Los globos bomba japoneses: el primer ataque transoceánico a territorio estadounidense

Seis personas murieron en Oregón: Elsie Mitchell (embarazada de seis meses), Edward Engen, Jay Gifford, Sherman Shoemaker, Dick Patzke y Joan Patzke, quienes descubrieron y activaron accidentalmente un globo bomba Fu-Go.
El primer ataque intercontinental de la historia, realizado con un arma simple pero letal
Cómo el reverendo Mitchell descubrió que su familia había sido víctima de una estrategia militar japonesa sin precedentes.

El 5 de mayo de 1945, un reverendo y su familia fueron víctimas de una explosión de globo bomba Fu-Go en un picnic en Oregón, convirtiéndose en las únicas bajas civiles estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial. Los globos japoneses medían 10 metros de diámetro, contenían hidrógeno y bombas incendiarias, viajaban 6.500 kilómetros aprovechando corrientes de aire del Pacífico, pero solo 1 de cada 9 llegó a territorio estadounidense.

  • 5 de mayo de 1945: explosión de globo Fu-Go en Bly, Oregón, mata a seis civiles
  • Japón lanzó aproximadamente 9.000 globos entre noviembre de 1944 y abril de 1945
  • Solo 1 de cada 9 globos llegó a territorio estadounidense; viajaban más de 6.500 kilómetros
  • Víctimas: Elsie Mitchell (embarazada), Edward Engen, Jay Gifford, Sherman Shoemaker, Dick y Joan Patzke

Entre 1944 y 1945, Japón lanzó casi 9.000 globos aerostáticos cargados de bombas hacia Estados Unidos en el único ataque transoceánico de la guerra, causando seis muertes civiles en Oregón cuando una familia descubrió uno de los artefactos.

El sábado 5 de mayo de 1945 amanecía tibio y despejado en Bly, Oregón. El reverendo Archie Mitchell había prometido a los niños de su escuela dominical un día de campo en el Bosque Nacional Fremont, y ese era el momento de cumplir. Su esposa Elsie, de 26 años y embarazada de seis meses, había preparado sándwiches y bebidas. Uno a uno fueron subiendo al auto Edward Engen, de 13 años; Jay Gifford, también de 13; Sherman Shoemaker, de 11; y los hermanos Dick y Joan Patzke, de 14 y 13. Cantaban himnos mientras conducían hacia la montaña Gearhart. Cuando llegaron, Elsie y los niños bajaron para buscar un lugar donde extender el mantel mientras el reverendo terminaba de estacionar. Fue entonces cuando escuchó una explosión ensordecedora, gritos desgarradores, y vio una llamarada elevarse a unos cincuenta metros. Corrió y encontró a su esposa y a los cinco niños esparcidos alrededor de un objeto en llamas, todos quemados, todos muertos. Elsie y Joan morirían poco después en el hospital. Todos tenían metralla incrustada en sus cuerpos.

Lo que el reverendo Mitchell no sabía en ese momento era que su familia se había convertido en las únicas víctimas civiles estadounidenses de la Segunda Guerra Mundial, muertas por el primer ataque intercontinental de la historia. El arma era simple pero letal: un globo aerostático llamado Fu-Go, cargado con dos bombas, una incendiaria y otra explosiva. Los niños habían encontrado el globo desinflado en el suelo y, al revisarlo con curiosidad, activaron accidentalmente los explosivos que aún no habían detonado.

El Fu-Go no era un invento aislado. Entre noviembre de 1944 y abril de 1945, el Ejército Imperial Japonés lanzó aproximadamente 9.000 de estos globos desde las costas de Honshu, aprovechando las corrientes de aire del Pacífico que viajaban directamente hacia Estados Unidos. Cada globo medía unos 10 metros de diámetro y 20 metros de altura, estaba hecho de papel y contenía hidrógeno. En su interior llevaba tubos rellenos de pólvora y un dispositivo de activación que hacía estallar las bombas cuando los sensores confirmaban que tocaban tierra. Eran capaces de alcanzar los 12 kilómetros de altura y recorrer distancias superiores a los 6.500 kilómetros. El proyecto fue desarrollado por el Laboratorio de Investigación 9 del Ejército Imperial, encargado de crear armas especiales. El historiador Ross Coen, autor de un libro sobre estos globos, explica que los japoneses tenían un amplio conocimiento de las corrientes de aire del Pacífico y de la geografía de los bosques de la costa oeste estadounidense. Su objetivo era provocar incendios forestales que generaran pánico en la población.

Los japoneses eligieron lanzar los globos entre noviembre de 1944 y abril de 1945 porque durante esos meses la corriente de vientos alisios alcanza su máxima velocidad. Sin embargo, esta decisión también significaba que los globos llegarían en época de lluvias, lo que reduciría la efectividad de las bombas incendiarias. De los 9.000 globos lanzados, se calcula que solo alrededor de 1.000 llegaron a las costas estadounidenses. Algunos penetraron profundamente en el territorio, alcanzando puntos tan al este como Michigan, pero la inmensa mayoría no explotó o cayó en el océano o sobre zonas despobladas. Coen señala que los japoneses no estaban actuando sin cálculo: esperaban que al menos el 10 por ciento de los globos lograra llegar a suelo estadounidense.

La existencia de estos globos fue mantenida en secreto por la prensa estadounidense bajo censura de guerra. Nadie sabía que estaban llegando hasta que, quince días después de la tragedia en Oregón, las autoridades advirtieron a la población que si veían uno de estos artefactos no se acercara e informara a la policía. Para entonces, unos trescientos globos ya habían llegado sin causar víctimas. Al principio, los expertos militares estadounidenses ni siquiera pensaron que los globos venían desde Japón. Creyeron que eran lanzados desde el interior del país por comandos enemigos o por japoneses que vivían en Estados Unidos, lo que provocó una mayor vigilancia de esa población y un endurecimiento de las condiciones en los campos de concentración. Solo cuando un grupo de geólogos analizó la arena de los sacos de lastre llegaron a la conclusión de que provenían del otro lado del océano.

En términos militares, el ataque fue un fracaso. Más allá de las seis muertes en Oregón, los daños se limitaron a dos pequeños incendios y un corte en el suministro eléctrico de la central de Hanford en Washington. Tres meses después de lanzar el último globo, Japón se rindió tras sufrir los ataques atómicos en Hiroshima y Nagasaki. Todos los registros japoneses sobre el programa Fu-Go fueron destruidos el 15 de agosto de 1945, el día en que Japón anunció su rendición. Sin embargo, los hallazgos de globos bomba en Estados Unidos y Canadá continuaron durante años. En octubre de 2014, la Marina canadiense detonó uno encontrado cerca de Lumby, y el último caso registrado data de octubre de 2019, cuando un cazador encontró restos de un globo en un bosque de Columbia Británica. Hoy, museos de guerra en ambos países conservan fragmentos de Fu-Go, y un pino cercano al sitio de la explosión en Oregón lleva cicatrices de metralla en su tronco. En 1950 se construyó el Monumento Mitchell en el lugar de la tragedia, y en 1987, un grupo de mujeres japonesas que habían participado en la producción de Fu-Go como colegialas entregaron 1.000 grullas de papel a las familias de las víctimas como símbolo de paz y curación. Seis cerezos fueron plantados en el lugar donde murieron Elsie Mitchell y los cinco niños.

Los japoneses tenían un amplio conocimiento de las corrientes de aire que surcaban el océano Pacífico, además de la geografía de vastas zonas de bosques que tenía Estados Unidos en su costa oeste
— Ross Coen, historiador y autor de 'Fu-Go: la historia curiosa de los globos japoneses que intentaron bombardear Estados Unidos'
Los japoneses no estaban locos. Durante varios meses enviaron miles de globos, con la expectativa de que al menos el 10 por ciento lograra el objetivo de llegar a suelo estadounidense
— Ross Coen
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué los japoneses eligieron lanzar estos globos justo en esos meses, noviembre a abril, si sabían que llegarían en época de lluvias?

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Porque las corrientes de aire son más fuertes en esa época. Necesitaban esa velocidad para que los globos cruzaran el Pacífico. El cálculo era que aunque lloviera, al menos uno de cada diez llegaría y causaría daño. Era un juego de números.

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¿Cómo es posible que nadie en Estados Unidos supiera que esto estaba sucediendo?

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La censura de guerra fue total. Los periódicos no publicaban nada. La gente no sabía que había globos cayendo hasta que murieron esos seis civiles en Oregón. Recién entonces las autoridades advirtieron al público.

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¿Y cómo descubrieron finalmente que venían de Japón?

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Fue casi por accidente. Unos geólogos analizaron la arena de los sacos de lastre de uno de los globos. Esa arena era única, provenía de playas japonesas. Eso fue lo que reveló todo.

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¿Qué hubiera pasado si los globos hubieran llegado en verano, en época seca?

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Probablemente habría habido incendios forestales masivos. Los bosques de la costa oeste habrían ardido. Fue suerte, en cierto sentido, que la lluvia redujera la efectividad de las bombas incendiarias.

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¿Por qué los niños tocaron el globo si era peligroso?

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No sabían qué era. Lo encontraron desinflado en el suelo. Era curiosidad infantil. No había advertencias públicas aún. Nadie les había dicho que no lo tocaran.

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¿Qué significó para Japón este programa?

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Un fracaso total. Gastaron recursos en miles de globos para matar a seis personas. Pero fue innovador, fue el primer ataque intercontinental de la historia. Los historiadores lo ven como un precursor de los cohetes que vinieron después.

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