¿Cómo se podrán acercar a intentar hacer trámites y tener contacto con enviados de un régimen criminal?
Desde 2019, venezolanos en NY carecen de servicios consulares, dejando a miles sin pasaportes válidos y atrapados en un vacío legal que afecta su identidad y movilidad. Para solicitantes de asilo, acercarse al consulado podría interpretarse como 'reavailment' —reaceptación de protección del país de origen— comprometiendo sus solicitudes de protección humanitaria.
- Desde marzo de 2019, venezolanos en Nueva York carecen de servicios consulares
- Más de 120,000 venezolanos residen en el área triestatal de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut
- Para solicitantes de asilo, acceder al consulado podría interpretarse como 'reavailment' y comprometer sus casos
- Nicolás Maduro permanece recluido en una prisión federal en Brooklyn enfrentando cargos por narcoterrorismo
La inminente reapertura del consulado venezolano en Nueva York genera preocupación entre solicitantes de asilo, quienes temen que acceder a servicios diplomáticos pueda comprometer sus casos de protección humanitaria ante un régimen que consideran criminal.
Desde hace siete años, los venezolanos en Nueva York han vivido una anomalía única dentro de la ciudad: son la única comunidad hispanohablante sin acceso a servicios consulares. El consulado cerró sus puertas en marzo de 2019, dejando a decenas de miles de personas atrapadas en un limbo legal que ha afectado profundamente su capacidad de moverse, viajar y reconstruir sus vidas.
La ausencia de servicios diplomáticos ha tenido consecuencias concretas y devastadoras. Sin poder renovar o extender pasaportes, miles de venezolanos quedaron sin documentos válidos que certifiquen su identidad. Algunos, como Miguel Sobrino, un joven que ya vivió tres años en Perú antes de llegar a Nueva York, se encuentran atrapados en una paradoja: quiere irse del país antes de ser deportado, pero no puede viajar a España, donde espera reasentarse, porque necesita un pasaporte que no puede obtener. Otros simplemente desaparecieron del registro oficial: técnica y jurídicamente, miles de venezolanos "no existen" en los papeles.
Ahora, con la captura de Nicolás Maduro el pasado enero y el restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Venezuela, el consulado está a punto de reabrir. Las autoridades venezolanas dicen que el proceso tomará "cuestiones de semanas". El edificio en la calle 51 de Manhattan, junto a la Catedral de San Patricio, permanece en ruinas visibles: puertas rotas, grafitis, fachada deteriorada. Pero para muchos venezolanos, la perspectiva de una reapertura no trae alivio sino profunda desconfianza.
Para los miles de solicitantes de asilo y beneficiarios del Estatus de Protección Temporal, acercarse al consulado representa un riesgo legal grave. Niurka Meléndez, directora de Venezuelan Immigrants Aid, una organización que lleva una década apoyando a solicitantes de asilo, es clara: "Para miles de solicitantes de asilo y de protecciones humanitarias esta reapertura no significa una buena noticia". El problema es un concepto legal llamado "reavailment": el acto de volver a acogerse a la protección del país del que se alega persecución. Si alguien solicita un pasaporte en el consulado, podría ser interpretado por las autoridades migratorias como una contradicción en su argumento de temor creíble, comprometiendo toda su solicitud de asilo. Meléndez, ella misma asilada política, señala que quienes huyeron de un régimen criminal no pueden simplemente entrar a un edificio diplomático controlado por ese mismo régimen sin arriesgar todo lo que han construido.
Los abogados de inmigración advierten que no existe una regla automática: no todo contacto con un consulado constituye reavailment, y en ciertos casos como la renovación de pasaporte por necesidad puede existir justificación legal. Pero el consenso es unánime: evitar decisiones apresuradas. Organizaciones como el National Immigrant Justice Center recomiendan que cualquier paso se tome únicamente tras recibir orientación legal individualizada, porque cada caso tiene implicaciones distintas y un movimiento mal calculado podría destruir años de espera por una audiencia de asilo.
La desconfianza prevalece también por razones políticas más profundas. Claudia López, una venezolana naturalizada estadounidense que vive en Brooklyn desde hace veinte años, es categórica: "Yo así me muera por ir a Venezuela, no voy aceptar que sean esos delincuentes que me cedulen ni me den el pasaporte. Es como reconocerlos". La mayoría de los venezolanos consultados insiste en que la reapertura tendrá impacto limitado si no viene acompañada de cambios profundos en el país. Nicolás Maduro permanece recluido en una prisión federal en Brooklyn enfrentando cargos por narcoterrorismo. Las denuncias internacionales sobre violaciones de derechos humanos continúan. Para muchos, cualquier normalización de relaciones diplomáticas se siente como una traición a quienes sufrieron bajo ese régimen.
Hay excepciones. Rubén Soria es más optimista, argumentando que aunque las mismas personas sigan al frente de Venezuela, no tienen autonomía real y están "bajándole la cabeza a Donald Trump". Leonel Flores ve potencial en la reapertura, pero solo si hay un cambio total en las estructuras del Estado. José Camargo, residente en Nueva York desde 2018, recuerda con amargura el intento fallido del gobierno interino de Juan Guaidó en 2019: "Todo fue una estafa. Vino un enviado de Guaidó solo a hacer un show de apertura". Pasó la pandemia, pasó la crisis migratoria, y los venezolanos no recibieron ningún apoyo.
La comunidad venezolana en Nueva York ha crecido exponencialmente. En 2021 había alrededor de 15,200 personas de origen venezolano en la ciudad. Pero a partir de 2022, con la llegada de más de 200,000 migrantes a Nueva York, una proporción significativa provenía de Venezuela. Las proyecciones actuales sugieren que más de 120,000 venezolanos viven en el área triestatal de Nueva York, Nueva Jersey y Connecticut. Para la mayoría de ellos, la reapertura del consulado sigue siendo un territorio prohibido, un lugar donde no pueden entrar sin poner en riesgo el futuro que vinieron a construir.
Citações Notáveis
Para miles de solicitantes de asilo y de protecciones humanitarias esta reapertura no significa una buena noticia. Quienes han solicitado estas protecciones a Estados Unidos deberían mantenerse alejados de ese consulado.— Niurka Meléndez, directora de Venezuelan Immigrants Aid
Yo así me muera por ir a Venezuela, no voy aceptar que sean esos delincuentes que me cedulen ni me den el pasaporte. Es como reconocerlos.— Claudia López, venezolana naturalizada estadounidense residente de Brooklyn
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué una reapertura de consulado sería mala noticia para gente que lleva años sin poder renovar sus documentos?
Porque para los que pidieron asilo, entrar a ese consulado es como decirle al gobierno de Estados Unidos: "En realidad, no tengo tanto miedo de mi país". Es una contradicción que puede destruir todo su caso.
Pero ¿no necesitan esos documentos para vivir? ¿Para viajar?
Claro que los necesitan. Pero necesitan más el asilo. Si pierden el caso de asilo, pierden todo. Es una trampa sin salida fácil.
¿Entonces nadie debería acercarse al consulado?
No es tan simple. Un abogado podría argumentar que renovar un pasaporte por necesidad es justificable. Pero cada caso es diferente. Por eso los expertos dicen: consigue asesoramiento legal antes de hacer cualquier cosa.
¿Y la gente confía en que el consulado será seguro?
No. Muchos ven al régimen como criminal. Aunque Maduro esté en prisión en Brooklyn, sus estructuras siguen intactas. ¿Cómo confías en que los funcionarios consulares no van a reportarte?
¿Hay alguien que vea esto como una oportunidad?
Algunos. Los ciudadanos naturalizados estadounidenses no tienen el mismo riesgo legal. Y hay quienes creen que, aunque sea un mal necesario, al menos es un paso hacia la normalidad. Pero son minoría.