Lobos líderes reaccionan 13 veces más intensamente ante olores de intrusos

El mismo olor significa algo completamente distinto según quién eres
Una loba cambió su reacción ante estímulos olfativos al ascender de rango dentro de su manada.

En los zoológicos suizos, la ciencia midió por primera vez con precisión lo que la naturaleza lleva milenios practicando: los lobos que más tienen que perder son los que más atentos están a las señales del mundo. Un estudio con trece lobos en cautividad reveló que los jefes reproductores reaccionan trece veces más intensamente ante el olor de un intruso que sus subordinados, y que esa diferencia no es instinto fijo, sino un reflejo del lugar que cada animal ocupa en su comunidad. El hallazgo abre una vía inesperada hacia la convivencia: si los lobos leen el territorio a través del olfato, quizás también puedan ser guiados por él.

  • Los conflictos entre lobos y ganaderos siguen cobrando vidas —animales y medios de vida— mientras las soluciones tradicionales se quedan cortas.
  • Un experimento de veinte días en Suiza demostró que los líderes de manada visitan casi el doble de veces las fuentes de olor ajeno y despliegan marcajes territoriales activos, mientras los subordinados apenas olfatean con curiosidad.
  • Una loba que ignoraba la orina de otro lobo cuando era subordinada se volvió intensamente reactiva al mismo estímulo tras ascender de rango, revelando que la percepción del peligro es social, no automática.
  • Los investigadores apuntan a crear 'biocercas' olfativas que mantengan a los lobos alejados del ganado sin violencia, aunque reconocen que faltan años de trabajo en campo antes de que eso sea posible.

Durante veinte días de primavera de 2024, cámaras de video instaladas en zoológicos suizos registraron algo que los científicos sospechaban pero nunca habían cuantificado: los lobos líderes reaccionan de forma radicalmente distinta ante el olor de un intruso que sus compañeros subordinados. El estudio, publicado en Frontiers y conducido por la Universidad de Neuchâtel, expuso a trece lobos de cinco manadas a estaciones de olor colocadas en los límites de sus recintos, usando orina de lobo comercial y orina humana como control.

Los resultados dibujaron una jerarquía olfativa nítida. Los seis lobos reproductores mostraron trece veces más conductas de investigación y marcaje ante el olor de otro lobo que ante el humano, y visitaron las estaciones casi el doble de veces que los siete subordinados. Entre los líderes, el olfateo activo representó el setenta y tres por ciento de las respuestas, seguido de frotamientos; los subordinados, en cambio, se limitaron a curiosear sin avanzar hacia el marcaje territorial.

El caso más revelador fue el de una loba que, siendo subordinada, ignoró por completo la orina de otro lobo. Meses después, ya convertida en hembra reproductora de una manada diferente, reaccionó con intensidad ante el mismo estímulo. Ese giro sugiere que la interpretación de las señales químicas no es instintiva ni fija, sino que depende del rol social del animal: quien más tiene que defender, más vigilante está.

El estudio reconoce sus límites —la orina comercial utilizada no permitía conocer el sexo, edad ni estado reproductivo del donante—, pero abre una puerta práctica. El equipo busca identificar qué olores específicos resultan más disuasorios según el perfil del lobo, con la meta de desarrollar barreras olfativas que alejen a los animales del ganado sin recurrir a la violencia. Aún faltan años de investigación en hábitats naturales, pero la dirección es prometedora: comprender cómo los lobos leen el mundo a través del olfato podría proteger tanto a los rebaños como a los propios lobos.

En los zoológicos de Suiza, durante veinte días consecutivos de primavera en 2024, cámaras de video capturaron algo que los científicos ya sospechaban pero nunca habían medido con precisión: los lobos líderes de una manada reaccionan de manera radicalmente distinta ante el olor de un intruso que sus compañeros subordinados. El hallazgo, publicado en la revista Frontiers, proviene de un experimento cuidadosamente diseñado en el que trece lobos distribuidos en cinco manadas fueron expuestos a estaciones de olor colocadas en los límites de sus recintos, exactamente donde estos animales suelen marcar territorio.

Los investigadores de la Universidad de Neuchâtel instalaron dos tipos de estímulos: orina de lobo proveniente de un proveedor comercial estadounidense, y orina humana como control. La pregunta era simple pero fundamental: ¿reaccionaban los lobos simplemente por novedad, o podían distinguir la presencia de un potencial rival? Durante cincuenta y cinco horas de observación acumulada, los científicos registraron cada comportamiento: acercamientos, olfateos, frotamientos, marcajes con orina, defecación y rasguños alrededor de las estaciones.

Los números revelaron una jerarquía olfativa clara. Los seis lobos reproductores —los jefes de sus respectivas manadas— mostraron trece veces más conductas de investigación y marcaje ante la orina de otro lobo comparado con la orina humana. Más aún, estos líderes visitaron las estaciones de olor casi el doble de veces que los siete lobos subordinados. Cuando el olor era humano, los jefes acumularon trescientas doce pasadas frente a ciento dieciocho de los subordinados; con olor de lobo, la brecha se mantuvo similar: trescientas ocho frente a ciento dieciséis. El comportamiento predominante entre los líderes fue olfatear en el setenta y tres por ciento de los casos, seguido de frotarse en un veinte por ciento. Los subordinados, en contraste, respondieron casi exclusivamente con olfateo curioso, sin avanzar hacia acciones más deliberadas de marcaje territorial.

Un caso particular fascinó a los investigadores: una loba que, cuando ocupaba un rango subordinado, mostró completa indiferencia ante la orina de otro lobo. Meses después, cuando ascendió a hembra reproductora en una manada diferente, su respuesta ante el mismo estímulo se volvió intensamente reactiva. Este cambio sugiere que la interpretación de las señales olfativas no es automática ni instintiva, sino que depende directamente del estatus social del animal dentro de su grupo. Gwendolyn Wirobski, especialista en comportamiento animal del equipo de investigación, explicó que los lobos líderes tienen más en juego: deben defender territorio, crías y pareja. Por eso prestan atención vigilante a cualquier señal de amenaza potencial. Las señales químicas, en esta lectura, funcionan como información social que cada lobo interpreta de manera flexible según su propio rol.

El estudio tiene limitaciones reconocidas. La orina de lobo utilizada era comercial y su origen desconocido: no se sabía el sexo, edad ni estado reproductivo del donante, lo que significa que los investigadores no pueden precisar exactamente qué mensaje químico estaban recibiendo los animales. Las hormonas y características del emisor alteran significativamente el contenido de estas señales. A pesar de esta incertidumbre, la investigación abre una puerta práctica hacia soluciones reales. El equipo planea identificar qué olores específicos funcionan mejor según el sexo, edad o estatus social del lobo, con el objetivo de crear barreras olfativas que mantengan a los animales alejados de los rebaños de ganado.

Los próximos pasos incluyen pruebas continuadas en zoológicos y, eventualmente, en hábitats naturales, con colaboración de expertos en bioquímica que trabajarán con muestras de lobos identificados. Aún faltan años de investigación antes de que estas "biocercas" puedan implementarse en el campo. Pero el avance es promisorio. En la naturaleza, los enfrentamientos entre manadas son una de las principales causas de muerte entre lobos. Comprender cómo se comunican a través del olor y cómo interpretan las señales del entorno podría proteger tanto al ganado como a los propios lobos, utilizando métodos que respeten la vida silvestre y eviten la violencia.

Los lobos líderes tienen más que perder: deben defender su territorio, sus crías y su pareja. Por eso prestan más atención a cualquier señal de posible amenaza.
— Gwendolyn Wirobski, especialista en comportamiento animal
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
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¿Por qué un lobo líder reacciona tan diferente ante el mismo olor que uno subordinado?

Model

Porque el líder tiene responsabilidades que el subordinado no tiene. Debe defender territorio, crías, pareja. El olor de un intruso es una amenaza directa a todo eso. Para el subordinado, es solo información curiosa.

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Pero ¿cómo sabe el lobo que es un intruso y no solo otro lobo pasando?

Model

Las señales olfativas llevan información sobre quién es, dónde está, qué condición tiene. El líder las lee como una advertencia. El subordinado las lee como ruido.

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¿Y esa loba que cambió de comportamiento cuando ascendió de rango? ¿Eso significa que el instinto no es instinto?

Model

Exactamente. No es automático. Es aprendido, contextual. El mismo olor significa algo completamente distinto dependiendo de quién eres en la manada.

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¿Entonces podrían usar olores para mantener lobos lejos del ganado?

Model

Teóricamente sí. Pero necesitan saber qué olor específico funciona, para qué tipo de lobo, en qué circunstancia. Eso requiere años más de trabajo.

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¿Y si no funciona?

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Entonces habrán aprendido algo importante sobre cómo los lobos leen el mundo. Eso también vale.

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