El método de Óscar Ares para tratar la rodilla sin pasar por quirófano

La rodilla no se cura con una operación
Ares resume su enfoque: antes de la cirugía, el paciente mismo es el agente principal de su recuperación.

El dolor de rodilla, esa renuncia silenciosa que va reduciendo la vida de quien lo padece, no siempre conduce inevitablemente al quirófano. El traumatólogo Óscar Ares, con más de dieciséis años en el Hospital Clínic de Barcelona, propone detenerse antes de esa decisión y preguntarse qué margen existe para recuperar la movilidad sin intervención. Su método integra alineación, regeneración, ejercicio progresivo y salud metabólica, recordándonos que el cuerpo humano, cuando se le acompaña con rigor y paciencia, guarda más capacidad de adaptación de la que solemos concederle.

  • Millones de personas adaptan silenciosamente su vida al dolor de rodilla, renunciando al deporte, a las escaleras y a su independencia antes de buscar ayuda especializada.
  • La medicina tradicional ha tratado la artrosis como una progresión lineal hacia el quirófano, ignorando la complejidad de factores como la postura, el peso, la musculatura y el estilo de vida.
  • El método Ares rompe esa lógica con cuatro pilares simultáneos: corregir el eje de carga, aplicar tratamientos regenerativos, fortalecer la musculatura de forma progresiva y controlar el metabolismo.
  • Uno de los mayores obstáculos es el propio paciente: al sentir dolor, deja de moverse, agravando la pérdida muscular que hace la articulación más vulnerable.
  • El seguimiento a largo plazo, con herramientas digitales y microejercicios integrados en la rutina diaria, apunta a que la recuperación no termine cuando desaparece el dolor sino que se convierta en un hábito permanente.

El dolor de rodilla rara vez llega de golpe. Empieza como una incomodidad al bajar escaleras, una rigidez matutina, pequeñas renuncias que se acumulan hasta transformar la relación de una persona con su propio cuerpo y su independencia. Durante décadas, la medicina ha tratado esta progresión como un camino lineal hacia el quirófano. Pero la realidad es más compleja: la edad, el peso, la musculatura, la forma de pisar y las expectativas personales condicionan de manera decisiva cómo evoluciona una rodilla dañada.

Óscar Ares, traumatólogo especializado en rodilla y con más de dieciséis años en el Hospital Clínic de Barcelona, ha construido su carrera sobre una pregunta previa a cualquier decisión quirúrgica: ¿por qué duele esta rodilla y qué margen existe para mejorarla sin intervención? De esa pregunta surge su método, articulado en cuatro pilares. El primero es la alineación: evalúa la pisada y el eje de la pierna para que la carga se distribuya correctamente sobre la articulación. El segundo es la regeneración: plasma rico en plaquetas, infiltraciones intraóseas e hidrogeles que pueden reducir el dolor y retrasar o evitar una prótesis en ciertos pacientes.

El tercer pilar es el ejercicio, y aquí Ares corrige un error frecuente: cuando sienten dolor, los pacientes dejan de moverse, lo que agrava el problema. Su enfoque es progresivo —primero movilidad, luego estiramientos, después fortalecimiento de cuádriceps, isquios y glúteos— y se apoya en Club Vital, una comunidad que incorpora microejercicios simples a la rutina diaria. El cuarto pilar es la salud metabólica: el peso influye directamente en la carga articular, y Ares lo aborda con consejo nutricional y, cuando es necesario, con tratamiento médico específico.

La personalización es el eje de todo: no es lo mismo un deportista joven con rotura de ligamento que una persona mayor con artrosis avanzada y miedo a perder autonomía. Para Ares, la recuperación no termina cuando desaparece el dolor. Su trabajo se mueve entre la precisión del quirófano y la pedagogía del movimiento diario, convencido de que, en muchos casos, la rodilla no se cura con una operación sino con lo que cada persona decide hacer cada día.

El dolor de rodilla casi nunca llega de repente. Comienza como una incomodidad al descender escaleras, una rigidez matutina al levantarse de la silla, pequeñas renuncias que se acumulan: caminar menos, abandonar el deporte, adaptarse a una vida más pequeña. Con el tiempo, esa acomodación no solo reduce la movilidad. Transforma la relación de una persona con su propio cuerpo, con su independencia, con lo que puede hacer cada día.

Durante décadas, la medicina ha tratado el dolor articular como una progresión lineal: primero el dolor, luego la rehabilitación, después las infiltraciones, y si nada funciona, el quirófano. Pero la realidad es más intrincada. La edad, el peso, la fuerza muscular, la forma de pisar, el tipo de lesión, las expectativas personales—todo influye en cómo evoluciona una rodilla dañada. Por eso algunos especialistas defienden hoy un enfoque más amplio antes de decidir si alguien necesita cirugía.

Óscar Ares, traumatólogo especializado en rodilla, ha construido su carrera sobre esta premisa. Formado en la Universidad Autónoma de Barcelona y especialista en el Vall d'Hebron, lleva más de dieciséis años en el Hospital Clínic de Barcelona. Su interés por esta articulación viene desde la residencia, cuando terminaba las guardias y se quedaba a observar a cirujanos con más experiencia. Esa curiosidad inicial lo llevó a especializarse en artroscopia, ligamentos, meniscos y prótesis. Pero su planteamiento actual no comienza en el quirófano. Comienza con una pregunta: ¿por qué duele la rodilla y qué margen existe para mejorarla sin intervención?

De esa pregunta surge el método Ares, estructurado en cuatro pilares. El primero es la alineación. El eje de la pierna condiciona cómo se distribuye la carga sobre la articulación. Si la presión se concentra en una zona, el dolor aumenta. Ares evalúa la pisada, la forma de la pierna, la necesidad de plantillas específicas. "La carga de peso debería pasar por el centro de la rodilla. Todo lo que se aleja de ese eje puede ser perjudicial", explica. El segundo pilar es la regeneración: plasma rico en plaquetas, infiltraciones intraóseas, hidrogeles nuevos para pacientes con artrosis. No son promesas absolutas, pero pueden reducir el dolor y retrasar o evitar una prótesis en ciertos casos.

El tercero es el ejercicio, y aquí Ares insiste en algo que muchos pacientes no comprenden: cuando sienten dolor, dejan de moverse, lo que agrava el problema. "Normalmente, cuando la gente nota dolor, para. Muchas veces lo que hay que hacer es adaptar los ejercicios, no detenerse", sostiene. El trabajo muscular es progresivo: primero evalúa rigidez y movilidad, luego introduce estiramientos, después fortalece cuádriceps, isquios y glúteos—los tres grupos esenciales para estabilizar la pierna. Caminar no siempre es suficiente, especialmente en pacientes mayores o con artrosis avanzada. Levantarse de una silla, subir escaleras, mantener la independencia diaria exigen musculatura. Por eso Ares impulsa Club Vital, una comunidad vinculada a VitalPlanHealth que acompaña a personas con microejercicios simples incorporados a la rutina diaria, no largas sesiones de gimnasio.

El cuarto pilar es la salud metabólica. El peso influye directamente en la carga que soporta la articulación. Ares lo aborda con consejo nutricional y, cuando es necesario, con tratamientos médicos específicos para la obesidad. La personalización es la clave: no es lo mismo un deportista de treinta y cinco años con una rotura de ligamento cruzado que una persona de setenta con artrosis, sobrepeso y miedo a perder autonomía. Para identificar el comportamiento de cada rodilla y los músculos que la rodean, utiliza herramientas como MDurance, que le permite orientar ejercicios concretos y reservar la cirugía para casos donde realmente aporta valor.

Su visión de futuro pasa por acompañar más allá de la consulta. Hoy el seguimiento es personalizado, con canales de contacto para resolver dudas posoperatorias o valorar incidencias. Pero el verdadero reto, admite, está en recordar al paciente que la recuperación no termina cuando desaparece el dolor. Su trabajo se mueve entre dos mundos: la precisión del quirófano y la pedagogía del movimiento diario. Porque antes de pensar en prótesis, robots o infiltraciones, Ares prefiere hablar de qué puede hacer cada persona para conservar su movilidad. Y en esa respuesta, muchas veces, la rodilla no se cura con una operación.

La carga de peso debería pasar por el centro de la rodilla. Todo lo que se aleja de ese eje puede ser perjudicial
— Óscar Ares
Cuando la gente nota dolor, para. Muchas veces lo que hay que hacer es adaptar los ejercicios, no detenerse
— Óscar Ares
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué cree que tantos pacientes llegan a la cirugía cuando podrían haber evitarla?

Model

Porque durante años hemos presentado la cirugía como el final inevitable. El paciente siente dolor, se asusta, y tanto él como el médico ven la operación como la solución definitiva. Pero la rodilla es más compleja que eso.

Inventor

¿Qué cambia cuando un paciente entiende que puede mejorar sin pasar por quirófano?

Model

Todo. La mentalidad cambia. Dejan de ser pasivos, esperando que alguien los arregle. Empiezan a entender que ellos tienen un papel activo en su recuperación. El ejercicio deja de ser una obligación y se convierte en algo que controlan.

Inventor

Usted menciona que caminar no es suficiente. ¿Por qué es tan importante el trabajo de fuerza específico?

Model

Porque caminar es un movimiento que hacemos naturalmente, pero no fortalece lo que la rodilla necesita para ser estable. Los glúteos débiles, los cuádriceps sin tono—eso es lo que causa inestabilidad y dolor. La fuerza es lo que da autonomía real.

Inventor

¿Cómo decide cuándo sí es necesaria la cirugía?

Model

Cuando el paciente ha agotado todas las opciones conservadoras y el dolor sigue limitando su vida. O cuando hay una lesión estructural clara—un ligamento completamente roto—que no va a sanar sola. Pero incluso entonces, el trabajo antes y después de la operación es lo que determina el resultado real.

Inventor

¿Qué le sorprende más de sus pacientes después de años tratándolos?

Model

Que la mayoría no sabía que podía hacer tanto por sí misma. Llegan pensando que la rodilla es un problema médico que solo un médico puede resolver. Descubren que es también un problema de movimiento, de hábitos, de cómo viven cada día.

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