Los gobiernos dejaron de ser garantes para convertirse en victimarios
En América Latina, el periodismo no enfrenta una crisis sino varias que se alimentan entre sí: Estados que se convirtieron en sus principales agresores, plataformas digitales que erosionan sus ingresos y una inteligencia artificial que amenaza su razón de ser económica. Con veintitrés periodistas asesinados en 2025 y México como el país más peligroso del mundo para ejercer la profesión, la región vive un momento en que la información verificada —ese bien público silencioso— lucha por sobrevivir frente a la indiferencia, el miedo y el algoritmo.
- Un periodista es asesinado en América Latina cada dieciséis días, y México supera en peligrosidad a zonas de guerra activa como Ucrania y Siria.
- El 50.5% de los agresores documentados son estatales: gobiernos de toda tendencia ideológica usan demandas judiciales, restricciones informativas y estigmatización coordinada para silenciar la cobertura crítica.
- Las plataformas digitales, que durante décadas fueron la tabla de salvación económica del periodismo, ahora también se hunden: la IA amenaza con reducir el tráfico de búsqueda un 43% en tres años mientras proliferan granjas de contenido sintético.
- La confianza ciudadana en los medios se desmorona —26% en Argentina, 32% en Colombia— mientras influencers y streamers capturan las audiencias que antes pertenecían al periodismo profesional.
- Los medios apuestan su supervivencia a la investigación original, los formatos audiovisuales y el periodismo de campo, apostando a que lo que una IA no puede replicar es la presencia humana y la verificación independiente.
El periodismo latinoamericano no atraviesa una crisis: atraviesa varias al mismo tiempo. En 2025, veintitrés periodistas fueron asesinados en la región —nueve más que el año anterior—, y México se consolidó como el país más peligroso del mundo para ejercer la profesión, por encima de Ucrania y Siria. Un informe regional documentó más de 2.400 alertas que afectaron a 3.230 víctimas en diecisiete países.
Pero la violencia letal es solo la parte visible. El 50,5% de los agresores identificados fueron estatales. La represión no distingue ideologías: aparece en dictaduras como Cuba y Nicaragua, pero también en democracias como Perú, El Salvador y Colombia. En Perú, el aparato estatal completo —desde la presidencia hasta el Poder Judicial— opera contra el periodismo. En Colombia, la estigmatización desde el poder ha generado una violencia que grupos criminales aprovechan en zonas rurales sin encontrar resistencia.
Mientras los gobiernos asfixian, las plataformas digitales redefinen el acceso a la información. Por primera vez, las redes sociales superan a los sitios de noticias como principal fuente informativa. Los ingresos digitales, que durante veinticinco años compensaron la caída publicitaria, ahora también se desmoronan con la irrupción de la inteligencia artificial. Los editores anticipan una caída del 43% en el tráfico proveniente de buscadores en los próximos tres años.
La confianza ciudadana acompaña esa caída. En Argentina, el interés por las noticias bajó del 77% al 42% en menos de una década; la confianza en los medios llegó al 26%. En Colombia, al 32%. En Brasil, el 46% de la población evita las noticias activamente. Mientras tanto, influencers y streamers capturan audiencias, y los líderes políticos prefieren entrevistas con creadores afines antes que enfrentar el periodismo de verificación.
Frente a este panorama, los medios buscan reinventarse apostando por lo que la inteligencia artificial no puede replicar: investigación original, reportería en terreno, análisis profundo e historias humanas. El 79% de los editores planea invertir más en video y el 71% en audio y podcast. Pero ninguna estrategia de negocio será suficiente si no logra algo más difícil: convencer a las sociedades de que la información verificada sigue siendo un bien público indispensable.
El periodismo en América Latina atraviesa su momento más crítico en décadas. No es una sola crisis, sino varias convergiendo simultáneamente: gobiernos que se convirtieron en agresores, plataformas digitales que erosionan los ingresos, inteligencia artificial que amenaza los modelos de negocio, y una violencia que cobra vidas cada dieciséis días.
Los números son contundentes. En 2025, veintitrés periodistas fueron asesinados en la región, nueve más que el año anterior. México se consolidó como el país más peligroso del mundo para ejercer periodismo, por encima de Ucrania y Siria. El Informe Sombra sobre la Libertad de Prensa en América Latina documentó 2.484 alertas que afectaron a 3.230 víctimas en diecisiete países. Pero la violencia letal es solo la punta visible de un iceberg más profundo. Los gobiernos utilizan demandas judicales abusivas, restricciones al acceso de información pública, y campañas coordinadas de estigmatización. El 50,5% de los agresores identificados fueron estatales. En Colombia, veintitrés periodistas fueron desplazados forzadamente. En Perú, las coberturas sobre minería ilegal y corrupción elevaron en un 83% el número de periodistas víctimas.
La represión no respeta ideologías. Aparece tanto en dictaduras como Cuba y Nicaragua como en presidencias surgidas de elecciones libres, como El Salvador y Colombia. En Perú, el director ejecutivo del Consejo de la Prensa Peruana describe un aparato estatal completo orientado contra el periodismo: desde la presidencia hasta gobiernos locales, pasando por el Congreso, la Fiscalía, la Policía, la Defensoría del Pueblo y el Poder Judicial. En Colombia, la estigmatización desde el poder ha sido tan efectiva que generó no solo rechazo al periodismo, sino violencia hacia los periodistas, que grupos criminales en zonas rurales aprovechan sin resistencia.
Mientras los gobiernos asfixian, las plataformas digitales redefinen el consumo de noticias. Por primera vez en la historia, las redes sociales y plataformas de video superan a los sitios y aplicaciones de noticias como principal puerta de acceso a la información. Los ingresos digitales, que durante veinticinco años fueron la esperanza de compensar la caída de publicidad tradicional, ahora también se desmoronan con la irrupción de la inteligencia artificial. Los medios enfrentan una carrera donde los ingresos tradicionales bajan rápidamente en un ascensor mientras los digitales suben lentamente por una escalera, y ahora ese ascensor digital también cae.
La confianza en los medios se desmorona. En Argentina, el interés por las noticias cayó del 77% en 2017 al 42% en años recientes, mientras la confianza general en los medios se desplomó al 26%, el nivel más bajo de la última década. En Colombia, la confianza en las noticias alcanzó apenas el 32%, su nivel más bajo desde que el país integra los relevamientos globales. En Brasil, el 46% de la población evita las noticias, entre los niveles más altos de América Latina. A nivel global, desde 2021, el interés intenso por las noticias cayó trece puntos porcentuales, y uno de cada cuatro usuarios ya consume información de manera ocasional o pasiva.
En medio de esta fragmentación, nuevos actores capturan audiencias. Influencers, streamers y creadores de contenido parcializado crecen mientras los medios tradicionales pierden centralidad. Siete de cada diez ejecutivos de medios consideran que estos creadores están capturando tiempo y atención que antes pertenecía a los medios profesionales. El 27% de los usuarios obtiene noticias de creadores especializados en información, y el 46% recibe información de algún tipo de creador digital. Los líderes políticos, a su vez, prefieren conceder entrevistas a streamers afines antes que enfrentar formatos periodísticos tradicionales caracterizados por la repregunta y la verificación independiente.
La inteligencia artificial representa la amenaza más reciente y quizá la más estructural. Los editores esperan que el tráfico proveniente de motores de búsqueda se desplome en promedio un 43% en los próximos tres años debido a los resúmenes automáticos creados por IA. Simultáneamente, prolifera lo que los expertos llaman "AI Slop": un volumen inabarcable de contenido sintético y granjas de noticias falsas automatizadas. En Estados Unidos, los portales locales generados por IA ya superan en número a los sitios web de noticias locales reales. Las empresas de inteligencia artificial utilizan contenidos periodísticos sin autorización ni compensación, erosionando aún más los ingresos de medios ya frágiles.
La supervivencia del periodismo latinoamericano dependerá de replantear radicalmente tanto los modelos de negocio como la defensa de las trincheras democráticas. Los medios apuestan por investigación original, reportería en el lugar de los hechos, análisis contextual e historias profundamente humanas, reduciendo la producción de noticias generales que un chatbot puede replicar. El 79% de los editores planea mayor inversión en video, y el 71% en audio y podcast, formatos más difíciles de mercantilizar por agregadores artificiales. Pero estas estrategias de supervivencia solo funcionarán si logran recuperar algo más difícil: convencer a las sociedades de que la información verificada sigue siendo un bien público indispensable en medio del ruido digital.
Citações Notáveis
La industria periodística a nivel global atraviesa una tormenta perfecta. Los ingresos tradicionales bajan rápidamente en un ascensor mientras los digitales suben lentamente por una escalera. Con la inteligencia artificial, los ingresos digitales también caen.— Daniel Dessein, presidente de la Comisión de Libertad de Prensa e Información de Adepa
El deterioro en todos los indicadores de libertad de prensa en Colombia es verdaderamente lamentable. La estigmatización y los ataques permanentes han generado no solamente rechazo al periodismo, sino violencia hacia los medios.— Werner Zitzmann, director ejecutivo de la Asociación Colombiana de Medios de Información
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué ahora? ¿Qué hace que esta crisis sea diferente a las anteriores que ha enfrentado el periodismo latinoamericano?
Porque todas las amenazas llegan simultáneamente. Antes había crisis económicas o represión política, pero no ambas al mismo tiempo, más la tecnología desintermediando a los medios y la inteligencia artificial erosionando los ingresos digitales. Es la simultaneidad lo que es devastador.
Los gobiernos siempre han presionado a la prensa. ¿Qué cambió en la forma en que lo hacen?
Ahora lo hacen de manera más sofisticada y coordinada. No solo censuran directamente. Usan demandas judicales abusivas, restringen información pública, estigmatizan públicamente a través de aparatos de comunicación digital, y generan un clima donde grupos criminales se sienten autorizados a atacar periodistas. Es represión sistémica disfrazada de legalidad.
¿Qué significa que el 50% de los agresores sean estatales?
Significa que el Estado dejó de ser garante de la libertad de prensa para convertirse en su principal amenaza. No es un problema de delincuencia común o crimen organizado. Es que los gobiernos mismos, a través de sus instituciones, están atacando a quienes los investigan.
Las plataformas digitales prometieron democratizar la información. ¿Qué salió mal?
Prometieron acceso, pero entregaron fragmentación. Ahora la gente se informa a través de algoritmos que la polarizan, influencers que no responden a estándares periodísticos, y contenido generado por máquinas. El acceso es mayor, pero la calidad y la confiabilidad colapsaron.
¿Por qué los periodistas no simplemente se adaptan a los nuevos formatos y plataformas?
Porque adaptarse requiere dinero, y los medios no tienen dinero. Los ingresos tradicionales cayeron, los digitales nunca compensaron esa caída, y ahora la IA está devorando también los ingresos digitales. Es un problema de supervivencia económica, no de falta de voluntad.
¿Hay algún país en la región que esté haciendo algo bien?
República Dominicana encabeza los índices de libertad de prensa en 2023 y 2026, pero incluso allí hay amenazas: leyes de inteligencia que fueron declaradas inconstitucionales, proyectos de ciberseguridad que restringen la expresión, y problemas estructurales de acceso a información pública. Ningún país está realmente a salvo.