Más de 25 millones de peruanos votan hoy en elecciones generales 2021

Uno de cada cinco votantes enfrenta el riesgo sanitario más alto
El 18,3% del electorado peruano tiene sesenta años o más, grupo vulnerable al COVID-19 durante la jornada electoral.

Este domingo 11 de abril de 2021, más de veinticinco millones de peruanos fueron convocados a las urnas para renovar el Congreso y elegir presidente, en una jornada que la pandemia transformó en un ejercicio de equilibrio entre el deber cívico y la fragilidad humana. El padrón electoral, diverso en edad, género y geografía, reflejaba el rostro cambiante de una nación en crecimiento, aunque las restricciones sanitarias dejaron a miles de compatriotas en el exterior sin poder participar. En medio de protocolos de bioseguridad, horarios escalonados y medidas de protección para los más vulnerables, el Perú intentó sostener su democracia sin sacrificar la salud de quienes la ejercen.

  • Más de veinticinco millones de ciudadanos debían votar en plena pandemia, con uno de cada cinco electores perteneciendo al grupo de mayor riesgo frente al COVID-19.
  • Chile, Venezuela, Aruba y Paraguay quedaron excluidos del proceso, dejando a decenas de miles de peruanos en el exterior sin poder ejercer su derecho al voto.
  • Las autoridades implementaron votación escalonada por dígito de DNI, apertura anticipada de locales y prioridad horaria para adultos mayores, embarazadas y personas con discapacidad.
  • La ONPE habilitó documentos vencidos, permitió votar a jóvenes que cumplían dieciocho años ese mismo día y estableció reemplazos de mesa con personas sin factores de riesgo.
  • El ausentismo histórico entre peruanos en el exterior —cuatro de cada cinco no votaron en 2020— se profundizaba ahora con las restricciones impuestas por la crisis sanitaria global.

Más de veinticinco millones de peruanos amanecieron este 11 de abril de 2021 con la obligación cívica de votar para elegir nuevo Congreso y presidente, en unas elecciones marcadas por la sombra del COVID-19. El padrón había crecido casi diez por ciento y medio desde 2016, y su composición revelaba un país diverso: las mujeres representaban el 50,4% del electorado, los jóvenes menores de treinta años el 27,4%, y uno de cada cinco votantes tenía sesenta años o más, el grupo etario más vulnerable a la pandemia.

Geográficamente, Lima Metropolitana concentraba la mayor masa electoral, seguida por La Libertad, Piura, Arequipa, Cajamarca y Cusco. En las regiones, los contrastes eran llamativos: Huancavelica lideraba en proporción de votantes jóvenes, mientras Apurímac registraba el mayor porcentaje de mayores de setenta años y Áncash la mayor concentración de electores de más de sesenta.

Para los casi un millón de peruanos habilitados en el exterior, la jornada fue más amarga. Chile —con más de ciento diecisiete mil electores peruanos— estaba en cuarentena; Venezuela no respondió a las gestiones diplomáticas a tiempo; Aruba no podía garantizar el aforo legal; Paraguay tampoco permitió la votación. Este patrón de exclusión se sumaba al ausentismo histórico: en las elecciones de 2020, cuatro de cada cinco peruanos en el extranjero no acudieron a las urnas.

Dentro del país, las autoridades desplegaron un operativo sanitario sin precedentes. Jorge Salas, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, llamó a la participación ordenada. Los locales abrieron una hora antes de lo habitual, a las siete de la mañana, y el voto fue escalonado según el último dígito del DNI para evitar aglomeraciones. Los adultos mayores, embarazadas y personas con discapacidad tuvieron prioridad en las primeras horas. Los documentos vencidos fueron válidos, y quienes cumplían dieciocho años ese mismo domingo pudieron votar. El voto siguió siendo obligatorio, aunque con dispensas para quienes hubieran perdido su documento de identidad.

Más de veinticinco millones de peruanos se levantaron este domingo 11 de abril con una tarea cívica por delante. Las urnas estaban abiertas, los protocolos de bioseguridad en vigor, y el país se disponía a elegir nuevo congreso en medio de la pandemia. El padrón electoral había crecido casi diez por ciento y medio desde la última elección general en 2016, reflejando el aumento natural de la población habilitada para votar.

El rostro del electorado peruano es diverso pero revelador. Uno de cada cinco votantes tenía sesenta años o más, un dato que adquiría peso particular en el contexto de la crisis sanitaria, ya que este grupo etario figuraba entre los más vulnerables frente al COVID-19. Las mujeres superaban ligeramente a los hombres en el padrón: 50,4% frente a 49,6%. Los jóvenes menores de treinta años representaban más de una cuarta parte del electorado, concentrando el 27,4% del total. En Huancavelica, la proporción de votantes jóvenes alcanzaba el treinta por ciento, la más alta del país. En el extremo opuesto, Apurímac registraba el porcentaje más elevado de mayores de setenta años, con 10,5%, mientras que Áncash tenía la mayor concentración de electores mayores de sesenta años, llegando al 20,2%. La mayoría de los votantes habilitados poseía educación secundaria completa o incompleta.

Lima Metropolitana seguía siendo el corazón electoral del país, concentrando más votantes que cualquier otra circunscripción. Le seguían La Libertad, Piura, Arequipa, Cajamarca y Cusco. Esta distribución geográfica del poder electoral reflejaba las dinámicas demográficas del Perú moderno.

Pero la jornada también exponía las fracturas de la participación política peruana. Casi un millón de ciudadanos habilitados vivía fuera del país, distribuidos principalmente en el continente americano. Estados Unidos albergaba al treinta y uno por ciento de esos votantes en el exterior, seguido por España, Argentina y Chile. Sin embargo, las restricciones por pandemia dejaron a miles sin poder ejercer su derecho. Chile, con más de ciento diecisiete mil electores peruanos, había decretado cuarentena. Venezuela no respondió a tiempo a las gestiones diplomáticas. Aruba no podía garantizar el aforo legal requerido. Paraguay tampoco permitiría la votación. Esta exclusión reflejaba un patrón histórico: en las elecciones congresales extraordinarias de 2020, cuatro de cada cinco peruanos en el extranjero no acudieron a las urnas. Ahora, las circunstancias de la pandemia profundizaban ese ausentismo.

Las autoridades electorales tomaron medidas para adaptar el proceso a la crisis sanitaria. Jorge Salas, presidente del Jurado Nacional de Elecciones, hizo un llamado a la participación ordenada y al respeto de los protocolos de bioseguridad. Los adultos mayores, las mujeres embarazadas, las personas con discapacidad y quienes integraban grupos de riesgo recibieron prioridad: se les sugirió votar entre las siete y las nueve de la mañana. El voto escalonado, organizado según el último dígito del documento de identidad, buscaba evitar aglomeraciones. Los locales abrieron a las siete de la mañana, una hora más temprana que en procesos anteriores, y cerraron a las siete de la noche. Cualquiera que estuviera dentro del recinto al momento del cierre podría seguir votando.

La ONPE estableció que los miembros de mesa faltantes serían reemplazados por jóvenes y adultos sin factores de riesgo. Solo en casos excepcionales se permitiría que un elector se bajara la mascarilla brevemente para verificar su identidad. Los documentos de identidad vencidos fueron válidos hasta el treinta de junio. Los jóvenes que cumplían dieciocho años incluso ese domingo podían votar, aunque no hubieran actualizado su documento del DNI amarillo al azul. El voto seguía siendo obligatorio, con multas que variaban según el lugar de residencia, aunque quienes hubieran extraviado o sufrido robo de su documento podían tramitar dispensa a partir del lunes siguiente.

Esta elección representaba un momento de tensión entre la obligación cívica y la vulnerabilidad sanitaria, entre la participación política y la protección de la salud. Millones de peruanos acudieron a las urnas bajo estas circunstancias complejas, mientras otros, separados por fronteras y restricciones, quedaban fuera del proceso.

Este 11 de abril todos tenemos una cita con la historia del Perú
— Jorge Salas, presidente del Jurado Nacional de Elecciones
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
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¿Por qué importa tanto que uno de cada cinco votantes sea mayor de sesenta años?

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Porque en pandemia, ese grupo enfrenta riesgo real de enfermedad grave. Pero además, es un recordatorio de que el Perú envejece. Esos números no son solo estadística; son personas que decidieron salir de sus casas a votar a pesar del peligro.

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¿Y qué pasa con los peruanos que viven afuera? Parece que muchos no pueden votar.

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Exacto. Casi un millón de ciudadanos habilitados vive en el exterior, pero las restricciones por pandemia los dejaron sin voz. En Chile solo, más de ciento diecisiete mil quedaron excluidos. Es un patrón viejo que se profundiza: históricamente, la mayoría de peruanos en el extranjero no participa.

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¿Cuál es la razón del voto escalonado?

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Evitar que todos lleguen al mismo tiempo y se formen aglomeraciones. En pandemia, eso es crítico. Así que organizaron turnos por el último número del DNI, y dieron prioridad a adultos mayores, embarazadas y personas con discapacidad entre las siete y nueve de la mañana.

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¿Qué tan diferente fue este proceso respecto a elecciones anteriores?

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Bastante. Los locales abrieron una hora más temprano, cerraron dos horas más tarde. Los documentos vencidos fueron válidos. Los jóvenes de dieciocho años podían votar incluso sin haber actualizado su DNI. Todo diseñado para facilitar la participación sin comprometer la salud.

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¿Qué dice el crecimiento del padrón electoral sobre el Perú?

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Que la población habilitada para votar creció diez por ciento y medio desde 2016. Lima sigue siendo el epicentro electoral, pero hay más jóvenes que nunca. En Huancavelica, el treinta por ciento del padrón es menor de treinta años. Eso es energía política nueva, aunque también significa que el sistema debe adaptarse.

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