Masih Alinejad, el símbolo del viento en el pelo contra la dictadura iraní

Mujeres iraníes enfrentan detenciones, represión policial y consecuencias potencialmente letales por participar en protestas contra el hijab obligatorio; Alinejad ha sobrevivido múltiples intentos de asesinato.
El velo es una pared, la primera que hay que derribar
Masih Alinejad explica por qué el hijab obligatorio es la raíz de la opresión en Irán.

Desde el exilio en Estados Unidos, la periodista y activista iraní Masih Alinejad ha convertido su cabello rizado —símbolo de libertad arrebatada a los siete años por ley— en estandarte de un movimiento que desafía décadas de teocracia. A través de campañas de desobediencia civil digital y callejera, ha movilizado a mujeres iraníes de todas las edades para reclamar el derecho más íntimo: decidir cómo presentarse al mundo. Su historia es la de una resistencia que nació en una aldea del norte de Irán y hoy resuena en los parlamentos de Occidente y en las calles de un país que comienza a agrietarse.

  • Cada mujer iraní que se quita el velo en público arriesga su libertad y, en algunos casos, su vida ante una policía moral que actúa con impunidad.
  • Alinejad ha sobrevivido múltiples intentos de asesinato ordenados por el régimen, lo que convierte su activismo en un acto cotidiano de valentía extrema.
  • Su discurso ante el Parlamento Europeo en 2016 rompió el silencio cómplice de Occidente, acusando a líderes feministas y diplomáticas de normalizar la opresión cuando visitan Irán cubiertas con el hijab.
  • Las campañas 'Libertad Sigilosa' y 'Miércoles Blancos' transformaron las redes sociales en un archivo vivo de resistencia, donde cada imagen sin velo es a la vez testimonio y acto político.
  • Las revueltas actuales en Irán sugieren que la acumulación de esas grietas individuales está alcanzando una masa crítica que el régimen ya no puede ignorar.

El cabello rizado de Masih Alinejad, coronado casi siempre por una margarita, es mucho más que un rasgo físico: es una declaración. Nacida en una aldea del norte de Irán en el seno de una familia tradicional, vio sus rizos sometidos al velo a los siete años, como exige la ley desde la revolución. No tardó en rebelarse. A los dieciocho fue detenida por primera vez por distribuir panfletos contra el gobierno, y desde entonces su vida ha sido una confrontación sostenida con la dictadura teocrática.

Tras años de periodismo de investigación que expuso corrupciones del régimen, el peligro la obligó a exiliarse en Estados Unidos en 2009. Lejos de resignarse, intensificó su lucha. En 2014 lanzó 'Libertad Sigilosa', campaña en la que mujeres iraníes compartían en redes imágenes de sí mismas sin velo. Después llegaron los 'Miércoles Blancos': mujeres de todas las edades salían a la calle vestidas de blanco y se quitaban el velo en público, sosteniéndolo en la mano como un trofeo. Los vídeos mostraban también lo que venía después: detenciones y arrastres por parte de la policía moral.

En septiembre de 2016, Alinejad compareció ante el Parlamento Europeo y llamó hipócritas a las políticas europeas que proclaman el feminismo pero guardan silencio ante el hijab obligatorio, e incluso lo visten cuando visitan Irán en misiones oficiales. 'No poder decidir qué te pones por la mañana es fundamental', dijo quien ya entonces había sobrevivido varios intentos de asesinato. 'El velo es una pared, la primera que hay que derribar.'

Casi una década después, las revueltas en Irán parecen confirmar que esa pared acumula grietas. Cada mujer anónima que siguió su ejemplo contribuyó a ellas. Su libro de memorias se llama 'El viento en el pelo': pocas imágenes resumen mejor lo que millones de iraníes todavía esperan conquistar.

El cabello de Masih Alinejad es lo primero que ves. Rizado, rebelde, crece en todas direcciones a la vez, formando una aureola alrededor de su rostro que casi siempre adorna con una flor sencilla, casi siempre una margarita que parece sostenerse entre los bucles como si desafiara la gravedad. Ese pelo indomable y esa flor son el reflejo exacto de quién es ella: una mujer delgada, menuda, carismática, cuya belleza brota del movimiento, de una sonrisa, de la fuerza de su mirada. Masih Alinejad es magnética. Quien la conoce no puede olvidarla.

Tiene menos de cincuenta años, aunque su trayectoria sugeriría lo contrario. Nació en una aldea del norte de Irán en una familia tradicional, criada entre mujeres veladas. A los siete años, como exige la ley en el Irán revolucionario, sus rizos fueron sometidos a la fuerza, encarcelados bajo tela como los de todas las mujeres iraníes. Pero Masih se rebeló pronto. En 1994, a los dieciocho años, fue detenida por primera vez por distribuir panfletos contra el gobierno. Fue el comienzo de su oposición frontal a la dictadura teocrática. Lo que define su figura, sin embargo, es una valentía que estremece.

Trabajó como periodista de investigación, sacando a la luz corrupciones del régimen, pero en 2009 la situación se volvió demasiado peligrosa. Se exilió en Estados Unidos. Lejos de acomodarse en una vida segura, redobló su lucha. En 2014 creó la campaña Libertad Sigilosa, a través de la cual mujeres iraníes compartían en redes sociales imágenes de sí mismas sin velo. Pronto Twitter se llenó de melenas de mujeres iraníes de espaldas, actos de libertad que para muchas tuvieron consecuencias letales.

Después vino otra campaña: los Miércoles Blancos, en los que se invitaba a las mujeres a salir a la calle vestidas de blanco y quitarse el velo en público sosteniéndolo con una mano. Los vídeos que circulaban mostraban mujeres de todas las edades, desde jovencitas hasta señoras mayores con bastón, arrancándose en plena calle la cárcel móvil bajo la que viven obligadas, mostrando su dignidad al mundo. En muchos de esos vídeos se veía también lo que sucedía después: cómo eran detenidas y arrastradas por la policía moral en el mismo momento de la protesta.

El 6 de septiembre de 2016, Masih Alinejad compareció ante el Parlamento Europeo. Sin flor en el pelo esa vez, con los rizos algo más domados de lo habitual, obligó a las políticas europeas a mirarle a los ojos. Les llamó hipócritas. Les dijo que se llenaban la boca de feminismo pero guardaban silencio sumiso frente a la política del hijab obligatorio. Les recriminó que cuando visitaban Irán en misiones oficiales aceptaran vestir el hijab que somete a las iraníes. Algunos dirán que es un asunto menor, dijo con la convicción de quien ha sobrevivido varios intentos de asesinato, pero no lo es. No poder decidir qué vistes por la mañana, cómo te presentas al mundo, es fundamental. El velo es una pared, la primera que hay que derribar para recuperar la libertad de todos.

Han pasado casi diez años de ese discurso. Cada mujer anónima que se quitó el velo en las calles de cada ciudad y pueblo de Irán, siguiendo su ejemplo, contribuyó a las primeras grietas en la pared. Hoy, cuando las revueltas en la nación parecen augurar una nueva era de libertad, es justo recordar a la mujer que con enorme coste personal ha liderado el movimiento feminista del país. Su libro de memorias se titula El viento en el pelo. Pocas cabelleras necesitan más ese movimiento que la suya. Muchas como la de Masih siguen viviendo ahogadas bajo los velos obligatorios impuestos por una dictadura que tiene que desaparecer.

El velo es una pared, la primera que hay que derribar para recuperar la libertad de todos
— Masih Alinejad, en su discurso ante el Parlamento Europeo
Algunos dirán que es un asunto menor poder decidir qué vistes por la mañana, cómo te presentas al mundo, pero no es un asunto menor
— Masih Alinejad
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué el cabello se convierte en símbolo político en Irán?

Model

Porque en una dictadura teocrática, el control sobre el cuerpo de las mujeres es control sobre la libertad misma. El velo no es una prenda, es una herramienta de sometimiento. Quitárselo es un acto de desobediencia radical.

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¿Qué hace que Masih Alinejad sea diferente de otros activistas?

Model

No solo critica desde el exilio. Crea campañas que permiten a mujeres dentro de Irán documentar su propia resistencia. Convierte a cada mujer que se quita el velo en una activista, en una voz.

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¿Por qué el silencio occidental es tan importante en su discurso?

Model

Porque occidente predica feminismo pero se calla cuando visita Irán. Se pone el hijab en misiones oficiales. Eso es complicidad disfrazada de diplomacia.

Inventor

¿Cuál es el riesgo real para las mujeres que participan?

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Detención, represión policial, y en algunos casos, consecuencias letales. No es una protesta abstracta. Es arriesgar la vida por poder decidir cómo te presentas al mundo.

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¿Cree que estas grietas en el sistema llevarán a cambio real?

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Las revueltas actuales en Irán sugieren que sí. Pero eso depende de si el mundo occidental deja de mirar hacia otro lado.

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