Sin su labor de aprovisionamiento, esos viajes no tendrían sentido
En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Acción contra el Hambre puso nombre y rostro a quienes sostienen la ayuda desde la sombra: el conductor que traza rutas seguras en territorio ocupado, la logista que mantiene vivas las cadenas de suministro, la recepcionista que custodia el umbral de una oficina en guerra, la asistenta de limpieza que convierte el espacio en refugio, el guardia que vela por quienes velan por otros. Sus historias, dispersas entre Palestina, Guatemala, Siria, Mali y Mauritania, recuerdan que ninguna operación humanitaria existe sin la arquitectura invisible de quienes nunca aparecen en los titulares.
- En zonas de conflicto, pandemia y crisis climática, los roles de apoyo humanitario pasaron de ser invisibles a ser indispensables: sin ellos, los proyectos que llegan a millones de personas simplemente no funcionan.
- La pandemia expuso la fragilidad de estas cadenas: logistas tuvieron que reinventar circuitos de aprovisionamiento rotos, recepcionistas se convirtieron en guardianes sanitarios y personal de limpieza asumió protocolos de desinfección críticos para la continuidad operativa.
- En los primeros siete meses de 2021, 284 trabajadores humanitarios fueron asesinados, heridos o secuestrados, una cifra que convierte la labor de guardias y conductores en una apuesta diaria por la vida propia y la de sus compañeros.
- Desde Hebrón hasta Basikounou, cinco trabajadores de ACH demuestran que reconocer estos roles no es un gesto simbólico, sino una condición para que la ayuda humanitaria pueda operar con eficacia en los contextos más hostiles del planeta.
Cuando se imagina la ayuda humanitaria, rara vez aparece el conductor que revisa seis vehículos antes del amanecer, o la logista que cotiza insumos para que lleguen a comunidades remotas, o el guardia que vigila una base fronteriza en el Sahel. Acción contra el Hambre decidió cambiar eso en el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, visibilizando a cinco trabajadores cuyos roles de apoyo son, en realidad, el esqueleto de cualquier operación humanitaria.
Khaled Hjouj, conductor en Hebrón con formación en enfermería, coordina rutas en Cisjordania sorteando controles y amenazas crecientes. Uno de sus vehículos fue atacado recientemente, pero sigue creyendo que su trabajo es parte de un compromiso con la dignidad humana. Gracias a conductores como él, ACH implementó 28 proyectos en la región en 2020. En Guatemala, Gaby Ovando gestiona el aprovisionamiento desde Ciudad de Guatemala: cuando la pandemia rompió las cadenas de suministro, fue su determinación la que permitió que llegaran equipos de protección individual a quienes trabajaban sobre el terreno, en un país que no conoce tregua entre huracanes, terremotos y sequías.
En Damasco, Dina Almufti es la primera persona que ven quienes entran a la oficina de ACH. A sus 33 años, gestiona telecomunicaciones, documentación y, desde la pandemia, los protocolos sanitarios de acceso. Opera en un país donde 13 millones de personas necesitan ayuda y más del 80% vive bajo el umbral de pobreza. En Bamako, Hawa Thera lleva casi 25 años limpiando las oficinas de ACH en Mali. Durante el confinamiento se quedó en casa, un período muy duro; cuando regresó, su labor de desinfección diaria se volvió más crítica que nunca para proteger a sus compañeros.
En Mauritania, Mohamed Ag Mohamed Abba vigila desde hace siete años una base próxima al campo de Mbera, donde viven más de 50.000 refugiados malienses. En una región donde los trabajadores humanitarios son objetivo de grupos armados y las inundaciones se intensifican por la crisis climática, su presencia es lo que permite que el resto del equipo pueda hacer su trabajo. Los 284 trabajadores humanitarios atacados en los primeros siete meses de 2021 recuerdan que esta invisibilidad tiene un coste real. Reconocer a quienes sostienen la ayuda desde la sombra no es solo justicia: es una condición para que la ayuda siga existiendo.
Cuando se habla de trabajo humanitario, la imagen que viene a la mente suele ser la del médico en un campamento de refugiados o el técnico especializado distribuyendo ayuda de emergencia. Pero detrás de cada proyecto que llega a cientos de miles de personas existe una red de profesionales cuyo trabajo pasa casi desapercibido: chóferes que navegan territorios peligrosos, logistas que resuelven acertijos de suministro, recepcionistas que son la primera línea de contacto, personal de limpieza que mantiene espacios seguros, guardias de seguridad que protegen a equipos en zonas de conflicto. En el Día Mundial de la Asistencia Humanitaria, Acción contra el Hambre decidió visibilizar a estas personas, cuyos nombres y historias raramente aparecen en los reportes de impacto pero cuya ausencia haría colapsar cualquier operación humanitaria.
Khaled Hjouj tiene 32 años y es conductor en Hebrón, en el territorio palestino ocupado. Cada mañana, antes de que salga el sol, revisa el mantenimiento de seis vehículos, verifica sistemas de seguridad y coordina rutas considerando tanto la geografía como los riesgos del terreno. Su trabajo no es simplemente llevar gente de un lugar a otro. En Cisjordania, donde opera, los controles se han multiplicado, las amenazas aumentan y hace poco uno de sus coches fue atacado. Hjouj, quien estudió enfermería y trabajó como agente de ambulancias antes de unirse a la organización hace ocho años, entiende que su rol es crucial para que los equipos puedan operar con seguridad. Mantiene contacto permanente con su equipo, reporta emergencias, se asegura de que cada viaje sea viable. Cree que todas las personas merecen vivir con dignidad, con acceso a agua, vivienda, educación y servicios básicos, y ve su trabajo como parte de ese compromiso. Gracias a conductores como él, Acción contra el Hambre implementó 28 proyectos en la región durante 2020, enfocados en emprendimiento inclusivo, empoderamiento económico de jóvenes y mujeres, y programas de agua y saneamiento.
En Guatemala, Gabriela Ovando, conocida como Gaby, es logista y aprovisionadora en la oficina de Ciudad de Guatemala desde hace dos años y medio. Su día consiste en revisar correos, validar solicitudes de pedidos, cotizar insumos y entregar productos. Parece rutinario hasta que se entiende el contexto: Guatemala es un país que requiere ayuda de emergencia con demasiada frecuencia. Desde el huracán Mitch hace más de veinte años hasta las tormentas Eta e Iota del año pasado, el país no conoce tregua. Terremotos, erupciones volcánicas, sequías intensas en el corredor seco centroamericano que golpean la seguridad alimentaria de miles cada año. El último año fue particularmente desafiante para equipos como el de Gaby. La pandemia complicó los circuitos de aprovisionamiento de manera dramática, pero su determinación permitió que llegaran equipos de protección individual para mantener las actividades en condiciones seguras. Ella sabe que su trabajo es un eslabón clave en la cadena humanitaria. Ha visitado comunidades remotas en Chiquimula, ha visto cómo los chóferes logran llegar a lugares casi inaccesibles, y comprende que sin su labor de aprovisionamiento, esos viajes no tendrían sentido. Lo que la motiva es simple: poder brindar ayuda a migrantes cuando llegan al país, entregarles equipos de protección, mascarillas, insumos para su cuidado personal.
En Damasco, Siria, Dina Almufti es recepcionista en la oficina de Acción contra el Hambre desde hace tres años. A los 33 años, es la primera persona que ven quienes entran a esa oficina. Registra visitantes, gestiona entradas y salidas, maneja telecomunicaciones externas, actualiza listas de contactos, apoya con documentación y archivo. Desde que comenzó la pandemia, su trabajo adquirió una nueva dimensión: asegurar que todos los que entren cumplan protocolos, lleven mascarilla, se desinfecten las manos. Siria requiere ayuda humanitaria de manera urgente. Trece millones de personas necesitan asistencia. Más del 80 por ciento de la población vive bajo el umbral de pobreza, y el 71 por ciento de los hogares reporta carencias en alimentación y nutrición. Acción contra el Hambre opera en el país desde antes de que comenzara el conflicto en 2011. En 2020, sus equipos llegaron a más de dos millones de personas, más del doble que en 2019. Dina se siente orgullosa de participar en esa lucha contra el hambre, de ser parte del esfuerzo colectivo para ayudar a Siria a recuperarse de la guerra.
En Bamako, Mali, Hawa Thera trabaja como asistenta de limpieza. Lleva casi 25 años con la organización, prácticamente desde que abrieron la delegación en el país. Mali enfrenta inseguridad, cambio climático, períodos de carestía, y desde el año pasado, la covid-19. El impacto económico fue catastrófico: el crecimiento económico cayó del 5 por ciento al 0,9 por ciento en 2020. Durante el confinamiento, Thera se quedó en casa, un momento muy difícil. Cuando regresó a la oficina, su tarea se volvió aún más crítica. Todos los días limpia cada cuarto, cada despacho, la cocina, desinfecta los baños. Antes de la pandemia, solía recoger platos, vasos, cucharas y tenedores dispersos por toda la oficina. Pero con la conciencia sobre la higiene para prevenir covid-19, los trabajadores adquirieron el hábito de recoger sus cosas. Se reforzó el uso de geles desinfectantes y mascarillas. Para Thera, es un orgullo formar parte de un equipo que trabaja para ayudar a los más necesitados, y sabe que su trabajo contribuye a que sus compañeros tengan un entorno seguro e higiénico.
En Basikounou, Mauritania, Mohamed Ag Mohamed Abba es guardia de seguridad desde hace siete años. Trabaja en una región fronteriza con Mali, muy cerca del campo de Mbera, que aloja a más de 50.000 refugiados, principalmente malienses. Las violencias y conflictos en los países centrales del Sahel han generado desplazamientos masivos. Cuando el personal humanitario se convierte en objetivo de grupos armados, ser guardián en las bases donde operan las organizaciones se convierte en una responsabilidad enorme. En los primeros siete meses de 2021, 284 trabajadores humanitarios fueron asesinados, heridos o secuestrados en diferentes lugares del mundo. Abba vigila las idas y venidas de personas que no pertenecen a la organización. También está preparado para desastres naturales. La crisis climática provoca eventos cada vez más extremos en esa zona: sequías prolongadas, grandes inundaciones. Ha asistido a inundaciones y, junto con el equipo, ha tenido que actuar para quitar el agua del campo. Abba ayuda en lo que puede porque se siente parte de un equipo que hace un trabajo fundamental. Lucha contra la pobreza y la desnutrición, ayuda a la población a mejorar sus condiciones de higiene, saneamiento y seguridad alimentaria.
Citações Notáveis
Todas las personas deben vivir con dignidad y deben tener acceso a agua, a la vivienda, a la educación y a todos los servicios y necesidades básicas— Khaled Hjouj, conductor en territorios palestinos ocupados
Es un orgullo formar parte de un equipo que trabaja para ayudar a los más necesitados— Hawa Thera, asistenta de limpieza en Mali
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué crees que estas profesiones permanecen tan invisibles si son tan críticas para que funcione todo?
Porque el trabajo humanitario se ha romantizado alrededor de ciertos roles. Cuando ves a un médico salvando vidas, eso es visible, es dramático. Pero sin Khaled navegando controles militares cada mañana, ese médico nunca llega al paciente.
¿Qué cambió con la pandemia para estos trabajadores?
La pandemia hizo evidente lo que siempre fue cierto. De repente, la limpieza de Hawa no era un detalle administrativo, era seguridad. Los protocolos de Dina en recepción eran la diferencia entre contagio y no contagio. La logística de Gaby se volvió un acertijo imposible que tuvo que resolver de todas formas.
¿Hay riesgo real para estas personas?
Absoluto. Mohamed está en una zona donde grupos armados atacan a trabajadores humanitarios. Khaled conduce en territorio ocupado donde los coches son atacados. No es teórico. En solo siete meses de 2021, 284 trabajadores humanitarios fueron asesinados, heridos o secuestrados.
¿Qué los mantiene en estos trabajos?
Creo que es genuino. Hawa dice que es un orgullo formar parte de un equipo que ayuda a los más necesitados. Khaled cree que todas las personas merecen dignidad. No es retórica. Es lo que los mueve cada mañana.
¿Qué pasaría si estos roles desaparecieran?
Colapso total. Sin logística, no hay suministros. Sin seguridad, los equipos no pueden operar. Sin chóferes, no hay acceso a comunidades remotas. Sin limpieza, hay brotes de enfermedad. Cada pieza sostiene a todas las demás.