Vamos a ganar, esto es tan solo una prórroga
Lula aventaja a Bolsonaro por 5 puntos porcentuales, pero ninguno alcanza el 50% necesario para ganar en primera vuelta. Bolsonaro demostró mayor fortaleza que la pronosticada, ganando gobernaciones en 9 estados y aumentando su poder en el Congreso.
- Lula obtuvo 48% de votos, Bolsonaro 43%; ninguno alcanzó el 50% necesario
- Segunda vuelta programada para el 30 de octubre de 2022
- Bolsonaro ganó gobernaciones en 9 estados en primera vuelta
- Al menos dos seguidores de Lula fueron asesinados durante la campaña
- Participación electoral del 79% de los 156 millones de electores convocados
Lula logra el 48% de votos frente al 43% de Bolsonaro en primera vuelta electoral brasileña, forzando un balotaje el 30 de octubre. El país se divide entre dos modelos antagónicos de gobierno.
Brasil despertó el lunes con una pregunta sin respuesta. El domingo había votado, y los números eran claros pero incompletos: Luiz Inácio Lula da Silva, el expresidente de 76 años, había obtenido el 48 por ciento de los votos, cinco puntos por delante de Jair Bolsonaro, el actual mandatario ultraderechista de 67 años, quien alcanzó el 43 por ciento. Pero en un país de 156 millones de electores convocados a las urnas, eso no era suficiente. Nadie había cruzado el umbral del 50 por ciento más uno necesario para gobernar. Brasil tendría que volver a votar el 30 de octubre.
La jornada electoral había sido la más reñida en décadas, el punto culminante de una campaña larga y áspera que había dejado cicatrices profundas. Al menos dos seguidores de Lula habían sido asesinados por activistas bolsonaristas durante los meses previos. El domingo mismo, un hombre había irrumpido a tiros en un colegio electoral de São Paulo, hiriendo a dos policías. La nación estaba dividida casi por la mitad, y esa división reflejaba dos visiones de país radicalmente opuestas.
Lo que sorprendió a muchos fue la fortaleza de Bolsonaro. Durante meses, las encuestas lo habían colocado entre 10 y 15 puntos por debajo de Lula. Sus seguidores insistían en que estaba siendo subestimado, como había ocurrido en 2018, y tenían razón. El apoyo real del presidente resultó ser mucho mayor del pronosticado. En las elecciones legislativas y de gobernadores que se celebraban simultáneamente, los candidatos respaldados por Bolsonaro ganaron en nueve estados en primera vuelta, entre ellos Río de Janeiro, el Distrito Federal y Paraná. Grandes figuras del bolsonarismo saltaron al Congreso. Lula, por su parte, vio ganar a cinco candidatos que recibieron su apoyo, pero en São Paulo, su estado más importante, su heredero político, Fernando Haddad, exalcalde de la metrópoli, tendría que disputar una segunda vuelta contra Tarcisio Freitas, un militar que fue ministro de Bolsonaro.
En el hotel donde Lula recibía a sus seguidores en São Paulo, cuando el recuento estaba casi terminado, el expresidente fue directo al mensaje que necesitaba transmitir: "Vamos a ganar, esto es tan solo una prórroga". Añadió que al día siguiente volverían a la campaña. Bolsonaro, por su parte, se presentó ante las puertas del palacio presidencial en Brasilia con un tono más cauteloso. "Hay voluntad de cambio, pero ciertos cambios pueden ser a peor", dijo. Luego tendió una rama de olivo: "Las puertas están abiertas para la conversación", refiriéndose a posibles negociaciones con los candidatos que habían quedado fuera de la segunda vuelta, como la senadora Simone Tebet, del agronegocio, que había obtenido el 4 por ciento, y Ciro Gomes, de centroizquierda, con el 3 por ciento.
Lo que estaba en juego iba mucho más allá de Brasil. Una victoria de Lula en octubre completaría el giro hacia la izquierda que había estado ocurriendo en América Latina en los últimos años. También representaría un capítulo final redentor para un hombre cuya vida política había sido empañada por su encarcelamiento, aunque sus condenas por corrupción habían sido posteriormente anuladas. Y tenía implicaciones globales: el futuro de la Amazonia, ese regulador crucial de la temperatura del planeta, dependería en parte de quién ganara.
Los dos candidatos representaban modelos de país completamente antagónicos. Bolsonaro había gobernado casi como su trayectoria como diputado extravagante y nostálgico de la dictadura lo había sugerido: con una gestión negacionista de la pandemia, retrasos en la compra de vacunas que muchos consideraban su mayor error, una tensión constante con otras instituciones del Estado, y alianzas con la vieja política que había prometido destruir. Lula ofrecía nostalgia mejorada: las recetas que habían funcionado entre 2003 y 2010, cuando gobernó, pero actualizadas. Su promesa de que Brasil volvería a ser feliz había calado en los pobres, las mujeres, los mestizos y negros que formaban su base electoral. Bolsonaro retenía a los ricos, los instruidos, los blancos, los hombres, y a los ideologizados por el anticomunismo.
La campaña había puesto a prueba las instituciones brasileñas de formas que pocos habían anticipado. El sistema de voto electrónico, implantado hace 25 años y considerado un orgullo nacional, había sido erosionado por las dudas que Bolsonaro había agitado constantemente, siempre sin pruebas, contra un mecanismo que no había sufrido fraude relevante alguno. Existía el temor de que, si los resultados no le eran favorables, el presidente movilizara a sus seguidores al estilo del asalto al Capitolio estadounidense del 6 de enero de 2021. Pero cuando llegaron los números, Bolsonaro no cuestionó el voto. En cambio, atribuyó su desempeño al malestar económico: "Mucho voto fue por la condición del pueblo", dijo, "sintió el aumento de los precios de los productos".
Ahora Brasil tenía 27 días para decidir. Dos modelos, dos futuros, una sola urna.
Citas Notables
Vamos a ganar, esto es tan solo una prórroga— Luiz Inácio Lula da Silva, expresidente, en São Paulo
Hay voluntad de cambio, pero ciertos cambios pueden ser a peor— Jair Bolsonaro, presidente, en Brasilia
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué Bolsonaro sorprendió tanto si las encuestas lo daban tan atrás?
Porque sus seguidores tenían razón en desconfiar de los números. Lo que pasó en 2018 fue que lo subestimaron, y esta vez volvió a ocurrir. Su apoyo real era mayor del que mostraban las encuestas. Además, ganó en nueve gobernaciones en primera vuelta, lo que le da mucho poder legislativo para la segunda ronda.
¿Qué significa que ninguno llegara al 50 por ciento?
Que Brasil está verdaderamente dividido por la mitad. No hay un mandato claro. Lula tiene cinco puntos de ventaja, pero eso no es suficiente para gobernar sin una segunda vuelta. Y eso significa que los votos de los candidatos que quedaron fuera —Tebet con el 4 por ciento, Gomes con el 3 por ciento— serán decisivos en octubre.
¿Cuál es la diferencia real entre estos dos hombres?
Son dos Brasiles diferentes. Bolsonaro prometió combate implacable contra la corrupción y mano dura, pero terminó aliándose con la vieja política. Lula promete volver a los días cuando los pobres prosperaban. Uno atrae a los ricos e ideologizados; el otro a los pobres, las mujeres, los negros y mestizos.
¿Por qué importa esto para el mundo?
Porque la Amazonia está en juego. Bolsonaro ha sido negligente con el medio ambiente; Lula, al menos en sus gobiernos anteriores, fue más cuidadoso. Y porque América Latina está girando hacia la izquierda. Una victoria de Lula completaría ese giro.
¿Hubo violencia durante la votación?
Sí, pero fue contenida. Dos policías fueron heridos en un tiroteo en un colegio electoral de São Paulo. Pero en general, a pesar de la tensión de la campaña, reinó la normalidad. Lo grave fue la violencia previa: al menos dos seguidores de Lula fueron asesinados por bolsonaristas.
¿Qué hizo Bolsonaro cuando vio los resultados?
No cuestionó el voto. Eso fue importante. Muchos temían que movilizara a sus seguidores como Trump en el Capitolio. Pero en cambio, aceptó el resultado y abrió la puerta a negociaciones con los candidatos que quedaron fuera.