La visita papal a Madrid: entre chiringuitos y ausencias sorprendentes

Cuando llegó el momento de mostrar lo mejor, alguien eligió lo más pequeño
La reflexión sobre cómo Madrid desaprovechó una oportunidad histórica por exceso de cautela institucional.

Cuando el Papa León XIV visitó Madrid, la pregunta que quedó flotando no fue sobre fe ni sobre política, sino sobre algo más antiguo: el poder de decidir quién entra a la sala. El encuentro en el Palacio de los Deportes reunió a artistas competentes pero discretos, mientras figuras de resonancia global —Rosalía, Almodóvar, Nadal, Lamine Yamal— brillaron por su ausencia. La columna sugiere que no fue el azar ni la agenda lo que los mantuvo fuera, sino el miedo institucional a lo que no encaja perfectamente en un molde. Una ciudad que alberga a algunos de los creadores más relevantes del mundo eligió, en ese momento, mostrarse más pequeña de lo que es.

  • La visita papal a Madrid generó una pregunta incómoda que nadie en el entorno oficial quiso responder: ¿por qué los nombres más grandes de la cultura y el deporte español no estuvieron en la sala?
  • Artistas como Rosalía, Pedro Almodóvar o Rafa Nadal —figuras de impacto global— estuvieron ausentes de un acto que debía representar lo mejor de España ante el líder de la Iglesia católica.
  • La autora apunta a una autocensura institucional: no del Papa, descrito como abierto al mundo, sino de su entorno y de los organizadores, que prefirieron evitar cualquier figura con 'aristas' antes que arriesgarse a un escándalo.
  • El evento del Movistar Arena resultó plano y desaprovechado, mientras que Barcelona compensó con un espectáculo luminoso en la Sagrada Familia que hizo lo que Madrid no se atrevió a hacer.
  • Un encuentro privado de último momento entre el Papa y Bad Bunny —facilitado por un notable tráfico de influencias que incluyó a la Reina Sofía y la Infanta Cristina— rescató algo del simbolismo de apertura que el acto oficial no supo transmitir.

El Papa llegó a Madrid y dejó, entre incienso y multitudes, una pregunta sin respuesta oficial: ¿quién decide quién merece estar en la sala? El encuentro en el Palacio de los Deportes entre León XIV y las autoridades españolas de Deporte y Cultura contó con artistas competentes —Diana Navarro, David Bustamante, Rozalén— pero el cartel completo resultó extrañamente pequeño para una ciudad que alberga a algunos de los creadores más relevantes del planeta.

Rosalía está petando internacionalmente. Los Javis han reinventado el arte de inspiración religiosa. Rafa Nadal, Lamine Yamal, Fernando Alonso y Pedro Almodóvar son nombres que mueven masas y generan conversación global. Ninguno estuvo. La columna no atribuye esto al Papa —descrito como un hombre abierto al mundo— sino a su entorno: figuras institucionales que prefirieron jugar seguro, elegir perfiles sin riesgo, evitar a cualquiera que no pasara un filtro tácito de suficiencia cristiana. El resultado fue exactamente lo que produce ese tipo de decisión: algo plano, sin brillo, sin memoria.

Lo paradójico es que el resto de la visita no fue así. La vigilia juvenil funcionó. La misa en Cibeles fue un acto de civismo transversal. El Bernabéu impresionó. Pero el Movistar Arena, donde debía concentrarse lo mejor, decepcionó. Tuvo que ser Barcelona quien salvara la tarde con un espectáculo de música y luces en la Sagrada Familia que hizo lo que Madrid no se atrevió.

Antes de partir hacia Cataluña, el Papa tuvo un encuentro privado con Bad Bunny —llegado a través de un tráfico de influencias que involucró a la Reina Sofía y a la Infanta Cristina— que rescató algo del simbolismo de apertura que el acto oficial no supo construir. Lo que queda es la sensación de una oportunidad a medias: Madrid tenía los nombres, tenía el talento, pero alguien decidió que era más seguro mostrar algo más pequeño.

El Papa llegó a Madrid y con él vino una pregunta incómoda: ¿quién decide quién merece estar en la sala cuando viene el jefe de la Iglesia católica? El encuentro en el Palacio de los Deportes entre León XIV y las autoridades españolas de Deporte y Cultura dejó a más de uno rascándose la cabeza. Los artistas que cantaron —Diana Navarro, David Bustamante, Daniel Diges, Rozalén— eran competentes, sin duda. Los invitados de honor tenían su peso. Pero cuando se mira el cartel completo, algo falta. Algo importante.

La pregunta de fondo es sobre criterios. ¿Quién eligió a estos nombres y no a otros? Hay quien apunta al cardenal Cobo, cuyo gusto por lo dogmático es legendario entre sus críticos. Pero lo cierto es que en una ciudad que alberga a algunos de los artistas más relevantes del mundo en este momento, la lista parecía extrañamente pequeña. Rosalía está petando internacionalmente. Los Javis han hecho del arte religioso algo extraordinario. Rafa Nadal, Lamine Yamal, Fernando Alonso —estos nombres mueven masas, generan interés global. Pedro Almodóvar es Pedro Almodóvar. ¿Por qué no estaban en la sala? ¿Declinaron la invitación o nunca les llegó?

La respuesta probable es más incómoda que cualquiera de esas dos opciones. Parece que hubo censura, aunque nadie lo diga en voz alta. No censura del Papa, que según todos los relatos es un hombre abierto al mundo. Sino de su entorno. Del cardenal Lobo, de Relaciones Institucionales de la Comunidad de Madrid, de quien sea. Gente que tuvo miedo. Miedo a que alguien en esa sala no fuera lo suficientemente cristiano según sus criterios. Miedo a que se armara un lío. Así que jugaron seguro. Eligieron gente plana, sin riesgo, sin aristas. La clase de decisión que toman las instituciones cuando quieren evitar problemas en lugar de resolver los que ya existen.

Lo extraño es que la visita papal en Madrid no fue polarizada. No fue controversial. Fue tranquila. La vigilia de los jóvenes funcionó. La misa en Cibeles fue un acto de civismo transversal. El Bernabéu fue impresionante. Pero el evento del Movistar Arena, donde debería haber brillado todo, resultó pobre. Plano. Exactamente lo que pasó cuando se juega demasiado seguro.

Tuvo que venir Barcelona para salvar la tarde. Los catalanes, que a veces parecen rancios en otros contextos, montaron un espectáculo de música y luces en la Sagrada Familia que fue lo que Madrid debería haber sido. Afortunadamente, antes de irse a Cataluña, el Papa tuvo un encuentro privado con Bad Bunny. Eso salvó algo de la dignidad del acto. Si la Iglesia predica que está abierta a todo el mundo, Bad Bunny no podía ser menos. Aunque para llegar a verlo hubo que pasar por un tráfico de influencias notable: la Reina Sofía se llevó a su nietada a la Nunciatura. La Infanta Cristina pidió rosarios adicionales para los que no estaban. Nadie sabe qué le dieron ellos a cambio. Quizás algo de esos regalos de fin de curso que venden hasta en las pastelerías.

Lo que queda es la sensación de una oportunidad parcialmente desaprovechada. Madrid tiene los nombres. Madrid tiene el talento. Pero cuando llegó el momento de mostrar lo mejor de sí mismo, alguien decidió que era más seguro mostrar algo más pequeño. Eso es lo que pasa cuando los chiringuitos gobiernan la ciudad.

Si la Iglesia predica que está abierta a todo el mundo, Bad Bunny no podía ser menos
— Reflexión de la columnista sobre la coherencia del encuentro privado papal
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Crees que el Papa sabía quién no estaba en esa sala?

Model

Probablemente no. O si lo sabía, no le importaba. El problema no era él. Era su entorno, la gente que toma decisiones sobre quién entra y quién no.

Inventor

Pero ¿por qué excluir a alguien como Rosalía o Los Javis? Ellos no son controvertidos.

Model

No son controvertidos para la mayoría. Pero para ciertos sectores de la Iglesia, cualquiera que no encaje en una idea muy específica de lo que debe ser un buen cristiano es sospechoso. Es más fácil no invitar que explicar por qué sí.

Inventor

¿Entonces fue miedo?

Model

Fue miedo disfrazado de prudencia. Alguien en alguna oficina pensó: mejor no arriesgarse. Mejor gente segura, gente que no cause problemas. Pero eso es exactamente lo que causa problemas.

Inventor

¿Y Bad Bunny? ¿Cómo encaja en todo esto?

Model

Bad Bunny fue la excepción que confirmó la regla. El Papa lo vio en privado, lejos de la ceremonia oficial. Como si dijera: sí, está bien, pero mejor en la trastienda.

Inventor

¿Crees que Barcelona lo hizo mejor?

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Barcelona no tuvo miedo. Montó un espectáculo. Madrid tuvo los mismos recursos y eligió la seguridad. Eso es la diferencia.

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