OPEP+ se reúne para ajustar recortes mientras Rusia y Arabia Saudita chocan por precios

Rusia quería volver a la producción normal; Arabia Saudita quería beneficiarse de los precios altos
Las dos potencias petroleras tenían prioridades opuestas que amenazaban con fracturar la alianza OPEP+.

En marzo de 2021, la alianza OPEP+ se reunió en un momento de inflexión: los precios del petróleo habían recuperado los niveles previos a la pandemia, disolviendo el miedo compartido que había mantenido unida a la coalición de 23 naciones. Rusia y Arabia Saudita, los dos pilares del acuerdo, volvían a mirarse con intereses opuestos —uno ansioso por producir más, el otro por preservar precios altos— recordándonos que las alianzas forjadas en la crisis suelen tensarse precisamente cuando la crisis cede.

  • Los precios del barril rozaban los 65 dólares, borrando el dolor compartido que había obligado a Rusia y Arabia Saudita a cooperar durante meses de pánico económico.
  • Moscú presionaba para reanudar la producción normal cuanto antes, mientras Riad insistía en mantener los recortes y proteger los precios altos, una contradicción que amenazaba con fracturar la alianza.
  • El incumplimiento silencioso de cuotas por parte de países como Irak y Nigeria erosionaba la credibilidad del acuerdo desde adentro, convirtiendo cada reunión ministerial en un ejercicio de disciplina forzada.
  • La posible reincorporación de Irán al mercado —favorecida por el cambio de administración en Washington— añadía una variable impredecible al frágil equilibrio de oferta que la OPEP+ intentaba sostener.
  • La reunión ministerial del jueves debía decidir los niveles de producción para abril, con analistas anticipando una relajación más rápida de los recortes ante la recuperación de la demanda global y el avance de las vacunas.

Cuando los precios del petróleo comenzaron a recuperarse a principios de 2021, una tensión que había permanecido dormida dentro de la OPEP+ volvió a la superficie. Rusia y Arabia Saudita —el segundo y tercer productor mundial de crudo— querían cosas distintas del mercado, y esa divergencia amenazaba con fracturar la alianza de 23 países que había logrado mantener la disciplina durante los peores meses de la pandemia.

Con el barril rondando los 65 dólares en Europa y Estados Unidos —niveles comparables a los previos al colapso de 2020—, los incentivos para mantener la unidad ya no eran tan evidentes. Rusia quería volver a la producción normal cuanto antes; Arabia Saudita prefería sostener los recortes para beneficiarse de precios más altos. Como señalaban los analistas, estas prioridades eran completamente opuestas y bien conocidas. Mientras el crudo se cotizaba a precios deprimidos, la fricción había quedado oculta bajo la necesidad compartida de sobrevivir. Ahora que el mercado se recuperaba, esa necesidad común desaparecía.

En enero, la alianza había logrado un acuerdo tras dos días de negociaciones tensas, limitando la producción a niveles decrecientes hasta marzo. Pero incluso ese pacto revelaba las grietas: Rusia y Kazajistán conservaron aumentos de producción mientras Arabia Saudita asumía recortes adicionales de un millón de barriles diarios. Los analistas veían en esa distribución desigual una brecha clara entre Riad y Moscú.

A las diferencias estratégicas se sumaba el problema del cumplimiento. Países como Irak y Nigeria cedían a la tentación de superar sus cuotas, socavando la credibilidad del acuerdo. Arabia Saudita enviaba amonestaciones y promesas de compensación que a menudo se demoraban. Y en el horizonte asomaba otra amenaza: si las sanciones estadounidenses contra Irán se suavizaban con la llegada de Biden, el país podría reanudar su producción y añadir más presión al frágil equilibrio que la alianza intentaba supervisar.

La reunión ministerial de esa semana de marzo era, en ese contexto, un momento de inflexión real: los precios subían, las prioridades divergían, y la disciplina que había mantenido unido al grupo cuando todo era escasez y pánico comenzaba, silenciosamente, a resquebrajarse.

Cuando los precios del petróleo comenzaron a recuperarse a principios de 2021, volvió a la superficie una tensión que había permanecido dormida dentro de la OPEP+ durante casi un año. Rusia, el segundo productor mundial de crudo, y Arabia Saudita, el tercero, querían cosas distintas del mercado. Y esa divergencia amenazaba con fracturar la alianza de 23 países que había logrado mantener la disciplina cuando los precios se desplomaban.

La reunión ministerial prevista para el jueves de esa semana de marzo de 2021 sería crucial. Los miembros de la Organización de Países Exportadores de Petróleo y sus aliados necesitaban decidir cómo ajustar los recortes de producción que habían implementado meses atrás. Pero el contexto había cambiado. Los precios del barril de referencia en Europa y Estados Unidos rondaban los 65 dólares, un nivel comparable al que existía antes de que la pandemia golpeara la economía mundial. Eso significaba que los incentivos para mantener la unidad ya no eran tan obvios.

Rusia quería volver a la producción normal lo antes posible. Arabia Saudita, en cambio, prefería mantener los recortes para beneficiarse de esos precios más altos. Como explicaba Bjarne Schieldrop, analista de Seb, las prioridades de ambas potencias petroleras eran bien conocidas y completamente opuestas. Durante los meses anteriores, cuando el crudo se cotizaba a precios deprimidos, esta fricción había estado oculta bajo la necesidad compartida de sobrevivir. Pero ahora que el mercado se recuperaba, esa necesidad común desaparecía.

En enero, durante la primera cumbre ministerial del año, la alianza había logrado un acuerdo después de dos días de negociaciones tensas. Acordaron reducir gradualmente la producción hasta marzo, utilizando lo que Stephen Innes, de Axi, llamaba una "escasez artificial" capaz de sostener los precios. El plan era limitar la producción a 7,125 millones de barriles diarios en febrero y 7,05 millones en marzo. Pero incluso en ese acuerdo había señales de las grietas que se avecinaban. Rusia y Kazajistán lograron mantener aumentos de producción mientras Arabia Saudita asumía el peso de reducciones aún mayores, cortando un millón de barriles diarios adicionales.

Los analistas veían en esa distribución desigual del esfuerzo una brecha clara entre Riad y Moscú. Ahora se preguntaban qué sucedería en abril. Los expertos de Capital Economics anticipaban que el aumento de los precios del petróleo "provocaría una relajación más rápida de los recortes". A eso se sumaba la recuperación de la demanda en China y el resto del mundo, conforme las campañas de vacunación avanzaban y los casos de covid-19 disminuían.

Pero los desacuerdos dentro de la alianza iban más allá de las prioridades estratégicas de Rusia y Arabia Saudita. Estaba el problema del cumplimiento de las cuotas. El esfuerzo de recortar la producción era tan doloroso para las finanzas de los veinte países que lo aplicaban —Irán, Venezuela y Libia estaban exentos— que algunos, como Irak y Nigeria, cedían a la tentación de hacer trampas. Arabia Saudita les enviaba amonestaciones y promesas de compensación, aunque estas a menudo se demoraban. Cada incumplimiento socavaba la credibilidad del acuerdo.

Había además una amenaza más grande en el horizonte. Si las sanciones estadounidenses contra Irán se suavizaban —algo más probable con la llegada de Joe Biden a la Casa Blanca— el país podría reanudar su producción. Eso añadiría más presión al frágil equilibrio entre oferta y demanda que la OPEP+ intentaba supervisar. La alianza se reunía esa semana en un momento de inflexión: los precios subían, las prioridades divergían, y la disciplina que había mantenido unido al grupo cuando todo era escasez y pánico comenzaba a resquebrajarse.

Las prioridades son bien conocidas: Rusia quiere volver a la producción normal lo antes posible, mientras que Arabia Saudita quiere beneficiarse un poco más de los precios altos
— Bjarne Schieldrop, analista de Seb
Es probable que el aumento de precios del petróleo provoque una relajación más rápida de los recortes
— Analistas de Capital Economics
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué Rusia y Arabia Saudita querían cosas tan diferentes si ambos se beneficiaban de los precios altos?

Model

Porque sus economías tienen estructuras distintas. Rusia necesita volumen de producción para mantener sus ingresos fiscales. Arabia Saudita puede vivir de menos barriles si el precio por barril es mucho más alto. Son dos formas de ganar dinero del mismo recurso.

Inventor

¿Qué tan frágil era realmente el acuerdo en ese momento?

Model

Lo suficientemente frágil como para que los analistas estuvieran observando cada movimiento. Cuando Rusia y Kazajistán lograron aumentar producción mientras Arabia Saudita cortaba más, eso fue una señal de que el consenso ya se estaba fracturando.

Inventor

¿Por qué algunos países como Irak y Nigeria hacían trampas?

Model

Porque los recortes les costaban dinero real. Cuando tu presupuesto nacional depende del petróleo y te dicen que produzcas menos, la tentación de vender un poco más en secreto es enorme. Arabia Saudita los atrapaba, pero las compensaciones prometidas no siempre llegaban.

Inventor

¿Qué hubiera pasado si Irán volvía a producir?

Model

Habría sido el golpe final. Más oferta en un mercado donde ya había tensiones sobre cuánto producir. La OPEP+ habría tenido que renegociar todo desde cero, probablemente sin poder mantener los precios donde estaban.

Inventor

¿Entonces el acuerdo dependía de que todo saliera perfecto?

Model

Exactamente. Dependía de que Rusia y Arabia Saudita encontraran un punto medio, de que los países pequeños cumplieran sus cuotas, y de que Irán siguiera sancionado. Cuando tienes tantas variables, algo siempre se mueve.

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