El vecindario se extiende desde Florida hasta Guyana y Surinam
Mientras el Caribe concluía su cumbre anual en Santa Lucía, los líderes de CARICOM se ofrecieron como puente entre dos potencias que no se hablan, reconociendo en ese gesto tanto su solidaridad regional como los límites de su influencia. Las sanciones impuestas por Washington han sumido a Cuba en una crisis humanitaria de apagones prolongados y escasez básica, convirtiendo un conflicto geopolítico en sufrimiento cotidiano para millones de personas. Para las pequeñas naciones insulares del Caribe, mediar no es solo un acto diplomático: es la única herramienta disponible cuando la supervivencia propia también está en juego.
- Más de 240 sanciones desde enero de 2026 han cortado entre el 80 y el 90% de las importaciones energéticas de Cuba, dejando a la isla con apagones de hasta 25 horas diarias.
- La crisis es tan profunda que incluso comprar leche en polvo para bebés cubanos fue rechazada cuatro veces por los bancos antes de procesarse, atrapada en las redes del embargo.
- CARICOM notificó formalmente a Washington y La Habana su disposición a mediar, pero no logró una posición común entre sus quince miembros, con Dominica y República Dominicana absteniéndose en la ONU.
- La presión de Estados Unidos se extiende más allá de Cuba: los programas de Ciudadanía por Inversión y los acuerdos migratorios también quedaron sin consenso, amenazando economías insulares que dependen de ellos para sobrevivir.
- A pesar de tensiones internas —incluida una disputa sobre el liderazgo del bloque— CARICOM cerró la cumbre reafirmando su unidad y su convicción de que el vecindario caribeño no puede ignorar lo que ocurre en la isla.
En Castries, Santa Lucía, al cierre de la cumbre anual de CARICOM, las primeras ministras Mia Mottley de Barbados y Kamla Persad-Bissessar de Trinidad y Tobago encabezaron un llamado que resumía a la vez preocupación e impotencia: el bloque caribeño estaba dispuesto a mediar entre Washington y La Habana. La organización ya había notificado formalmente a ambos gobiernos su disponibilidad, aunque los quince miembros no lograron acordar una posición común más amplia sobre Cuba.
Lo que urgía esa oferta era una realidad devastadora. Desde enero de 2026, la administración Trump había impuesto más de 240 sanciones, reduciendo las importaciones energéticas cubanas entre un 80 y un 90 por ciento. El resultado: apagones de 22 a 25 horas diarias. Mottley ilustró la absurdidad con un ejemplo concreto: un intento de comprar leche en polvo para bebés destinada a Cuba fue rechazado cuatro veces por los bancos antes de procesarse. No era falta de dinero, sino sanciones tan amplias que ahogaban incluso las transacciones humanitarias.
«Hay una crisis humanitaria y no se puede seguir ignorando esa realidad», declaró Mottley. La tensión también se reflejó en la ONU, donde una votación sobre el embargo cubano obtuvo 136 votos a favor pero reveló grietas en el bloque: Dominica y República Dominicana se abstuvieron, rompiendo la tradición de unidad caribeña en asuntos relacionados con Cuba.
La presión de Washington no se detuvo en Cuba. Los acuerdos sobre migrantes deportados y el programa de Ciudadanía por Inversión también quedaron sin consenso. Gaston Browne, de Antigua y Barbuda, advirtió que su país recauda unos 100 millones de dólares anuales gracias a ese programa: para las pequeñas naciones insulares, la geopolítica es una cuestión de supervivencia económica, no un ejercicio abstracto.
La cumbre también sorteó tensiones internas, incluida una disputa de Trinidad sobre el liderazgo del bloque, resuelta antes del cierre. Mottley resumió la postura regional con una imagen sencilla: «Cuando vives en un vecindario, lo que pasa en él afecta a todos». Para el Caribe, la mediación no era una elección entre varias opciones. Era la única que les quedaba.
En la capital de Santa Lucía, mientras concluía la cumbre anual de CARICOM, los líderes del Caribe hicieron un anuncio que reflejaba tanto su preocupación como su impotencia: estaban dispuestos a servir de intermediarios entre Washington y La Habana. Mia Mottley, primera ministra de Barbados, y Kamla Persad-Bissessar, de Trinidad y Tobago, encabezaron el llamado después de cuatro días de deliberaciones en Castries. La organización ya había notificado formalmente a ambos gobiernos su disponibilidad para facilitar conversaciones, aunque los quince miembros del bloque no lograron ponerse de acuerdo en una posición común más amplia sobre la situación en la isla.
Lo que impulsaba esta oferta era una realidad cada vez más urgente. Desde enero de 2026, la administración Trump había impuesto más de 240 sanciones contra Cuba, reduciendo las importaciones energéticas entre 80 y 90 por ciento. El resultado era visible en las calles: apagones que duraban entre 22 y 25 horas diarias. Mottley ilustró el alcance de la crisis con un detalle que capturaba la absurdidad de la situación: un intento de comprar leche en polvo para bebés destinada a Cuba había sido rechazado cuatro veces por los bancos antes de que el pago finalmente se procesara el martes. No era un problema de dinero. Era un problema de sanciones tan amplias que incluso transacciones humanitarias quedaban atrapadas en sus redes.
«Este no es un tema fácil», admitió Mottley al cerrar la reunión. Pero insistió en que el diálogo era necesario, sin prejuicios, para buscar una resolución pacífica. «Hay una crisis humanitaria y no se puede seguir ignorando esa realidad», dijo. La postura del bloque reflejaba una tensión incómoda: reconocían que Cuba era un asunto complicado, como lo había demostrado la votación de la Asamblea General de las Naciones Unidas el martes anterior, cuando se aprobó un debate urgente sobre el embargo con 136 votos a favor, nueve en contra y 30 abstenciones. Era la primera vez que el régimen cubano recurría a ese mecanismo extraordinario.
Pero esa votación también reveló grietas en el consenso caribeño. Dominica y República Dominicana se abstuvieron, rompiendo la tradición de unidad de CARICOM en asuntos relacionados con Cuba. Terrance Drew, primer ministro de San Cristóbal y Nieves, quien había vivido en Cuba durante siete años estudiando medicina, resumió el sentimiento compartido: todos en la región estaban profundamente conmovidos por lo que estaba sucediendo. Desde la cumbre de febrero, cuando CARICOM había acordado una respuesta coordinada que incluía alimentos, medicinas y paneles solares, varios países habían enviado ayuda de forma individual.
La presión de Washington no se limitaba a Cuba. También pesaba sobre otros temas de la agenda. Los acuerdos sobre acogida de migrantes deportados de terceros países y el programa de Ciudadanía por Inversión quedaron sin una posición común, a pesar de que ambos afectaban directamente las economías insulares. Gaston Browne, primer ministro de Antigua y Barbuda, advirtió que su país recaudaba unos 100 millones de dólares anuales gracias al programa de inversión y que eliminarlo «puede no ser la opción más viable». Era un recordatorio de que para las pequeñas naciones caribeñas, la geopolítica no era un ejercicio abstracto sino una cuestión de supervivencia económica.
La cumbre también había superado tensiones internas. Persad-Bissessar había objetado la reelección de Carla Barnett como secretaria general del bloque, pero para el cierre de la reunión la disputa estaba suficientemente resuelta. «Trinidad permanece comprometida con CARICOM», declaró Persad-Bissessar. Mottley cerró con una metáfora que resumía la postura del bloque: «Cuando vives en un vecindario, lo que pasa en el vecindario afecta a todos. El vecindario se extiende desde Florida hasta Guyana y Surinam». Era una forma de decir que no podían ignorar lo que sucedía en Cuba, aunque tampoco podían enfrentarse directamente a Washington. La mediación era lo único que les quedaba.
Citas Notables
Hay una crisis humanitaria y no se puede seguir ignorando esa realidad— Mia Mottley, primera ministra de Barbados
Cuando vives en un vecindario, lo que pasa en el vecindario afecta a todos— Mia Mottley, al cerrar la cumbre de CARICOM
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué CARICOM se ofrece como mediador ahora, después de tantos años de embargo?
Porque la crisis humanitaria se ha vuelto insostenible para toda la región. Los apagones de 22 horas no son solo un problema cubano; afectan el comercio, la estabilidad, la migración. Los países caribeños están siendo arrastrados por las consecuencias.
Pero si no lograron una posición común, ¿qué tan creíble es su oferta?
Débil, probablemente. Dominica y República Dominicana se abstuvieron en la votación de la ONU. Eso muestra que hay países caribeños que no quieren enfrentarse a Washington, incluso sobre un tema humanitario.
¿Qué significa que un banco rechace cuatro veces una compra de leche en polvo?
Significa que las sanciones son tan amplias que paralizan incluso las transacciones más básicas. No es que no haya dinero. Es que el sistema financiero internacional tiene miedo de procesar cualquier cosa relacionada con Cuba.
¿Antigua y Barbuda está en riesgo por presión de Washington?
Sí. Recaudan 100 millones de dólares anuales con su programa de Ciudadanía por Inversión. Si Washington presiona para eliminarlo, pierden una fuente crucial de ingresos. Es un chantaje silencioso.
¿Qué espera realmente CARICOM lograr?
Probablemente nada inmediato. Pero necesitaban hacer algo visible, demostrar que están intentando resolver esto. Es una postura más que una estrategia.