OEA alerta sobre expansión del comercio ilegal de oro ecuatoriano hacia China

La minería ilegal y el comercio ilícito de oro generan desplazamiento de comunidades, explotación laboral en zonas mineras remotas y financian organizaciones criminales que perpetúan violencia regional.
Más del 99% de las exportaciones se dirigieron a China
Ecuador exportó casi cuatro veces más oro que Colombia y Perú combinados en 2019, con una concentración geográfica que sugiere lavado sistemático.

En las rutas silenciosas entre las zonas mineras de Ecuador y los puertos de China, la Organización de Estados Americanos ha detectado una brecha de más de 260 millones de dólares entre lo que Ecuador declara exportar y lo que China registra importar en oro, solo en 2019. Este abismo numérico no es un accidente contable, sino el rastro visible de una infraestructura criminal que convierte la riqueza mineral de un país en activos lavados bajo la cobertura de empresas legales y funcionarios corruptos. Lo que está en juego no es únicamente el oro, sino la soberanía del Estado ecuatoriano sobre su propio territorio y la pregunta de quién, en última instancia, se apropia de sus recursos.

  • Ecuador exportó en 2019 casi cuatro veces más oro que Colombia y Perú combinados, una cifra que desafía toda lógica para un país sin tradición aurífera de escala mundial.
  • Una brecha de 260 millones de dólares entre los registros de exportación ecuatorianos y los de importación chinos revela que oro no declarado está cruzando fronteras bajo documentación falsa o rutas clandestinas.
  • La dolarización de la economía ecuatoriana, la corrupción de inspectores y la pobreza en zonas remotas han convertido al país en un corredor ideal para el lavado de activos derivados de la minería ilegal.
  • Empresas legales de procesamiento y comercio de oro están ampliando operaciones vinculadas al tráfico ilícito, mientras bandas criminales se especializan en extracción, transformando lo marginal en un negocio estructurado.
  • En enero de 2023, el propio Estado ecuatoriano reconoció la minería ilegal como amenaza a la seguridad nacional, y la OEA exige investigaciones que remontén la cadena hasta financiadores y blanqueadores, no solo hasta los mineros.

La Organización de Estados Americanos ha documentado un fenómeno que los números hacen difícil ignorar: en 2019, Ecuador reportó exportaciones de oro a China por 76,7 millones de dólares, mientras China registró importaciones de oro ecuatoriano por 339,2 millones. La diferencia —más de 260 millones de dólares— apunta a un sistema de lavado de activos ya consolidado, no a un error de registro.

El contexto regional amplifica la alarma. Entre 2015 y 2019, las exportaciones auríferas ecuatorianas crecieron un 27 por ciento, hasta superar en casi cuatro veces las de Colombia y Perú combinados, países con tradiciones mineras mucho más antiguas. Más del 99 por ciento de ese oro se dirigió a China, una concentración que desafía cualquier explicación económica convencional para un país que históricamente no figura entre las grandes potencias auríferas.

La OEA identifica una combinación de factores que han hecho de Ecuador un corredor ideal para este tráfico: pobreza generalizada, yacimientos en zonas remotas de difícil acceso, corrupción de funcionarios que supervisan concesiones mineras, y redes criminales transfronterizas que se extienden desde Colombia y Perú aprovechando fronteras porosas. A esto se suma un elemento menos evidente: la dolarización. Desde el año 2000, Ecuador opera con el dólar estadounidense, lo que facilita que el oro ilegal, una vez blanqueado, circule sin levantar sospechas en un sistema financiero habituado a esa moneda.

Lo más perturbador es que la infraestructura criminal no opera enteramente en las sombras. Empresas legales de procesamiento y comercio de oro están expandiendo sus operaciones hacia el tráfico ilícito, mientras organizaciones criminales nacionales se especializan en extracción. Lo que antes era actividad marginal se ha convertido en un negocio estructurado con fachadas legales.

En enero de 2023, el Consejo de Seguridad Pública de Ecuador reconoció oficialmente la minería ilegal como amenaza estatal. La OEA va más lejos: recomienda ampliar el presupuesto de control aduanero, fortalecer la presencia del Estado en zonas mineras remotas y emprender investigaciones que no se detengan en los mineros, sino que asciendan hasta los financiadores, los blanqueadores de capitales y los exportadores que operan desde escritorios. La pregunta de fondo sigue abierta: ¿quién se beneficia realmente de la riqueza mineral de Ecuador?

La Organización de Estados Americanos ha documentado un fenómeno inquietante en Ecuador: el comercio ilícito de oro hacia China está creciendo con rapidez, y con él, una infraestructura criminal cada vez más sofisticada. Un informe reciente del organismo multilateral revela discrepancias numéricas tan amplias que sugieren un sistema de lavado de activos ya consolidado, no apenas emergente.

Los números hablan por sí solos. En 2019, Ecuador reportó exportaciones de oro mineral a China por 76,7 millones de dólares. China, sin embargo, registró importaciones de oro ecuatoriano por 339,2 millones de dólares ese mismo año. La brecha de más de 260 millones de dólares no es un error contable menor. Es una señal de que oro que nunca fue oficialmente exportado desde Ecuador está llegando a los puertos chinos bajo documentación falsa o a través de rutas que eluden los registros aduanales ecuatorianos.

Lo que hace más alarmante esta cifra es el contexto regional. Entre 2015 y 2019, las exportaciones de oro ecuatoriano crecieron un 27 por ciento. En ese mismo período, Colombia y Perú —países con tradiciones mineras mucho más antiguas y extensas— exportaban menos oro combinados que Ecuador solo. De hecho, en 2019, Ecuador exportó casi cuatro veces la cantidad de oro que sus dos vecinos juntos. Más del 99 por ciento de esas exportaciones se dirigieron a China. Para un país que no es conocido históricamente como potencia aurífera mundial, la cifra desafía toda lógica económica convencional.

La OEA identifica un conjunto de factores que han convertido a Ecuador en un corredor ideal para este comercio ilegal. La pobreza generalizada, la informalidad económica, y la presencia de yacimientos en zonas remotas y de difícil acceso crean un caldo de cultivo perfecto. A esto se suma la corrupción de funcionarios públicos locales y nacionales que supervisan la minería y otorgan concesiones. Cuando los inspectores están en la nómina de los criminales, el control regulatorio se convierte en ficción. Las redes de extracción ilegal que operan en Colombia y Perú se extienden naturalmente hacia Ecuador, aprovechando fronteras porosas y gobiernos locales débiles.

Un factor menos obvio pero igualmente determinante es la moneda de Ecuador. El país utiliza el dólar estadounidense como su divisa oficial desde 2000. Según el análisis de la OEA, esta dolarización probablemente actúa como un imán para los flujos financieros ilícitos. El oro ilegal, una vez blanqueado, se convierte fácilmente en dólares que pueden moverse sin levantar sospechas en un sistema financiero ya acostumbrado a transacciones en esa moneda.

Lo más preocupante es que la infraestructura criminal no es clandestina en su totalidad. Empresas legales —procesadores y comerciantes locales de oro— están ampliando sus operaciones y vinculándose cada vez más al comercio ilícito. Las bandas criminales nacionales, por su parte, se están especializando en minería ilegal. Lo que antes era actividad marginal ahora es un negocio estructurado, con actores que operan a la luz del día bajo fachadas legales.

En enero de 2023, el Consejo de Seguridad Pública y del Estado de Ecuador reconoció oficialmente la minería ilegal como una amenaza a la seguridad estatal. La OEA, en su informe, va más allá: sugiere que el gobierno asigne recursos significativamente mayores a las entidades de control aduanero y supervisión. Recomienda también que amplíe su presencia física en zonas mineras remotas y en cruces fronterizos donde se concentra la actividad ilegal. Finalmente, propone investigaciones más integrales que no se detengan en los mineros, sino que remonte la cadena hasta los financiadores, los blanqueadores de capitales y los exportadores que operan desde el escritorio.

Lo que está en juego es más que oro. Es la capacidad del Estado ecuatoriano de mantener control sobre su territorio y sus recursos, y la cuestión de quién se beneficia realmente de la riqueza mineral del país: ¿las comunidades locales y el erario público, o las redes criminales que operan con impunidad?

La corrupción constituye un gran obstáculo, en particular cuando están implicados funcionarios públicos locales y nacionales que supervisan el control de la minería ilegal
— Organización de Estados Americanos
El comercio ilícito de oro está desarrollándose con rapidez en Ecuador y existen sospechas de que se está formando una infraestructura ilícita robusta
— Informe de la OEA
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué China? ¿Qué hace que ese destino sea tan atractivo para el oro ilegal ecuatoriano?

Model

China es el mayor procesador y consumidor de oro del mundo. Tiene la capacidad de absorber volúmenes enormes sin hacer preguntas incómodas. Además, una vez que el oro llega a China, se mezcla con oro legal de cientos de otras fuentes. Es casi imposible rastrearlo después.

Inventor

Pero esos números —Ecuador exportando cuatro veces más que Colombia y Perú juntos— ¿no debería haber saltado una alarma hace años?

Model

Debería. Pero los sistemas de control ecuatorianos son débiles, y hay dinero en juego. Cuando un funcionario local gana más en un mes de soborno que en un año de salario, la alarma nunca suena.

Inventor

¿Quiénes son los mineros? ¿Ecuatorianos pobres buscando sobrevivir, o criminales organizados?

Model

Ambos. Hay gente desesperada que extrae oro en condiciones peligrosas por dinero de subsistencia. Pero arriba de ellos están las bandas criminales, que coordinan la operación, compran el oro, lo procesan y lo exportan. Y arriba de eso están los blanqueadores de capitales que lo convierten en dinero limpio.

Inventor

¿Y si Ecuador simplemente prohibiera la minería de oro?

Model

Eso no funcionaría sin presencia estatal real en el terreno. Mientras haya pobreza y yacimientos accesibles, habrá minería ilegal. Lo que necesita Ecuador es control, no prohibición. Aduanas fuertes, inspectores incorruptibles, presencia en las fronteras.

Inventor

¿Cuál es el riesgo si esto continúa sin control?

Model

Que Ecuador se convierte en un narcoestado de facto, donde el crimen organizado controla territorios enteros y el gobierno es apenas un espectador. El oro ilegal financia armas, violencia, corrupción. Es un círculo que se alimenta a sí mismo.

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