Quien no suba ahora tendrá que hacerlo en peores condiciones
En cada generación, una tecnología redefine quién prospera y quién queda rezagado. Lorena Mármol, consultora con dieciséis años de trayectoria independiente, sostiene que la inteligencia artificial representa ese momento para la nuestra: no una amenaza, sino una tercera ola de transformación profesional que, como internet y las redes sociales antes, premiará a quienes la abracen a tiempo. Su argumento más provocador es que la experiencia acumulada —el criterio forjado en décadas de trabajo— es precisamente la ventaja que convierte a los profesionales maduros en los mejor posicionados para liderar esta transición.
- Hay un tren en movimiento: quienes no suban ahora lo harán en cinco años, pero en condiciones mucho más desfavorables y con mayor costo profesional.
- El verdadero riesgo no es la automatización de tareas repetitivas, sino la exclusión de las nuevas competencias que el mercado laboral comenzará a exigir como condición mínima.
- Mármol desafía la narrativa dominante: los profesionales de entre 35 y 70 años no son víctimas de la IA, sino sus usuarios más potenciales gracias al criterio que ningún algoritmo puede replicar.
- Su modelo formativo apunta a integrar la IA como infraestructura completa —desde la creación de productos digitales hasta su comercialización— sin necesidad de saber programar.
- Las empresas ya viven la transformación en tiempo real: el desafío no es adoptar herramientas, sino cultivar personas capaces de usarlas con visión estratégica y sentido de negocio.
Lorena Mármol lleva dieciséis años construyendo una carrera fuera de las grandes corporaciones. Tras comenzar como directora de marketing en Toyota, emprendió por su cuenta y en los últimos cuatro años ha concentrado su trabajo en enseñar a profesionales corrientes a usar la inteligencia artificial no como experimento, sino como columna vertebral de su actividad.
Su mensaje no deja margen a la ambigüedad: la IA es la segunda oportunidad profesional más grande de los últimos cincuenta años, accesible para cualquier persona independientemente de su edad o formación técnica. La sitúa en una secuencia ya conocida —internet primero, redes sociales después, IA ahora— con una diferencia decisiva: la barrera de entrada nunca había sido tan baja. Quien no suba a este tren hoy tendrá que hacerlo en cinco años, pero en condiciones mucho peores. No sería la primera vez: muchos perdieron el tren de internet y luego el de las redes sociales.
El perfil al que Mármol dirige su trabajo es el que el discurso tecnológico ha ignorado históricamente: profesionales de entre 35 y 70 años con experiencia acumulada pero sin formación técnica avanzada. Frente a la idea de que la IA es territorio de jóvenes y programadores, ella invierte el argumento: una persona con décadas de carrera posee criterio, algo que ningún algoritmo tiene. La IA aporta las herramientas; esa persona aporta el juicio. La combinación, sostiene, es imparable.
Su modelo formativo no enseña a explorar herramientas de forma aislada, sino a integrar la IA como infraestructura profesional completa: creación de contenidos, ebooks, formaciones, vídeos, páginas web y estrategias comerciales reales. La clave no está en saber programar, sino en saber qué pedir, cómo estructurar una propuesta y cómo conectar lo que genera la IA con una necesidad concreta del mercado. Esas habilidades, recuerda, se aprenden mejor con experiencia de cliente y visión de negocio que a los veinticinco años.
En las empresas, la transformación ya está en marcha. La IA interviene en cada fase del marketing digital, desde el análisis de audiencias hasta la medición de resultados. El reto no es incorporar herramientas, sino formar personas capaces de usarlas con sentido estratégico. Mármol concluye que el momento actual debe abordarse desde la preparación, no desde el pánico: la pregunta ya no es si la IA transformará el mercado laboral, sino qué harán profesionales y empresas para convertir esa tecnología en algo útil y alineado con lo que ya saben hacer.
Lorena Mármol lleva dieciséis años construyendo su carrera fuera de las grandes corporaciones. Comenzó como directora de marketing en Toyota, pero hace más de una década decidió emprender por su cuenta, navegando primero por el marketing digital y la automatización de negocios. En los últimos cuatro años ha centrado toda su energía en algo que la mayoría de los profesionales aún ve con desconfianza: enseñar a personas corrientes cómo usar la inteligencia artificial no como un experimento, sino como la columna vertebral de su trabajo.
Su mensaje es directo y sin concesiones. La IA, dice, no es la amenaza que el miedo público ha construido. Es la segunda oportunidad profesional más grande de los últimos cincuenta años, y está disponible para cualquiera, tenga treinta y ocho años o setenta. Mármol sitúa esta transformación dentro de un patrón que ya hemos visto antes: primero llegó internet, que cambió cómo vendemos, comunicamos y consumimos. Luego vinieron las redes sociales, que abrieron canales completamente nuevos entre marcas y audiencias. Ahora la inteligencia artificial está acelerando ese mismo proceso, pero con una diferencia crucial: las herramientas actuales permiten crear, automatizar y comercializar productos digitales con una barrera de entrada mucho más baja que nunca.
La advertencia que Mármol lanza es clara: hay un tren en movimiento, y quien no suba ahora tendrá que hacerlo dentro de cinco años, pero en condiciones mucho peores. No es la primera vez que sucede. Muchas personas perdieron el tren de internet. Luego perdieron el de las redes sociales. Este es el tercero. La diferencia es que esta vez, el costo de quedarse atrás no será solo económico, sino profesional: las nuevas competencias que exigirán en marketing, comunicación, ventas, creación de contenidos y gestión empresarial serán cada vez más centrales.
Mármol no niega que la IA eliminará algunas tareas repetitivas. Eso es inevitable. Pero su enfoque desplaza el foco del debate: el verdadero riesgo no está en la automatización en sí, sino en quedarse fuera de las nuevas habilidades que comenzarán a ser imprescindibles. Su trabajo se concentra en un perfil que ha quedado históricamente marginado del discurso tecnológico: profesionales entre treinta y cinco y setenta años con experiencia acumulada pero sin formación técnica avanzada. Frente a la narrativa que presenta la IA como territorio exclusivo de jóvenes y programadores, ella sostiene que la experiencia es una ventaja. Una persona de sesenta y cinco años con décadas de trayectoria profesional posee algo que ningún algoritmo tiene: criterio. La IA proporciona las herramientas. Esa persona aporta el juicio. Esa combinación, dice, es imparable.
Su modelo formativo no enseña a jugar con herramientas. Enseña a integrar la IA como infraestructura profesional completa, desde la creación del producto hasta su venta. Aborda aplicaciones concretas: contenidos, ebooks, guías, formaciones online, vídeos, páginas web, materiales digitales, y cómo conectarlos con estrategias comerciales reales. La clave, sostiene, no está en saber programar. Está en saber qué pedir, cómo mejorar los resultados, cómo estructurar una propuesta y cómo conectar lo que genera la IA con una necesidad real del mercado. El prompt engineering y la estrategia de contenidos con IA no son habilidades que se aprendan mejor a los veinticinco años. Se aprenden con contexto, con experiencia de cliente, con visión de negocio. Exactamente lo que tiene alguien con veinte años de carrera.
En las empresas, la transformación ya está ocurriendo. En marketing digital, la IA funciona como una capa operativa que interviene en cada fase: desde el análisis de audiencias hasta la creación de campañas, la personalización de mensajes, la producción de activos y la medición de resultados. El desafío no es solo incorporar herramientas, sino formar personas capaces de usarlas con sentido estratégico. Mármol insiste en que el momento actual no debe abordarse desde el pánico, sino desde la preparación. Algunos perderán su empleo por la IA. Eso es cierto. Pero hay muchos más que tienen la oportunidad de reinventarse profesionalmente de una manera que hace diez años era impensable. La pregunta ya no es si la IA transformará el mercado laboral. Esa transformación está en marcha. La pregunta es qué harán profesionales y empresas para adaptarse a tiempo y convertir esa tecnología en algo útil, productivo y alineado con lo que ya saben hacer.
Notable Quotes
La IA no es la amenaza que el miedo nos ha hecho creer. Es la segunda oportunidad profesional más grande de los últimos cincuenta años y está disponible para cualquier persona, tenga 38, 55 o 70 años.— Lorena Mármol
Una persona de 65 años con décadas de experiencia profesional tiene algo que ningún algoritmo tiene: criterio. La IA le da las herramientas. Ella pone el juicio. Esa combinación es imparable.— Lorena Mármol
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Por qué insiste tanto en que la edad no es un obstáculo? Parece casi contraintuitivo en un sector que valora tanto la juventud y la velocidad.
Porque la edad trae algo que la velocidad no puede comprar: criterio. Un algoritmo puede generar mil variaciones de un contenido en segundos. Pero una persona con treinta años de experiencia en su sector sabe cuál de esas mil variaciones funcionará realmente con sus clientes. Eso no se aprende en un bootcamp.
Entonces, ¿la IA no reemplaza la experiencia, sino que la amplifica?
Exactamente. La IA es un multiplicador de capacidad. Si tienes visión de negocio, la IA te permite ejecutarla a una escala que antes era imposible. Si no tienes esa visión, la IA solo te da herramientas bonitas sin dirección.
¿Cuál es el riesgo real entonces? Si la experiencia sigue siendo valiosa, ¿por qué tanta gente tiene miedo?
El miedo viene de no saber cómo integrar la IA en lo que ya haces. La gente ve herramientas nuevas y piensa que necesitan empezar de cero. No es así. Necesitan aprender a conectar lo que ya saben con lo que la IA puede hacer.
¿Y qué pasa con los que no se adapten en estos cinco años que menciona?
Tendrán que adaptarse de todas formas, pero desde una posición mucho más débil. Habrán perdido años de ventaja. Los que se adapten ahora estarán cinco años adelante. Esa brecha es difícil de cerrar.
¿Esto es realmente diferente de internet o las redes sociales, o es el mismo patrón otra vez?
Es el mismo patrón, pero acelerado. Internet tardó años en transformar los mercados. Las redes sociales, menos. La IA está haciendo en meses lo que antes tomaba años. La velocidad del cambio es lo que hace que sea urgente actuar ahora.