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué alguien que no sabe dónde queda Paraguay termina llorando cuando ganan?

Model

Porque durante esos noventa minutos, esa persona ve corregida una injusticia que siente en su propia vida. El partido es solo el escenario.

Inventor

Pero dijiste que los niños naturalmente apoyan al fuerte. ¿Cómo cambia eso?

Model

Aprendemos. La justicia, la igualdad, la idea de que el débil merece una oportunidad: eso se enseña. No viene de fábrica.

Inventor

¿Entonces es pura construcción cultural?

Model

Exactamente. Y por eso funciona en todas partes. David y Goliat, Rocky, Zeus contra Cronos. Son historias que tocan algo profundo porque apelamos a un mecanismo que todos compartimos.

Inventor

Pero mencionaste que el débil también recibe absolución moral. Eso suena peligroso.

Model

Lo es. Si alguien logra convencerte de que es un outsider, le perdonas cosas que nunca tolerarías en el poderoso. Es el mismo mecanismo, pero con consecuencias políticas.

Inventor

¿Entonces Milei fue un beneficiario de esto?

Model

Fue un beneficiario perfecto. Se presentó como marginal, como alguien contra el que todo estaba en contra. La gente quería ver al underdog ganar.

Inventor

¿Y ahora que ganó? ¿Sigue siendo underdog?

Model

Esa es la pregunta sin respuesta. Cuando el underdog llega al poder, algo cambia. O lo seguimos queriendo, o empezamos a buscarle el lado oscuro.

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