Naufragio de 28 venezolanos expone ruta migratoria clandestina hacia Trinidad y Tobago

28 venezolanos murieron ahogados en el naufragio; además se reportan deportaciones de menores y ancianos por Trinidad y Tobago.
Mafias que permean a las autoridades locales en una ruta de muerte
El fiscal general describe cómo la corrupción institucional facilita el tráfico de migrantes en el estrecho de Bocas del Dragón.

En las aguas turbulentas que separan Venezuela de Trinidad y Tobago, 28 personas encontraron la muerte a bordo de un peñero que nunca llegó a su destino. Partieron del estado Sucre, donde la pobreza extrema alcanza al 70% de la población, empujados por la misma desesperación que cada año lanza a miles hacia una travesía corta en kilómetros pero infinita en riesgo. El naufragio no es un accidente aislado: es el rostro visible de una ruta controlada por mafias, vigilada por guardias corruptos y atravesada por migrantes que no encuentran salida legal. Lo que quedó flotando en las Bocas del Dragón fue también una pregunta sin respuesta sobre cuántos más seguirán intentándolo.

  • Un peñero de pesca se hundió en uno de los estrechos más peligrosos del Caribe, dejando 28 venezolanos muertos y dos sin identificar días después de la tragedia.
  • La investigación destapó una red de corrupción que involucra a siete agentes de la Guardia Nacional Bolivariana, quienes cobraban 4.500 dólares por mirar hacia otro lado cuando interceptaban embarcaciones de migrantes.
  • Trinidad y Tobago enfrenta acusaciones graves: la oposición venezolana denuncia que la isla alberga al doble de migrantes de los que reconoce oficialmente y que ha deportado ilegalmente a menores y ancianos, violando el principio de no devolución.
  • La Comisión Interamericana de Derechos Humanos exigió investigaciones imparciales a ambos gobiernos, incluyendo la posibilidad de que el naufragio esté vinculado a redes de trata de personas.
  • La ruta sigue activa y letal: mientras no se resuelva la crisis estructural de pobreza extrema en el oriente venezolano, miles continuarán apostando sus vidas en embarcaciones que no fueron diseñadas para cruzar mares.

El sábado pasado, un peñero —embarcación abierta destinada a la pesca costera— se hundió en las Bocas del Dragón, el estrecho que separa Venezuela de Trinidad y Tobago. Al terminar el rescate, los cuerpos sumaban 28. Los primeros reportes llegaron fragmentados desde las redes sociales de un político opositor; para el jueves, el fiscal general confirmaba que 26 víctimas habían sido identificadas y dos permanecían sin nombre.

La embarcación había zarpado del estado Sucre, territorio del golfo de Paria donde entre el 67 y el 70 por ciento de la población vive en pobreza extrema según la Universidad Católica Andrés Bello. La cercanía geográfica con Trinidad —apenas unos kilómetros de aguas turbulentas— convierte esa ruta en una tentación mortal para quienes no encuentran otra salida.

La investigación reveló una trama de corrupción que va más allá del propietario del peñero y del dueño de la finca desde donde zarpó, ambos detenidos. Siete agentes de la Guardia Nacional Bolivariana están siendo investigados por cobrar sobornos a traficantes: cuando interceptaban embarcaciones con migrantes, exigían 4.500 dólares por su silencio en lugar de reportar los hechos. El fiscal describió la ruta como territorio de mafias dedicadas al tráfico ilegal y, en algunos casos, a la trata de personas.

Desde la oposición, el comisionado designado por la OEA denunció que Trinidad y Tobago alberga al menos 40.000 venezolanos —el doble de lo que reconocen las autoridades isleñas— y que desde el 22 de noviembre ha deportado a 160 personas, entre ellas 16 menores que permanecieron desaparecidos en el mar durante 48 horas antes de ser devueltos a la isla.

Lo que exactamente ocurrió con los 28 fallecidos sigue sin aclararse: no se sabe si viajaban hacia Trinidad, si regresaban tras una deportación o si fueron devueltos forzosamente al mar. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos urgió a ambos gobiernos a investigar con seriedad, incluyendo la hipótesis de trata de personas. Mientras tanto, la ruta sigue cobrando vidas en silencio.

El sábado pasado, una embarcación frágil se hundió en las aguas que separan Venezuela de Trinidad y Tobago. Cuando los rescatistas terminaron de contar los cuerpos, la cifra llegó a 28 muertos. Los primeros reportes llegaron confusos, a través de un político opositor que denunciaba lo ocurrido en las redes sociales en la madrugada del domingo. Para el jueves, el fiscal general confirmó que 26 de las víctimas ya habían sido identificadas y dos permanecían sin nombre.

El peñero —una embarcación abierta, diseñada para faenas de pesca costera— había zarpado del estado Sucre, una de las regiones más empobrecidas de Venezuela. Sucre forma parte del golfo de Paria, junto a Monagas y Delta Amacuro, territorios donde según datos de la Universidad Católica Andrés Bello, entre el 67 y el 70 por ciento de la población vive en pobreza extrema. El viaje hacia Trinidad es corto en distancia pero peligroso: requiere atravesar los estrechos de Bocas del Dragón, donde las aguas turbulentas han cobrado incontables vidas. Esa cercanía geográfica, paradójicamente, es lo que hace que miles de venezolanos desesperados intenten la travesía cada año.

La investigación reveló una red de corrupción tejida en múltiples niveles. El fiscal general informó que el propietario de la embarcación y el dueño de la finca desde donde partió el peñero están detenidos. Pero la trama se extiende más allá. Siete agentes de la Guardia Nacional Bolivariana están siendo investigados por cobrar sobornos: cuando interceptaban embarcaciones que traían migrantes desde Trinidad, en lugar de reportar los hechos a las autoridades, cobraban 4.500 dólares por su silencio. Las autoridades también buscan a otros cuatro civiles vinculados directamente al caso. El fiscal caracterizó la ruta marítima como territorio controlado por mafias especializadas en tráfico ilegal de migrantes y, en algunos casos, en trata de personas.

Desde la oposición, el comisionado designado por la OEA para la crisis migratoria acusó al gobierno de Trinidad y Tobago de violar sistemáticamente los derechos de los venezolanos que llegan a la isla. Denunció que mientras las autoridades isleñas reportan la presencia de 16.000 venezolanos, la cifra real es de al menos 40.000 migrantes y refugiados. La mayoría carece de documentación legal y enfrenta restricciones para trabajar y estudiar. Desde el 22 de noviembre, según sus reportes, Trinidad y Tobago ha deportado a 16 menores de edad que permanecieron desaparecidos en el mar durante 48 horas antes de ser devueltos a la isla. En total, 160 venezolanos han sido deportados en coordinación con autoridades venezolanas.

Lo que ocurrió exactamente con los 28 fallecidos permanece sin claridad total. No se ha confirmado si viajaban hacia Trinidad en busca de oportunidades, si regresaban tras ser deportados, o si fueron devueltos forzosamente y naufragaron en el intento. Cuando las autoridades confirmaron inicialmente 21 muertes, dijeron que la embarcación llevaba 21 personas. Al aumentar la cifra a 28, surgió la pregunta incómoda: ¿viajaban todos en el mismo peñero o en múltiples embarcaciones? La información oficial no ha respondido. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos urgió a ambos gobiernos a realizar investigaciones serias e imparciales, incorporando en el análisis la posibilidad de que se tratara de trata de personas. Mientras tanto, la ruta marítima sigue siendo una de las más desconocidas y letales de la crisis migratoria venezolana, alimentada por la desesperación de regiones donde casi siete de cada diez personas viven en pobreza extrema.

Las mafias permean a las autoridades locales, que no están exentas de ser investigadas
— Tarek William Saab, fiscal general
En realidad, hay al menos 40.000 migrantes y refugiados venezolanos en Trinidad y Tobago. La mayoría no ha tenido la oportunidad de obtener su documentación y tienen restricciones para trabajar y estudiar
— David Smolansky, comisionado de la OEA para la crisis migratoria
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué esta ruta no ha recibido tanta atención como las migraciones terrestres hacia Colombia o Brasil?

Model

Porque la mayoría de los 5,4 millones de venezolanos que han emigrado en años recientes salieron caminando por las fronteras terrestres. La ruta marítima hacia Trinidad es más corta en distancia pero mucho más letal, y ocurre en aguas donde es fácil que desaparezca sin testigos.

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¿Qué hace que Sucre sea tan diferente del resto de Venezuela?

Model

No es diferente en su pobreza. Lo que es diferente es su geografía. Está a solo kilómetros de Trinidad. Cuando vives en un lugar donde 67 de cada 100 personas no tienen lo básico, y ves una isla próspera al otro lado del agua, la tentación de arriesgar todo es casi irresistible.

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Los agentes de la Guardia Nacional cobraban sobornos. ¿Eso significa que sabían lo que estaba pasando?

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Sabían exactamente lo que estaba pasando. Detenían a los traficantes, veían a los migrantes en las embarcaciones, y en lugar de reportarlo, negociaban un precio. Eso no es negligencia. Es participación.

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¿Por qué Trinidad y Tobago deporta a menores de edad?

Model

Oficialmente, porque son migrantes irregulares. Pero cuando deportas a un menor sin documentación, sin familia que lo reciba, y lo devuelves al mar durante 48 horas, la pregunta no es por qué lo haces. Es qué esperas que suceda.

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¿Alguien sabe realmente cuántos murieron en ese peñero?

Model

El gobierno dijo primero 21. Luego 28. Pero no está claro si todos viajaban en la misma embarcación o si hubo múltiples naufragios. Eso es lo que más duele: ni siquiera sabemos con certeza cuántas personas perdimos.

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