Es el fin de la hegemonía y la bienvenida a la fragmentación
Después de veinte años de dominio casi ininterrumpido, el Movimiento Al Socialismo de Bolivia recibió el domingo un veredicto electoral que lo reduce a la marginalidad: apenas el 3,1% de los votos y, según las proyecciones, ningún senador en la Cámara Alta. Lo que comenzó como una fractura interna entre Arce y Morales, agravada por una crisis económica que tocó la vida cotidiana de millones, terminó por desmoronar una hegemonía que parecía estructural. Bolivia no elige solo un nuevo gobierno; ensaya, por primera vez en dos décadas, la difícil gramática del poder compartido.
- El MAS, que llegó a controlar 26 de 36 senadores y 88 de 130 diputados, se desploma a un solo legislador en toda la Asamblea, su peor resultado desde que llegó al poder en 2005.
- La guerra interna entre Luis Arce y Evo Morales partió al partido en dos, privándolo de la unidad que durante veinte años fue su principal arma electoral.
- La escasez de dólares, el desabasto de combustible y el encarecimiento del costo de vida convirtieron la crisis económica en el golpe final que alejó a los votantes históricos del masismo.
- La oposición, fragmentada en varias fuerzas, llenará el vacío: el PDC proyecta 15 senadores, Libre 12, y Bolivia se prepara para su primer balotaje presidencial el 19 de octubre.
- Sin mayorías claras en ninguna cámara, el país entra en un escenario de fragmentación parlamentaria donde gobernar exigirá pactos y acuerdos que Bolivia no ha practicado en dos décadas.
El domingo, Bolivia votó y cambió de rumbo. El Movimiento Al Socialismo obtuvo apenas el 3,1% de los votos presidenciales, un resultado que, según las proyecciones basadas en el sistema D'Hondt, lo dejaría sin ningún senador y con un solo diputado. El contraste con su pico histórico es casi inverosímil: en su mejor momento, el MAS alcanzó el 64,2% de los votos y controló 26 de 36 senadores; incluso en 2020, con Luis Arce en la presidencia, mantenía 96 representantes entre ambas cámaras. La caída es casi vertical.
La implosión no fue accidental. Durante dos décadas, la izquierda boliviana se presentó unida y ganó con resultados históricos. Pero la disputa entre Arce y Morales por el control del partido fracturó esa cohesión de manera irreparable. A eso se sumó una crisis económica profunda: caída de la renta petrolera, agotamiento de reservas, escasez de dólares y periodos de desabasto de combustible que golpearon directamente el bolsillo de los bolivianos. Fue, como lo describe la analista Ana Velasco, la gota que rebalsó el vaso.
El espacio que deja el MAS lo ocupará una oposición fragmentada pero unida en su rechazo al masismo. El senador Rodrigo Paz, del PDC, ganó con el 32,1%, seguido por el ex presidente Jorge Tuto Quiroga, de Libre, con el 26,8%. Ambos disputarán el primer balotaje de la historia electoral boliviana el 19 de octubre. Las proyecciones otorgan al PDC 15 senadores y a Libre 12, mientras que el MAS no tendría presencia en la Cámara Alta.
Lo que viene es inédito. El analista Carlos Saavedra lo resume con precisión: es el fin de la hegemonía y la bienvenida a la fragmentación. Sin mayorías parlamentarias claras, Bolivia tendrá que reaprender la política de acuerdos y consensos. El país entra en un territorio que no ha pisado en veinte años: un Congreso donde nadie manda solo.
El domingo pasado, Bolivia votó y cambió de rumbo. El Movimiento Al Socialismo, el partido que ha gobernado el país durante dos décadas, obtuvo apenas el 3,1% de los votos presidenciales. Su candidato, Eduardo del Castillo, se salvó por décimas de perder la inscripción legal, pero el resultado marca el fin de una era política.
Los números son contundentes. Según las proyecciones basadas en el sistema de asignación de escaños D'Hondt, el MAS no tendría ni un solo senador en la Cámara Alta. En la Cámara de Diputados, conseguiría apenas un legislador. Hace dieciséis años, cuando el MAS alcanzó su pico electoral con el 64,2% de los votos, obtuvo 26 de 36 senadores y 88 de 130 diputados. Incluso en la última gestión, cuando Luis Arce ganó la presidencia con el 55%, el partido mantenía 96 representantes entre ambas cámaras. Ahora, la caída es casi vertical.
La oposición, fragmentada pero unida en su rechazo al masismo, ocupará el espacio que dejó el partido gobernante. El senador Rodrigo Paz, del Partido Demócrata Cristiano, ganó la contienda con el 32,1% de los votos. El ex presidente Jorge Tuto Quiroga, de Libre, lo sigue con el 26,8%. Ambos irán a un balotaje presidencial el 19 de octubre, el primero en la historia electoral boliviana. Según las proyecciones, el PDC tendría 15 senadores, Libre alcanzaría 12, la alianza Unidad tendría 8 y Súmate conseguiría 1. El MAS y Alianza Popular, el frente con el que un antiguo cercano a Evo Morales disputó la presidencia, no tendrían presencia en el Senado.
La implosión de la izquierda no fue accidental. Durante veinte años, desde 2005, la izquierda se presentó unida a las elecciones y ganó con resultados históricos. Pero la reciente disputa entre los liderazgos de Arce y Morales por el control del partido y la dirección del gobierno fracturó esa unidad. A eso se sumó una crisis económica profunda: la caída de la renta petrolera, el agotamiento de las reservas internacionales, la escasez de dólares, el encarecimiento del costo de vida y los periodos de falta de combustible. Fue, como dice la analista Ana Velasco, la gota que rebalsó el vaso después de casi dos décadas ininterrumpidas de gestión.
Lo que viene es distinto. El analista Carlos Saavedra lo resume así: es el fin de la hegemonía y la bienvenida a la fragmentación. Sin mayorías parlamentarias claras, Bolivia tendrá que aprender de nuevo a hacer política de acuerdos, de pactos, de construcción de consensos. Velasco advierte que eso dependerá de la voluntad política de los actores. El país entra en un territorio que no ha pisado en dos décadas: un Congreso donde nadie manda solo.
Citações Notáveis
Es el fin de la hegemonía y la bienvenida a la fragmentación— Carlos Saavedra, analista político
La gota que rebalsó el vaso ha sido la crisis económica— Ana Velasco, analista política
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Cómo se llega a perder todo un Senado después de veinte años de control total?
No es de la noche a la mañana. Es acumulación. Veinte años de gobierno generan agotamiento, descontento. La gente se cansa. Pero lo que rompió todo fue la crisis económica real: sin dólares, sin combustible, sin futuro visible.
¿Y la división interna del MAS? ¿Eso fue tan importante como la economía?
Fue el catalizador. Arce y Morales peleando por el partido, por el poder, por la dirección. Eso destruyó la unidad que los había mantenido ganando. La izquierda se presentó dividida por primera vez en veinte años.
Entonces, ¿qué significa que no tengan ni un senador?
Significa que el país entra en un escenario completamente nuevo. Sin mayorías claras, sin un partido que pueda gobernar solo. Tienes que negociar, hacer pactos, construir consensos.
¿Es eso malo o bueno?
Depende. Algunos analistas lo ven como saludable: obliga a reconocer la pluralidad, a escuchar. Otros lo ven como caos. Probablemente sea ambas cosas.
¿Y el balotaje en octubre? ¿Eso es normal en Bolivia?
No. Es la primera segunda vuelta presidencial en la historia del país. Paz y Quiroga, ambos de oposición, van a decidir quién gobierna. El MAS quedó fuera de esa conversación.