Múltiples bloqueos, manifestaciones y movilizaciones paralizan la Ciudad de México

Familias de 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa continúan exigiendo justicia; colectivos feministas demandan respuesta en casos de feminicidio; trabajadores de Pemex buscan indemnizaciones por despidos.
Cuando todo se paraliza, es imposible mirar hacia otro lado
La Ciudad de México contiene múltiples demandas insatisfechas que convergen en las calles simultáneamente.

El lunes, la Ciudad de México se convirtió en escenario de decenas de movilizaciones simultáneas que revelaron la profundidad de las fracturas sociales acumuladas en la capital. Maestros, feministas, padres de desaparecidos, comerciantes y trabajadores tomaron calles y plazas con demandas que van desde la derogación de reformas educativas hasta justicia por feminicidios y desapariciones forzadas. La magnitud de la jornada no fue un estallido espontáneo, sino el resultado de años de agravios sin respuesta que encontraron, en un mismo día, un mismo espacio para hacerse visibles.

  • Más de tres mil quinientos maestros de la CNTE bloquearon arterias clave de la capital exigiendo la derogación de reformas educativas, aumentos salariales y el fin del sistema de pensiones con Afores.
  • Colectivos feministas, padres de los 43 normalistas de Ayotzinapa y estudiantes del IPN amplificaron la presión sobre instituciones que llevan años sin dar respuestas satisfactorias.
  • Comerciantes del Centro Histórico denunciaron que los cercos instalados en el Zócalo han destruido sus ingresos, sumando una dimensión económica inmediata a la jornada de protestas.
  • La movilidad en la ciudad quedó severamente comprometida, con plantones y bloqueos distribuidos en múltiples puntos sin señales de que las autoridades estén dispuestas a negociar en el corto plazo.
  • Si el gobierno no responde a las demandas de los distintos sectores, los organizadores advierten que la presión en las calles podría escalar en los próximos días.

El lunes, la Ciudad de México amaneció paralizada bajo el peso de decenas de movilizaciones que convergieron en sus calles y plazas. Maestros, feministas, padres de desaparecidos, comerciantes y trabajadores ocuparon el espacio público con demandas distintas pero unidas por una misma sensación de agravio acumulado.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación encabezó la jornada con tres mil quinientas personas exigiendo la derogación de las reformas educativas de la última década, incrementos salariales y el regreso a un sistema de pensiones sin Afores. El grupo planeaba visitar las sedes de las principales televisoras para amplificar su mensaje más allá de las calles.

Pero la ciudad se movía por muchas causas al mismo tiempo. Colectivos feministas como Las Tonantzin se plantaron frente a juzgados llevando los nombres y rostros de mujeres asesinadas. Padres y madres de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapa en 2014 realizaban conferencias para evaluar el estado de investigaciones que siguen sin cerrarse. Estudiantes del IPN exigían mejoras salariales para sus docentes, investigación de abusos sexuales en planteles e inversión en infraestructura deteriorada.

En el Centro Histórico, comerciantes protestaban contra los cercos del Zócalo, argumentando que las barreras habían destruido sus negocios. Familiares de trabajadores despedidos de Pemex mantenían plantones exigiendo indemnizaciones. Organizaciones indígenas, sindicatos y colectivos de familias desalojadas sumaban sus voces a una agenda de protesta que abarcaba casi todos los flancos de la injusticia urbana.

Lo que hacía singular la jornada era su simultaneidad: mientras unos sectores exigían justicia, otros celebraban fiestas patronales, ferias y eventos culturales en los mismos espacios. La Ciudad de México contenía ambas realidades sin resolverlas, como suele ocurrir en una metrópolis donde la protesta y la vida cotidiana llevan décadas aprendiendo a coexistir.

La Ciudad de México se paralizó el lunes bajo el peso de decenas de movilizaciones simultáneas. Maestros, estudiantes, comerciantes, padres de desaparecidos y colectivos feministas ocuparon las calles y plazas públicas con demandas que van desde reformas educativas hasta justicia por feminicidios. La escala de la protesta reflejaba la acumulación de grietas en la ciudad: laborales, económicas, de seguridad, de memoria.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación convocó a tres mil quinientas personas para exigir que el gobierno derogue las reformas educativas que han marcado la última década. Los maestros demandaban también incrementos salariales, mejoras en las condiciones de seguridad dentro de las escuelas y el regreso al sistema de pensiones anterior, sin la participación de las Afores. El grupo planeaba visitas a las sedes de las principales televisoras para amplificar su mensaje más allá de las calles.

Pero la Ciudad de México no se movía por una sola causa. La Coordinadora 1° de Diciembre organizaba conferencias para lanzar campañas de solidaridad con Cuba y rechazar lo que denominaba intervención extranjera. En el Centro Histórico, comerciantes se manifestaban contra los cercos instalados en el Zócalo, argumentando que las barreras habían destruido sus ingresos y bloqueado el acceso a sus negocios. Colectivos feministas como Las Tonantzin se plantaban frente a juzgados exigiendo justicia en casos de feminicidio, llevando los nombres y rostros de las muertas al espacio donde se suponía que la ley debería actuar.

La memoria también ocupaba las calles. Padres y madres de los cuarenta y tres estudiantes normalistas desaparecidos en Ayotzinapa en 2014 realizaban conferencias para evaluar el estado de las investigaciones, acompañados por colectivos estudiantiles que mantenían viva la exigencia de verdad. Simultáneamente, organizaciones del Instituto Politécnico Nacional y del Instituto de Educación Media Superior presentaban sus propias demandas: mejoras salariales, investigación de casos de abuso sexual dentro de los planteles, inversión en infraestructura deteriorada.

La agenda de protesta se extendía hacia otros rincones de la injusticia. Familiares de trabajadores despedidos de Pemex mantenían plantones exigiendo indemnizaciones. Grupos de vecinos demandaban transparencia en la administración de refugios de animales. Colectivos que representaban a familias desalojadas de sus viviendas pedían revisión de los procesos legales que las habían sacado de sus hogares. Sindicatos, agrupaciones indígenas y organizaciones comunitarias sumaban sus voces con demandas que abarcaban desde seguridad pública hasta apoyo para pueblos indígenas que habían sido expulsados de sus tierras.

Entre las movilizaciones políticas y de protesta, la ciudad también albergaba eventos culturales y religiosos: fiestas patronales, ferias, rodadas ciclistas, actividades deportivas y proyecciones de cortometrajes. La simultaneidad era notable: mientras algunos sectores exigían justicia y derechos, otros celebraban. La Ciudad de México contenía ambas realidades en el mismo espacio y el mismo día, reflejando la complejidad de una metrópolis donde la protesta y la vida cotidiana coexisten sin resolverse.

La Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación exigió la derogación de reformas educativas, incremento salarial, seguridad para la comunidad escolar y regreso al sistema de pensiones sin Afores
— Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación
Comerciantes del Centro Histórico argumentaron que los cercos en el Zócalo generaban afectaciones económicas y bloqueaban sus actividades comerciales
— Comerciantes del Centro Histórico
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué tantas movilizaciones el mismo día? ¿Fue coordinado o coincidencia?

Model

Probablemente ambas cosas. Algunos grupos planean fechas juntos, pero muchos simplemente saben que lunes es día de trabajo, de tráfico, de visibilidad. Es cuando la ciudad no puede ignorarte.

Inventor

¿Qué une a maestros, feministas, comerciantes y padres de desaparecidos?

Model

La sensación de que el Estado no responde. Cada grupo tiene su propia herida, pero todos comparten la experiencia de pedir algo durante años sin obtener respuesta.

Inventor

Los comerciantes del Zócalo dicen que los cercos los están matando económicamente. ¿Es una queja legítima o una distracción?

Model

Es legítima. Cuando cierras una plaza histórica, los vendedores pierden clientes. Pero también es cierto que algunos cercos existen por razones de seguridad o control. El conflicto es real de ambos lados.

Inventor

¿Qué pasa con los padres de Ayotzinapa después de doce años?

Model

Siguen aquí. Siguen hablando. Para ellos, una conferencia sobre avances en la investigación es lo único que tienen: la posibilidad de que alguien escuche, de que algo cambie. Es resistencia por agotamiento.

Inventor

¿Puede la ciudad funcionar con todo esto ocurriendo simultáneamente?

Model

No, y quizá eso es el punto. Cuando todo se paraliza, es imposible mirar hacia otro lado.

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