No somos mejores por leer, pero sí somos más cultos
Cuando una influencer madrileña desafió públicamente la idea de que leer nos hace mejores personas, abrió sin querer una pregunta que la ciencia lleva décadas intentando responder con rigor y humildad. Los estudios más recientes confirman que la lectura ha caído de forma alarmante en Occidente y que sus beneficios para la salud mental son reales, pero la promesa de que los libros nos vuelven más empáticos o moralmente superiores no encuentra respaldo empírico sólido. Lo que sí parece cierto es que leer nos hace más cultos y más sanos, y que en un mundo saturado de pantallas, eso ya es mucho.
- Un vídeo viral de María Pombo retando la supuesta superioridad moral del lector desató un debate que cruzó redes sociales y medios de comunicación en España.
- La lectura se ha desplomado un 40% en Estados Unidos en veinte años, y en España los datos de comprensión lectora universitaria han caído más de diez puntos desde 2012, revelando una crisis silenciosa.
- Los españoles tendemos a sobrestimar cuánto leemos: si el 65% leyera de verdad de forma asidua, los resultados en pruebas internacionales como PIAAC no serían tan mediocres.
- La ciencia confirma que leer reduce la ansiedad, mejora el sueño y activa el cerebro de formas que el scroll en redes sociales no logra, aunque no prueba que nos vuelva más empáticos.
- El debate aterriza en una conclusión incómoda pero honesta: leer no nos hace mejores personas, pero sí más cultas y más sanas mentalmente.
A principios de septiembre, la influencer María Pombo encendió un debate al presumir de una biblioteca hermosa pero vacía y cuestionar que quienes leen sean mejores personas. Sus palabras tocaron un nervio colectivo y plantearon una pregunta más profunda: ¿por qué tratamos la lectura como un marcador de valor humano?
La ciencia ofrece respuestas parciales. Un estudio en iScience revela que la lectura cayó un 40% en Estados Unidos en dos décadas, una caída que los investigadores calificaron de sorprendente. La profesora Jill Sonke apunta al móvil y a la presión económica como causas principales. En España, aunque el 35% dice leer a diario, el neurocientífico Michel Desmurget advierte que la gente tiende a mentir cuando se le pregunta por sus hábitos lectores. Los datos del informe PIAAC lo confirman: la comprensión lectora de los universitarios españoles cayó de 282 a 271,9 puntos entre 2012 y 2023, dejándonos por debajo de estudiantes de bachillerato en países nórdicos.
El filólogo Massimo Salgaro recuerda que el pánico moral ante los nuevos medios no es nuevo: Platón condenó la escritura, el siglo XIX temía que las novelas distrajesen a las mujeres, y los años cincuenta vieron una cruzada contra los cómics. Hoy la lectura ha pasado de ser la amenaza a ser el valor amenazado. Lo que sí está respaldado por la evidencia es que leer mejora el estado de ánimo, reduce la ansiedad y mejora la calidad del sueño. Cuando leemos, el cerebro activa áreas de visión, comprensión y simulación sensorial; como decía Umberto Eco, los textos literarios son mecanismos perezosos que exigen la participación activa del lector.
Sin embargo, la pregunta sobre si la lectura nos hace más empáticos no tiene respuesta clara. El metaanálisis más completo publicado el año pasado no encontró evidencia concluyente. Hay personas muy leídas y muy egoístas, igual que hay personas empáticas que nunca han abierto un libro. Lo que sí está fuera de duda es que leer enriquece el lenguaje y permite construir pensamientos más complejos. Así que Pombo tenía razón en algo: no somos mejores por leer. Pero la ciencia sugiere que sí somos más cultos y más sanos mentalmente, y quizá eso sea suficiente.
A principios de septiembre, la influencer madrileña María Pombo encendió un debate que atravesó redes sociales, grupos de WhatsApp y redacciones de medios de comunicación. En un vídeo, se jactaba de poseer una biblioteca hermosa pero vacía, y lanzaba una provocación directa: hay que dejar de asumir que quienes leen son mejores personas. Sus palabras tocaron un nervio. No solo cuestionaban una supuesta superioridad moral del lector, sino que planteaban una pregunta más incómoda: ¿por qué hablamos tanto de lectura como si fuera un marcador de valor humano?
La ciencia ofrece respuestas parciales, y algunas sorprenden. Un estudio publicado hace poco en la revista iScience revela que la lectura se ha desplomado un 40% en Estados Unidos durante los últimos veinte años, una caída que supera el 3% anual y que los investigadores calificaron de "sorprendente". Jill Sonke, coautora del análisis y profesora de Política Cultural en Stanford, sugiere que el móvil y la presión económica —que obliga a dedicar más tiempo al trabajo— han desplazado el tiempo que antes dedicábamos a libros, revistas y periódicos. El dato es preocupante porque leer, según Sonke, puede mejorar la salud y el bienestar de formas que desplazarse entre aplicaciones no logra.
Pero aquí viene lo complicado: los números estadounidenses no son directamente extrapolables a otros países. En España, una encuesta de 40dB realizada el año pasado para EL PAÍS indicaba que el 35% de la población lee todos los días, más del doble que el magro 16% que arroja el estudio estadounidense. La diferencia es notable, aunque hay un problema metodológico que Sonke subraya: cuando se pregunta directamente a la gente si lee, tiende a mentir. Todos leemos más en nuestra cabeza que en la realidad. El análisis de Sonke evitó este sesgo utilizando datos de la Encuesta Americana sobre el Uso del Tiempo, que durante veinte años pidió a 236.000 estadounidenses que describieran en detalle cómo habían invertido su tiempo el día anterior. Michel Desmurget, neurocientífico del MIT, ha ido más allá: compara los porcentajes de lectores asiduos con los resultados de comprensión lectora en pruebas como PISA y PIAAC. Su conclusión es dura: en España no somos grandes lectores, sino grandes farsantes. Si realmente el 64% o 65% de la población leyera asiduamente, no tendríamos un 75% de lectores con un nivel apenas superior al básico. Los datos del último informe PIAAC, presentado a finales de 2024, muestran que la comprensión lectora de los universitarios españoles se ha hundido en la última década: de 282 puntos en 2012 a 271,9 en 2023, una caída de más de diez puntos que nos deja por debajo de estudiantes de bachillerato en Finlandia, Suecia u Holanda.
Massimo Salgaro, filólogo germano que ha estudiado durante años los efectos cognitivos y emocionales de la lectura literaria, advierte contra lo que llama un pánico moral recurrente. Platón condenó la escritura; en el siglo XIX existía el temor a que las novelas distrajesen a las mujeres de sus tareas domésticas; en los años cincuenta, Estados Unidos desató una cruzada contra los cómics. Hoy la lectura ha pasado de ser la amenaza a ser el valor que hay que preservar frente a internet. Pero Salgaro es honesto: faltan datos fiables y comparables en la investigación sobre lectura, en parte porque la ciencia y la sociedad no se interesaron en esta actividad hasta hace poco.
Lo que sí está claro es que leer tiene efectos positivos en la salud mental. Una revisión de cinco estudios publicada en 2023 en PLOS One concluyó que la ficción puede influir positivamente en el estado de ánimo y el bienestar, especialmente cuando va acompañada de reflexión y discusión. Un año después, otro estudio en la misma revista constató que la lectura redujo la ansiedad, mejoró la calidad del sueño y la satisfacción vital en un grupo de 2.800 estudiantes. El efecto más beneficioso podría ser simplemente elegir leer en lugar de pasar la tarde en redes sociales, que han demostrado tener efectos perjudiciales robustos en la salud mental. Cuando leemos, el cerebro activa áreas relacionadas con la visión, la comprensión semántica y la simulación sensorial. Según Umberto Eco, los textos literarios son mecanismos perezosos que requieren la participación activa del lector. Cada lector llena los espacios en blanco con su imaginación, dando vida a los personajes de una manera única según sus propias experiencias. Por eso leer Cumbres Borrascosas es completamente diferente a ver su adaptación cinematográfica: no es que la película sea peor que el libro, sino que es peor que nuestra interpretación personal del libro.
La pregunta sobre si la lectura nos hace más empáticos es más complicada. Aunque un buen libro nos pone en la piel de un personaje cuyos pensamientos más íntimos conocemos, el metaanálisis más completo sobre esta materia, publicado el año pasado, no llegó a conclusiones claras. Las pruebas no justifican la intuición convincente de que los ejercicios imaginativos y creativos del lenguaje nos convierten en agentes morales más sensibles. No todos los libros tienen el mismo efecto: no es lo mismo leer Madame Bovary que una revista de coches, ni pasar la tarde con El diario de Ana Frank que con el Mein Kampf. La realidad es que hay gente muy leída y muy egoísta, igual que hay gente empática que nunca ha cogido un libro.
Lo que sí está fuera de duda es que leer nos hace más cultos. Distintos estudios de contenido han demostrado que hay más riqueza lingüística en un libro ilustrado para niños que en todos los corpus orales corrientes: conversaciones entre adultos, películas, programas de televisión. La exposición a la palabra escrita es la única manera de desarrollar un lenguaje avanzado, básico para construir pensamientos complejos. Los escritores utilizan lo que Salgaro llama primer plano: desviaciones del lenguaje estándar, figuras retóricas, estructuras poéticas que hacen que las palabras sean nuevas e interesantes. Para un lector experimentado, esta complejidad es un valor añadido; para uno menos experimentado, puede ser un obstáculo. Así que María Pombo tenía razón en una cosa: no somos mejores por leer. Pero la ciencia sugiere que sí somos más cultos, más sanos mentalmente, y que eso, quizá, sea suficiente.
Citas Notables
Leer puede mejorar la salud y el bienestar, algo que difícilmente se puede conseguir pasando la tarde en la oficina o desplazándose por TikTok— Jill Sonke, coautora del estudio de Stanford
Si se tuviese un 64% o 65% de lectores asiduos, no tendríamos un 75% de lectores con un nivel poco más que básico— Michel Desmurget, neurocientífico del MIT
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué la gente miente tanto sobre cuánto lee?
Porque leer tiene caché cultural. Todos queremos ser la persona que lee, aunque en realidad pasemos la tarde en el móvil. Es más fácil decir que leemos que admitir que no lo hacemos.
Pero si la lectura ha caído un 40%, ¿no debería haber menos presión social para fingir?
Exacto. Eso es lo extraño. Aunque leamos menos, seguimos creyendo que deberíamos leer más. El pánico moral persiste incluso cuando el hábito desaparece.
¿Entonces la lectura nos hace mejores personas o no?
Eso depende de qué entiendas por "mejores". Nos hace más cultos, más sanos mentalmente. Pero no necesariamente más empáticos o morales. Puedes leer mucho y ser un egoísta.
¿Qué diferencia hay entre leer un libro y ver la película?
Cuando lees, tu cerebro trabaja. Llena los espacios en blanco con tu imaginación. La película te lo da todo hecho. Por eso el libro siempre es mejor que la adaptación: no está a la altura de lo que imaginaste.
¿Entonces María Pombo tiene razón?
Tiene razón en que no eres mejor persona por leer. Pero se equivoca si cree que leer no tiene valor. Solo que el valor no es moral, es cognitivo y emocional.
¿Qué debería hacer alguien que quiere empezar a leer?
Leer algo que le interese de verdad, no lo que cree que debería leer. Y si puede, hacerlo en un club de lectura. La reflexión y la discusión son donde emerge el verdadero beneficio.