Milei rechaza responsabilidad por inflación al 9,4% y promete mantener su receta ultraliberal

La moral como política de Estado dice que no nos vamos a apartar de los valores judeocristianos
Milei justifica su política económica apelando a principios éticos y religiosos cuando los números económicos se deterioran.

En Buenos Aires, el presidente Javier Milei compareció ante empresarios estadounidenses con una inflación de marzo del 3,4% que acerca peligrosamente al país al techo anual que su propio gobierno se había impuesto, con siete meses aún por transcurrir. Lejos de revisar su rumbo, el mandatario atribuyó el deterioro a guerras, estacionalidades y conspiraciones políticas, y reafirmó su ortodoxia económica como expresión de principios morales irrenunciables. Es la vieja tensión entre la fe en una doctrina y la paciencia de quienes la sostienen con su bolsillo.

  • Argentina se encuentra a solo 0,7 puntos porcentuales de superar su propio techo inflacionario anual, y aún quedan más de la mitad de los meses del año.
  • Milei reconoció que el dato le 'repugnaba', pero trasladó toda la responsabilidad a factores externos: la guerra en Irán, la estacionalidad escolar, la volatilidad energética y un supuesto intento de golpe.
  • Para suavizar el impacto, el presidente propuso excluir la carne del cálculo de inflación núcleo, un argumento que ignora que la carne es un alimento central en la dieta argentina.
  • El mandatario prometió que la inflación 'se va a desplomar' y descartó cualquier cambio de rumbo: privatizaciones, desregulación y apertura económica seguirán adelante sin concesiones.
  • La defensa de su política fue envuelta en un marco moral y religioso, presentando los 'valores judeocristianos' como fundamento ético de sus decisiones económicas.
  • La pregunta que queda en el aire es si los ciudadanos con poder adquisitivo menguante compartirán la fe que Milei les pide mientras esperan que la receta surta efecto.

Ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, Javier Milei enfrentó una cifra incómoda: la inflación de marzo llegó al 3,4%, dejando al país a apenas siete décimas del techo anual del 10,1% que su propio gobierno había fijado, con más de siete meses aún por delante. El escenario exigía explicaciones.

El presidente no esquivó el tema, pero tampoco asumió responsabilidad. Dijo que el dato le 'repugnaba' —una palabra elegida para expresar disgusto sin implicar culpa— y desplegó una lista de causas externas: el conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, el inicio del ciclo escolar, la volatilidad del petróleo y el gas, y lo que llamó un intento de 'golpe de Estado' desde la política. Cada factor era presentado como una tormenta ajena, no como consecuencia de sus decisiones.

Para amortiguar el impacto de los precios de la carne —disparados y sensibles en la dieta argentina—, Milei propuso mirar la inflación núcleo sin ese componente: 2,5%, igual que el mes anterior. La lógica era coherente solo para quienes no consumen carne, es decir, casi nadie.

A pesar de todo, el mandatario reafirmó su hoja de ruta sin matices: privatizaciones, desregulación, apertura de mercados y ortodoxia monetaria. Pidió paciencia y prometió que la inflación 'se va a desplomar'. Lo más llamativo fue el tono con que cerró su defensa: entrelazó la política económica con los 'valores judeocristianos', presentando su programa no solo como una estrategia técnica sino como una convicción moral.

El mensaje fue claro: el gobierno reconoce el problema pero no su parte en él, y la solución no es cambiar el rumbo sino sostenerlo con más firmeza. Si los argentinos que ven erosionarse su poder adquisitivo mes a mes comparten esa fe, es la pregunta que el tiempo deberá responder.

En una conferencia ante la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina, el presidente Javier Milei se enfrentó a cifras que lo acorralaban: la inflación de marzo había alcanzado el 3,4%, dejando a la economía argentina apenas siete décimas de punto porcentual por debajo del techo anual que su propio gobierno había fijado en 10,1%. Con más de siete meses aún por delante en el año fiscal, el mandatario se encontraba en una posición incómoda que exigía explicación.

Milei no eludió el tema, pero tampoco asumió responsabilidad alguna. Comenzó su intervención en el foro AmCham Summit 2026 reconociendo que el dato "le repugnaba", una palabra que eligió cuidadosamente para expresar su disgusto personal sin implicar culpa gubernamental. Luego procedió a desplegar una lista de factores externos que, según su análisis, explicaban el deterioro: la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, la estacionalidad de marzo cuando comienza el curso escolar, la volatilidad de los precios del petróleo y el gas natural, y lo que describió como un "intento de la política de generar un golpe de Estado". Cada factor era presentado como una fuerza ajena a su control, como si la economía argentina fuera un barco navegando en aguas turbulentas causadas por tormentas internacionales.

Pero el presidente fue más allá en su defensa. Cuando se enfrentó a la realidad de que los argentinos seguían comprando carne a precios más altos, Milei ofreció una perspectiva alternativa: si se excluía el impacto de los precios de la carne del cálculo de inflación núcleo, la cifra se mantenía en 2,5%, igual que el mes anterior. La lógica era clara, aunque también lo era su limitación: funcionaba solo para quienes no compraban carne, un bien de consumo fundamental en la dieta argentina.

A pesar de estas presiones económicas, Milei reafirmó su compromiso con la receta que lo llevó al poder. No había cambios en el horizonte, aseguró. La privatización continuaría, la desregulación se profundizaría, la economía seguiría abriéndose a los mercados internacionales, y la ortodoxia monetaria se mantendría sin concesiones. Pidió paciencia a los argentinos, profetizando que la inflación "se va a desplomar" y que la economía retomará "el fuerte sendero de crecimiento que teníamos antes del ataque de la política".

Lo que resultó más notable fue cómo Milei entrelazó su política económica con una dimensión moral y religiosa. Afirmó que su gobierno no se apartaría de los "valores judeocristianos" como fundamento de la política de Estado. La economía, en su visión, no era solo un conjunto de políticas técnicas, sino una expresión de principios éticos que trascendían lo meramente fiscal. Esta conexión entre ortodoxia económica y valores religiosos fue presentada como el corazón moral de su administración, una justificación que iba más allá de los números y apelaba a una convicción ideológica más profunda.

El mensaje era claro: Argentina enfrentaba presiones inflacionarias serias, el gobierno reconocía el problema pero no su responsabilidad en él, y la solución no pasaba por cambiar de rumbo sino por mantener el curso con mayor firmeza. Para Milei, la paciencia de los ciudadanos y la fe en sus principios económicos y morales eran los ingredientes necesarios para que la receta funcionara. Quedaba por verse si los argentinos, especialmente aquellos cuyo poder adquisitivo se erosionaba mes a mes, compartían esa fe.

Como odio la inflación, y como el dato no me gustó y me repugna voy a hablar de inflación
— Javier Milei, presidente de Argentina
No vamos a ir en contra ni de la teoría económica, ni de la evidencia empírica, ni tampoco vamos a vulnerar los valores morales a la hora de diseñar la política económica
— Javier Milei, presidente de Argentina
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Cómo explica que Argentina esté tan cerca de superar su propio techo inflacionario con siete meses aún por delante del año?

Model

Milei lo atribuye a fuerzas externas: la guerra en Irán, la estacionalidad de marzo, los precios del petróleo. Pero la realidad es que está a 0,7 puntos de romper su promesa.

Inventor

¿Y qué dice sobre la responsabilidad del gobierno en estos números?

Model

Rechaza cualquier responsabilidad. Culpa a un supuesto intento de golpe de Estado, a factores geopolíticos. Es una estrategia de distanciamiento.

Inventor

Mencionó algo sobre la carne y la inflación núcleo. ¿Qué significa eso?

Model

Que si excluyes el precio de la carne del cálculo, la inflación se ve mejor. Pero es un truco: los argentinos compran carne. No puedes ignorar lo que la gente realmente consume.

Inventor

¿Está dispuesto a cambiar su política económica?

Model

No. Promete más privatizaciones, más desregulación, más apertura. La motosierra sigue funcionando, sin importar los datos.

Inventor

¿Por qué introduce valores judeocristianos en una conferencia sobre economía?

Model

Porque necesita justificar su política más allá de los números. Si la economía no funciona, al menos puede decir que responde a principios morales. Es una apelación a la fe cuando los datos fallan.

Inventor

¿Qué espera que suceda ahora?

Model

Pide paciencia. Profetiza que la inflación se desplomará y la economía crecerá. Pero eso depende de que los argentinos crean en su visión mientras sus salarios pierden poder adquisitivo.

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