Miles congregadas en segundo día de sepelio del ayatolá Jamenei entre gritos de venganza

El ayatolá Jamenei y varios familiares murieron en bombardeo; su sucesor resultó herido; miles de iraníes expresan dolor y demanda de venganza.
Exigimos venganza por la sangre de nuestros seres queridos
Una mujer en el sepelio expresa la demanda de retribución que resonaba entre miles de iraníes reunidos en Teherán.

En la Gran Mosalá de Teherán, miles de iraníes se reunieron para despedir al ayatolá Alí Jamenei, quien gobernó la república islámica durante 37 años hasta morir el 28 de febrero en un bombardeo conjunto de Estados Unidos e Israel. Su muerte no solo cierra una era de poder concentrado en una sola figura, sino que abre una transición incierta: su sucesor designado, Mojtaba Jamenei, permanece invisible tras haber resultado herido en el mismo ataque. Entre el duelo colectivo y los gritos de venganza, Irán intenta proyectar unidad hacia el mundo mientras negocia con Washington el fin de un conflicto que comenzó con el mismo golpe que mató a su líder.

  • Miles de personas desbordaron la Gran Mosalá bajo temperaturas extremas, golpeándose el pecho y clamando venganza contra quienes ordenaron el bombardeo del 28 de febrero.
  • La ausencia del nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei —herido, invisible y comunicándose solo por escrito— deja un vacío inquietante en el corazón del poder iraní.
  • Los tres expresidentes del país se mantuvieron alejados del funeral, recordando en silencio las tensiones que cada uno tuvo con el líder fallecido.
  • El gobierno declaró feriado nacional y desplegó más de 400 carpas de la Media Luna Roja, convirtiendo el duelo en una demostración de fuerza institucional ante el mundo.
  • El cortejo fúnebre recorrerá ciudades iraníes e iraquíes antes del entierro en Mashhad el 9 de julio, mientras Irán negocia con EE.UU. bajo la sombra de una sucesión sin rostro visible.

La Gran Mosalá de Teherán se convirtió el domingo en un mar humano. Miles de iraníes rodearon el ataúd del ayatolá Alí Jamenei, cubierto con los colores de la bandera nacional, junto a los féretros de quienes murieron con él el 28 de febrero: una hija, un yerno, una nuera y una nieta de apenas 14 meses, todos víctimas del bombardeo estadounidense e israelí que puso fin a sus 37 años de gobierno.

Tres de sus hijos hicieron una aparición pública inusual, pero la ausencia más significativa fue la de Mojtaba, el sucesor designado, herido en el mismo ataque. El nuevo líder supremo de 56 años no ha aparecido ante las cámaras desde entonces y solo se comunica por mensajes escritos, dejando un vacío visible en el centro del duelo nacional.

En primera fila estaban el presidente Pezeshkian y el jefe del Parlamento Qalibaf, quien emerge como figura prominente de la era post-Jamenei y se reunió con el representante político de Hamás durante los actos. Llamó la atención la ausencia de los tres expresidentes —Jatami, Ahmadinejad y Rohani—, quienes guardaron distancia de un líder con el que cada uno tuvo fricciones profundas.

El centro de Teherán se transformó en una fortaleza con controles policiales y cientos de carpas para soportar el calor extremo. Entre la multitud resonaban gritos de venganza: una mujer de 39 años declaró que exigían retribución por la sangre de sus seres queridos. El gobierno presentó la masiva asistencia como señal de fortaleza en medio de negociaciones diplomáticas con Washington, firmadas hace apenas un mes.

El cortejo recorrerá ciudades iraníes e iraquíes antes de llegar a Mashhad, ciudad natal de Jamenei, donde será enterrado el 9 de julio. Irán llora a su arquitecto de política exterior mientras navega una transición delicada con su nuevo líder aún invisible y el mundo atento a cada movimiento.

La Gran Mosalá de Teherán se convirtió el domingo en un mar de gente. Miles de iraníes se congregaron alrededor del ataúd del ayatolá Alí Jamenei, cubierto con los colores de la bandera nacional: verde, blanco y rojo. A su lado reposaban los féretros de quienes murieron con él en el bombardeo del 28 de febrero, cuando fuerzas estadounidenses e israelíes atacaron: una de sus hijas, un yerno, una nuera, y una nieta de apenas 14 meses. Jamenei había gobernado la república islámica durante 37 años, desde 1989 hasta su muerte a los 86 años en ese primer día de la guerra contra Irán.

Tres de sus hijos —Masud, Mostafa y Meysam— hicieron una aparición pública inusual en el homenaje. Pero la ausencia más notable fue la de Mojtaba, su sucesor designado, quien resultó herido en el mismo ataque. El nuevo líder supremo, de 56 años, no ha sido visto en público desde entonces. Solo se ha comunicado a través de mensajes escritos, dejando un vacío visible en el centro del duelo nacional.

En primera fila se reunieron las figuras clave del poder iraní: el presidente Masud Pezeshkian y Mohamad Baqer Qalibaf, el influyente jefe del Parlamento y negociador principal con Estados Unidos. Qalibaf, quien emerge como una de las caras más prominentes de la era post-Jamenei, elogió en redes sociales cómo la nación islámica homenajeaba a su mártir. También estaban presentes dos líderes de los Guardianes de la Revolución: el general Esmail Qaani, jefe de la Fuerza Qods responsable de operaciones en el extranjero, y Ahmad Vahidi. Qaani declaró a la televisión iraní que el destino de Jamenei era apropiado después de una vida de esfuerzo.

Llamó la atención quiénes no vinieron. Los tres expresidentes iraníes —Mohamad Jatami, Mahmud Ahmadinejad y Hasán Rohani— mantuvieron sus distancias. Todos ellos habían tenido relaciones tensas con Jamenei durante sus mandatos. El gobierno declaró feriado el domingo y lunes para facilitar la participación en las honras fúnebres, una decisión que Teherán presentaba como demostración de fuerza en medio de negociaciones diplomáticas con Estados Unidos, tras la firma hace un mes de un acuerdo marco para terminar el conflicto.

El centro de Teherán se transformó en una fortaleza. Controles policiales abundaban por todas partes. Desde el viernes por la noche, cientos de personas hicieron fila frente a la Mosalá, esperando ser de los primeros en acceder. Muchos seguían la tradición chiita de golpearse el pecho en señal de duelo. Las autoridades instalaron más de 400 carpas de la Media Luna Roja en un gran parque de la capital, y dispusieron camiones cisterna para refrescar a la multitud ante temperaturas que se esperaba superaran los 35 grados centígrados.

Los gritos de venganza resonaban entre la muchedumbre. Un hombre de 38 años identificado como Miremadi declaró a la AFP que los asesinos de Jamenei debían ser castigados. Una mujer de 39 años llamada Bakand fue más explícita: "Estamos aquí para mostrarle al mundo que apoyamos nuestra revolución y a nuestro líder, y exigimos venganza por la sangre de nuestros seres queridos". Estas voces capturaban el sentimiento que atravesaba el complejo: duelo, rabia, y una demanda clara de retribución.

El lunes, el cortejo fúnebre recorrería las calles de Teherán. Luego pasaría por varias ciudades iraníes y dos santuarios chiitas en Irak antes de llegar a su destino final: Mashhad, la ciudad santa del noreste de Irán donde Jamenei nació. El entierro estaba previsto para el 9 de julio. Durante décadas, Jamenei había sido el arquitecto de la política exterior iraní, brindando apoyo a grupos armados en toda la región, desde Hamás hasta Hezbolá. El jefe del comité político de Hamás, Mohamed Darwish, aprovechó la ocasión para reunirse con Qalibaf durante su visita a Teherán. Mientras Irán lloraba a su líder, el país también navegaba un momento de transición política delicado, con su nuevo líder supremo aún invisible y el mundo observando cómo se desarrollaría la sucesión.

Los asesinos de Jamenei deben ser castigados
— Miremadi, asistente de 38 años al sepelio
Estamos aquí para mostrarle al mundo que apoyamos nuestra revolución y a nuestro líder, y exigimos venganza por la sangre de nuestros seres queridos
— Bakand, mujer de 39 años presente en las honras fúnebres
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¿Por qué la ausencia de Mojtaba es tan significativa si ya sabemos que fue herido?

Model

Porque en Irán, la presencia física del líder supremo es poder. Mojtaba no solo está herido; está invisible. Eso crea una pregunta que nadie puede responder: ¿qué tan grave es realmente su condición? ¿Puede gobernar?

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¿Y los expresidentes que no asistieron?

Model

Eso es un mensaje también. Jatami, Ahmadinejad y Rohani tuvieron conflictos reales con Jamenei. Su ausencia dice que no todos en Irán ven esto como una pérdida unificadora. Hay fracturas bajo la superficie.

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¿Qué significa que Qalibaf esté tan visible ahora?

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Significa que está posicionándose. Es el negociador con Estados Unidos, está en primera fila, está hablando en redes sociales. Si Mojtaba sigue débil, Qalibaf podría ser el verdadero poder en los próximos meses.

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¿Por qué el gobierno declara feriado y monta toda esta infraestructura?

Model

Porque necesita demostrar que Irán sigue siendo fuerte. Mientras negocia con Estados Unidos, tiene que mostrar que la muerte de Jamenei no ha debilitado al país. Miles de personas en las calles es esa demostración.

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¿Y los gritos de venganza?

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Eso es genuino. Pero también es lo que el gobierno quiere escuchar. Mantiene la rabia enfocada hacia afuera, no hacia adentro, donde hay incertidumbre sobre quién realmente está a cargo.

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