Nueve millones de colombianos viven sin acceso adecuado a energía
En Colombia, el acceso a la energía no es solo una cuestión técnica: es la frontera entre la dignidad y la exclusión. En 2025, el Ministerio de Minas y Energía confirmó que la pobreza energética descendió al 20,6%, liberando a casi medio millón de hogares de una condición que les impedía cocinar, aprender y comunicarse. Sin embargo, 9,22 millones de personas siguen atrapadas en esa realidad, recordándonos que el progreso medido en décimas de punto porcentual tiene rostro humano, y que avanzar despacio también es una forma de quedarse atrás.
- Más de 9 millones de colombianos no pueden encender una luz, cocinar con seguridad ni cargar un teléfono: la pobreza energética no es una estadística, es una privación cotidiana.
- La región Caribe concentra la crisis más aguda del país, con 2,64 millones de personas afectadas y una empresa distribuidora —Air-e— que no puede invertir porque sus finanzas están al límite.
- La Superintendencia de Servicios Públicos ha actuado como dique de contención, evitando un colapso mayor, pero su intervención regula sin transformar.
- En dos años, más de 490.000 hogares mejoraron su acceso a energía, pero al ritmo actual, millones seguirán esperando décadas para alcanzar lo que otros dan por sentado.
- La pregunta que el propio índice deja abierta es si las inversiones proyectadas serán suficientes para convertir un avance modesto en un cambio estructural.
En 2025, dos de cada diez hogares colombianos seguían sin poder encender una bombilla al caer la noche, cocinar una comida caliente o conectarse al mundo. El Ministerio de Minas y Energía publicó su Índice de Pobreza Energética, una herramienta que no mide solo el acceso a electricidad, sino algo más esencial: la capacidad de una familia para vivir con dignidad en el siglo veintiuno.
Los números muestran un avance real, aunque contenido. Entre 2023 y 2025, la pobreza energética bajó de 22,3% a 20,6%, lo que en términos concretos significa que más de 490.000 hogares —equivalentes a 1,4 millones de personas— mejoraron su situación energética. Pero la otra cara es más pesada: aún hay 9,22 millones de colombianos en esta condición, distribuidos en 3,27 millones de hogares. No se trata solo de falta de luz: es un niño que no puede estudiar de noche, una madre que no puede llamar en una emergencia.
La geografía de la crisis es profundamente desigual. La región Caribe concentra la peor situación, con 2,64 millones de personas afectadas en departamentos como Atlántico, La Guajira y Magdalena. Julio César Vera, de la Fundación XUA Energy, señala que la distribuidora Air-e ha visto frenada su capacidad de invertir por sus dificultades financieras, perpetuando un servicio deteriorado. La Superintendencia de Servicios Públicos ha evitado que el sistema colapse, pero contener el deterioro no es lo mismo que revertirlo.
El país avanza, pero despacio. La pregunta que queda abierta es si las inversiones actuales y futuras serán suficientes para acelerar una transformación que millones de hogares colombianos todavía esperan.
En 2025, dos de cada diez hogares colombianos enfrentaban una realidad que muchos dan por sentada: la imposibilidad de encender una bombilla cuando cae la noche, de cocinar una comida caliente, de conectarse al mundo. El Ministerio de Minas y Energía acaba de publicar su Índice de Pobreza Energética, un medidor que va más allá del simple acceso a electricidad. Mide algo más profundo: la capacidad de una familia para vivir con dignidad en el siglo veintiuno, para alimentarse, aprender, comunicarse, habitar una casa que funcione.
Los números revelan un progreso real, aunque modesto. Entre 2023 y 2025, la pobreza energética cayó de 22,3 por ciento a 20,6 por ciento, una reducción de 1,7 puntos porcentuales que en términos concretos significa que 227.532 hogares salieron de esa condición en apenas un año. Si se mira el período completo de dos años, más de 490.000 hogares mejoraron su situación, lo que equivale a 1,4 millones de personas que ahora tienen acceso a servicios energéticos que antes les eran inaccesibles.
Pero la otra cara de la moneda es más sombría. Aún hay 9,22 millones de colombianos viviendo en pobreza energética, distribuidos en 3,27 millones de hogares. Son cifras que no caben en un titular: casi una de cada tres personas en el país carece de lo que la mayoría considera básico. No se trata solo de falta de luz. Es la imposibilidad de cocinar sin riesgo, de que un niño estudie de noche, de que una madre cargue su teléfono para llamar en caso de emergencia.
La geografía de esta crisis es desigual. La región Caribe concentra la peor situación del país, con 2,64 millones de personas en pobreza energética repartidas en 936.987 hogares. Atlántico, La Guajira y Magdalena cargan con el peso más pesado. Julio César Vera, presidente de la Fundación XUA Energy, explica que la empresa distribuidora Air-e, que opera en esos departamentos, ha visto limitada su capacidad de invertir en infraestructura y mantenimiento debido a sus dificultades financieras. El resultado es un servicio deteriorado que perpetúa la vulnerabilidad de millones de personas.
Lo que ha evitado que la situación sea aún peor es la intervención de la Superintendencia de Servicios Públicos, que ha contenido el colapso del sistema. Sin esa supervisión regulatoria, según Vera, la pobreza energética en el Caribe sería significativamente más grave. Pero contener no es resolver. El país ha logrado que menos personas caigan en esta trampa, pero la velocidad del cambio sigue siendo lenta para quienes viven sin electricidad confiable. La pregunta que queda abierta es si las inversiones actuales y futuras serán suficientes para acelerar la transformación que millones de hogares aún esperan.
Citas Notables
La situación financiera de Air-e ha impactado la calidad del servicio al limitar la capacidad de inversión, aunque la intervención de la Superintendencia ha evitado que la pobreza energética sea aún más acentuada— Julio César Vera, presidente de la Fundación XUA Energy
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué importa tanto este índice? ¿No es simplemente un problema de acceso a electricidad?
No. Mide algo más fundamental: si una familia puede cocinar, si los niños pueden estudiar de noche, si alguien puede comunicarse en una emergencia. Es sobre vivir con dignidad.
Entonces, ¿qué significa que la pobreza energética bajó de 22,3 a 20,6 por ciento?
Que 227.532 hogares en un año dejaron de estar en esa condición. Pero aún hay 9,22 millones de personas viviendo sin acceso adecuado. Es progreso, pero lento.
¿Por qué la región Caribe está tan rezagada?
Air-e, la empresa que distribuye energía allá, tiene problemas financieros que limitan su inversión en infraestructura. Sin dinero para mejorar las redes, el servicio se deteriora y la pobreza energética se perpetúa.
¿Qué ha evitado que sea peor?
La Superintendencia de Servicios Públicos ha intervenido para evitar el colapso total. Sin esa supervisión, la crisis sería mucho más profunda en el Caribe.
¿Cuál es el siguiente paso?
Se necesita inversión significativa en infraestructura, especialmente en regiones como Atlántico, La Guajira y Magdalena. Sin eso, el ritmo de mejora seguirá siendo insuficiente para los millones que aún esperan.