Petro convoca movilizaciones el 20 de julio y desconoce elección de De la Espriella

Las tensiones políticas y llamados a movilización masiva generan riesgo de confrontación social y potencial violencia entre sectores enfrentados.
El poder real está en las mayorías del pueblo y esas mayorías están con nosotros
Petro rechaza los resultados electorales certificados y apela directamente al apoyo popular como fuente de autoridad.

En el umbral de una transición de poder, el presidente saliente Gustavo Petro convocó a Colombia a las plazas el 20 de julio —día exacto de la instalación del nuevo Congreso— negando la legitimidad de la victoria certificada de Abelardo de la Espriella y proclamándose aún 'presidente del pueblo'. Es un momento que las democracias conocen bien: cuando quien pierde el poder no reconoce que lo ha perdido, y el lenguaje de la soberanía popular se convierte en instrumento para cuestionar la voluntad expresada en las urnas. Trece universidades colombianas alzaron la voz para recordar que la Constitución no admite excepciones, y que la alternancia pacífica es el acuerdo más frágil y más esencial de toda democracia.

  • Petro desconoce públicamente los resultados del 21 de junio, certificados por autoridades electorales colombianas, observadores internacionales y misiones de múltiples naciones, sembrando una crisis de legitimidad en plena transición.
  • El presidente saliente convoca movilizaciones masivas para el 20 de julio —la fecha exacta en que se instala el nuevo Congreso— y se declara 'presidente del pueblo' incluso después de dejar el cargo oficial.
  • Sus ataques se extienden al presidente electo De la Espriella, al periódico El Tiempo y a quienes reconocen el primer consejo de ministros del gobierno entrante, al que califica de ilegítimo y sedicioso.
  • Trece de las principales universidades del país se unen bajo la alianza Cuidar la Democracia para advertir que cuestionar resultados electorales fuera de los canales constitucionales 'atenta contra los acuerdos democráticos básicos'.
  • El llamado a las plazas en un momento de tensión política aguda eleva el riesgo de confrontación social y violencia entre sectores enfrentados, dejando abierta la pregunta de qué ocurrirá cuando llegue el 20 de julio.

En la tarde del 11 de julio, mientras Abelardo de la Espriella se preparaba para asumir la presidencia tras ganar las elecciones del 21 de junio, Gustavo Petro convocó desde sus redes sociales a una movilización nacional para el 20 de julio, fecha en que se instalaría el nuevo Congreso. La elección del día no era casual: era el momento exacto del inicio formal del gobierno entrante.

Petro no reconocía los resultados. Había denunciado fraude a favor de De la Espriella y sostenía que el verdadero presidente era Iván Cepeda. Llamó a las plazas para lo que describió como 'el grito por la segunda independencia', invitando a un 'pueblo libre sin miedos y sin mentiras' a participar. Sus palabras hacia el presidente electo fueron duras: tildó a sus seguidores de 'seudoaristocratas', atacó al periódico El Tiempo por cubrir el primer consejo de ministros del gobierno entrante y afirmó que solo él tenía autoridad para convocar ese tipo de reunión. 'El presidente de la república se llama Gustavo Petro, el presidente del pueblo', declaró.

La convocatoria encendió las alarmas en la academia. Trece universidades —entre ellas Los Andes, la Javeriana y el Rosario— se agruparon bajo la alianza Cuidar la Democracia para emitir un comunicado conjunto. Advirtieron que poner en duda resultados electorales sin recurrir a los mecanismos constitucionales 'se sale del cauce legal y es de la mayor gravedad', y subrayaron que la Constitución de 1991 'no admite excepciones, sea cual sea el resultado'. Los comicios del 21 de junio habían sido acreditados por la institucionalidad electoral colombiana y por observadores internacionales. Aun así, Petro los desconocía e invitaba a movilizaciones masivas justo cuando el nuevo gobierno tomaría posesión, dejando a Colombia ante una pregunta sin respuesta: qué sucedería cuando llegara ese día.

En la tarde del 11 de julio, mientras Abelardo de la Espriella se preparaba para asumir la presidencia de Colombia tras ganar las elecciones del 21 de junio, Gustavo Petro —el presidente que se disponía a dejar el cargo— convocó a través de sus redes sociales a una movilización nacional para el 20 de julio. La fecha no era casual: ese mismo día se instalaría el nuevo Congreso de la República para el período 2026-2030, marcando el inicio formal del gobierno entrante.

Petro no reconocía los resultados electorales. En sus mensajes, hablaba entre líneas de que la voluntad popular real no se reflejaba en las urnas, sino que residía en lo que él llamaba "la mayoría del pueblo". Había denunciado fraude electoral a favor de De la Espriella y asegurado que, según su criterio, el verdadero presidente era Iván Cepeda. Ahora convocaba al país a las plazas públicas para lo que describía como "el grito por la segunda independencia". "Vamos a bailar el 20 de julio porque el baile espanta las energías oscuras", dijo, invitando a un "pueblo libre sin miedos y sin mentiras" a participar.

Las palabras de Petro hacia De la Espriella eran duras. Acusaba a quienes respaldaban al presidente electo —cuya victoria había sido certificada por las autoridades electorales colombianas, observadores internacionales y misiones de varias naciones— de ser "seudoaristocratas" que disfrutaban viendo a sus opositores golpeados. Atacó al periódico El Tiempo por informar sobre el primer consejo de ministros del gobierno entrante, negando la validez de esa reunión. Según Petro, solo él tenía autoridad para convocar un consejo de ministros, porque "el presidente de la república, así no le guste a Luis Carlos Sarmiento, se llama Gustavo Petro, el presidente del pueblo". Calificar de otra manera esa reunión, sostuvo, sería sedición en democracias más fuertes.

Petro insistía en que el poder real no estaba en los resultados electorales, sino en las mayorías que lo respaldaban. "¿Dónde está el poder real?", preguntaba. Afirmaba que cuando dejara la presidencia sería "un hombre libre", pero su lenguaje y sus acciones sugerían que no consideraba que su mandato hubiera terminado realmente. Los sectores opositores, según él, intentaban instalar una narrativa contraria a su gobierno, pero la verdadera fuente de poder era el apoyo popular que él decía poseer.

La convocatoria generó alarma en la academia colombiana. Trece universidades principales —entre ellas la Universidad de los Andes, la Pontificia Universidad Javeriana y la Universidad del Rosario— se agruparon bajo la alianza Cuidar la Democracia para emitir un comunicado conjunto. Advertían sobre la gravedad de poner en duda los resultados electorales sin utilizar los mecanismos institucionales previstos en la Constitución. "Esa conducta se sale del cauce constitucional y legal, y es de la mayor gravedad, pues atenta contra los acuerdos democráticos básicos que habilitan la alternancia pacífica en el poder", señalaron. Las universidades recalcaban que la Constitución de 1991 "no admite excepciones, sea cual sea el resultado y quienquiera que resulte favorecido por ella".

Lo que estaba en juego era fundamental. Los resultados del 21 de junio habían sido acreditados por los votantes colombianos, por la institucionalidad electoral del país, por observadores y por misiones internacionales. Aun así, Petro los desconocía públicamente e invitaba a movilizaciones masivas en la fecha exacta en que el nuevo gobierno tomaría posesión. Las universidades advertían que desconocer esos resultados sin recurrir a los canales constitucionales representaba una amenaza directa a la democracia misma, al sistema que permite que el poder cambie de manos sin violencia. La pregunta que quedaba flotando en el aire era qué sucedería cuando el 20 de julio llegara.

Vamos a bailar el 20 de julio porque el baile espanta las energías oscuras. Que brille el sol en Colombia y la Esperanza
— Gustavo Petro
Esa conducta se sale del cauce constitucional y legal, y es de la mayor gravedad, pues atenta contra los acuerdos democráticos básicos que habilitan la alternancia pacífica en el poder
— Alianza Cuidar la Democracia (universidades colombianas)
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué Petro insiste en que él sigue siendo el presidente si ya perdió las elecciones?

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Porque para él, las elecciones no reflejan la verdadera voluntad popular. Cree que el poder real está en las masas que lo apoyan, no en los votos certificados. Es una distinción que rechaza toda la institucionalidad electoral.

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¿Y qué pasa el 20 de julio? ¿Es solo una protesta o algo más?

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Es el mismo día que se instala el nuevo Congreso. Así que no es una protesta cualquiera: es una convocatoria a movilización masiva en el momento exacto en que De la Espriella asume formalmente el poder. Eso es lo que asusta a las universidades.

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¿Las universidades tienen razón en preocuparse?

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Sí. Porque Petro está cuestionando los resultados sin usar los mecanismos que la Constitución prevé para eso. Está apelando directamente al pueblo para que desconozca lo que las instituciones han certificado. Eso rompe el acuerdo básico de la democracia: que aceptamos los resultados aunque nos desagraden.

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¿Qué significa "el baile espanta las energías oscuras"?

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Es poético, pero también es un llamado a la acción. Petro está invitando a sus seguidores a salir a las calles, a hacer presencia masiva. No es solo una metáfora sobre celebración; es una convocatoria política en un momento de máxima tensión.

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¿Puede Petro hacer algo para revertir el resultado?

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Constitucionalmente, no. Pero políticamente, si logra movilizar a suficientes personas el 20 de julio, podría crear una crisis de legitimidad que complique el gobierno de De la Espriella desde el primer día. Eso es lo que parece estar buscando.

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