¿Pueden los animales predecir el tiempo? La ciencia detrás de la sabiduría popular

Los animales son sensores extraordinarios, pero no profetas
La ciencia reconoce que muchas especies detectan cambios atmosféricos mediante sentidos superiores, pero no ha comprobado que predigan el futuro.

Desde la antigüedad, la humanidad ha observado con asombro cómo ciertos animales parecen anticiparse a los desastres naturales, como si poseyeran un conocimiento que escapa a nuestra razón. La ciencia moderna ha comenzado a explorar este misterio y ha encontrado una respuesta más sobria que mágica: los animales no predicen el futuro, sino que perciben el presente con una agudeza sensorial que nosotros simplemente no tenemos. Entre la creencia popular y la evidencia empírica persiste una pregunta que aún no tiene respuesta definitiva: ¿detectar es lo mismo que predecir?

  • Relatos históricos que van desde la antigua Grecia hasta el tsunami de 2004 alimentan la convicción de que los animales escapan de los desastres antes de que ocurran.
  • La ciencia busca separar el mito de la realidad, pero tropieza con la falta de datos experimentales que confirmen comportamientos predictivos genuinos.
  • Especies como las hormigas, las ranas y los tiburones poseen sistemas sensoriales extraordinarios que les permiten captar vibraciones, presiones y cambios químicos invisibles para los humanos.
  • Biólogos como Jorge Finardi intentan aprovechar estos comportamientos animales para pronosticar el clima, aunque reconocen que sus métodos aún no alcanzan rigor científico.
  • La tensión central permanece sin resolver: los animales son sensores excepcionales del cambio atmosférico, pero la ciencia no ha podido demostrar que eso equivalga a una verdadera capacidad de predicción.

Cuando las hormigas construyen sus nidos más altos o modifican sus estructuras, la sabiduría popular anuncia tormenta. Pero detrás de esta creencia ancestral, ¿hay ciencia real? La pregunta persiste porque los animales parecen captar algo que los humanos no podemos percibir.

Los griegos documentaron en el año 373 a.C. cómo ratones, serpientes y otros animales abandonaron la ciudad de Hélice días antes de un terremoto devastador. El tsunami de 2004, que mató a 200.000 personas, aparentemente causó pocas bajas entre los animales. Estos relatos han inspirado investigaciones científicas, pero los investigadores no han hallado habilidades misteriosas. Lo que sí parece cierto es que muchas especies detectan vibraciones o cambios atmosféricos imperceptibles para nosotros.

Las hormigas, en particular, poseen sistemas sensoriales sofisticados: sus antenas captan trazas químicas microscópicas y cambios mínimos de temperatura. La hormiga carpintera de Florida tiene más de 400 genes dedicados a detectar olores, el número más alto entre todos los insectos conocidos. Sin embargo, no existen datos experimentales que demuestren que alteran su comportamiento en anticipación real a la lluvia.

Jorge Finardi, biólogo de Santa Fe, se ha vuelto figura pública por pronosticar olas de calor basándose en el comportamiento de las hormigas. Él mismo reconoce en su perfil de Twitter que lo hace "de manera no científica". Ahora reside en San Pedro y continúa estudiando los ritmos biológicos de distintas especies para entender patrones climáticos.

La ciencia ha identificado varios animales con capacidades notables: los grillos funcionan como termómetros naturales ajustando la frecuencia de sus chirridos según la temperatura; las ranas modifican sus croares ante cambios de presión atmosférica; las vacas se agrupan y se tumban antes de la lluvia; los tiburones de puntas negras se desplazan a aguas más profundas cuando se acerca una tormenta.

Lo que emerge es una verdad incómoda: los animales detectan cambios que los humanos no percibimos, pero eso no les otorga poderes sobrenaturales. La pregunta que permanece abierta es si esa detección equivale a predicción, o si simplemente reaccionan a lo que ya está ocurriendo. Por ahora, la ciencia los reconoce como sensores extraordinarios, pero no como profetas.

Cuando las hormigas construyen sus nidos más altos o cambian el material de sus estructuras, la sabiduría popular dice que se acerca una tormenta. Pero detrás de esta creencia ancestral, ¿existe realmente ciencia que la respalde? La pregunta persiste porque los animales parecen poseer algo que los humanos no tenemos: la capacidad de sentir lo que está por venir.

Los seres vivos reaccionan a cambios minúsculos en la presión atmosférica, la temperatura, el viento y la humedad. Mientras que los humanos podemos recopilar datos y construir modelos matemáticos, no podemos predecir un terremoto. Sin embargo, otros animales parecen escapar justo antes de que el desastre llegue. Los griegos documentaron en el año 373 antes de Cristo cómo ratones, serpientes, comadrejas, ciempiés y escarabajos abandonaron la ciudad de Hélice días antes de un terremoto devastador. El tsunami de 2004, que mató a 200.000 personas, aparentemente causó pocas muertes entre los animales. Estos relatos históricos han inspirado investigaciones científicas, pero los investigadores no han encontrado habilidades misteriosas en los animales. Lo que sí parece cierto es que muchas especies detectan vibraciones diminutas o cambios atmosféricos imperceptibles para los humanos.

Los ratones y los perros escuchan frecuencias de sonido más altas que nosotros. Los elefantes captan frecuencias más bajas. Muchos insectos sienten vibraciones a través de sus patas. Estos sentidos desarrollados podrían permitirles detectar cambios ambientales sutiles y motivarlos a huir. Las hormigas, en particular, están equipadas con sistemas sensoriales sofisticados. Sus antenas son detectores capaces de captar trazas químicas microscópicas. La hormiga carpintera de Florida posee más de 400 genes dedicados a detectar olores, el número más alto entre todas las especies de insectos conocidas. Esas mismas antenas pueden percibir cambios mínimos de temperatura, lo que teóricamente les permitiría reaccionar ante el descenso de temperatura que acompaña a las tormentas. A pesar de esta capacidad sensorial, actualmente no existen datos observacionales o experimentales que demuestren que las hormigas realmente alteran su comportamiento en anticipación a la lluvia.

Jorge Finardi, un biólogo de Santa Fe, se ha convertido en una figura pública por sus pronósticos de olas de calor basados en el comportamiento de las hormigas. Finardi reconoce abiertamente en su perfil de Twitter que busca "pronosticar el tiempo con hormigas de manera no científica". El 15 de febrero pasado escribió que ese era el último día de calor antes de "la muestra gratis de otoño". También predijo que, según el comportamiento de las hormigas, faltaban muchos períodos de calor antes de la llegada del invierno. Finardi ahora reside en San Pedro y continúa estudiando los ritmos biológicos de las hormigas y otras especies para entender patrones climáticos.

La ciencia ha identificado seis animales que parecen tener capacidades para detectar cambios climáticos. Los grillos son termómetros naturales: su metabolismo es tan sensible a la temperatura que aumentan la frecuencia de sus chirridos cuando hace calor. Existe una fórmula simple para calcular la temperatura exterior: contar los cantos por minuto, dividir por cinco y restar nueve. Los grajos descienden a capas más bajas de la atmósfera cuando llegan masas de aire frío, porque el aire más denso hace más difícil mantener el vuelo. Las ranas son extremadamente sensibles a los cambios de presión atmosférica y pueden predecir lluvia o tormentas modificando la intensidad y el sonido de sus croares. Las vacas se agrupan y se tumban en el suelo cuando se acerca la lluvia, conservando así el calor corporal y manteniendo el pasto seco bajo ellas. Las hormigas regresan en fila a sus hormigueros cuando se aproxima la lluvia, protegiéndose y cubriendo las entradas hasta que termina. Los tiburones de puntas negras se desplazan a aguas más profundas cuando se acerca una tormenta, detectando cambios en la presión hidrostática.

Lo que emerge de esta investigación es una verdad incómoda: los animales definitivamente detectan cambios atmosféricos que los humanos no percibimos, pero eso no significa que posean poderes sobrenaturales. Simplemente tienen sentidos más desarrollados. La pregunta que queda abierta es si esa capacidad de detección se traduce realmente en predicción, o si simplemente reaccionan a cambios que ya están ocurriendo. Por ahora, la ciencia reconoce que los animales son sensores extraordinarios, pero no ha podido demostrar que sean profetas.

Busca pronosticar el tiempo con hormigas de manera no científica
— Jorge Finardi, biólogo, en su perfil de Twitter
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Por qué creemos que los animales pueden predecir el tiempo si la ciencia no lo ha comprobado?

Model

Porque durante miles de años hemos visto que huyen antes de que algo malo suceda. Los griegos lo documentaron. El tsunami de 2004 mató a pocas bestias. Eso deja una marca en la memoria colectiva.

Inventor

Pero eso podría ser coincidencia, ¿no?

Model

Podría serlo. O podría ser que detecten algo real que nosotros no sentimos. La diferencia es que ellos escuchan frecuencias que nosotros no oímos, sienten vibraciones que pasan desapercibidas para nuestros cuerpos.

Inventor

Entonces, ¿las hormigas realmente saben que viene lluvia?

Model

Tienen los sentidos para saberlo. Sus antenas detectan cambios químicos y de temperatura. Pero aquí está lo honesto: nadie ha probado científicamente que cambien de comportamiento porque saben que llueve. Solo sabemos que podrían.

Inventor

¿Y ese biólogo que predice el tiempo con hormigas?

Model

Jorge Finardi es inteligente porque es honesto. Dice que lo hace "de manera no científica". Observa patrones, pero no pretende que sea rigor científico. Eso es más valioso que cualquier falsa certeza.

Inventor

¿Entonces qué es lo que realmente está pasando?

Model

Que los animales son sensores extraordinarios del mundo. No son profetas. Son máquinas biológicas finamente afinadas que responden a lo que sienten. Nosotros construimos modelos; ellos viven en el cambio.

Quieres la nota completa? Lee el original en infobae ↗
Contáctanos FAQ