Las mujeres tienen que demostrar más para acceder a los mismos puestos
En un momento en que la economía global exige con urgencia profesionales capaces de guiar la transición ecológica, España enfrenta una paradoja reveladora: las mujeres, quienes muestran mayor afinidad y compromiso con la sostenibilidad, permanecen casi ausentes de los espacios donde se toman las decisiones ambientales más importantes. Esta brecha no es solo una injusticia individual, sino una pérdida colectiva que debilita la capacidad de las organizaciones para responder al desafío climático con toda la inteligencia disponible.
- La demanda de talento verde crece aceleradamente, pero el acceso está casi cerrado para quienes no tienen experiencia previa, lo que convierte al sector en un círculo difícil de romper.
- Las mujeres lideran en disposición hacia la sostenibilidad —el 77% frente al 67% de los hombres— pero ocupan apenas el 20-21% de los puestos directivos en ese mismo campo.
- España supera la media mundial en contratación verde, pero la brecha de género en liderazgo ambiental es aquí más profunda que en el resto del mundo, no menor.
- La diversidad en los consejos de administración no es solo un imperativo ético: las empresas con mayor representación femenina demuestran mejor gestión del riesgo y avances más sólidos en sostenibilidad.
- Para cerrar la brecha hacen falta dos palancas simultáneas: formación temprana con perspectiva de liderazgo para mujeres, y criterios de selección que no exijan a ellas más que a ellos para acceder al mismo puesto.
España vive un auge en la demanda de profesionales con habilidades verdes. Según datos de LinkedIn presentados en la COP28, las competencias más buscadas incluyen gestión de recursos hídricos, permisos medioambientales y consultoría de sostenibilidad. Sin embargo, cuatro de cada cinco personas que acceden a estos empleos ya cuentan con experiencia previa en el sector, lo que estrecha considerablemente la puerta de entrada para el talento nuevo.
Lo paradójico es que las mujeres, quienes muestran mayor sensibilidad hacia la sostenibilidad, son precisamente quienes menos poder tienen en ese ámbito. El Instituto de la Mujer documenta que el 77% de las mujeres considera importante el impacto del consumo en el clima, frente al 67% de los hombres. El 86% valora la sostenibilidad de los alimentos que compra, y el 84,3% estaría dispuesta a pagar más por productos responsables. Francisco Mesonero, del Grupo Adecco, atribuye esta mayor disposición a factores biológicos, sociales y culturales que potencian la empatía femenina, respaldados por estudios realizados en 36 países.
Pese a ello, las mujeres ocupan solo el 20% de los puestos de vicepresidenta y el 21% de los roles directivos en sostenibilidad en España, cifras inferiores incluso al promedio mundial. Rosario Sierra, de LinkedIn España y Portugal, advierte que aunque ellas se han incorporado al talento verde más rápido que los hombres en los últimos dos años, ese ritmo sigue siendo 2,5 veces inferior al necesario para cerrar la brecha.
La consecuencia es concreta: cuando menos de un cuarto de las mujeres accede a roles de decisión, sus perspectivas quedan fuera de los comités que definen el rumbo ambiental de las organizaciones. Un estudio de Informa demostró que las empresas con mayor representación femenina en sus consejos obtienen mejores resultados en gestión del riesgo y sostenibilidad. Además, los datos de LinkedIn revelan que cuando los hombres acceden a empleos verdes, sus habilidades previas coinciden un 27% más con el nuevo rol que en el caso de las mujeres, lo que implica que ellas deben demostrar más para llegar al mismo lugar.
Mesonero y Sierra coinciden en que la solución exige actuar en dos frentes: detectar y formar tempranamente a mujeres con vocación en sostenibilidad, y garantizar criterios de selección equitativos. Solo uno de cada ocho empleados en el mundo posee habilidades verdes. Mientras no existan políticas claras de capacitación y selección justa, el sector seguirá desperdiciando el talento de quienes más lo desean.
En España, la demanda de profesionales con habilidades verdes crece a ritmo acelerado. Según datos de LinkedIn presentados en la COP28, las empresas buscan desesperadamente talento capaz de gestionar recursos hídricos, navegar permisos medioambientales, diseñar estrategias de sostenibilidad y entender el derecho ambiental. Estas cinco competencias definen el perfil más buscado en un sector que promete transformar la economía. Pero hay un problema: cuatro de cada cinco personas que acceden a estos empleos ya traen experiencia previa en el campo. La puerta de entrada es estrecha, y eso significa que el talento nuevo tiene dificultades para entrar.
Lo que hace más urgente esta escasez es que las mujeres, paradójicamente, muestran mayor disposición hacia la sostenibilidad que los hombres. El Instituto de la Mujer documenta que el 77 por ciento de las mujeres considera importante cómo el consumo afecta el cambio climático, frente al 67 por ciento de los hombres. El 86 por ciento de ellas valora la sostenibilidad de los alimentos que compra. Incluso el 84,3 por ciento pagaría más por productos producidos de manera responsable. Francisco Mesonero, director de sostenibilidad del Grupo Adecco, explica que esto no es casualidad. Estudios recientes, incluido uno de la Universidad de Cambridge realizado en 36 países, muestran que las mujeres desarrollan con mayor intensidad la empatía y la conexión emocional. Esas cualidades las capacitan para comprender el impacto de sus acciones en las comunidades y para construir puentes de entendimiento. Además, históricamente las mujeres han tenido presencia mayoritaria en ciencias sociales, el campo del que típicamente provienen los profesionales de sostenibilidad. Hay referentes femeninos en el terreno, lo que facilita que otras mujeres orienten sus carreras en esa dirección.
Pero aquí está la contradicción que define el momento: mientras las mujeres llegan a estos empleos con mayor entusiasmo, están casi ausentes de los lugares donde se toman decisiones. En España, la contratación verde alcanzó un pico del 28 por ciento este año, superando el promedio mundial del 24 por ciento. Sin embargo, la brecha de género en el sector crece. Las mujeres ocupan solo el 20 por ciento de los puestos de vicepresidenta y el 21 por ciento de los roles directivos en sostenibilidad, comparado con el 27 por ciento y 25 por ciento respectivamente en la economía mundial. Rosario Sierra, directora de negocio corporativo de LinkedIn España y Portugal, advierte que aunque las mujeres se han incorporado a la reserva de talento verde a un ritmo mayor que los hombres en los últimos dos años, ese crecimiento sigue siendo 2,5 veces inferior al necesario para cerrar la brecha.
Esta infrarepresentación en el liderazgo tiene consecuencias concretas. Cuando menos de un cuarto de las mujeres accede a roles de decisión en sostenibilidad, sus voces y perspectivas quedan fuera de los comités de dirección. Sierra insiste en que la diversidad de opinión es fundamental: hombres y mujeres lideran de formas diferentes, y ambas formas importan cuando se toman decisiones que afectarán a muchos. La evidencia lo respalda. Un estudio de Informa sobre consejos de administración en empresas españolas, realizado hace una década, mostró que las compañías con mayor representación femenina en sus consejos tienen mejor desempeño en gestión del riesgo y avanzan más rápidamente en sus indicadores de sostenibilidad.
Mesonero señala que las mujeres tienden a adoptar un liderazgo colaborativo y participativo que facilita la implementación de prácticas sostenibles. Pero para que eso suceda a escala, es necesario actuar en dos frentes. Primero, en la educación: detectar temprano a las mujeres con vocación en sostenibilidad y ofrecerles formación en liderazgo inclusivo y competencias ambientales. Segundo, en la selección: los reclutadores deben exigir las mismas habilidades a todos los candidatos sin importar género. Los datos de LinkedIn muestran que cuando los hombres entran a empleos verdes, sus habilidades previas coinciden un 27 por ciento más con el nuevo rol que en el caso de las mujeres. Eso significa que las mujeres tienen que demostrar o adquirir más competencias para acceder a los mismos puestos.
Sierra enfatiza que solo uno de cada ocho empleados en el mundo tiene una o más habilidades verdes. La escasez es global. Pero mientras gobiernos, empresas y sistemas educativos no se comprometan con políticas claras de capacitación y con criterios equitativos de selección, la paradoja seguirá: un sector que necesita desesperadamente talento, liderado por mujeres que lo desean, pero donde ellas siguen sin poder decidir.
Citas Notables
La escasez de habilidades sostenibles es un desafío global que requiere una respuesta inmediata y coordinada— Rosario Sierra, directora de negocio corporativo de LinkedIn España y Portugal
Las mujeres tienden a adoptar un estilo de liderazgo colaborativo y participativo que facilita la implementación de prácticas sostenibles— Francisco Mesonero, director de sostenibilidad del Grupo Adecco
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
¿Por qué las mujeres se preocupan más por la sostenibilidad si históricamente han tenido menos poder en las decisiones ambientales?
No es que tengan más poder. Es que tienen más empatía documentada, más conexión emocional con el impacto de sus acciones. Eso las empuja a consumir de forma más consciente, a exigir productos sostenibles. Pero esa preocupación no se traduce en influencia en las salas de juntas.
Entonces, ¿es un problema de educación o de selección?
Es ambos. Las mujeres tienen que adquirir más habilidades que los hombres para el mismo puesto. Y muchas nunca llegan a intentarlo porque no ven referentes en liderazgo. Si detectamos esa vocación temprano y las formamos bien, el acceso cambiaría.
¿Qué diferencia hace tener mujeres en los consejos de administración?
Las empresas con más mujeres en los consejos gestionan mejor el riesgo y avanzan más rápido en sostenibilidad. No es ideología. Es desempeño. El liderazgo colaborativo que típicamente desarrollan las mujeres funciona mejor para implementar prácticas sostenibles.
Pero si el sector crece al 28 por ciento en España, ¿no debería haber más oportunidades para todos?
Crece, pero la brecha de género crece más rápido. Las mujeres se incorporan a empleos verdes, sí, pero no a roles donde deciden. Eso es lo que hay que romper.
¿Qué necesita cambiar mañana?
Que los reclutadores dejen de pedir más a las mujeres. Que las empresas inviertan en formación en liderazgo desde temprano. Y que reconozcan públicamente que las mujeres están liderando gran parte de los esfuerzos en sostenibilidad, aunque no lo vea en los números de poder.