Menopausia masculina: cómo el estilo de vida influye en los niveles de testosterona

Un descenso lento que muchos hombres atribuyen simplemente a envejecer
Explica por qué la andropausia masculina permanece sin diagnosticar en la mayoría de los casos.

A medida que los hombres envejecen, su cuerpo atraviesa una transformación hormonal silenciosa que la medicina ha tardado en reconocer con el peso que merece. La testosterona, eje de gran parte de la vitalidad masculina, desciende gradualmente desde los treinta años, afectando el deseo, el ánimo, la energía y la composición física de millones de hombres que rara vez reciben diagnóstico ni tratamiento. En un momento en que la ciencia ofrece múltiples caminos —desde terapias hormonales hasta cambios de estilo de vida— la mayor barrera sigue siendo el silencio: el de los hombres que no preguntan y el de los sistemas de salud que no insisten.

  • El descenso de testosterona afecta a 2 de cada 10 hombres mayores de 60 años, y la cifra sube a 3 de cada 10 entre los 70 y 80, pero apenas el 5% de quienes la padecen reciben tratamiento.
  • Los síntomas —fatiga persistente, pérdida de deseo sexual, cambios de humor y disfunción eréctil— erosionan la calidad de vida de forma profunda, aunque muchos hombres los aceptan como inevitables del envejecimiento.
  • La terapia de reemplazo de testosterona existe en múltiples formas —geles, inyecciones, parches, gránulos e incluso pastillas orales— pero su uso requiere supervisión médica estricta por sus posibles efectos secundarios.
  • El estilo de vida emerge como un aliado poderoso: perder peso, hacer ejercicio regular y dormir bien pueden elevar los niveles hormonales sin necesidad de intervención farmacológica.
  • El primer paso sigue siendo el más esquivo: hacerse una prueba de testosterona, un examen que ni los médicos ofrecen de rutina ni los hombres suelen pedir.

Los hombres envejecen de una manera que la medicina ha tardado en nombrar. A diferencia de la menopausia femenina —un evento marcado y reconocible—, la andropausia es un descenso silencioso: la testosterona comienza a caer alrededor de los treinta años, aproximadamente un uno por ciento por año, y a los setenta algunos hombres han perdido hasta la mitad de sus niveles juveniles. Muchos no lo notan hasta que sus cuerpos empiezan a fallarles de formas que ya no pueden ignorar.

La Asociación Estadounidense de Urología estima que dos de cada diez hombres mayores de sesenta años tienen niveles bajos de testosterona, proporción que crece a tres de cada diez entre los setenta y ochenta años. Los síntomas —fatiga, pérdida de deseo sexual, cambios de humor, disfunción eréctil y alteraciones en la composición física— no son simples inconvenientes del paso del tiempo, sino cambios que afectan profundamente la calidad de vida. Sin embargo, un estudio de 2018 reveló que apenas el cinco por ciento de quienes los padecen reciben tratamiento, en gran parte porque nunca se hacen la prueba.

Para quienes buscan intervención médica, la terapia de reemplazo de testosterona ofrece varias formas: geles de aplicación cutánea, inyecciones, parches, gránulos implantados bajo la piel y, más recientemente, medicamentos orales. Cada opción tiene sus ventajas y sus riesgos —acné, apnea del sueño, coágulos o mayor riesgo cardíaco—, por lo que cualquier tratamiento exige supervisión médica. Los hombres con antecedentes de cáncer de próstata o mama generalmente no son candidatos.

Pero la hormona no lo es todo. La obesidad deprime los niveles de testosterona, y perder peso puede elevarlos. El ejercicio regular, una dieta equilibrada y el sueño reparador no solo benefician la salud general: también sostienen la producción hormonal. Para muchos hombres, el cambio comienza ahí, en las decisiones cotidianas, antes de llegar a la consulta médica.

El verdadero primer paso, sin embargo, sigue siendo el más esquivo: pedir una prueba de testosterona. No es un examen que los médicos ofrezcan de rutina, ni que los hombres suelan solicitar. Conocer los propios números es la única forma de decidir si el camino pasa por el estilo de vida, por el tratamiento médico, o por ambos a la vez.

Los hombres envejecen de una manera que la medicina ha tardado en nombrar adecuadamente. Mientras que las mujeres atraviesan la menopausia como un evento claramente marcado, los hombres experimentan algo más silencioso pero igualmente real: un descenso gradual de testosterona que comienza alrededor de los treinta años y puede transformar profundamente cómo se sienten en sus propios cuerpos.

La testosterona es la hormona que define gran parte de la experiencia física masculina. Durante la pubertad y hasta los treinta años, los niveles suben y se estabilizan en su punto máximo. Pero después de esa década, algo cambia. Cada año que pasa, la producción disminuye aproximadamente un uno por ciento. A los setenta años, algunos hombres han perdido hasta la mitad de los niveles que tenían en su juventud. Esta no es una caída abrupta como la que experimentan las mujeres en la menopausia, sino un descenso constante que muchos hombres ni siquiera notan hasta que sus cuerpos empiezan a fallarles de formas que no pueden ignorar.

La realidad de esta "menopausia masculina" o andropausia es más común de lo que muchos creen. Según la Asociación Estadounidense de Urología, aproximadamente dos de cada diez hombres mayores de sesenta años tienen niveles bajos de testosterona. Ese número sube a tres de cada diez entre los setenta y ochenta años. Los síntomas son variados y perturbadores: disminución del deseo sexual, fatiga persistente, cambios de humor, disfunción eréctil, y cambios en la composición física que ningún ejercicio parece revertir. Estos no son simplemente inconvenientes de la edad. Son cambios que afectan la calidad de vida de manera profunda.

Lo sorprendente es que muy pocos hombres reciben tratamiento. Un estudio de 2018 de los New England Research Institutes encontró que solo alrededor del cinco por ciento de los hombres con niveles bajos de testosterona están siendo tratados. La razón principal es simple: la mayoría de los hombres nunca se hacen pruebas. Sin un diagnóstico, no hay tratamiento. Sin tratamiento, los síntomas persisten. Es un ciclo de negligencia que comienza con la falta de conciencia y termina con hombres que simplemente aceptan que envejecer significa sentirse mal.

Para quienes buscan intervención médica, existen opciones. La terapia de reemplazo de testosterona, o TRT, viene en varias formas. Los geles y cremas se aplican directamente sobre la piel y mantienen niveles hormonales estables, aunque requieren cuidado para evitar transferir la hormona a otras personas. Las inyecciones funcionan bien pero pueden causar fluctuaciones en los niveles. Los parches ofrecen una dosis diaria constante. Los gránulos implantados bajo la piel liberan dosis consistentes durante meses. Recientemente, han llegado al mercado medicamentos orales como una opción adicional. Cada método tiene ventajas y desventajas, y la elección correcta depende de las preferencias individuales, el historial médico y el estilo de vida de cada hombre. Lo crucial es que cualquier tratamiento debe supervisarse médicamente, ya que los efectos secundarios pueden incluir acné, apnea del sueño, coágulos sanguíneos e incluso un mayor riesgo de enfermedad cardíaca. Los hombres con antecedentes de cáncer de próstata o mama generalmente no son candidatos para la TRT.

Pero la hormona no es toda la historia. El estilo de vida juega un papel que muchos hombres subestiman. La obesidad está directamente vinculada a niveles más bajos de testosterona. Una revisión de 2015 mostró que los hombres con sobrepeso tienen más probabilidades de sufrir deficiencia de testosterona, pero también que perder peso puede aumentar los niveles. El ejercicio regular, una dieta equilibrada y el sueño adecuado no son solo buenos para la salud general; estos hábitos también ayudan a mantener la testosterona en rangos saludables. Para muchos hombres, el cambio comienza aquí, no en la consulta del médico, sino en decisiones cotidianas sobre cómo tratan sus cuerpos.

El nuevo año es un momento tradicional para los propósitos de salud, pero para los hombres mayores de cuarenta años que notan falta de energía o disminución del deseo sexual, podría ser el momento de hacer algo más específico: hacerse una prueba de testosterona. No es un examen que muchos médicos ofrecen de rutina, y muchos hombres nunca lo piden. Pero conocer los números es el primer paso para decidir si el cambio debe venir del estilo de vida, del tratamiento médico, o de ambos.

La obesidad está directamente vinculada a niveles más bajos de testosterona, pero la pérdida de peso puede aumentar los niveles
— Investigación de 2015 citada en el artículo
El ejercicio regular, una dieta equilibrada y el sueño adecuado ayudan a mantener la testosterona en rangos saludables
— Recomendaciones médicas presentadas en el artículo
The Hearth Conversation Another angle on the story
Inventor

¿Por qué los hombres hablan tan poco de esto si afecta a tantos?

Model

Porque no tiene un nombre que la gente reconozca. La menopausia femenina es un evento, un punto de referencia. Esto es un descenso lento que muchos hombres atribuyen simplemente a envejecer, no a una condición médica real.

Inventor

¿Entonces es solo que los hombres no se dan cuenta de que algo está pasando?

Model

Parcialmente. Pero también hay una brecha de diagnóstico enorme. Solo el cinco por ciento de los hombres con niveles bajos reciben tratamiento, principalmente porque nunca se hacen la prueba. Es fácil no buscar lo que no sabes que existe.

Inventor

¿Y si un hombre simplemente empieza a hacer ejercicio y pierde peso? ¿Eso es suficiente?

Model

Para algunos, sí. La investigación muestra que la pérdida de peso puede aumentar los niveles de testosterona. Pero no es garantizado, y depende de cuán bajo hayan caído los niveles. Es por eso que el primer paso es saber dónde estás.

Inventor

¿Cuál es el riesgo real de la terapia de reemplazo?

Model

Los efectos secundarios existen: acné, apnea del sueño, coágulos sanguíneos, riesgo cardíaco. No es trivial. Por eso la supervisión médica es crucial. No es algo que un hombre pueda hacer solo.

Inventor

Entonces, ¿cuál es el mensaje para alguien que está empezando a sentir estos síntomas?

Model

Primero, no estás solo. Segundo, no es normal simplemente aceptarlo. Tercero, hay opciones, pero necesitas información. Una prueba de sangre es el punto de partida.

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