Las mujeres reciben la misma dosis que los hombres, pero sus cuerpos la procesan de forma distinta
Durante décadas, la investigación farmacológica construyó su conocimiento sobre cuerpos masculinos, dejando a las mujeres en una zona de sombra terapéutica. Los datos del Sistema Español de Farmacovigilancia de 2023 revelan que dos de cada tres reacciones adversas a medicamentos afectaron a mujeres, una cifra que no habla de fragilidad femenina sino de un sesgo estructural acumulado. La biología —composición corporal, enzimas, hormonas, mosaicismo genético— hace que las mujeres procesen los fármacos de manera distinta, pero la medicina tardó demasiado en escuchar esa diferencia.
- En España, el 66,4% de las reacciones adversas a medicamentos registradas en 2023 recayeron sobre mujeres, una proporción que delata décadas de exclusión sistemática en los ensayos clínicos.
- Las mujeres metabolizan los fármacos más lentamente y acumulan concentraciones plasmáticas más altas, lo que convierte dosis diseñadas para hombres en sobredosis funcionales para ellas.
- Medicamentos cotidianos como el paracetamol, los opioides y los betabloqueantes fueron calibrados sobre bioquímica masculina, generando un desajuste silencioso que afecta la seguridad de millones de pacientes.
- La distinción entre sexo biológico y género social añade capas de complejidad que la práctica clínica aún no ha sabido integrar de forma sistemática.
- La medicina de precisión promete fármacos individualizados por genoma, pero cualquier avance futuro deberá construirse primero sobre el reconocimiento de las diferencias sexuales que hoy siguen ignorándose.
En 2023, el Sistema Español de Farmacovigilancia registró más de 42.000 casos de reacciones adversas a medicamentos. Al desglosar los datos por sexo, el patrón resulta difícil de ignorar: el 66,4% de esos casos afectó a mujeres. No se trata de una coincidencia, sino de la consecuencia acumulada de décadas en las que el desarrollo farmacológico se apoyó casi exclusivamente en animales macho y en hombres como sujetos de estudio.
Las mujeres tienden a mantener concentraciones más altas de fármacos en sangre y los eliminan más lentamente. Las razones son fisiológicas: difieren en composición corporal, en la actividad de las enzimas que metabolizan los medicamentos y en los niveles hormonales que regulan esos procesos. Fármacos de uso cotidiano como el paracetamol, los opioides o ciertos betabloqueantes fueron calibrados sobre una bioquímica masculina, lo que los convierte en herramientas desajustadas cuando se aplican a cuerpos femeninos. Cada etapa del recorrido del fármaco en el organismo —absorción, distribución, metabolismo y eliminación— presenta diferencias cuantificables entre sexos.
Más allá de los números, existen diferencias cualitativas. Las mujeres poseen dos cromosomas X —uno paterno y otro materno— lo que convierte sus tejidos en un mosaico genético sin equivalente en los hombres. A esto se suma la distinción entre sexo y género: el primero, anclado en la biología cromosómica y fenotípica; el segundo, moldeado también por construcciones psicosociales que varían según la cultura y el tiempo histórico. Ambas dimensiones influyen en cómo el cuerpo enferma y responde al tratamiento.
La tendencia hacia una medicina de precisión consciente del sexo y el género abre una vía de corrección, pero los límites entre ambas categorías siguen sin estar claramente definidos en la práctica clínica. Aunque el horizonte apunta a fármacos individualizados por genoma, cualquier avance deberá edificarse sobre el reconocimiento de las diferencias biológicas fundamentales. Mientras ese reconocimiento no se traduzca en protocolos concretos, las mujeres seguirán cargando con una desventaja terapéutica que la ciencia ya no puede justificar.
En 2023, el Sistema Español de Farmacovigilancia registró 42.333 casos de reacciones adversas a medicamentos. Cuando se desglosan los datos por sexo, emerge un patrón inquietante: el 66,4% de esos casos afectó a mujeres, mientras que los hombres representaron el 33,3%. Esta disparidad no es accidental. Es el resultado de décadas de investigación farmacológica que, de manera sistemática, excluyó a las mujeres del proceso de desarrollo de medicamentos.
La ciencia lleva años documentando una realidad incómoda: las mujeres reciben dosis excesivas de fármacos y son más sensibles a ellos. Los medicamentos que hoy se prescriben fueron desarrollados principalmente a partir de estudios en animales macho y, hasta hace poco, se probaban casi exclusivamente en hombres. Esta brecha metodológica tiene consecuencias biológicas concretas. Las mujeres tienden a mantener concentraciones más altas de fármacos en la sangre y los eliminan más lentamente que los hombres, lo que incrementa significativamente el riesgo de efectos adversos.
Las razones son fisiológicas. La composición corporal difiere entre sexos, al igual que la actividad de las enzimas que metabolizan los medicamentos y los niveles hormonales que regulan esos procesos. Medicamentos de uso común como el paracetamol, los opioides y ciertos betabloqueantes afectan de manera desproporcionada a las mujeres precisamente porque estos fármacos fueron calibrados sobre la base de cuerpos y bioquímica masculina. La farmacocinética—cómo el cuerpo procesa un medicamento—y la farmacodinámica—cómo el medicamento actúa en el cuerpo—presentan diferencias cuantitativas entre sexos en cada etapa: absorción, distribución, metabolismo y eliminación.
Algunos argumentan que estas diferencias son meramente cuantitativas, que hay solapamiento entre los perfiles de hombres y mujeres. Es cierto que existe variabilidad dentro de cada grupo. Pero cuando se consideran todas las medidas posibles en conjunto, emergen perfiles biológicos nítidos. Las diferencias van más allá de lo numérico. A nivel celular, los hombres poseen un cromosoma Y en todas sus células, ausente en las mujeres. Las mujeres, por su parte, tienen dos cromosomas X—uno del padre y otro de la madre—lo que convierte sus tejidos en un mosaico genético que los hombres no poseen. Estas diferencias cualitativas afectan cómo el cuerpo procesa y responde a los medicamentos.
La distinción entre sexo y género añade otra capa de complejidad. El sexo genotípico se refiere a la presencia o ausencia del cromosoma Y. El sexo fenotípico se manifiesta en características físicas y conductuales, moldeadas por procesos hormonales y epigenéticos. El género, en cambio, abarca tanto aspectos biológicos como construcciones psicosociales: los roles, funciones y expectativas que una sociedad asigna a sus miembros. Estos roles varían según la cultura y el tiempo. En biología, sexo y género a menudo se identifican, pero en humanos, el género también refleja interpretaciones sociales que influyen en la salud y la enfermedad.
Las diferencias entre sexos comienzan en la vida embrionaria y se despliegan a lo largo de toda la existencia, afectando el funcionamiento de todos los sistemas del cuerpo. Existe una tendencia creciente hacia una medicina de precisión que sea consciente del sexo y el género, que reconozca estas diferencias fundamentales. Sin embargo, los límites entre sexo y género aún no están claramente definidos en la práctica clínica. Es posible que en el futuro la medicina personalizada cree fármacos individualizados basados en el genoma de cada persona y su expresión génica. Pero incluso ese fármaco imaginado del mañana tendría que construirse sobre el fundamento estructural y funcional del organismo humano: el sexo. Y hoy, la mujer sigue en desventaja.
Citas Notables
No podemos prescindir del concepto de sexo so pena de seguir perjudicando a la mitad de la humanidad— Antonio Guillamón, catedrático emérito de Psicobiología (UNED)
Las diferencias entre los sexos comienzan desde la vida embrionaria y se manifiestan a lo largo de toda la vida del individuo— Antonio Guillamón, catedrático emérito de Psicobiología (UNED)
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué tardó tanto la medicina en notar que las mujeres reaccionaban diferente a los medicamentos?
Porque durante décadas, los estudios farmacológicos simplemente no incluían a las mujeres. Se usaban animales macho y voluntarios hombres. Era más fácil, menos variables. Nadie se preguntaba si eso importaba.
Pero las diferencias biológicas son reales, ¿no? No es solo un sesgo social.
Exacto. Las mujeres metabolizan los fármacos más lentamente. Mantienen concentraciones más altas en sangre. Eso es biología pura. Pero también hay género—los roles, las expectativas sociales—que afecta cómo se vive la enfermedad y cómo se toman los medicamentos.
¿Entonces el problema es que los medicamentos están mal dosificados para las mujeres?
Sí. Las dosis estándar fueron establecidas sobre cuerpos masculinos. Las mujeres reciben la misma dosis y experimentan más efectos adversos. Es como si el medicamento fuera diseñado para alguien más.
¿Y eso explica por qué dos tercios de las reacciones adversas reportadas afectan a mujeres?
Es parte de la explicación. Pero también refleja que durante años nadie preguntó si las mujeres necesitaban dosis diferentes. La medicina de precisión está empezando a hacer esa pregunta ahora.
¿Puede cambiar esto rápidamente?
Lentamente. Los nuevos medicamentos empiezan a incluir mujeres en los ensayos. Pero los fármacos que ya están en uso—los que la gente toma cada día—siguen basados en esa vieja investigación. El cambio es generacional.