Los Premios Fronteras del Conocimiento reivindican la libertad de ser curioso frente a amenazas actuales

Hace falta toda una comunidad para construir un láser operativo
Nancy Cartwright subraya que ningún logro científico importante surge de una única forma de conocimiento.

Oceanógrafos, criptógrafos y médicos reciben premios por revolucionar el conocimiento en cambio climático, seguridad digital y terapias celulares vivas. La presidenta del CSIC advierte sobre amenazas a la ciencia: la cultura de la inmediatez, riesgos de la IA y censura financiera del conocimiento.

  • XVIII edición de los Premios Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA en Bilbao
  • Más de mil asistentes en el Palacio Euskalduna
  • Terapias CAR-T han beneficiado a decenas de miles de pacientes en dos décadas
  • Carl Wunsch lleva medio siglo midiendo los océanos y advierte sobre amenaza del cambio climático
  • Rijndael, algoritmo desarrollado por Rijmen y Daemen, protege operaciones bancarias, móviles e infraestructuras críticas

La XVIII edición de los Premios Fronteras del Conocimiento de la FBBVA reconoce avances en oceanografía, criptografía, biomedicina y otras disciplinas, reivindicando la protección de la libertad científica frente a amenazas contemporáneas.

Más de mil personas se reunieron en el Palacio Euskalduna de Bilbao para presenciar la ceremonia de la XVIII edición de los Premios Fronteras del Conocimiento de la Fundación BBVA, un evento que ha consolidado su posición como vitrina internacional de la investigación contemporánea. Los galardonados de este año representaban un espectro extraordinariamente amplio del saber humano: oceanógrafos que llevan décadas tomando el pulso del planeta, matemáticos que diseñaron los sistemas criptográficos que sostienen la seguridad digital global, físicos que manipulan materiales a escala atómica, filósofos que cuestionan cómo razona la ciencia, y médicos que han transformado células humanas en medicamentos vivos. En conjunto, sus trabajos ilustraban una ciencia que rechaza el aislamiento de los laboratorios y reclama un papel central en la respuesta a los desafíos más urgentes de nuestro tiempo.

Carlos Torres Vila, presidente de la Fundación BBVA, encuadró la ceremonia como una celebración de valores que hoy parecen amenazados: la curiosidad frente al conformismo, el rigor frente a la simplificación, la evidencia frente al prejuicio, la cooperación frente a la fragmentación. Eloísa del Pino, presidenta del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fue más directa en su diagnóstico de las amenazas contemporáneas. Identificó tres peligros específicos para la libertad científica: la cultura de la inmediatez, que privilegia respuestas rápidas sobre investigación pausada; la inteligencia artificial, que representa un riesgo para nuestra capacidad de pensar si no aprendemos a usarla correctamente; y lo que llamó censura y estrangulamiento financiero de la ciencia, un fenómeno que, advirtió, ocurre incluso en Occidente.

Entre los discursos más celebrados estuvo el del físico español Pablo Jarillo-Herrero, profesor del MIT, quien compartió el premio en Ciencias Básicas con Allan MacDonald por su trabajo sobre el grafeno de ángulo mágico. Jarillo-Herrero explicó su descubrimiento mediante una analogía medieval: mientras los alquimistas buscaban la piedra filosofal que convirtiera todo en oro, el grafeno de ángulo mágico funciona a la inversa, permitiendo que un único material se comporte como muchos otros simplemente modificando su geometría. MacDonald, por su parte, defendió el valor de la investigación pura comparándola con una excursión a la montaña: uno sube movido por la curiosidad, y solo después descubre que la vista revela valles, ríos y caminos cuya existencia nadie conocía.

La biomedicina tuvo su momento de gloria con Carl June y Michel Sadelain, galardonados por desarrollar las terapias CAR-T, que representan una de las revoluciones médicas más significativas de las últimas décadas. Estas terapias permiten modificar genéticamente las células inmunitarias de los propios pacientes para que localicen y destruyan tumores con una precisión sin precedentes. June recordó que cuando comenzaron los primeros ensayos clínicos hace apenas veinte años, muchos especialistas observaban el proyecto con escepticismo. Hoy, decenas de miles de pacientes se han beneficiado de una tecnología que ha transformado el tratamiento de ciertos cánceres. Lo que hace única a esta terapia es que las células CAR-T no son medicamentos convencionales: viven, se multiplican y permanecen activas dentro del organismo. Son, literalmente, medicamentos vivos. Sadelain amplió la perspectiva al señalar que el potencial de la terapia celular apenas ha comenzado a explorarse, con investigaciones en curso para enfermedades autoinmunes, patologías neurológicas e incluso problemas asociados al envejecimiento.

La revolución digital también tuvo protagonismo en Bilbao. Los criptógrafos belgas Vincent Rijmen y Joan Daemen fueron reconocidos por desarrollar Rijndael, el algoritmo que hoy protege operaciones bancarias, teléfonos móviles, sistemas de navegación e infraestructuras críticas. Rijmen destacó que la sociedad digital del siglo XXI ha fomentado una vibrante cultura de investigación abierta en criptología, donde los cifrados se proponen, se analizan, se vulneran, se corrigen y se vuelven a vulnerar, en un ciclo continuo que genera sistemas cada vez más robustos.

Carl Wunsch, oceanógrafo emérito del MIT y figura clave en la construcción de sistemas globales de observación oceánica, pronunció quizá el discurso más contundente de la tarde. Repasó décadas de investigación para explicar que hace apenas medio siglo amplias regiones oceánicas permanecían prácticamente inexploradas y que el conocimiento disponible resultaba insuficiente para responder preguntas fundamentales sobre la absorción de calor y dióxido de carbono. Gracias a la cooperación internacional y al desarrollo tecnológico, hoy existe una red global de observación que permite seguir con precisión la evolución de los océanos. Pero su conclusión fue una advertencia inequívoca: el cambio climático es real y representa una amenaza de enorme magnitud para las generaciones futuras, poniendo en grave peligro tanto a la civilización como al medio ambiente en general. Denunció las necedades científicas y políticas que siguen dificultando una respuesta global al problema.

La filósofa estadounidense Nancy Cartwright, galardonada en Humanidades, ha dedicado su carrera a analizar cómo funcionan realmente las leyes científicas en la práctica, rechazando la idea de que sean verdades absolutas. Su pregunta fundamental ha sido siempre cómo consiguen los científicos transformar teorías abstractas en dispositivos que funcionan en el mundo real. En su discurso, subrayó que ningún logro importante surge de una única forma de conocimiento: hace falta toda una comunidad para construir un láser operativo, una intervención médica eficaz o una política social fiable. El Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan y el NORC de la Universidad de Chicago fueron premiados por construir algunas de las mayores infraestructuras de datos sociales del mundo, permitiendo estudios rigurosos sobre comportamiento electoral, evolución de familias, salud y transformaciones económicas durante décadas. En una época marcada por la desinformación y la pérdida de confianza en las instituciones, sus representantes defendieron la importancia de los datos rigurosos como base para que ciudadanos y gobiernos tomen mejores decisiones.

La ceremonia concluyó con la compositora surcoreana Unsuk Chin, galardonada en Música y Ópera, quien reivindicó el valor de una creación artística libre de fronteras culturales y condicionantes comerciales. En una época marcada por la sobreestimulación y las guerras culturales, defendió la necesidad de tender puentes entre tradiciones, lenguajes y sensibilidades diferentes. Desde los océanos hasta los algoritmos, desde la filosofía hasta la genética, los premiados compartían una convicción común: que el conocimiento sigue siendo una de las herramientas más poderosas para comprender un mundo cada vez más complejo.

Son, literalmente, un medicamento vivo
— Carl June, sobre las células CAR-T
Está poniendo en muy grave peligro a la civilización y al medio ambiente en general
— Carl Wunsch, sobre el cambio climático
La necesidad de proteger la libertad de ser curioso frente a amenazas del mundo actual
— Eloísa del Pino, presidenta del CSIC
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
Inventor

¿Por qué una ceremonia de premios científicos se siente como una defensa política?

Model

Porque la ciencia ya no es neutral. Cuando Eloísa del Pino habla de censura y estrangulamiento financiero, no está siendo dramática. Está nombrando lo que ve suceder.

Inventor

¿Y qué ven exactamente los científicos que los asusta?

Model

Tres cosas que se refuerzan mutuamente. La inmediatez que exige respuestas rápidas en lugar de investigación pausada. La IA que promete resolver todo pero que nadie sabe cómo usar bien. Y gobiernos que recortan fondos para la investigación básica.

Inventor

Pero los premios celebran descubrimientos que funcionan. Las terapias CAR-T salvan vidas. El grafeno de ángulo mágico abre nuevas posibilidades. ¿No es eso lo que importa?

Model

Importa, pero no es suficiente. Jarillo-Herrero y MacDonald ganaron porque fueron curiosos sin saber adónde iba a llevarlos esa curiosidad. Hoy, esa libertad está bajo presión. Se espera que los científicos justifiquen cada paso, que demuestren utilidad inmediata.

Inventor

¿Entonces el problema es que la sociedad quiere resultados, no preguntas?

Model

Exactamente. Y es un problema porque los resultados más importantes casi nunca vienen de buscar resultados. Vienen de subir a una montaña porque tienes curiosidad de qué hay arriba.

Inventor

Carl Wunsch parecía furioso.

Model

Tenía razón para estarlo. Lleva décadas midiendo los océanos. Sabe exactamente qué está pasando. Y sabe que sabemos. Y aun así, la respuesta política sigue siendo insuficiente. Eso no es frustración científica. Es rabia.

Inventor

¿Qué debería cambiar?

Model

Cartwright lo dijo bien: hace falta toda una comunidad. No basta con científicos brillantes. Necesitas instituciones que protejan la investigación, gobiernos que la financien, ciudadanos que entiendan por qué importa. Y necesitas proteger la libertad de ser curioso.

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