Polonia retira su máxima condecoración a Zelensky por disputa sobre legado de la Segunda Guerra Mundial

Polonia alega que el UPA mató aproximadamente 100.000 civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial en lo que actualmente es el oeste de Ucrania.
Ningún presidente de otro país nos va a dictar nuestra historia
La respuesta de Ucrania a la retirada de la condecoración refleja la tensión entre la lealtad de aliados y el control sobre la narrativa histórica.

En el cruce entre la memoria histórica y la urgencia geopolítica, Polonia retiró su máxima condecoración al presidente ucraniano Zelensky tras la decisión de Kiev de nombrar una unidad militar con las siglas del UPA, organización que Varsovia considera responsable del asesinato de cien mil civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial. Lo que parecía un gesto simbólico reveló una herida que ni décadas de historia compartida ni una guerra común habían logrado cerrar. Dos naciones unidas frente a Rusia se descubren, de pronto, separadas por el peso de sus propios muertos.

  • El presidente polaco Nawrocki retiró la Orden del Águila Blanca a Zelensky, la condecoración más alta de Polonia, en respuesta directa al nombre elegido para una unidad militar ucraniana.
  • La indignación cruzó líneas partidarias en Polonia: desde el Nobel Lech Walesa hasta el primer ministro Tusk, la clase política reaccionó con alarma ante una decisión que toca una herida histórica profunda.
  • Kiev respondió con firmeza, calificando la medida de 'error estratégico' y advirtiendo que solo Moscú se beneficia de esta fractura entre dos aliados clave.
  • El 65% de los polacos percibe negativamente el impacto de la decisión ucraniana en las relaciones bilaterales, señal de que el conflicto no es solo diplomático sino social.
  • La alianza Polonia-Ucrania, ya tensionada por el cansancio con los refugiados y disputas comerciales, enfrenta ahora su prueba más delicada desde el inicio de la guerra.

El viernes pasado, el presidente polaco Karol Nawrocki anunció que retiraría la Orden del Águila Blanca a Volodimir Zelensky, condecoración otorgada apenas tres años antes. El motivo no fue una traición diplomática, sino un nombre: Zelensky había bautizado una unidad militar ucraniana con las siglas del UPA, el Ejército Insurgente Ucraniano, organización que Polonia considera responsable de la muerte de aproximadamente cien mil civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

La historia del UPA es ambigua y dolorosa. Fue un movimiento independentista ucraniano que combatió al Ejército soviético, pero también ejecutó civiles polacos y judíos, y mantuvo relaciones variables con los nazis. Polonia califica esas muertes de genocidio; Ucrania ve al UPA como símbolo de su lucha por la independencia, interpretación que se ha intensificado desde la invasión rusa de 2022. Nawrocki fue categórico: para la mayoría de los polacos, el UPA es ante todo una formación responsable de crímenes brutales, sin espacio para matices.

Desde Kiev, el canciller Sibiga respondió que la decisión era un error estratégico que solo beneficiaba a Moscú, y rechazó que ningún presidente extranjero dictara la historia de Ucrania. La indignación en Polonia, sin embargo, no se limitó al gobierno: Lech Walesa anunció que dejaría de usar la insignia con la bandera ucraniana, y el primer ministro Tusk, adversario político de Nawrocki, pidió a ambos líderes que enfriaran las emociones, advirtiendo que este conflicto deleitaba a Putin y conmocionaba a los aliados.

Las encuestas confirmaron que la fractura era social, no solo institucional: el 65% de los polacos veía negativamente el impacto de la decisión ucraniana en las relaciones bilaterales. Polonia había acogido a casi un millón de refugiados ucranianos y sido un pilar del apoyo occidental a Kiev, pero ese respaldo cargaba ya el peso del cansancio, las disputas comerciales y ahora el retorno de una memoria histórica que parecía enterrada. Dos países aliados frente a un enemigo común se encontraban, de pronto, frente a frente ante sus propios fantasmas.

El viernes pasado, el presidente polaco Karol Nawrocki anunció una decisión que rompería meses de alianza cuidadosamente construida: retiraría la Orden del Águila Blanca, la condecoración más alta de Polonia, que había sido otorgada a Volodimir Zelensky apenas tres años antes. La razón no era una traición militar ni un giro diplomático inesperado, sino un nombre. Zelensky había decidido bautizar una unidad de las Fuerzas Armadas ucranianas con el nombre del Ejército Insurgente Ucraniano, conocido por sus siglas en ucraniano como UPA. Para Varsovia, ese nombre evocaba algo que no podía tolerar: la muerte de aproximadamente cien mil civiles polacos durante la Segunda Guerra Mundial.

La historia del UPA es complicada, como lo son muchas historias de esa época. Fue la rama militar de un movimiento independentista ucraniano que luchó contra el Ejército soviético, pero también se enfrentó a la resistencia polaca y ejecutó civiles polacos y judíos. En momentos colaboró con los nazis; en otros, se volvió contra ellos. Polonia considera esas muertes un genocidio. Ucrania, en cambio, ve al UPA como un símbolo de la lucha por la independencia nacional, una interpretación que se ha fortalecido especialmente desde que Rusia invadió el país en 2022.

Nawrocki fue directo en su discurso publicado en la red X: "Para la inmensa mayoría de la sociedad polaca, el UPA sigue siendo ante todo una formación responsable de los crímenes brutales cometidos contra ciudadanos de la República de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial". No había espacio para matices en esa declaración. La retirada de la condecoración era, en su visión, una consecuencia inevitable.

Desde Kiev, el canciller ucraniano Andrii Sibiga respondió calificando la decisión como "un error estratégico" e "irrespetuosa". Su argumento fue contundente: solo Moscú ganaba con esta ruptura. "Lamentamos que en lugar de buscar soluciones, la parte polaca haya decidido llevar este conflicto a un nivel inaceptable e inapropiado", dijo, y añadió una frase que capturaba la frustración ucraniana: "Ningún presidente de otro país nos va a dictar nuestra historia".

Lo notable fue que la indignación en Polonia no se limitó al gobierno de Nawrocki. Lech Walesa, el expresidente y Premio Nobel de la Paz que había sido símbolo de la resistencia contra el comunismo soviético, anunció que dejaría de usar una insignia con la bandera de Ucrania. Aunque seguía apoyando la lucha de Ucrania contra Rusia, ya no apoyaría a Zelensky. El primer ministro Donald Tusk, que es un opositor político de Nawrocki, intentó frenar la escalada pidiendo a ambos presidentes que enfriaran las emociones. "El conflicto entre Polonia y Ucrania deleita a Putin y conmociona a nuestros aliados", escribió en X.

Las encuestas reflejaban el sentimiento en las calles. Según una sondeo reciente del portal Onet.pl, el 65 por ciento de los polacos consideraba que la decisión de Zelensky influía negativamente en su percepción de las relaciones bilaterales. Esto no era una disputa de élites; era un quiebre que resonaba en la sociedad polaca en su conjunto.

La tensión revelaba algo más profundo que una disputa sobre nomenclatura militar. Polonia había sido un aliado crucial para Ucrania, acogiendo a casi un millón de refugiados según datos de Eurostat. Pero ese apoyo había estado bajo presión creciente: cansancio con los refugiados, disputas sobre importaciones de cereales, y ahora esto. El legado de la Segunda Guerra Mundial, que parecía enterrado bajo décadas de historia, había vuelto a la superficie con toda su carga emocional. Ambos países enfrentaban una encrucijada: cómo mantener una alianza contra un enemigo común cuando sus propias historias traumáticas chocaban de frente.

Para la inmensa mayoría de la sociedad polaca, el UPA sigue siendo ante todo una formación responsable de los crímenes brutales cometidos contra ciudadanos de la República de Polonia durante la Segunda Guerra Mundial
— Karol Nawrocki, presidente de Polonia
El conflicto entre Polonia y Ucrania deleita a Putin y conmociona a nuestros aliados. La tarea de los presidentes Zelensky y Nawrocki es calmar las emociones, no avivar las tensiones
— Donald Tusk, primer ministro de Polonia
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué un nombre de una unidad militar genera una crisis diplomática entre aliados que luchan contra el mismo enemigo?

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Porque no es realmente sobre un nombre. Es sobre quién controla la narrativa de la historia. Para Polonia, honrar al UPA es como si Ucrania estuviera celebrando a quienes mataron a sus civiles. Para Ucrania, el UPA representa la resistencia contra la ocupación. Son dos memorias de la guerra que no pueden coexistir en el mismo espacio.

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Pero Polonia y Ucrania necesitan estar juntas contra Rusia. ¿No debería eso importar más?

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Debería, y por eso Tusk pidió calma. Pero la historia no funciona así. No puedes pedirle a un pueblo que olvide cien mil muertos solo porque hay una amenaza presente. La gente no funciona de esa manera.

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¿Qué tan profundo es este quiebre? ¿Puede repararse?

Model

Depende. Nawrocki retiró una condecoración, que es un gesto simbólico pero potente. Walesa, un héroe nacional, dijo que ya no apoyaría a Zelensky. Eso es más grave. Pero el primer ministro Tusk está tratando de contener el daño. La pregunta es si Zelensky puede hacer algo para calmar esto sin renegar de su propia historia.

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¿Qué ven los polacos comunes en todo esto?

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Según las encuestas, dos de cada tres polacos ahora ven a Ucrania de manera más negativa por esto. Eso es importante porque Polonia ha sido generosa con los refugiados. Ese apoyo no es infinito si la gente siente que no es respetada.

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¿Y en Ucrania, cómo se ve esto?

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Como una imposición. Zelensky está en guerra, necesita símbolos de resistencia nacional, y ve al UPA como eso. Que Polonia le diga que no puede usar ese nombre suena, desde Kiev, como que alguien le está dictando su propia historia mientras está siendo invadido.

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