Atrapados en una caja, sin poder salir, sabiendo que nadie puede rescatarlos
En las instalaciones de Texas, la NASA abre una convocatoria que trasciende la ingeniería: busca seres humanos dispuestos a habitar durante un año entero un espacio que imita la soledad y la presión de Marte, para comprender no solo si la tecnología puede llevarnos allá, sino si nuestra propia naturaleza nos lo permitirá. Tres grupos de cuatro voluntarios vivirán en un módulo de 158 metros cuadrados, enfrentando fallos, escasez y el silencio de la distancia interplanetaria, mientras la ciencia observa y toma nota. Es un recordatorio de que el mayor obstáculo para conquistar otros mundos no es el vacío del espacio, sino la fragilidad y la fortaleza del espíritu humano.
- La NASA necesita respuestas urgentes sobre el comportamiento humano en confinamiento extremo antes de comprometerse con misiones tripuladas a Marte que podrían durar años.
- Los voluntarios no solo soportarán el encierro: enfrentarán equipos que fallan sin aviso, raciones limitadas y comunicaciones retrasadas que replican el aislamiento real de otro planeta.
- Los requisitos son deliberadamente exigentes —posgrado en ciencias, experiencia profesional, salud impecable— porque la NASA sabe que un error humano en Marte no tiene segunda oportunidad.
- Los datos recogidos durante estos simulacros de un año alimentarán directamente el diseño de naves, protocolos de selección y estrategias de salud mental para futuras tripulaciones.
- El proyecto se enmarca en el programa Artemis y la ruta hacia Marte: la Luna en 2024 es solo el ensayo general de un viaje mucho más largo y definitivo.
La NASA ha abierto una convocatoria para que ciudadanos estadounidenses se ofrezcan como voluntarios en un experimento de un año: vivir en condiciones que simulan la vida en Marte. Los ejercicios comenzarán en otoño de 2022 en Texas, y buscan responder una pregunta que lleva décadas persiguiendo a los exploradores espaciales: ¿cómo se comportan los humanos cuando están atrapados en un ambiente hostil, con recursos limitados y sin posibilidad de escape inmediato?
El proyecto contempla tres simulacros independientes, cada uno con cuatro voluntarios que habitarán un módulo impreso en 3D de 158 metros cuadrados. Dentro de ese espacio comprimido, los investigadores recrearán escenarios de estrés real: equipos que fallan sin previo aviso, comunicaciones con retrasos significativos y recursos que deben racionarse. Los participantes también realizarán caminatas espaciales simuladas, tareas de investigación científica y operarán sistemas de control robótico y realidad virtual.
La agencia no busca aventureros cualquiera. Los candidatos deben ser ciudadanos o residentes permanentes estadounidenses, tener entre 30 y 55 años, gozar de perfecta salud y poseer un posgrado en ingeniería, matemáticas, biología, física o informática, además de al menos dos años de experiencia profesional. Quienes acrediten 1,000 horas de vuelo como pilotos pueden prescindir de ese último requisito.
Esta iniciativa forma parte de una estrategia más amplia que incluye el programa Artemis —orientado a llevar a la primera mujer y a un hombre a la Luna en 2024— y la preparación para misiones tripuladas a Marte. Los datos recogidos informarán el diseño de futuras naves, los protocolos de selección de tripulaciones y las estrategias para preservar la salud mental y física de los astronautas. La NASA sabe que tener la tecnología correcta no es suficiente: también necesita saber si los humanos pueden mantener la compostura y la cooperación cuando cada error podría ser fatal.
La NASA acaba de abrir las puertas para que ciudadanos estadounidenses se presenten como voluntarios en un experimento sin precedentes: pasar un año completo viviendo en condiciones que simulan la vida en Marte. Los ejercicios comenzarán en otoño de 2022 en uno de los centros de la agencia en Texas, y buscan responder una pregunta fundamental que ha perseguido a los exploradores espaciales durante décadas: ¿cómo se comportan los humanos cuando están atrapados en un ambiente hostil, lejos de casa, con recursos limitados y sin posibilidad de escapar rápidamente?
El proyecto está estructurado en tres simulacros independientes, cada uno con cuatro voluntarios. Todos ellos vivirán dentro de un módulo habitacional impreso en 3D que ocupa 158 metros cuadrados, un espacio deliberadamente comprimido que replicará los desafíos psicológicos y prácticos de una verdadera misión marciana. Dentro de esa estructura, los investigadores recrearán escenarios de estrés real: equipos que fallan sin previo aviso, comunicaciones que llegan con retrasos significativos, recursos que deben racionarse cuidadosamente, y condiciones ambientales que ponen a prueba tanto el cuerpo como la mente. Los voluntarios no serán meros observados pasivos. Tendrán que realizar caminatas espaciales simuladas, ejecutar tareas de investigación científica genuina, y operar sistemas de control robótico y realidad virtual que forman parte del equipamiento de una misión real.
La NASA no está buscando aventureros cualquiera. Los requisitos son rigurosos. Los candidatos deben ser ciudadanos estadounidenses o residentes permanentes, estar en perfecto estado de salud, no fumar, tener entre 30 y 55 años, y poseer un dominio del inglés que les permita comunicarse sin ambigüedades en situaciones críticas. Pero hay más. La agencia exige un título de posgrado en ingeniería, matemáticas, biología, física o informática de una institución acreditada, junto con al menos dos años de experiencia profesional en uno de esos campos. Hay una excepción: si alguien tiene 1,000 horas de experiencia como piloto, puede saltarse el requisito de los dos años de experiencia profesional.
Esta iniciativa no es un capricho científico aislado. Forma parte de una estrategia más amplia de la NASA que incluye el programa Artemis, que tiene como objetivo llevar a la primera mujer y a un hombre a la superficie lunar en 2024. Pero la Luna es solo un paso intermedio. El verdadero destino es Marte, y para llegar allá con seguridad, la agencia necesita entender cómo los humanos responden cuando están confinados, bajo presión, y separados del planeta que los vio nacer. Los datos que recopilen durante estos simulacros de un año informarán directamente el diseño de futuras naves, los protocolos de selección de tripulaciones, y las estrategias para mantener la salud mental y física de los astronautas durante misiones que podrían durar años.
Lo que hace que este proyecto sea particularmente valioso es que no se trata de un ejercicio de realidad virtual o un simulador de computadora. Los voluntarios vivirán realmente en ese espacio, respirarán el mismo aire reciclado, comerán la misma comida procesada, y enfrentarán los mismos conflictos interpersonales que surgirían en una verdadera misión. Cada momento de frustración, cada instante de soledad, cada decisión tomada bajo presión será documentado y analizado. La NASA está invirtiendo en esta investigación porque sabe que el factor humano será decisivo cuando finalmente envíe personas a Marte. No es suficiente tener la tecnología correcta. También necesita saber si los humanos pueden mantener la compostura, la cooperación y la determinación cuando todo lo que los rodea les recuerda constantemente que están atrapados en un lugar donde un error podría ser fatal.
Citas Notables
Los seleccionados serán sometidos a simulacros de situaciones de estrés que ayudarán a investigar métodos y tecnología para resolver problemas potenciales en misiones tripuladas— NASA
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué la NASA necesita voluntarios viviendo en una caja durante un año cuando ya tiene simuladores y datos de misiones anteriores?
Porque una computadora no puede reproducir lo que sucede cuando cuatro personas están confinadas juntas, sin poder salir, viendo cómo los sistemas fallan y sabiendo que nadie puede rescatarlas en una semana. Los datos psicológicos de una situación real son completamente diferentes.
¿Qué tipo de persona se presenta voluntariamente para eso?
Alguien que ya ha dedicado su carrera a la ciencia o la ingeniería, que entiende que esto es investigación seria, y que probablemente sueña con contribuir a algo más grande que sí mismo. No es gente buscando aventura. Es gente dispuesta a sacrificar un año de sus vidas por datos que podrían salvar vidas en Marte.
¿Qué pasa si alguien tiene un colapso mental durante el simulacro?
Eso es exactamente lo que la NASA quiere saber. Cómo responden las personas, cuáles son los puntos de quiebre, cuándo necesitan intervención. Esos datos son tan valiosos como cualquier medición técnica.
¿Realmente creen que pueden replicar Marte en Texas?
No completamente. Pero pueden replicar el aislamiento, la confinación, los fallos de equipo, y los retrasos en la comunicación. Esos son los factores que rompen a las personas, no la gravedad marciana.
¿Cuánto tiempo falta para que esto comience?
Más de un año. Tienen que seleccionar a los voluntarios, prepararlos, y luego ejecutar tres simulacros de un año cada uno. Esto es investigación a largo plazo, no un experimento rápido.