Nayib Bukele desconoce gobierno de Merino: "El Salvador no reconoce golpe en Perú"

Dos manifestantes fallecieron durante la represión policial de las protestas contra el gobierno golpista de Manuel Merino en Perú.
El Salvador no reconoce al Gobierno golpista de Merino
Nayib Bukele rechaza públicamente el régimen de facto instalado en Perú tras la vacancia de Vizcarra.

Bukele rechaza mediante Twitter el gobierno de Merino, afirmando que El Salvador no reconoce al régimen golpista instalado tras la vacancia de Vizcarra. Dos manifestantes murieron en represión policial el 14 de noviembre, lo que provocó renuncias en cascada de siete ministros del gabinete peruano.

  • Nayib Bukele, presidente de El Salvador, fue el primer mandatario extranjero en desconocer públicamente el gobierno de Manuel Merino
  • Dos manifestantes murieron el 14 de noviembre durante la represión policial en Perú
  • Siete ministros del gabinete peruano renunciaron tras las muertes en las protestas
  • El Congreso peruano votó 105 votos a favor para vacar a Martín Vizcarra el lunes anterior

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, se convierte en el primer mandatario extranjero en desconocer públicamente el gobierno de Manuel Merino tras el golpe de Estado en Perú, expresando apoyo a las protestas populares.

Nayib Bukele, presidente de El Salvador, rompió el silencio diplomático internacional el domingo por la mañana con un mensaje directo: El Salvador no reconocería el gobierno de Manuel Merino. Con esa declaración, transmitida a través de Twitter, Bukele se convirtió en el primer mandatario extranjero en tomar una posición pública explícita sobre lo que había ocurrido en Perú apenas días antes.

El contexto era turbulento. El Congreso peruano había votado el lunes anterior para destituir al presidente Martín Vizcarra, con 105 votos a favor de una moción de vacancia por incapacidad moral permanente. En su lugar, los legisladores nombraron a Manuel Merino, un empresario, como presidente interino. Siete partidos políticos —Fuerza Popular, Acción Popular, Somos Perú, Frente Amplio, Alianza para el Progreso, Podemos Perú y FREPAP— habían respaldado la medida. Solo el Partido Morado se opuso en bloque.

Pero las calles de Perú no aceptaron la transición sin resistencia. Miles de ciudadanos salieron a protestar contra lo que veían como un golpe de Estado institucional. La represión fue severa. El sábado 14 de noviembre, la Policía Nacional respondió a las manifestaciones con una brutalidad que dejó un saldo de dos muertos. Los cuerpos en las calles marcaron un punto de quiebre.

Bukele, observando desde Centroamérica, decidió que El Salvador no permanecería neutral. En su tuit, describió la mecánica de lo ocurrido con precisión: el Congreso había destituido al presidente y nombrado a un empresario en su lugar, pero el pueblo estaba en las calles, obligando al gobierno golpista a renunciar, uno por uno. "El Salvador no reconoce al Gobierno golpista de Merino", escribió, cerrando con un mensaje de solidaridad: "¡Fuerza Perú!".

La presión internacional que Bukele ayudó a catalizar tuvo efectos inmediatos. El gabinete de Ántero Flores Aráoz, que servía bajo Merino, comenzó a desmoronarse. Siete ministros presentaron sus renuncias en cascada: Delia Muñoz de Justicia, Abel Salinas de Salud, Federico Tong de Desarrollo e Inclusión Social, Fernando Vivanco de Agricultura, María Reparaz de Cultura, María Seminario de Comercio Exterior y Turismo, y Fernando D'Alessio de Educación. Cada renuncia era un acto de distanciamiento del régimen que Bukele había rechazado públicamente.

Lo que había comenzado como una crisis política interna en Perú se transformaba en un momento de tensión diplomática regional. El reconocimiento internacional de un gobierno no es un asunto menor en la política latinoamericana, y la negativa de Bukele a legitimar a Merino enviaba una señal clara: lo que había ocurrido en Lima no sería tratado como un cambio de poder legítimo. Otros gobiernos observaban, calibraban sus propias posiciones, y el aislamiento de Merino en el escenario internacional comenzaba a profundizarse.

El pueblo en las calles está haciendo que todo el Gobierno golpista renuncie, uno por uno
— Nayib Bukele, presidente de El Salvador, en Twitter
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¿Por qué Bukele fue el primero en tomar una posición tan clara? ¿No suele haber más cautela diplomática en estos casos?

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Bukele tiene un perfil diferente. Es más joven, más activo en redes sociales, y menos atado a los protocolos tradicionales. Pero también, dos muertos en las calles cambian el cálculo. No era una crisis política abstracta.

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¿Qué significaba realmente no reconocer el gobierno? ¿Eso tiene consecuencias legales o era más simbólico?

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Ambas cosas. Simbólicamente, es un rechazo moral claro. Legalmente, afecta la legitimidad internacional, el acceso a créditos, las relaciones diplomáticas. Un gobierno aislado es un gobierno débil.

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Los ministros renunciaron después del tuit de Bukele. ¿Fue causa o coincidencia?

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Probablemente ambas. Los ministros ya estaban bajo presión por las muertes. Pero ver que un presidente extranjero rechazaba públicamente el régimen les daba cobertura política para irse. No estaban solos en su rechazo.

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¿Qué pasó después con Merino?

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Renunció días después. La combinación de protestas callejeras, muertes, renuncias ministeriales y aislamiento internacional fue insostenible. El gobierno de facto duró poco más de una semana.

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¿Por qué importa que fuera Bukele específicamente y no otro presidente?

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Porque fue el primero. En política internacional, ser primero establece el tono. Otros gobiernos pudieron entonces seguir su ejemplo sin parecer que iniciaban la confrontación. Bukele rompió el hielo.

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