Miguel Costas: «La rebeldía del punk sigue viva, aunque ahora todo sea Instagram»

Hoy importa más tener cien mil seguidores que las canciones
Costas reflexiona sobre cómo las redes sociales han transformado la industria musical y el valor de la música en la actualidad.

Costas abandona Siniestro cuando la banda gira hacia el blues, dejando atrás los años de mayor éxito y recordados de la formación original. El músico desmiente la fama de drogadicción que persiguió al grupo, afirmando que eran 'un grupo de cerveza y Ducados' y que los rumores surgieron por su origen gallego.

  • Miguel Costas, 65 años, fundador de Siniestro Total en Vigo a principios de los años ochenta
  • Se fue de la banda cuando giraron hacia el blues; publicó memorias tituladas ¡Esas palmas, coño!
  • Desmiente fama de drogadicción: 'éramos un grupo de cerveza y Ducados'
  • Últimos conciertos de Siniestro en Madrid en 2022; no ha vuelto a ver a Julián Hernández desde entonces

El fundador de Siniestro Total publica sus memorias repasando su carrera musical, desde los inicios punkis hasta su salida de la banda, desmintiendo rumores sobre drogas y reflexionando sobre el estado actual del rock.

Miguel Costas tiene sesenta y cinco años y vive en un pueblo de Lugo rodeado de vacas y monte. Hace poco se recuperó de una infección que casi lo mata en 2023, y antes de eso pasó décadas cargando con hernias discales provocadas por el peso de la guitarra, una lesión que comenzó en 1990 cuando se rompió el calcáneo en un escenario de Bilbao. Ahora dice que está listo para tocar de nuevo. Es el fundador de Siniestro Total, la banda que nació de una forma tan casual como absurda: a principios de los años ochenta, un grupo de jóvenes tuvo un accidente nocturno en una carretera gallega. El coche quedó destrozado. Así llamaron a su banda.

Costas formó parte de la formación original junto con Julián Hernández, Alberto Torrado y Germán Coppini, quien falleció años después. Empezaron como punkis deslenguados que recibían escupitajos en los conciertos, botellas y ceniceros lanzados desde la audiencia. Una noche en Hortaleza, Madrid, la cosa terminó tan mal que tuvo que intervenir la policía, como en la película de los Blues Brothers. Pero lo que comenzó como rebeldía punk se transformó. Cuando la banda derivó hacia el blues, Costas se fue. Había fundado también Aerolíneas Federales, y luego formaría Los Feliz e iniciaría su carrera en solitario. Dejaba atrás los años de mayor éxito de Siniestro, aunque con el tiempo no se ha arrepentido.

La historia de la banda es curiosa porque todo comenzó con el blues. Su primer grupo se llamaba, muy originalmente, Sexteto de Blues, donde tocaban versiones de Howlin' Wolf y Muddy Waters. Costas incluso viajó fuera de Vigo para ver a Muddy Waters en el País Vasco, una experiencia que lo encantó. Pero entonces vieron a los Ramones, y eso lo cambió todo. Querían tocar así. Adoptaron una estética más punk. Germán Coppini pasó de ser el más punk de Siniestro, con una energía que asustaba, a convertirse en el más melódico cuando se unió a Golpes Bajos. Era un crooner, uno de los mejores cantantes que ha habido en el país, dice Costas. Cuando Coppini falleció de forma fulminante, estaban preparando un disco.

La reputación de drogadictos que persiguió a Siniestro nunca fue merecida, según Costas. Eran un grupo de cerveza y cigarrillos Ducados. La gente les pedía drogas porque venían de Galicia, pero eso era todo. Cuando se fue de la banda, los que ahora llamaríamos haters decían que se iba por yonqui y que se le habían caído los dientes. Lo que sí tuvo fueron problemas con el alcohol, especialmente después de quedar viudo. En la banda bebían un poco antes de tocar y mucho después. Una vez, en un concierto donde hacía mucho frío, les dieron una botella de whisky Dyc. Salieron completamente borrachos, pero la audiencia también lo estaba. Ese día decidieron dejar de beber antes de los conciertos. Con el tiempo aprendió que las resacas duran una semana y que no puedes dedicarte a la música si bebes. También tuvo que dejar de fumar por un pequeño tumor en la garganta. Llevaba cincuenta años fumando Ducados. Ahora lleva tres años sin fumar, aunque cuando alguien enciende un Ducados cerca, lo pasa mal.

Su ruptura con Siniestro fue difícil, aunque con el tiempo no se ha arrepentido. Su relación con Julián Hernández quedó congelada. Viven a distancia y desde el último concierto en 2022 no se han vuelto a ver. Costas fue llamado para esos dos conciertos de despedida en Madrid porque la gente recuerda mucho la etapa en la que estuvo, y suponían que podía atraer público por el morbo de verlos juntos. Él siempre pensó en volver a tocar con ellos algún día, pero cuando llegó el momento, le hizo menos ilusión de la que esperaba. Había pocos de los de antes. Era como volver a un sitio que ya no era el mismo. Hubiera preferido hacer otro repertorio y acabar en Vigo, pero todo fue cosa de Julián. Estuvieron tres meses de ensayos y recordaron muchas cosas.

Ahora Costas acaba de publicar sus memorias, tituladas ¡Esas palmas, coño!, en colaboración con Renato A. Landeira. Es un repaso lleno de humor a su vida como currante del rock and roll. Toca donde puede, donde lo quieren. No llena estadios, pero tiene público fiel. Lo que le preocupa es que hoy importa más tener cien mil seguidores en Instagram que las canciones. Es triste, dice. Sobre el futuro del rock, cree que tendrá momentos más mayoritarios y más minoritarios, pero que va a estar ahí siempre. Lo que no le gusta es el fenómeno de las bandas tributo. Entiende que los músicos tienen que ganarse la vida, y es amigo de algunas bandas tributo de Siniestro, pero hacer que vas de Héroes del Silencio o de Fito, que tiene como doscientos grupos tributo, no lo ve. Hasta le cuentan en algunas salas que hay bandas tributo que llenan más que bandas normales. La rebeldía del punk sigue viva, dice, aunque ahora todo sea Instagram.

La rebeldía sigue viva, aunque ahora todo sea Instagram
— Miguel Costas
Soy un currante del rock and roll y toco donde puedo, donde me quieren
— Miguel Costas
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Qué quedó de aquella noche en la carretera gallega cuando decidieron llamarse Siniestro Total?

Model

El nombre, principalmente. Y la idea de que podías hacer música sin pedir permiso a nadie. Éramos unos críos que se metieron en un coche destrozado y pensaron que eso sonaba bien para una banda. Eso es punk, ¿no?

Inventor

Pero ustedes empezaron tocando blues, versiones de Muddy Waters. ¿Qué pasó?

Model

Vimos a los Ramones. Eso lo cambió todo. De repente querías tocar así, rápido, sucio, sin pensar demasiado. El blues era hermoso, pero los Ramones eran urgentes.

Inventor

La gente decía que eran drogadictos.

Model

Éramos de Galicia. La gente nos pedía drogas como si fuera lo que hacíamos. Pero no. Éramos cerveza y Ducados. Lo que sí hicimos fue beber mucho, y eso es diferente. Tardé años en entender la diferencia.

Inventor

¿Duele ver a bandas tributo llenando salas?

Model

No es que duela. Es que no lo entiendo. Nosotros hacíamos versiones, claro, pero también hacíamos canciones nuestras. Ahora hay gente que se gana la vida siendo exactamente otra banda. Es como si la música fuera un museo.

Inventor

¿Se arrepiente de haberse ido cuando giraron hacia el blues?

Model

No. Aunque en ese momento lo pasé mal. Pero si me hubiera quedado, habría sido deshonesto conmigo mismo. A veces tienes que irte para saber que hiciste lo correcto.

Inventor

¿Qué le queda de ser punk?

Model

La rebeldía. Las cosas están muy mal ahora, sobre todo para los jóvenes. Eso no ha cambiado. Lo que cambió es que antes te lo decían con una botella en la cabeza, y ahora te lo dicen con un algoritmo.

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