Me elogiaron por cosas que no hice. Ahora se me culpa por cosas que no hice.
A los cien años, Alan Greenspan —el hombre que pasó del saxofón al timón de la economía global— cerró un siglo de vida que coincidió, casi exactamente, con el siglo americano de las finanzas. Durante diecinueve años al frente de la Reserva Federal, su palabra movía mercados y su silencio era interpretado como oráculo; pero la historia reservó para él también la pregunta incómoda de si la confianza ciega en los mercados puede convertirse, ella misma, en el mayor riesgo sistémico. Su muerte en Washington deja abierto ese debate, que es, en el fondo, el debate sobre los límites del poder tecnocrático.
- Greenspan falleció a los 100 años por complicaciones del Parkinson, y con él desaparece la última figura que encarnó la era de la desregulación financiera como dogma incuestionable.
- Su mandato de 19 años en la Fed fue celebrado como una hazaña de estabilidad, pero las tasas ultrabajas que impuso tras el 11-S alimentaron la burbuja inmobiliaria que terminaría derrumbándose en 2008.
- La crisis financiera global convirtió a 'el Maestro' en el acusado principal: economistas y legisladores lo señalaron por haber bloqueado la regulación de derivados y permitir la acumulación silenciosa de riesgo sistémico.
- En 2008 compareció ante el Congreso y admitió con 'incredulidad' haber confiado demasiado en la autorregulación del mercado —una confesión histórica que no borró, pero sí matizó, su responsabilidad.
- Hasta sus últimos años defendió la independencia de la Reserva Federal como principio irrenunciable, reclamando que se le atribuyeron tanto culpas como glorias que no le correspondían del todo.
Alan Greenspan murió el lunes en su casa de Washington a los cien años, víctima de complicaciones del Parkinson. Su esposa, la periodista Andrea Mitchell, confirmó la noticia. Con su partida desaparece una de las figuras más influyentes —y más debatidas— de la historia financiera contemporánea.
Su camino hacia las finanzas fue todo menos convencional. Nacido en Nueva York en 1926, Greenspan estudió clarinete en Juilliard y trabajó como saxofonista en giras de jazz antes de que la economía capturara su atención de forma definitiva. Se licenció en la Universidad de Nueva York en 1948 y fundó una consultora exitosa que lo proyectó hacia los círculos del poder republicano, donde asesoró a Nixon, Ford y Reagan.
Fue precisamente Reagan quien lo nominó para presidir la Reserva Federal en 1987, cargo que ocuparía durante diecinueve años —el segundo mandato más largo en la historia de la institución. Durante ese período, 'el Maestro', como lo llamaban con reverencia los mercados, navegó la crisis asiática, la rusa y el shock del 11 de septiembre, recortando tasas hasta el 1 por ciento en 2004 para sostener una economía sacudida. Su imagen llegó a la portada de Time como parte del llamado 'Comité para salvar al mundo'.
Pero esa misma filosofía que lo encumbró terminaría por ensombrecer su legado. Greenspan era un convencido defensor de la desregulación, influido por Ayn Rand y persuadido de que los mercados podían gobernarse a sí mismos. Se opuso activamente a regular los derivados financieros complejos. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló en 2008, muchos economistas lo señalaron como uno de sus principales arquitectos.
En octubre de ese año, compareció ante el Congreso y admitió con lo que él mismo llamó 'incredulidad' haber cometido un error fundamental: confiar demasiado en que las instituciones crediticias protegerían el mercado por sí solas. Fue una confesión sin precedentes para alguien que había ejercido tanto poder durante tanto tiempo. Aun así, siempre sostuvo que las culpas —y los elogios— que se le atribuían superaban lo que realmente había hecho o dejado de hacer.
Hasta el final de su vida defendió la independencia de la Fed como un principio esencial para la estabilidad financiera. Su muerte cierra un capítulo de la historia económica moderna cuyo veredicto definitivo aún está siendo escrito.
Alan Greenspan murió el lunes a los cien años en su casa, víctima de complicaciones del Parkinson. Su esposa, la periodista Andrea Mitchell de NBC News, confirmó la noticia. Con su muerte desaparece una de las figuras más determinantes de la historia financiera moderna, alguien cuya influencia sobre los mercados globales durante casi dos décadas resultó tan profunda como controversial.
Greenspan presidió la Reserva Federal estadounidense desde 1987 hasta 2006, un período de diecinueve años que lo convirtió en el segundo presidente con mandato más largo en la historia de la institución, superado solo por William McChesney Martin, quien dirigió el banco central entre 1951 y 1970. Durante esos años ganó el apodo de 'el Maestro', una designación que reflejaba la reverencia con que muchos lo veían en los círculos financieros internacionales. Aunque sus raíces políticas estaban en el republicanismo—fue asesor de Richard Nixon en 1968 y ocupó cargos en las administraciones de Gerald Ford y Ronald Reagan—, logró mantener relaciones sólidas con el presidente demócrata Bill Clinton y sus principales asesores económicos, demostrando una capacidad para navegar las aguas políticas que pocos en su posición han conseguido.
La trayectoria de Greenspan hacia las finanzas fue inusual. Nacido en Nueva York en marzo de 1926, sus primeros pasos profesionales lo llevaron por el mundo de las artes. Estudió clarinete en la prestigiosa Escuela Juilliard y trabajó como saxofonista en bandas de jazz, realizando giras profesionales. Mientras sus compañeros de grupo fumaban entre actuaciones, Greenspan devoraba libros sobre los grandes nombres de la industria y las finanzas. Su interés por la economía terminó por prevalecer. Se licenció en la disciplina por la Universidad de Nueva York en 1948 y posteriormente fundó una consultora que resultó exitosa.
Su nominación para la Fed en 1987, propuesta por Ronald Reagan para suceder a Paul Volcker, marcó el inicio de una era que transformaría la política monetaria estadounidense. Durante su mandato, el país experimentó un período prolongado de expansión económica. Greenspan navegó con éxito la crisis asiática y la crisis rusa a finales de los años noventa, logros que lo llevaron a aparecer en la portada de la revista Time como parte del 'Comité para salvar al mundo'. Después de los ataques del 11 de septiembre de 2001, implementó recortes agresivos en las tasas de interés, llevándolas hasta el 1 por ciento en 2004, una decisión que buscaba sostener la economía en un momento de incertidumbre.
Pero el legado de Greenspan quedó marcado por una filosofía que, con el tiempo, resultaría problemática. Era un firme defensor de la desregulación financiera, convencido de que los mercados podían autorregularse efectivamente. Esta postura, influenciada por la pensadora Ayn Rand, lo llevó a oponerseactivamente a la regulación de derivados financieros complejos. Cuando la burbuja inmobiliaria estalló en 2008, muchos economistas lo señalaron como uno de los principales artífices de la crisis, culpándolo por haber permitido que se acumularan riesgos sistémicos sin supervisión adecuada.
Dos años después de dejar su cargo, en octubre de 2008, Greenspan compareció ante el Congreso y admitió con lo que describió como 'incredulidad' haber cometido un error fundamental: confiar excesivamente en la capacidad de las instituciones crediticias para proteger el mercado por sí solas. Fue una confesión notable de alguien que había ejercido tanto poder durante tanto tiempo. Sin embargo, Greenspan siempre insistió en que se le había atribuido tanto responsabilidad desproporcionada por la crisis como mérito excesivo por el auge de finales de los noventa. 'Me elogiaron por cosas que no hice', dijo en una entrevista de 2008. 'Ahora se me culpa por cosas que no hice'.
A pesar de las críticas, Greenspan se mantuvo como una voz de autoridad global hasta sus últimos años, defendiendo con firmeza la independencia de la Reserva Federal como un principio fundamental para la estabilidad financiera. Su muerte cierra un capítulo de la historia económica moderna, dejando atrás un legado que seguirá siendo debatido: un período de expansión económica sin precedentes, pero también las semillas de la crisis que lo definiría.
Citas Notables
Admitió con incredulidad haber cometido un error al confiar excesivamente en la capacidad de las instituciones crediticias para proteger el mercado— Alan Greenspan, en comparecencia ante el Congreso en octubre de 2008
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Cómo alguien que comenzó tocando saxofón en bandas de jazz termina dirigiendo el banco central más poderoso del mundo?
Greenspan nunca dejó de ser un intelectual voraz. Mientras sus compañeros de banda fumaban entre actuaciones, él leía sobre los grandes nombres de la industria. La música le dio disciplina y precisión; la economía le dio propósito. Fue una transición natural para alguien que buscaba entender cómo funcionaban realmente las cosas.
¿Por qué su filosofía de autorregulación del mercado resultó tan influyente si después causó tanto daño?
Porque durante los años noventa y principios de los dos mil, funcionó. Greenspan navegó crisis asiáticas, rusas, el 11 de septiembre. Apareció en la portada de Time. La gente creía que había encontrado la fórmula. Nadie quiere admitir que la fórmula era frágil.
¿Cómo se siente alguien que fue llamado 'el Maestro' cuando tiene que admitir ante el Congreso que cometió un error fundamental?
Con incredulidad, según sus propias palabras. Pero Greenspan nunca fue un hombre que se escondiera. Admitió el error, aunque también insistió en que la responsabilidad había sido exagerada. Quizás eso es lo más humano de su historia: reconocer el fallo sin aceptar toda la culpa.
¿Qué significa que haya mantenido su autoridad global incluso después de 2008?
Significa que la gente seguía respetando su intelecto, aunque cuestionara su juicio. La independencia de la Fed, que él defendió hasta el final, resultó ser más importante que cualquier crisis individual. Eso fue lo que realmente le importó.