Bukele inaugura megacárcel para 40.000 pandilleros en El Salvador sin acceso a prensa

Aproximadamente 63.000 personas han sido detenidas bajo régimen de excepción sin orden judicial, enfrentando confinamiento severo en celdas de castigo sin luz solar y aislamiento comunicacional total.
No van a ver la luz del sol
Descripción oficial de las celdas de castigo en la megacárcel para reclusos de mala conducta.

En El Salvador, el presidente Nayib Bukele inauguró el Centro de Confinamiento del Terrorismo, una megacárcel de máxima seguridad diseñada para 40.000 pandilleros, como culminación visible de un régimen de excepción que desde marzo de 2022 ha resultado en casi 63.000 detenciones sin orden judicial. La instalación, con sus muros electrificados y aislamiento total, encarna una apuesta política que ha reducido los homicidios y cosechado una aprobación del 90% entre los salvadoreños, pero que también plantea preguntas sin respuesta sobre los límites entre la seguridad pública y la dignidad humana. En la historia larga de las sociedades que buscan orden, este momento en El Salvador recuerda que el precio de la paz rara vez es sencillo de calcular.

  • El Salvador llevaba años atrapado en una espiral de extorsión, sicariato y terror pandillero que hacía de la vida cotidiana un ejercicio de supervivencia.
  • Bukele decretó un régimen de excepción en marzo de 2022 y en menos de un año casi 63.000 personas fueron detenidas sin orden judicial, llenando las cárceles tradicionales hasta el límite.
  • La megacárcel —166 hectáreas, muros electrificados de 11 metros, bloqueadores de señal y celdas de castigo sin luz solar— fue construida para cerrar la posibilidad de que los pandilleros sigan operando desde prisión.
  • Los homicidios han caído y el 90% de los salvadoreños aprueba a Bukele, pero Human Rights Watch y organismos de la ONU advierten que la instalación viola estándares internacionales de trato a reclusos.
  • El gobierno mantiene en secreto el costo de la obra y la fecha exacta del primer traslado de presos, mientras la legitimidad política de Bukele descansa enteramente sobre los resultados de esta estrategia.

El martes por la mañana, Nayib Bukele recorrió su obra más emblemática sin permitir la presencia de periodistas: el Centro de Confinamiento del Terrorismo, una megacárcel de 166 hectáreas capaz de albergar a 40.000 pandilleros. Las imágenes fueron distribuidas por cadena nacional, convirtiendo la inauguración en un acto de comunicación política tanto como en un hecho de seguridad pública.

La prisión es el punto más visible de una estrategia que arrancó en marzo de 2022, cuando Bukele decretó un régimen de excepción que autorizó detenciones sin orden judicial. Desde entonces, casi 63.000 personas han sido arrestadas. El presidente ha resumido su lógica con franqueza en redes sociales: meter a los criminales en la cárcel y construir el espacio necesario para hacerlo.

La infraestructura refleja una obsesión por el control absoluto. Un muro electrificado de 11 metros rodea el perímetro durante 2,1 kilómetros, vigilado por 850 efectivos entre soldados y policías. Bloqueadores de señal celular impiden que los reclusos coordinen operaciones desde adentro. Las celdas albergan nueve personas en literas de metal. El viceministro Osiris Luna describió sin rodeos las celdas de castigo: espacios oscuros donde los reclusos no verán la luz del sol. Los comedores, el gimnasio y las mesas de ping pong están reservados para los guardias.

Bukele justifica este rigor acusando a gobiernos anteriores de haber permitido que los pandilleros encarcelados tuvieran acceso a teléfonos, televisores y hasta prostitutas, convirtiendo las prisiones en centros de mando. La nueva instalación, sostiene, cierra esas brechas de manera definitiva.

Dentro de El Salvador, el respaldo es contundente: el 90% de los ciudadanos aprueba la gestión de Bukele según CIG-Gallup. Pero fuera del país, Human Rights Watch y observadores de Naciones Unidas señalan que el centro incumple los estándares internacionales sobre trato a reclusos, y que el régimen de excepción ha abierto la puerta a abusos difíciles de documentar. El costo de construcción nunca ha sido revelado. La fecha del primer traslado de presos permanece en secreto. Lo que no está en duda es que Bukele ha apostado toda su capital político a esta estrategia, y que las preguntas sobre los derechos fundamentales de los detenidos siguen, por ahora, sin respuesta.

El martes por la mañana, el presidente Nayib Bukele recorrió las instalaciones de una nueva prisión de máxima seguridad en El Salvador sin permitir que los periodistas estuvieran presentes. El Centro de Confinamiento del Terrorismo, como se le conoce oficialmente, fue diseñado para albergar a 40.000 pandilleros en un complejo de 166 hectáreas donde 23 de ellas contienen diez pabellones de celdas. El gobierno divulgó imágenes del recorrido presidencial a través de una cadena nacional de televisión, confirmando así la inauguración de lo que Bukele ha presentado como una pieza fundamental en su guerra contra las pandillas.

La prisión representa el punto más visible de una estrategia más amplia que comenzó hace casi un año. En marzo de 2022, Bukele decretó un régimen de excepción que permitió detenciones sin orden judicial, argumentando que era necesario para frenar una ola de homicidios. Desde entonces, casi 63.000 personas han sido arrestadas bajo estas disposiciones. El mandatario ha convertido esta lucha contra el crimen organizado en el centro de su narrativa política, llegando a afirmar que El Salvador se ha transformado en el país más seguro de América Latina gracias a estos encarcelamientos masivos. En redes sociales, Bukele ha sido directo: "¿Cómo lo logramos? Metiendo a los criminales en la cárcel. ¿Hay espacio? Ahora sí".

La infraestructura del complejo refleja una obsesión por el aislamiento total. El perímetro está rodeado por un muro electrificado de 11 metros de altura que se extiende 2,1 kilómetros, vigilado constantemente por 600 soldados y 250 policías. Dentro, hay cámaras de seguridad en todas partes, escáneres de cuerpo completo en las entradas, y equipos electrónicos que bloquean las señales de telefonía celular para impedir que los reclusos dirijan operaciones desde adentro. Las celdas miden aproximadamente seis por cuatro metros y contienen tres literas de metal con un total de nueve camas, además de dos lavamanos y dos inodoros. El complejo también incluye lo que las autoridades llaman "celdas de castigo": espacios oscuros sin ventanas donde los reclusos "no van a ver la luz del sol", según explicó el viceministro de Justicia y Seguridad Pública, Osiris Luna.

Bukele ha criticado duramente a gobiernos anteriores por lo que describe como un trato demasiado permisivo de los pandilleros encarcelados. Acusa a sus predecesores de permitir que los reclusos tuvieran acceso a prostitutas, videojuegos, televisores, teléfonos celulares y computadoras. Esta nueva instalación, sostiene, cierra esas brechas. Las maras, que históricamente se han dedicado a la extorsión masiva de comerciantes y transportistas además del sicariato y tráfico de drogas, ya no podrán operar desde las cárceles tradicionales. El complejo cuenta con comedores, salas de descanso, un gimnasio y mesas de ping pong, pero estas comodidades están reservadas exclusivamente para los guardias. Los reclusos tendrán acceso a talleres de trabajo y a salas para audiencias judiciales virtuales, eliminando la necesidad de que salgan del penal para diligencias legales.

La respuesta internacional ha sido mixta pero preocupante para los defensores de derechos humanos. Organizaciones como Human Rights Watch han señalado que el centro incumple las normativas internacionales de las Naciones Unidas sobre el tratamiento de reclusos. El régimen de excepción que permitió las detenciones masivas también ha generado dudas entre observadores internacionales sobre si ha facilitado excesos de las autoridades. Sin embargo, dentro de El Salvador, la aprobación es abrumadora. Una encuesta de CIG-Gallup reveló que el 90 por ciento de los salvadoreños evalúa bien o muy bien la gestión de Bukele.

El gobierno mantiene en secreto cuándo comenzarán a trasladar a los primeros reclusos a la megacárcel, aunque se espera que sea pronto. De los casi 63.000 pandilleros detenidos bajo el régimen de excepción, muchos permanecen en cárceles tradicionales mientras se prepara el nuevo complejo. El costo de la construcción nunca ha sido revelado públicamente. Lo que está claro es que Bukele ha apostado toda su legitimidad política a esta estrategia de encarcelamiento masivo, y por ahora, los números de homicidios y la opinión pública parecen estar de su lado, incluso mientras las preocupaciones sobre los derechos fundamentales de los detenidos permanecen sin resolver.

¿Cómo lo logramos? Metiendo a los criminales en la cárcel. ¿Hay espacio? Ahora sí.
— Nayib Bukele, presidente de El Salvador
Todos los terroristas que planificaron el luto y el dolor en contra del pueblo salvadoreño purgarán sus penas en el CECOT, en el régimen más severo
— Osiris Luna, viceministro de Justicia y Seguridad Pública
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué Bukele insistió en que no hubiera prensa en la inauguración?

Model

Porque quería controlar completamente la narrativa. Una prisión de esa escala, con esas características de aislamiento extremo, genera preguntas incómodas. Sin periodistas presentes, solo hay imágenes oficiales, solo su versión.

Inventor

¿Qué significa realmente que los reclusos estén "incomunicados del mundo exterior"?

Model

Significa que no pueden hacer llamadas, no pueden recibir mensajes, no pueden saber qué pasa afuera ni que nadie sepa qué pasa adentro. Es aislamiento total. Ni siquiera saben si sus familias están vivas.

Inventor

El 90 por ciento de aprobación es un número extraordinario. ¿Cómo es posible?

Model

Porque la gente tiene miedo. Los homicidios bajaron. Eso es real. Y cuando tienes miedo, aceptas cosas que en otros momentos rechazarías. La pregunta es si eso justifica detener a 63.000 personas sin orden judicial.

Inventor

¿Quiénes son exactamente estos 40.000 pandilleros?

Model

Esa es la pregunta que nadie está haciendo. Algunos son criminales de verdad. Pero bajo un régimen de excepción sin orden judicial, también hay gente detenida por vivir en barrios donde operan pandillas, por tener tatuajes, por estar en el lugar equivocado.

Inventor

¿Qué pasa con las celdas de castigo sin luz solar?

Model

Es un castigo dentro del castigo. Si violas las reglas en una prisión ya brutal, te meten en la oscuridad total. Es un mecanismo de control absoluto. Y nadie está viendo qué sucede allí adentro.

Inventor

¿Cuál es el riesgo real aquí?

Model

Que hemos creado un sistema donde el estado puede desaparecer a la gente legalmente. Hoy son pandilleros. Mañana, ¿quién sabe? El precedente está establecido.

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