Marcelo Verdecia: del campesino serrano al general revolucionario recordado

Yo era un guajirito que no había salido de la Sierra Maestra
Verdecia recordaba su transformación desde campesino hasta general, marcado por su encuentro con Fidel en 1957.

Cinco años después de su muerte, la figura de Marcelo Verdecia Perdomo —campesino de la Sierra Maestra convertido en General de Brigada y Héroe del Trabajo— sigue interpelando a la Cuba contemporánea. Su trayectoria, que va desde las montañas orientales hasta la escolta personal de Fidel Castro y la Caravana de la Libertad de 1959, encarna la promesa revolucionaria de que el origen humilde no determina el destino. En su legado persiste una pregunta que cada generación debe responder por sí misma: ¿cómo se transmite una convicción de una vida a otra?

  • El quinto aniversario de su muerte, el 20 de julio de 2026, reaviva la urgencia de preservar una memoria que une historia personal y proyecto colectivo.
  • La ausencia física del general deja un vacío en los espacios de formación patriótica donde su testimonio directo era el argumento más poderoso.
  • La Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Cienfuegos y las instituciones educativas buscan mantener vivo su ejemplo a través de actos conmemorativos y encuentros con jóvenes.
  • Su legado apunta hacia una tarea concreta e inacabada: fortalecer la educación patriótica, militar e internacionalista en las escuelas cubanas para garantizar la continuidad revolucionaria.

El 20 de julio de 2026 se cumplen cinco años desde la muerte de Marcelo Verdecia Perdomo, General de Brigada, Héroe del Trabajo de la República de Cuba y presidente de honor de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Cienfuegos. Su vida comenzó en la pobreza campesina de la Sierra Maestra y se transformó para siempre cuando ingresó al Ejército Rebelde en agosto de 1957, convirtiéndose en parte de la escolta personal del Comandante en Jefe.

Verdecia participó en acciones militares en la región oriental como integrante de la Columna 1 y, el 2 de enero de 1959, descendió hacia La Habana en la Caravana de la Libertad junto a Fidel, llegando hasta Cienfuegos. Recordaba ese momento con la sencillez que lo definía: era, decía, un guajirito que nunca había salido de la Sierra. Esa visita marcó su vida de manera irreversible y selló su vínculo con la ciudad que lo acogería el resto de sus días.

A lo largo de su carrera en las Fuerzas Armadas Revolucionarias acumuló ascensos y condecoraciones que reflejaban tanto su hoja de servicios como su entrega al trabajo. El título de Héroe del Trabajo —creado en 1979 y representado por la Medalla Estrella de Oro— reconoció sus méritos extraordinarios y su dedicación a la defensa de los logros revolucionarios. Lo que distinguía a Verdecia, sin embargo, no era solo el historial militar, sino una combinación de modestia, lealtad y vocación educativa que lo llevaba a reunirse constantemente con estudiantes y trabajadores.

En esos encuentros no se limitaba a relatar el pasado: convertía la memoria en lección. Exhortaba a los jóvenes a mantenerse fieles a las enseñanzas del Comandante en Jefe y a asumir la responsabilidad de dar continuidad a la obra revolucionaria. De Fidel decía que, más allá de ser un gran líder político, fue y sigue siendo un educador cuya influencia trasciende el tiempo. Cinco años después de su partida, el general campesino permanece como paradigma para quienes buscan entender qué significa transformar una vida desde sus raíces más humildes hasta convertirse en referente de toda una nación.

El próximo 20 de julio de 2026 se cumplen cinco años desde que Marcelo Verdecia Perdomo dejó de estar físicamente entre nosotros. Su ausencia marca un aniversario que invita a recordar la trayectoria de un hombre que comenzó como campesino en la Sierra Maestra y terminó siendo general de brigada, Héroe del Trabajo de la República de Cuba y presidente de honor de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana en Cienfuegos.

Verdecia ingresó al Ejército Rebelde en agosto de 1957 y desde entonces se convirtió en parte de la escolta personal del Comandante en Jefe. Participó en acciones militares significativas en la región oriental del país como integrante de la Columna 1, y el 2 de enero de 1959 descendió hacia La Habana formando parte de la Caravana de la Libertad, llegando junto a Fidel hasta Cienfuegos. En sus memorias, el general campesino recordaba con claridad ese momento: "Yo era un guajirito que no había salido de la Sierra Maestra". La visita a Cienfuegos, según sus propias palabras, quedó marcada en la historia y transformó su vida de manera irreversible.

Los ascensos y condecoraciones que Verdecia recibió a lo largo de su carrera en las Fuerzas Armadas Revolucionarias reflejaban no solo su hoja de servicios destacada, sino también su dedicación inquebrantable al trabajo. Lo que distinguía a oficiales como él era una combinación de modestia, sencillez y lealtad sin fisuras hacia la patria, la Revolución y Fidel. El título de Héroe del Trabajo, creado mediante decreto en 1979, se otorga a ciudadanos cubanos y extranjeros que demuestran méritos extraordinarios en el trabajo creador y en la defensa de los logros de la clase obrera. Su insignia representativa es la Medalla Estrella de Oro del Trabajo, que Verdecia portaba con orgullo.

Lo que caracterizaba al general era su compromiso permanente con la educación patriótica, militar e internacionalista. En sus encuentros frecuentes con estudiantes y trabajadores, rememoraba su primer encuentro con Fidel y los momentos cruciales vividos al lado del líder. Estas conversaciones no eran simples recuentos históricos, sino lecciones vivas sobre la importancia de las nuevas generaciones para el futuro del país. Verdecia exhortaba constantemente a los jóvenes a mantenerse fieles a las enseñanzas del Comandante en Jefe y a asegurar la continuidad de la obra revolucionaria. De Fidel afirmaba que, más allá de ser un gran líder político, fue y sigue siendo un educador, un maestro cuya influencia trasciende el tiempo.

Su preocupación especial por la juventud se manifestaba en declaraciones como esta: "Tenemos que seguir incidiendo en los hombres, proseguir nuestras tareas, fortalecer todavía más el trabajo patriótico militar internacionalista y la labor en la escuela con las nuevas generaciones, encargadas de dar continuidad a esta gran obra revolucionaria". Verdecia entendía que una parte significativa del trabajo cotidiano debía dirigirse hacia la formación de quienes heredarían la Revolución.

Mediante el trabajo constante, la fidelidad sin quiebras, la entrega total y un amor sin límites hacia la patria y los suyos, Marcelo Verdecia defendió con vehemencia los principios que identifican a la Revolución. Al mismo tiempo, alertaba a los jóvenes sobre las intenciones del poderoso vecino del norte. Su legado continúa aconsejando a las nuevas generaciones, exhortándolas a mantener su dedicación incondicional a las tareas revolucionarias. Cinco años después de su partida física, el general de brigada de la reserva sigue siendo un paradigma viviente para quienes buscan entender qué significa transformar una vida desde sus raíces más humildes hasta convertirse en referente para todas las generaciones de cubanos.

Tenemos que seguir incidiendo en los hombres, proseguir nuestras tareas, fortalecer todavía más el trabajo patriótico militar internacionalista y la labor en la escuela con las nuevas generaciones
— Marcelo Verdecia Perdomo
De Fidel afirmaba que, además de ser un gran líder, fue y sigue siendo un educador, un maestro
— Marcelo Verdecia Perdomo, sobre Fidel Castro
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Qué hace que un campesino de la Sierra Maestra se convierta en general y en símbolo duradero?

Model

Creo que fue la combinación de estar en el lugar correcto en el momento correcto, pero también de nunca perder de vista de dónde venía. Verdecia no olvidó que era un guajirito. Eso lo mantuvo humilde.

Inventor

¿Y eso importaba en las Fuerzas Armadas Revolucionarias?

Model

Importaba profundamente. Los ascensos y condecoraciones que recibió no fueron solo por su desempeño militar, sino porque encarnaba algo que la Revolución valoraba: la lealtad sin fisuras combinada con la sencillez. No era un oficial distante.

Inventor

¿Cuál era su obsesión real, si tuviera que nombrar una?

Model

La juventud. Pasaba tiempo con estudiantes y trabajadores, contando historias de Fidel, pero siempre con un propósito: convencerlos de que ellos eran los guardianes del futuro. No era nostalgia, era urgencia.

Inventor

¿Cómo se ve eso en la práctica? ¿Qué les decía exactamente?

Model

Les hablaba de la importancia de mantener la continuidad revolucionaria, de fortalecer el trabajo patriótico. Pero lo hacía desde la experiencia, no desde la teoría. Había estado al lado de Fidel. Había caminado desde la Sierra hasta La Habana.

Inventor

¿Y después de su muerte, qué queda?

Model

Queda el ejemplo de que un hombre puede transformarse completamente sin traicionar sus orígenes. Queda la insistencia de que la Revolución no es un evento, sino una tarea continua que cada generación debe asumir como propia.

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