Solo la mitad de los rehenes permanecía con vida, según Netanyahu en privado
En la oscuridad de un domingo de septiembre, el Mediterráneo oriental volvió a convertirse en escenario de una de las escaladas más intensas en décadas: Israel lanzó más de trescientos ataques contra Hezbolá en el Líbano, dejando al menos cien muertos, mientras en Gaza una escuela refugio ardía y decenas de rehenes permanecían en un limbo entre la vida y la muerte. Netanyahu proclamaba victorias militares al tiempo que admitía en privado pérdidas irreparables, y la comunidad internacional observaba con una angustia que comenzaba a parecerse a la impotencia.
- Más de trescientos ataques israelíes en una sola noche transformaron el sur del Líbano en un campo de escombros, con al menos cien muertos y cuatrocientos heridos que desbordaron los hospitales libaneses.
- Hezbolá respondió con cerca de cien cohetes lanzados en la madrugada, acelerando un ciclo de acción y represalia que no muestra señales de agotarse.
- Netanyahu reconoció en sesión cerrada que aproximadamente la mitad de los ciento un rehenes en Gaza ya no estarían con vida, una cifra que contrasta con el tono triunfal de sus declaraciones públicas.
- En Gaza, un bombardeo israelí sobre una escuela donde se refugiaban desplazados mató a siete civiles, repitiendo un patrón que la comunidad internacional denuncia sin lograr detener.
- La Unión Europea exigió un alto el fuego urgente en ambos frentes, mientras en Cisjordania soldados israelíes clausuraban las oficinas de Al Jazeera, extendiendo la represión al periodismo que documenta el conflicto.
El domingo por la noche, mientras la oscuridad caía sobre Oriente Medio, los números no dejaban de crecer. El ejército israelí había lanzado más de trescientos ataques contra posiciones de Hezbolá en distintas localidades libanesas, dejando al menos cien muertos y más de cuatrocientos heridos. Netanyahu apareció en vídeo con la seguridad de quien cree haber asestado un golpe decisivo: Israel había golpeado a Hezbolá de una manera que la organización no había imaginado, dijo, y si aún no lo entendía, pronto lo haría.
Pero en los pasillos del poder israelí circulaban cifras más sombrías. En una reunión a puerta cerrada del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa del Parlamento, Netanyahu habría reconocido que de los ciento un rehenes que se creía seguían en Gaza, solo la mitad permanecía con vida. Aproximadamente cincuenta personas que probablemente ya no regresarían.
Desde Beirut, el vicesecretario general de Hezbolá, Naim Qassem, declaró que su movimiento había entrado en una batalla abierta de ajuste de cuentas con Israel. A pesar de que un bombardeo israelí había matado días antes a más de una docena de altos cargos de la organización en la capital libanesa, Qassem insistió en que Hezbolá salía más fuerte, no más débil. Esa misma noche, cerca de cien cohetes fueron lanzados desde el Líbano; los aviones israelíes respondieron de inmediato, y el ciclo se aceleró sin señales de pausa.
En Gaza, la violencia seguía su propio curso: un bombardeo israelí golpeó una escuela donde se refugiaban desplazados en Ciudad de Gaza, matando a siete civiles. Israel confirmó el ataque argumentando uso militar del edificio por parte de Hamás. Desde Bruselas, la Unión Europea pedía un alto el fuego urgente en ambos frentes con una voz que sonaba cada vez más desesperada. Y en Ramala, soldados israelíes clausuraban las oficinas de Al Jazeera, un recordatorio de que la represión alcanzaba también a quienes intentaban documentar lo que estaba ocurriendo.
El domingo por la noche, mientras caía la oscuridad sobre Oriente Medio, los números seguían subiendo. Al menos cien personas muertas en el Líbano. Más de cuatrocientos heridos. El ejército israelí había lanzado más de trescientos ataques contra posiciones de Hezbolá en varias localidades libanesas, y el primer ministro Benjamín Netanyahu estaba listo con un mensaje para quien quisiera escucharlo.
En un vídeo publicado en la web de su oficina, Netanyahu habló con la seguridad de quien cree haber ganado una batalla decisiva. Dijo que habían golpeado a Hezbolá de una manera que la organización no había imaginado. El mensaje, explicó, era claro: Israel estaba decidido a devolver a los residentes del norte del país a sus hogares de forma segura. Si Hezbolá no había entendido, añadió, lo entendería pronto.
Pero mientras Netanyahu hablaba de victorias militares, otras cifras circulaban en los pasillos del poder israelí. En una reunión a puerta cerrada del Comité de Asuntos Exteriores y Defensa del Parlamento, según reportó la Radio del Ejército, Netanyahu había reconocido algo más sombrío: de los ciento un rehenes que Israel creía que seguían en Gaza, solo la mitad permanecía con vida. Eso significaba aproximadamente cincuenta personas que probablemente ya no volverían a casa.
Desde Beirut llegaban otras voces. Naim Qassem, vicesecretario general de Hezbolá, declaró que su movimiento había entrado en una batalla abierta de ajuste de cuentas con Israel. A pesar de que el viernes anterior un bombardeo israelí había matado a más de una docena de altos cargos de la organización en la capital libanesa, Qassem insistió en que Hezbolá se había hecho más fuerte, no más débil.
La noche del domingo fue particularmente violenta. Alrededor de cien cohetes fueron lanzados desde el Líbano durante la madrugada. Los sistemas de defensa aérea israelíes interceptaron decenas de ellos, pero los aviones israelíes respondieron de inmediato, reanudando los ataques contra lo que el ejército llamaba objetivos de la organización terrorista. El ciclo de acción y reacción se aceleraba sin señales de desaceleración.
En Gaza, mientras tanto, la violencia seguía su propio curso. Un bombardeo israelí golpeó una escuela donde se habían refugiado personas desplazadas en Ciudad de Gaza, matando a siete civiles. Israel confirmó el ataque pero no especificó el número de víctimas, argumentando, como lo había hecho en innumerables ocasiones anteriores, que el centro era utilizado por Hamás y que había tomado medidas para minimizar el daño a civiles.
Desde Bruselas, la Unión Europea pedía un alto el fuego urgente tanto en la frontera entre Líbano e Israel como en Gaza. El jefe de la diplomacia europea expresó una preocupación que sonaba cada vez más desesperada: la escalada de violencia en el Líbano tras los atentados del viernes en Beirut y el aumento de la violencia transfronteriza entre Israel y Hezbolá estaban llevando la región hacia un territorio desconocido.
En Ramala, en Cisjordania, soldados israelíes irrumpieron en las oficinas de Al Jazeera y las cerraron. La cadena de noticias catarí condenó lo que llamó un acto criminal y anunció que acudiría a la justicia. Era un recordatorio de que la violencia y la represión se extendían más allá de los bombardeos, alcanzando también a quienes intentaban documentar lo que estaba sucediendo.
Notable Quotes
Hemos golpeado a Hezbolá como no imaginaban, si no han entendido el mensaje, lo harán— Benjamín Netanyahu, primer ministro de Israel
Hezbolá ha entrado en una batalla abierta de ajuste de cuentas con Israel y se ha hecho más fuerte— Naim Qassem, vicesecretario general de Hezbolá
The Hearth Conversation Another angle on the story
¿Qué significa realmente cuando Netanyahu dice que han golpeado a Hezbolá "como no imaginaban"? ¿Es una victoria militar o una advertencia?
Es ambas cosas. Dice que han destruido más de trescientos objetivos militares, pero también está enviando un mensaje político. Quiere que Hezbolá entienda que Israel puede seguir así indefinidamente si es necesario.
Y sin embargo, Hezbolá responde diciendo que se ha hecho más fuerte. ¿Cómo puede ser cierto ambas cosas?
Porque la fuerza militar y la capacidad de resistencia no son lo mismo. Hezbolá perdió líderes importantes, pero su narrativa es que su voluntad de lucha no se ha roto. Para sus seguidores, eso importa tanto como los números de bajas.
¿Qué nos dice el hecho de que Netanyahu admita en privado que solo la mitad de los rehenes siguen vivos?
Que la guerra tiene un costo que no se puede ocultar indefinidamente. Esos cincuenta rehenes presumiblemente muertos son una realidad que Netanyahu debe gestionar mientras justifica la continuación de la ofensiva.
¿Por qué la UE pide un alto el fuego si parece que nadie está escuchando?
Porque es lo que hacen las instituciones internacionales cuando pierden el control de una situación. Es una declaración de impotencia disfrazada de diplomacia. Nadie cree que vaya a funcionar, pero tampoco pueden quedarse en silencio.
¿Qué significa que Israel cierre la oficina de Al Jazeera?
Significa que el conflicto ya no es solo sobre militares y civiles. Es también sobre quién cuenta la historia. Cerrar una oficina de noticias es un acto de control narrativo, una forma de decir: esto es lo que verán, esto es lo que no verán.