Las potencias europeas: ligas excelentes, selecciones en declive

Qatar 2022 marcó el fin del miedo
Equipos pequeños como Japón y Marruecos derrotaron a potencias sin complejos, transformando la mentalidad del fútbol mundial.

Qatar ejecutó un Mundial impecable en infraestructura, seguridad y logística, llenando estadios con público asiático multitudinario y pacífico que se apasionó por el fútbol. Argentina dominó el torneo con juego técnico e inteligencia táctica, ganando la final en espectáculo épico de seis goles, tiempo extra y penales contra Francia.

  • Argentina ganó la final 6-3 contra Francia en tiempo extra y penales
  • Lionel Messi, a los 35 años, jugó 690 minutos, metió 7 goles y 3 asistencias
  • Se marcaron 172 goles totales, la cifra máxima en 22 Mundiales
  • Japón eliminó a Alemania; Arabia Saudita derrotó a Argentina; Marruecos eliminó a España
  • Lionel Scaloni ganó el Mundial sin experiencia previa como entrenador

Análisis del Mundial Qatar 2022 destacando la excelencia organizativa, la final épica ganada por Argentina con Messi, y la paradoja de potencias europeas con ligas superiores pero selecciones en declive.

Qatar 2022 quedará en la historia como un torneo que funcionó casi sin fisuras. Desde el primer partido hasta el último, todo estuvo listo, todo funcionó. Los estadios brillaban, los transportes llegaban a tiempo, la seguridad fue discreta pero efectiva, y los aficionados —millones de ellos llegados desde Asia— llenaron las gradas con una pasión que nadie esperaba. El ministro de Finanzas qatarí lo había dicho con claridad meses antes: no iban a seguir pintando mientras la gente ya estaba en el país. Cumplieron.

Pero lo que hizo verdaderamente memorable a este Mundial fue la final. Argentina y Francia jugaron un partido que probablemente no volverá a verse: seis goles, tiempo extra, penales, y una docena de momentos que dejaron a los espectadores al borde del infarto. Durante 80 minutos, Argentina fue superior, técnicamente limpia, tácticamente inteligente, casi asfixiante. Luego Mbappé despertó y todo se convirtió en un volcán de emociones. Para quien miraba sin bandera, fue formidable. El segundo gol argentino fue una obra maestra: Molina a Mac Allister, Mac Allister a Messi, Messi abre para Álvarez, devolución a Mac Allister, y Di María remata cruzado desde la izquierda. Un poema geométrico.

Lionel Messi, a los 35 años, finalmente levantó la Copa del Mundo. Jugó los 690 minutos que Argentina estuvo en cancha, más otros 90 de tiempo adicionado. Metió siete goles en siete partidos, dio tres asistencias, y fue mucho más que un jugador: fue la mente, el cuerpo y el alma del campeón. Décadas pasarán y seguirá siendo recordado como el Mundial de Messi. Pero Argentina no ganó solo por él. El equipo fue claramente el mejor del torneo. Aplastó a Croacia, superó a Holanda en los primeros 70 minutos y en todo el tiempo suplementario, ganó con amplitud a Polonia y a México. Cuando tuvo que ir a penales, se impuso psicológicamente a sus rivales.

Lo que sorprendió fue el ascenso de los pequeños. Arabia Saudita derrotó a Argentina. Japón eliminó a España y a Alemania. Túnez venció a Francia. Australia superó a Dinamarca. Marruecos derrotó a Bélgica y eliminó a España. Estos resultados no fueron accidentes; fueron el reflejo de equipos que salieron a jugar sin complejos, sin miedo reverencial a los nombres grandes. Ganaran o perdieran, ya no temblaban. Qatar 2022 marcó el fin de una era de intimidación.

En contraste, las potencias europeas se desmoronaban. Italia no clasificó al Mundial por segunda vez consecutiva. Alemania fue eliminada en primera fase nuevamente, esta vez por Japón, en un grupo que parecía fácil. Brasil acumula cinco torneos sin títulos. España, campeona en 2010, suma tres fracasos seguidos. Inglaterra, que ganó en 1966, ha visto pasar 14 Mundiales sin volver a una final. Algo está roto en los pesos pesados. Sus ligas domésticas son las mejores del mundo, pero sus selecciones están en declive.

El torneo fue compacto, todos los estadios en una misma ciudad, lo que permitió a los aficionados asistir a dos o incluso tres partidos en un día con trayectos de una hora como máximo entre sedes. Autopistas impecables, tren, metro, bus. Todo gratis. Fue una novedad que funcionó. Y el público asiático, multitudinario y pacífico, le dio al torneo una dimensión que Europa no le habría dado. La FIFA ganó un mercado de 4.000 millones de habitantes. Marruecos y Túnez también aportaron decenas de miles de seguidores.

Lionel Scaloni, el entrenador argentino de 44 años, llegó sin experiencia previa y armó un equipo desde la nada. Ganó una Copa América, el Mundial, terminó la Eliminatoria invicto. Pero más allá de los títulos, lo notable fue su personalidad: serenidad, autoridad, decisiones sin dudas, relación clara con los jugadores sin comprometerse con ellos. Fue tácticamente brillante. Se marcaron 172 goles en total, la cifra más alta en los 22 Mundiales disputados hasta entonces. El promedio fue de 2,68 goles por partido, mejorando las seis ediciones anteriores. Los exjugadores criticaron el nivel, como siempre lo hacen, pero lo cierto es que hubo partidos grandes, juego veloz, intensidad notable y prestación física fabulosa. En la final, entre los cuatro tiempos, hubo 19 minutos de tiempo adicionado. Se jugaron 139 minutos más los penales. Podían haber seguido.

No queremos seguir dando capas de pintura mientras las personas llegan al país
— Ali Shareef Al-Emadi, ministro de Finanzas de Qatar
Dos cosas son seguras, todo estará perfecto y será muy cómodo, en media hora se va de un estadio a otro
— Gabriel Batistuta, exjugador argentino
The Hearth Conversation Another angle on the story
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¿Por qué Qatar logró lo que otros países no? ¿Qué hizo diferente?

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Contrataron expertos internacionales un año antes en todas las áreas: estadios, hotelería, transportación, seguridad. No improvisaron. Dijeron que no iban a seguir pintando mientras la gente llegaba. Todo estuvo listo desde el primer día.

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La final fue épica, pero ¿fue realmente el mejor partido de la historia?

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Fue el mejor de una Copa del Mundo, sin duda. Seis goles, tiempo extra, penales, una docena de momentos dramáticos. Para el hincha neutral fue formidable. Pero lo que lo hizo especial fue que Argentina jugó para ganar desde el principio, no para calcular. Eso abrió la puerta a la tormenta.

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¿Qué significa que equipos pequeños hayan derrotado a potencias sin complejos?

Model

Significa que el miedo se acabó. Arabia Saudita, Japón, Marruecos, Túnez: salieron a jugar como iguales. Ganaran o perdieran, ya no temblaban. Es un cambio de mentalidad que probablemente no se revierta.

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Pero las potencias europeas tienen las mejores ligas del mundo. ¿Cómo es posible que sus selecciones fallen?

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Las ligas son competitivas, tienen dinero, infraestructura. Pero las selecciones necesitan otra cosa: cohesión, identidad táctica, liderazgo. Italia no clasificó dos veces. Alemania cae en grupos fáciles. España suma tres fracasos. Algo está roto en la construcción de esos equipos.

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¿Messi fue el mejor del torneo o Argentina fue el mejor equipo?

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Ambas cosas. Messi fue extraordinario, pero Argentina fue claramente superior. Aplastó a Croacia, controló a Holanda, ganó con amplitud a Polonia y México. Messi fue la bandera, pero el equipo fue el instrumento.

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¿Qué pasó con Scaloni? Llegó sin experiencia.

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Armó un equipo desde la nada. Ganó una Copa América, el Mundial, terminó la Eliminatoria invicto. Pero lo notable fue su autoridad, su serenidad, sus decisiones sin dudas. Fue tácticamente brillante. Eso no se improvisa.

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