Por qué el Nobel de Medicina 2021 no fue para los creadores de vacunas de ARNm

Treinta años de obsesión científica, dos años de urgencia pandémica
La trayectoria de Katalin Karikó desde Hungría hasta el desarrollo de vacunas que salvaron millones de vidas.

En el otoño de 2021, mientras el mundo contemplaba cómo las vacunas de ARN mensajero frenaban una pandemia histórica, el comité sueco del Nobel eligió honrar un descubrimiento distinto: los receptores celulares de temperatura y tacto. Katalin Karikó y Drew Weissman, cuyas décadas de trabajo silencioso hicieron posibles las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna, quedaron fuera del reconocimiento más codiciado de la ciencia. La omisión no borra su legado, sino que recuerda una verdad antigua: los premios siguen el ritmo de las instituciones, pero la historia sigue el ritmo de las consecuencias.

  • El mundo científico esperaba que el Nobel de Medicina 2021 coronara la tecnología que salvó millones de vidas durante la pandemia, pero el galardón fue a parar a otro descubrimiento.
  • Karikó pasó treinta años persiguiendo una idea que parecía marginal, y junto a Weissman resolvió en 2005 y 2015 los obstáculos técnicos que hicieron posibles las vacunas más importantes del siglo.
  • Expertos señalan que el comité Nobel podría haber considerado que es demasiado pronto para evaluar el impacto a largo plazo de una tecnología tan reciente en su aplicación masiva.
  • Semanas antes del anuncio, ambos investigadores recibieron el Breakthrough Prize de tres millones de dólares, señal de que el reconocimiento científico ya los había encontrado por otros caminos.
  • Weissman trabaja hoy en una terapia génica de una sola inyección para combatir una anemia que afecta a doscientos mil recién nacidos africanos cada año, y el horizonte de aplicaciones del ARNm sigue expandiéndose.

Cuando el comité sueco anunció el Premio Nobel de Medicina 2021, la comunidad científica esperaba ver reconocidos a los artífices de las vacunas de ARN mensajero. En cambio, el galardón fue para David Julius y Ardem Patapoutian por sus descubrimientos sobre los receptores celulares de temperatura y tacto. Katalin Karikó y Drew Weissman, los favoritos, quedaron fuera.

La historia de Karikó es la de una obsesión que tardó décadas en dar frutos. Emigró de Hungría a Estados Unidos con la convicción de que el ARN mensajero podía combatir enfermedades, y durante treinta años persistió en esa dirección cuando pocos la seguían. En 2005, junto a Weissman, resolvió un problema fundamental del ARN sintético. En 2015, descubrieron cómo dirigirlo hacia la parte correcta de las células. Esas dos innovaciones fueron los cimientos de las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna.

Los expertos consultados apuntan al tiempo como explicación principal. El infectólogo Martín Stryjewski sugiere que el comité podría necesitar más años para evaluar el impacto. La investigadora Alejandra Capozzo añade que lo que Karikó y Weissman hicieron fue acelerar y estabilizar una plataforma preexistente, y especula que el reconocimiento podría llegar en la categoría de Química. El físico Daniel De Florian recuerda que el Nobel por el bosón de Higgs llegó apenas un año después de su detección, y expresó su sorpresa ante la omisión.

La revista Nature había advertido que atribuir el mérito de esta tecnología a pocas personas es difícil, pues cientos de investigadores contribuyeron durante más de treinta años. Aun así, el papel de Karikó y Weissman en los momentos decisivos es innegable. El 9 de septiembre de 2021, semanas antes del anuncio del Nobel, ambos recibieron el Breakthrough Prize de 2022, dotado con tres millones de dólares.

Mientras tanto, el trabajo continúa. El equipo de Weissman en Pittsburgh explora una terapia génica de una sola inyección para eliminar el defecto que causa una anemia que afecta a doscientos mil recién nacidos en África cada año. Hay además estudios en curso sobre aplicaciones contra el VIH, el cáncer y enfermedades autoinmunes. La historia del ARN mensajero, con Nobel o sin él, está lejos de haber terminado.

Cuando se anunció el Premio Nobel de Medicina 2021, el mundo científico esperaba un reconocimiento a los creadores de las vacunas de ARN mensajero que estaban salvando millones de vidas durante la pandemia de COVID-19. En cambio, el comité sueco otorgó el galardón a David Julius y Ardem Patapoutian por sus descubrimientos sobre los receptores celulares de temperatura y tacto. Los favoritos para ganar, la bioquímica húngara Katalin Karikó y el investigador estadounidense Drew Weissman, quedaron fuera de la ceremonia.

La trayectoria de Karikó es la de una obsesión científica que tardó décadas en fructificar. Emigró de Hungría a Estados Unidos en los años ochenta con una visión clara: utilizar el ARN mensajero como herramienta para combatir enfermedades. Durante treinta años, mientras otros investigadores exploraban caminos distintos, ella persistió en una dirección que parecía marginal. En 2005, junto con Weissman, logró resolver un problema fundamental del ARN sintético que había limitado su utilidad. Una década después, en 2015, descubrieron cómo dirigir el ARN mensajero hacia la parte correcta de las células, un avance técnico que resultaría decisivo. Estas dos innovaciones fueron los pilares sobre los que se construyeron las vacunas de Pfizer-BioNTech y Moderna, donde Karikó ahora trabaja como vicepresidenta.

Los expertos consultados ofrecen una explicación plausible para la omisión: el tiempo. El doctor Martín Stryjewski, jefe de internación del Cemic e infectólogo, sugiere que quizá sea necesario esperar más años para que el comité Nobel reconozca a Karikó y Weissman. La investigadora del Conicet Alejandra Capozzo añade que el desarrollo de estas vacunas se basó en una plataforma que ya existía, y que lo que hicieron fue acelerarla y estabilizarla durante la emergencia sanitaria. Ella especula que el reconocimiento podría llegar en la categoría de Química en años venideros, dado que se trata de una tecnología para producir vacunas más que de un descubrimiento biológico puro.

El físico Daniel De Florian, investigador superior del Conicet, ofrece un precedente histórico que relativiza la espera. El bosón de Higgs fue detectado en julio de 2012, pero el Premio Nobel de Física se otorgó en 2013, aunque la predicción teórica que lo fundamentaba databa de 1963. De Florian, quien participó en el equipo internacional que descubrió esa partícula, expresó su sorpresa de que el comité no reconociera el desarrollo de las vacunas COVID-19 en 2021, el año en que su impacto era más evidente.

La revista Nature había señalado poco antes del anuncio que resulta difícil atribuir el mérito de la tecnología de ARN mensajero a un puñado de personas, porque el camino hacia estas vacunas fue construido por cientos de investigadores durante más de treinta años. Sin embargo, el rol de Karikó y Weissman en los momentos críticos es innegable. El 9 de septiembre de 2021, apenas semanas antes del anuncio del Nobel, ambos fueron reconocidos con el Breakthrough Prize de 2022, que otorga tres millones de dólares.

Mientras el mundo espera, Karikó y Weissman continúan trabajando. El equipo de Weissman, en la Universidad de Pittsburgh, está explorando el uso del ARN mensajero para desarrollar una terapia genética de una sola inyección destinada a eliminar un defecto que causa un tipo de anemia que afecta a doscientos mil recién nacidos en África cada año. Aunque persisten desafíos técnicos importantes para garantizar seguridad y eficacia, los investigadores son optimistas. Hay también múltiples estudios en curso sobre aplicaciones de la tecnología para futuras vacunas y tratamientos contra el VIH, el cáncer, y enfermedades autoinmunes y genéticas. La historia de estas vacunas, parece, está lejos de terminar.

Las vacunas de ARN mensajero contra el COVID-19 han implicado un cambio en la historia de la vacunología en el mundo. Están salvando millones de vidas.
— Dr. Martín Stryjewski, jefe de internación del Cemic
Me sorprendió mucho que no se lo dieran. Todos esperábamos que le dieran el Premio Nobel al desarrollo de las vacunas de COVID-19 en este mismo año.
— Dr. Daniel De Florian, investigador del Conicet
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué crees que el comité Nobel decidió no reconocer a Karikó y Weissman este año, cuando sus vacunas estaban salvando vidas en tiempo real?

Model

Parece ser una cuestión de ritmo institucional. El Nobel tiene una tradición de esperar a que el impacto de un descubrimiento sea evaluado a largo plazo. Con las vacunas de ARN, todo sucedió muy rápido: treinta años de investigación básica, luego dos años de desarrollo acelerado durante la pandemia. El comité probablemente quería ver más datos de seguridad a largo plazo.

Inventor

Pero eso parece injusto cuando millones de personas están siendo vacunadas en el momento del anuncio.

Model

Lo es, en cierto sentido. Pero el precedente del bosón de Higgs muestra que el Nobel a veces espera décadas, incluso cuando el impacto es innegable. La diferencia es que con Higgs, el descubrimiento teórico era de 1963 y la confirmación experimental de 2012. Aquí, todo es reciente.

Inventor

¿Crees que Karikó y Weissman lo ganarán eventualmente?

Model

Casi con seguridad. La pregunta es cuándo y en qué categoría. Podría ser Medicina en los próximos años, o incluso Química, porque la tecnología de ARN es fundamentalmente una herramienta química para producir medicinas.

Inventor

¿Qué les importa más a ellos en este momento, el Nobel o continuar con su trabajo?

Model

Probablemente el trabajo. Weissman está desarrollando terapias genéticas para la anemia en recién nacidos africanos. Karikó sigue en BioNTech. El reconocimiento llegará, pero la ciencia no se detiene esperando premios.

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