Ya están reproduciéndose aquí, no a miles de kilómetros de distancia
En las costas del País Vasco, una criatura que alguna vez viajaba miles de kilómetros desde el Atlántico subtropical para llegar aquí parece haber encontrado un nuevo hogar. Las carabelas portuguesas, colonias de organismos que navegan a merced del viento, están reproduciéndose en el Golfo de Bizkaia, impulsadas por un mar que se calienta a ritmos sin precedentes y por la desaparición silenciosa de los depredadores que las mantenían a raya. Lo que antes era una visita estacional se convierte, poco a poco, en una presencia permanente que replantea la relación entre el litoral vasco y el océano que lo define.
- Los científicos han encontrado ejemplares de carabelas de apenas días de vida en aguas vascas, lo que confirma que ya no viajan desde el Atlántico sur, sino que se reproducen localmente en el Golfo de Bizkaia.
- El mar alcanzó 25,2 grados en junio, la temperatura más alta registrada, creando condiciones ideales para que estas colonias se multipliquen y se concentren cerca de la costa con mayor frecuencia.
- La desaparición de tortugas marinas, babosas de mar y pulpos ha eliminado los frenos naturales a su proliferación, dejando el ecosistema costero sin mecanismos de control.
- Al menos 38 picaduras han sido registradas este verano, con dos casos de emergencia médica, mientras las autoridades solo pueden responder con banderas y megafonía cuando ya es demasiado tarde.
- Investigadores del Centro Oceanográfico de Gijón y la Universidad de Oviedo prueban barreras submarinas experimentales para frenar su llegada a las playas, a la espera de que los vientos de agosto las empujen hacia el norte.
Las carabelas portuguesas llegaron este verano a las playas vascas antes de lo esperado, con el primer avistamiento el 20 de junio en la playa de Laga. Pero lo que verdaderamente alarma a los investigadores no es su presencia, sino los ejemplares diminutos, de apenas días de vida, que sugieren que la reproducción ya no ocurre en el giro subtropical del Atlántico norte, sino aquí mismo, en el Golfo de Bizkaia.
Estas criaturas no son medusas convencionales, sino colonias de organismos que cooperan para sobrevivir, dotadas de una vela que las arrastra a merced del viento y las corrientes. Cuando alcanzan el Golfo de Bizkaia, quedan atrapadas en sus corrientes circulares y permanecen cerca del litoral vasco hasta mediados de agosto, cuando los vientos del sur las desplazan hacia el norte. El agua aquí es más cálida que en Galicia o Asturias, lo que prolonga su estancia.
El calentamiento del mar es el motor de esta transformación. El 24 de junio, el agua junto al acuario de San Sebastián alcanzó 25,2 grados, la cifra más alta desde que existen registros. Javier Franco, investigador de Azti, señala que las temperaturas no solo son más altas, sino que llegan antes, y que la capa de agua cálida superficial es cada vez más gruesa, acelerando la reproducción de las carabelas y facilitando su concentración costera.
A esto se suma la desaparición de sus depredadores naturales: tortugas marinas, babosas de mar y pulpos son cada vez más escasos. Sin control biológico y con temperaturas en alza, la proliferación se vuelve inevitable. El impacto en los bañistas ha sido inmediato: en San Sebastián recogieron cuatrocientos ejemplares en una sola jornada, se registraron al menos 38 picaduras en Euskadi, y dos personas requirieron atención de emergencia, una trasladada en ambulancia desde Ondarroa y otra auxiliada por una embarcación en La Concha.
Lo más preocupante es la ausencia de herramientas preventivas. No existe un sistema de predicción ni forma de modelizar sus movimientos. La respuesta actual se limita a banderas de medusas y avisos por megafonía cuando ya han llegado. Como alternativa, investigadores del Centro Oceanográfico de Gijón y la Universidad de Oviedo prueban este verano barreras submarinas similares a las usadas para contener derrames de hidrocarburos. Es un intento de ganar tiempo mientras el mar sigue calentándose y el futuro de las playas vascas en verano permanece abierto e incierto.
Las carabelas portuguesas han llegado a las playas vascas antes de lo previsto este verano, y lo más inquietante para los científicos no es solo su presencia, sino lo que sugiere: que ya están reproduciéndose en aguas cercanas a la costa. El primer avistamiento de la temporada ocurrió el 20 de junio en la playa de Laga, pero lo verdaderamente alarmante es que los investigadores están encontrando ejemplares diminutos, de apenas días o semanas de vida, lo que indica que la reproducción no está ocurriendo miles de kilómetros al sur, en el giro subtropical del Atlántico norte donde tradicionalmente nacen, sino aquí mismo, en el Golfo de Bizkaia.
Estas criaturas no son medusas en el sentido tradicional, sino colonias de organismos que cooperan para sobrevivir, dotadas de una vela que las impulsa a través del océano. Recorren más de diez mil kilómetros desde sus zonas de reproducción habituales, viajando hasta quinientos kilómetros en un solo mes, gobernadas por los vientos y las corrientes marinas. Una vez que llegan al Golfo de Bizkaia, quedan atrapadas en sus corrientes circulares, convirtiendo el litoral vasco en una especie de trampa donde permanecen hasta mediados de agosto, cuando los vientos del sur las desplazan hacia el norte. El agua aquí es más cálida que en Galicia o Asturias, lo que las hace permanecer más tiempo.
La razón de su proliferación es clara para los expertos: el mar se está calentando. En 2022 se registró la temperatura más alta desde que existen registros, y este verano está siendo excepcional en ese sentido. El 24 de junio, el agua alcanzó 25,2 grados junto al acuario de San Sebastián. Javier Franco, investigador de Azti, explica que no solo las temperaturas son más altas, sino que llegan antes que en otros años, y que el grosor de la capa superior del mar, compuesta por aguas más cálidas, también está aumentando. Estas condiciones aceleran su reproducción y facilitan su concentración en las proximidades de la costa, especialmente durante períodos de estabilidad y escaso oleaje, más frecuentes en verano y asociados a olas de calor.
Pero el calor no es el único factor. Los depredadores naturales de las carabelas están desapareciendo. Hay menos tortugas marinas, babosas de mar y pulpos, los animales que tradicionalmente las controlaban. Sin estos depredadores, y con temperaturas en aumento, la proliferación es inevitable. Los expertos señalan que los incrementos en las poblaciones de medusas se han relacionado con mayor temperatura del agua, introducción de especies invasoras y aportes de nutrientes. Si las tendencias continúan, las temperaturas más cálidas y las variaciones en las grandes corrientes oceánicas derivarán en una mayor proliferación y frecuencia en su aparición.
El impacto en los bañistas ha sido inmediato. En San Sebastián recogieron cuatrocientos ejemplares en una sola jornada. Al menos treinta y ocho picaduras se han registrado en Euskadi durante el verano, la mayoría atendidas por socorristas, pero dos casos requirieron intervención médica de emergencia: un bañista de Ondarroa fue trasladado en ambulancia, y otro de San Sebastián tuvo que ser auxiliado por una embarcación fuera de la zona de baño de La Concha. Los ejemplares varían enormemente en tamaño, desde chipirones diminutos hasta organismos de treinta centímetros de diámetro con tentáculos que alcanzan diez metros de largo, todos ellos capaces de infligir dolorosos latigazos y problemas de salud.
Lo que hace esta situación particularmente preocupante es la falta de herramientas para predecir o controlar lo que sucederá. No existe un sistema de seguimiento de la especie, ni forma de modelizar sus movimientos o predecir cuántos ejemplares llegarán cada temporada. Los navegantes que las avistan pueden alertar a SOS Deiak, y existe un protocolo de playas que incluye banderas de medusas y avisos por megafonía, pero es una respuesta reactiva, no preventiva. Las autoridades simplemente recomiendan evitar el baño cuando hay carabelas presentes.
Algunos investigadores están experimentando con soluciones más activas. El Centro Oceanográfico de Gijón y la Universidad de Oviedo están probando este verano barreras submarinas, similares a las que se usan en puertos para contener derrames de hidrocarburos, para impedir que las carabelas lleguen a las playas. Es un intento de ganar tiempo mientras se espera que los vientos del sur de agosto las desplacen hacia el norte, hacia Cornualles. Pero sin un sistema de predicción confiable, sin depredadores naturales que las controlen, y con temperaturas marinas que siguen aumentando, el futuro de las playas vascas durante los meses de verano permanece incierto.
Citações Notáveis
Están apareciendo ejemplares de apenas unos días o semanas de vida, lo que sugiere que ya se están reproduciendo muy cerca de nuestras costas— Javier Franco, investigador de Azti
Se registran temperaturas cada vez más altas y antes que otros años, y el grosor de la capa superior del mar también se está incrementando— Javier Franco, investigador de Azti
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué es tan significativo que encuentren ejemplares tan pequeños en las aguas vascas?
Porque sugiere que la reproducción ya no está ocurriendo solo en el Atlántico subtropical, a miles de kilómetros de distancia. Si hay carabelas de días o semanas de vida aquí, significa que están naciendo aquí. Eso es un cambio fundamental en su comportamiento.
¿Y qué causa ese cambio?
El agua más cálida. Cuando la temperatura sube, aceleran su reproducción. Pero también es que el Golfo de Bizkaia se ha convertido en un lugar donde pueden quedarse más tiempo, donde las corrientes las atrapan. Es como si hubiera dejado de ser un paso y se hubiera convertido en un hogar.
¿Qué pasa con los depredadores naturales?
Están desapareciendo. Menos tortugas marinas, menos babosas de mar, menos pulpos. Sin ellos, no hay nada que controle la población. Es un círculo vicioso: más calor, más reproducción, menos depredadores, más carabelas.
¿Pueden predecir cuándo será el pico de la temporada?
No realmente. No hay un sistema de seguimiento confiable. Saben que deberían irse en agosto cuando los vientos cambien, pero no pueden predecir cuántos llegarán o cuándo exactamente. Es como navegar a ciegas.
¿Qué están haciendo para proteger a los bañistas?
Principalmente, avisos y banderas. Pero algunos investigadores están experimentando con barreras submarinas para bloquearlas antes de que lleguen a la costa. Es un intento de pasar de reaccionar a prevenir, aunque todavía es experimental.
¿Cuál es el escenario si esto continúa?
Más carabelas, más frecuentes, durante más tiempo. Las playas vascas podrían volverse menos seguras para nadar durante el verano. Y sin forma de predecir o controlar realmente lo que sucede, es difícil saber qué esperar.