Fintech argentinas enfrentan márgenes apretados pese a estabilidad macroeconómica

Puedo medir y puedo planificar mucho mejor que hace tres años
El director financiero de Pomelo refleja cómo la predictibilidad del gobierno actual cambió la forma en que las fintech planifican su crecimiento.

En un país que durante décadas fue sinónimo de imprevisibilidad financiera, las fintech argentinas atraviesan hoy una paradoja reveladora: la estabilidad macroeconómica que tanto anhelaban llegó, y con ella, una nueva forma de presión. Los costos operativos medidos en dólares erosionan los márgenes justo cuando los inversores internacionales vuelven a mirar al país con interés. El sector aguarda ahora decisiones fiscales que determinarán si Argentina retiene el talento y los proyectos que genera, o si la ecuación económica los empuja inevitablemente hacia afuera.

  • Los inversores internacionales, que hace apenas dos años pedían excluir a Argentina de cualquier proyección financiera, hoy participan activamente en rondas de financiamiento de empresas como Pomelo.
  • La estabilidad cambiaria y la inflación controlada, lejos de aliviar la presión, encarecen los costos operativos en dólares y comprimen los márgenes de empresas que compiten por talento especializado.
  • Las fintech buscan salida en la regionalización latinoamericana, reconociendo que el mercado argentino, aunque útil como prueba de concepto, es demasiado pequeño para sostener el crecimiento que ambicionan.
  • El sector reclama con urgencia regímenes fiscales similares al RIGI o RIMI, advirtiendo que sin incentivos claros y sostenidos, los proyectos y el talento migrarán al exterior.

Hace poco más de dos años, conseguir financiamiento internacional para una fintech argentina era casi un acto de fe. Los inversores pedían que el país fuera excluido de las proyecciones. Hoy, ejecutivos del sector reconocen que algo fundamental cambió: la estabilidad macroeconómica y la predictibilidad del gobierno actual reabrieron puertas que parecían cerradas. Tomás Gutiérrez Rojas, director financiero de Pomelo —empresa que ya levantó más de 160 millones de dólares—, lo ilustra con un ejemplo concreto: en la Serie B, los inversores no querían saber cuánto ingreso provenía de Argentina; en la Serie C, el tema directamente desapareció de las conversaciones.

Sin embargo, la estabilidad trajo consigo una paradoja incómoda. Con el dólar quieto y la inflación cediendo, los costos operativos en moneda dura se vuelven cada vez más pesados. Maxi Raimondi, de Lemon, lo dice sin rodeos: los salarios en dólares, que durante años fueron el gancho para retener talento, ahora afinan los márgenes de manera preocupante. Tobías Alejandre, de Skipit, agrega que el desafío ya no es predecir la volatilidad, sino eficientizar estructuras locales que resultaron sorprendentemente caras cuando se miden en dólares.

La respuesta que muchas empresas encontraron es la regionalización. Julián Sanclemente, de Alprestamo, lo resume con claridad: el mercado argentino es una buena prueba de concepto, pero para escalar hay que salir. Operar en varios países de Latinoamérica diluye la dependencia de una sola plaza y reduce la exposición a los vaivenes locales.

El horizonte del sector, sin embargo, depende menos de la macro y más de decisiones fiscales pendientes. El ecosistema tecnológico argentino tiene memoria: la Ley de Economía del Conocimiento demostró que cuando el Estado reduce la carga impositiva, la industria responde. Ariel Becher, de EY, lo sintetiza: si se le da al ecosistema fintech claridad y espacio para operar a largo plazo, el crecimiento llegará. La estabilidad abrió la puerta a la inversión internacional; sin reglas fiscales que la acompañen, esa puerta podría cerrarse antes de lo esperado.

Hace poco más de dos años, buscar dinero en el extranjero para una fintech argentina era casi un acto de fe. Los inversores internacionales miraban el país como un riesgo que no valía la pena explicar. Hoy, cinco ejecutivos del sector reconocen que algo fundamental cambió. No es que Argentina se haya convertido en un paraíso para el capital de riesgo, pero la estabilidad macroeconómica y la predictibilidad del gobierno actual han abierto puertas que parecían cerradas hace poco tiempo.

Tomás Gutiérrez Rojas, director financiero de Pomelo, una fintech de infraestructura que ya ha levantado más de 160 millones de dólares, lo explica con claridad. En la ronda de financiamiento Serie B, hace apenas unos años, los inversores pedían que Argentina fuera excluida de las proyecciones. No querían ni saber cuánto de los ingresos provenía del país. Para la Serie C, el tema desapareció de las conversaciones. "Se empezó a ver con muchísimo mejor ojo este gobierno", dice. "Puedo medir y puedo planificar mucho mejor que capaz hace tres años".

Esta mejora en la percepción internacional es real y tiene consecuencias concretas. Las empresas de tecnología financiera necesitaban ese voto de confianza para crecer a escala. Sin acceso a capital internacional, quedan atrapadas en un mercado local que, aunque es una buena prueba de concepto, es demasiado pequeño para sostener el crecimiento que estas empresas ambicionan. La estabilidad cambiaría y la inflación controlada crean un entorno donde los números tienen sentido, donde los inversores pueden hacer proyecciones sin que el país se desmorona a mitad de la presentación.

Pero aquí viene el problema que mantiene despiertos a estos ejecutivos. Con el dólar quieto y la inflación bajando, los costos operativos en moneda dura se vuelven cada vez más pesados. Las fintech compiten por talento, y durante años el salario en dólares fue el gancho principal para retener a los mejores ingenieros y especialistas. Maxi Raimondi, director financiero de Lemon, lo dice sin rodeos: "Tenés costos en dólares que están muy altos... y eso hace que se te afinen los márgenes". Tobías Alejandre, CEO de Skipit, agrega que el desafío ya no es predecir qué pasará mañana, sino cómo hacer más eficientes estructuras locales que se volvieron sorprendentemente caras cuando se miden en dólares.

Esta presión sobre los márgenes afecta tanto a empresas grandes como a startups que recién comienzan. No es un problema de escala, sino de estructura. Una fintech que opera desde Buenos Aires pero paga salarios en dólares enfrenta una ecuación cada vez más difícil. Julián Sanclemente, CEO de Alprestamo, señala que la solución que han encontrado muchas empresas es la regionalización. "El mercado argentino sigue siendo chico. Es una muy buena prueba... pero para escalar tenés que escalar fuera. Si estás en muchos lugares de Latinoamérica, esa preocupación baja mucho".

Los ejecutivos entienden que el futuro del sector no se juega solo en la estabilidad macroeconómica, sino en decisiones fiscales. El ecosistema tecnológico argentino tiene memoria: la Ley de Economía del Conocimiento y su predecesora, la Ley de Software, demostraron durante dos décadas que cuando el Estado reduce la carga impositiva, la industria responde. Por eso, cuando se les pregunta si el gobierno debería crear regímenes similares al RIGI o el RIMI para fintech, la respuesta es unánime: sí.

Ariel Becher, socio de EY, lo resume así: "Si a Fintech vos le das un ecosistema que pueda funcionar, que lo puedas apalancar, que tenga espacio y claridad de que va a funcionar a largo plazo, va a generar un mejor crecimiento de las empresas". Lo que está en juego es si Argentina puede retener el talento y los proyectos que genera, o si la presión de costos y la falta de incentivos fiscales claros los empuja hacia el exterior. La estabilidad macroeconómica abrió la puerta a la inversión internacional, pero sin reglas fiscales que acompañen, esa puerta podría cerrarse rápidamente.

Tenés costos en dólares que están muy altos... y eso hace que se te afinen los márgenes
— Maxi Raimondi, CFO de Lemon
Si a Fintech vos le das un ecosistema que pueda funcionar, que lo puedas apalancar, que tenga espacio y claridad de que va a funcionar a largo plazo, va a generar un mejor crecimiento de las empresas
— Ariel Becher, socio de EY
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Inventor

¿Por qué el cambio de percepción internacional es tan importante si los costos locales siguen siendo altos?

Model

Porque sin ese cambio, no hay dinero para crecer. Un inversor que no confía en Argentina no invierte, punto. Con confianza, al menos tienes la oportunidad de resolver los problemas operativos. Sin ella, no hay oportunidad.

Inventor

Pero entonces, ¿la estabilidad macroeconómica no resuelve el problema de los márgenes?

Model

No. Resuelve un problema diferente. La estabilidad te abre puertas internacionales, pero una vez adentro, tienes que competir con costos que están en dólares mientras tus ingresos están en pesos. Es un equilibrio frágil.

Inventor

¿Y la regionalización es la salida?

Model

Es una salida, pero no la única. Si operas en cinco países de Latinoamérica, el problema de Argentina se vuelve más pequeño. Pero eso requiere capital, talento, y tiempo. No todas las empresas pueden hacerlo.

Inventor

¿Qué pasaría si el gobierno crea incentivos fiscales como el RIGI?

Model

Cambiaría el juego. Los márgenes se ampliarían, el talento tendría razones para quedarse, y los proyectos no necesitarían migrar. Es lo que pasó con la Ley de Software hace veinte años.

Inventor

¿Entonces la estabilidad sin incentivos fiscales es insuficiente?

Model

Exactamente. La estabilidad es necesaria pero no suficiente. Es como tener un buen clima para sembrar, pero sin agua. Necesitas ambas cosas.

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