Lucrarse con la muerte, la guerra o el sufrimiento humano crea incentivos para que ocurran.
En la intersección entre la especulación financiera y la ética pública, plataformas como Polymarket y Kalshi han construido imperios de predicción que, bajo escrutinio, revelan ser esencialmente casas de apuestas con vocabulario tecnológico. La promesa de anticipar el futuro colectivo encubre una realidad más antigua: el deseo humano de lucrar con la incertidumbre ajena, incluso cuando esa incertidumbre tiene nombre, rostro o bandera. Reguladores y científicos comienzan a nombrar lo que el mercado prefería dejar sin definir.
- Plataformas que se presentan como herramientas de inteligencia colectiva generan entre el 64% y el 90% de sus ingresos mediante apuestas deportivas, no mediante predicciones políticas o sociales.
- La arquitectura descentralizada de Polymarket le permite evadir restricciones legales sobre apuestas en muertes, operando desde Nueva York sin mencionar explícitamente lo que sus mercados permiten.
- Científicos advierten en la revista Science que estos sistemas crean incentivos perversos: quien apuesta por una guerra tiene razones económicas para que ocurra, y quien apuesta por una captura puede actuar sobre información privilegiada.
- El senador Blake Moore ya ha presentado legislación para prohibir apuestas sobre terrorismo, asesinatos, guerras y elecciones, señalando que el vacío normativo que estas empresas han explotado está cerrándose.
- El sector enfrenta una paradoja existencial: si la regulación elimina su capacidad de operar como casas de apuestas sin restricciones, el modelo de negocio que sostiene su crecimiento desaparece con ella.
Polymarket y Kalshi se han convertido en referentes globales de los llamados mercados predictivos, atrayendo millones de usuarios con la promesa de que el dinero colectivo puede anticipar guerras, elecciones y crisis. Pero cuando se examina dónde fluye realmente el capital, la narrativa se deshace: más del 60% de la actividad en Polymarket proviene de apuestas deportivas, y en Kalshi esa cifra alcanza el 90% en temporada. No son herramientas de predicción que incluyen apuestas deportivas; son casas de apuestas que incluyen otros mercados.
La amplitud de lo que se puede apostar es casi sin límites: desde resultados electorales hasta la muerte de figuras públicas, pasando por catástrofes naturales e investigaciones judiciales. Kalshi prohíbe explícitamente lucrarse con muertes, pero Polymarket, operando desde una estructura descentralizada, elude esas restricciones sin mencionarlas directamente. Es un ejemplo de cómo la arquitectura legal puede ser manipulada con precisión quirúrgica.
En abril, la revista Science publicó un análisis que identificó tres riesgos centrales: la posibilidad de manipular procesos democráticos para obtener ganancias, el diseño que replica mecánicas de juego adictivo, y los peligros para la salud pública. El caso más revelador ya ocurrió: Polymarket predijo con exactitud un alto el fuego y la captura de un jefe de estado, predicciones que solo fueron posibles porque personas con información privilegiada pudieron monetizarla. Eso no es predicción; es especulación con datos no públicos y con incentivos para influir en los propios eventos.
Los promotores del sector, como el organizador del festival Manifest, David Bensoussan, defienden que estos mercados son útiles para quienes toman decisiones de política exterior. Los científicos los llaman peligrosos. Y la política comienza a coincidir con los científicos: el senador republicano Blake Moore ha presentado legislación para prohibir apuestas sobre terrorismo, asesinatos, guerras y elecciones. El disfraz regulatorio se está desmoronando, y con él, el modelo de negocio que lo sostenía.
Polymarket y Kalshi han transformado los mercados predictivos en un fenómeno global de rápido crecimiento, atrayendo a millones de usuarios y capturando la atención de reguladores en todo el mundo. Pero su expansión ha revelado una tensión fundamental: estas plataformas se presentan como herramientas sofisticadas para anticipar eventos políticos, económicos y sociales, cuando en realidad funcionan como casas de apuestas con un catálogo inusualmente amplio de mercados.
Un mercado predictivo es, en esencia, un espacio donde cualquiera puede apostar dinero sobre prácticamente cualquier cosa. ¿Ganará tal candidato las elecciones? ¿Estallará una guerra en los próximos seis meses? ¿Cuándo morirá una persona pública? ¿Cuál será la magnitud de la próxima crisis económica? Las plataformas permiten apuestas sobre desenlaces de investigaciones judiciales, fenómenos meteorológicos extremos, catástrofes naturales, eventos deportivos y muertes. La amplitud es casi sin límites, y ahí comienza el problema.
La ética de permitir que personas ganen dinero con la muerte, la guerra o el sufrimiento humano ha generado controversia incluso dentro de la comunidad que impulsa estos mercados. Kalshi ha establecido una política explícita: no se permite lucrarse con la muerte de personas. Pero Polymarket, probablemente la plataforma más grande del mundo, opera desde una estructura descentralizada que le permite evadir las restricciones estadounidenses sobre apuestas sobre muertes, a pesar de tener su sede en Nueva York y un CEO ciudadano estadounidense. Es un ejemplo perfecto de cómo la arquitectura regulatoria puede ser manipulada: si no mencionas explícitamente la muerte en la descripción del mercado, puedes permitir exactamente eso bajo otro nombre.
Pero hay algo más revelador que la ética: el dinero. Los promotores de estos mercados argumentan que su verdadero valor reside en su capacidad para predecir eventos importantes. Sin embargo, cuando se examina dónde fluye realmente el capital, la historia cambia. En Polymarket, el 64% de toda la actividad proviene de apuestas deportivas. En Kalshi, esa cifra alcanza el 90% durante la temporada deportiva. El patrón es consistente en todo el sector: los mercados sobre elecciones, descubrimientos científicos o crisis económicas apenas mueven dinero. Lo que atrae inversión es el deporte. Estos no son mercados predictivos que casualmente incluyen apuestas deportivas. Son casas de apuestas deportivas que casualmente incluyen otros mercados.
Esta distinción importa porque las apuestas deportivas están sometidas a regulación estricta en muchos países, mientras que los mercados predictivos operan en un vacío normativo. Es una brecha que las empresas han explotado deliberadamente. En abril, la revista Science publicó un análisis que identificaba tres preocupaciones principales: la posibilidad de manipular procesos democráticos para obtener ganancias, el diseño que replica características de los juegos de azar adictivos, y el riesgo para la salud pública. Los autores señalaban que estos mercados crean incentivos perversos. Si alguien tiene una posición financiera abierta sobre una guerra, tiene un incentivo económico para que esa guerra ocurra. Si ha apostado sobre la captura de un líder político, tiene razones para actuar sobre información privilegiada.
Polymarket ya ha demostrado que esto no es teórico. La plataforma predijo recientemente un alto el fuego y la captura de un jefe de estado, predicciones que fueron posibles porque personas con acceso a información privilegiada pudieron monetizar ese conocimiento. Esto no es predicción; es especulación sobre información no pública, con incentivos para influir en los eventos sobre los que se apuesta.
Los promotores de estos mercados no parecen particularmente preocupados. Su inquietud principal es que la asociación con las apuestas deportivas eclipse el valor que creen que aportan. David Bensoussan, organizador de Manifest, un festival dedicado a los mercados predictivos, argumentó que un mercado de apuestas es potencialmente útil para alguien que toma decisiones sobre política exterior. Pero lo que Bensoussan llama útil, los científicos lo llaman peligroso. Y la política está comenzando a estar de acuerdo. El senador republicano Blake Moore de Utah ha presentado un proyecto de ley para prohibir apuestas que considere contrarias al interés público, incluyendo aquellas relacionadas con terrorismo, asesinatos, guerras y elecciones.
Los mercados predictivos están en auge, pero ese crecimiento probablemente no durará. No porque sean herramientas de predicción revolucionarias, sino porque son casas de apuestas con un disfraz regulatorio que se está desmoronando. La legislación más estricta llegará en los próximos meses o años, y cuando lo haga, estas plataformas enfrentarán una realidad incómoda: sin la capacidad de operar como casas de apuestas sin restricciones, su verdadero valor comercial desaparece.
Citações Notáveis
Lucrarse con la muerte no está permitido en Kalshi, y eso es algo bueno— Elisabeth Dana, responsable de comunicación de Kalshi
Un mercado de apuestas es plausiblemente útil para alguien que toma decisiones sobre política exterior— David Bensoussan, organizador de Manifest
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué estas plataformas insisten en que son herramientas de predicción si el dinero real viene de las apuestas deportivas?
Porque la predicción suena legítima y sofisticada. Las apuestas deportivas suenan como juego. Si puedes convencer a los reguladores de que estás haciendo algo útil para la sociedad, obtienes espacio para operar que de otro modo no tendrías.
Pero Kalshi prohíbe apostar sobre muertes. ¿No demuestra eso que hay diferencia entre las plataformas?
Demuestra que Kalshi tomó una decisión ética. Pero Polymarket simplemente redacta sus mercados de manera diferente. No dice "apuesta sobre la muerte de X", dice algo más vago que permite exactamente eso. Es regulación por redacción.
¿Qué tan real es el riesgo de que alguien manipule un evento para ganar dinero?
Ya está sucediendo. Polymarket predijo un alto el fuego y la captura de un líder porque personas con información privilegiada pudieron apostar sobre ello. Si tienes dinero en una posición y acceso a información, tienes un incentivo para actuar.
¿Entonces el verdadero problema es que permiten información privilegiada?
Es parte de ello. Pero el problema más profundo es que crean incentivos para que eventos malos ocurran. Si ganas dinero cuando hay una guerra, tienes una razón económica para que haya guerra.
¿Por qué los legisladores no han actuado ya?
Porque estas plataformas se movieron rápido y operan en un vacío regulatorio. Ahora que está claro qué son realmente, la legislación está llegando. El senador Moore ya presentó un proyecto de ley.
¿Sobrevivirán estos mercados a la regulación?
Probablemente no en su forma actual. Sin la capacidad de operar como casas de apuestas sin restricciones, pierden su verdadero negocio. El auge que ves ahora es probablemente el pico.