Matar deliberadamente a un gran número de civiles parece ser su objetivo principal
En el corazón de Sudán, una ciudad de medio millón de almas se convierte en el siguiente umbral de una guerra que ya ha consumido a cientos de miles. Las Fuerzas de Apoyo Rápido avanzan sobre El Obeid —nudo logístico, símbolo estratégico y tierra de goma arábiga— mientras la ONU y gobiernos occidentales advierten que el patrón de masacres sistemáticas visto en El Fasher podría repetirse. La humanidad observa, una vez más, si la advertencia precede a la acción o simplemente la sustituye.
- Las FAR concentran tropas alrededor de El Obeid con intención declarada de tomarla por la fuerza, poniendo en alerta máxima al Consejo de Seguridad de la ONU y a gobiernos de Europa y Estados Unidos.
- El precedente de El Fasher —donde 6.000 civiles fueron asesinados en tres días tras el ingreso de las FAR— convierte cada hora de avance en una cuenta regresiva con consecuencias potencialmente genocidas.
- Con más de 14 millones de desplazados y hasta 250.000 muertos desde 2023, Sudán ya carga el peso de una de las peores catástrofes humanitarias del siglo, y El Obeid podría profundizar ese abismo.
- Quien controle El Obeid dominará rutas de suministro militares y humanitarias, una base para drones y el comercio de goma arábiga, convirtiendo la ciudad en un multiplicador de poder para cualquier bando.
- La comunidad internacional emite advertencias pero no ha articulado una respuesta concreta, dejando a los 500.000 habitantes de El Obeid atrapados entre la urgencia del discurso diplomático y la inacción operativa.
El Obeid, ciudad de medio millón de habitantes en el norte de Kordofán, se perfila como el próximo epicentro de una guerra que lleva más de tres años desgarrando a Sudán. Esta semana, el Consejo de Seguridad de la ONU, gobiernos europeos y Estados Unidos emitieron advertencias casi simultáneas: las Fuerzas de Apoyo Rápido concentran tropas en sus alrededores con intenciones claras de tomarla por la fuerza. Lo que inquieta a los organismos internacionales no es solo la batalla inminente, sino lo que podría ocurrir después.
El Obeid no es una ciudad cualquiera. Controla las rutas que conectan el centro del país con Jartum y Darfur, alberga una base militar y un aeródromo, y se asienta en el corazón de una zona productora de goma arábiga de alto valor comercial. Quien la domine controla el flujo de armas, alimentos y ayuda humanitaria en una región donde ambas cosas escasean.
El conflicto nació en abril de 2023 como una disputa entre dos generales —Burhan y Dagalo— y se transformó en catástrofe histórica: más de 14 millones de desplazados y entre 40.000 y 250.000 muertos. El fantasma que guía las advertencias actuales es El Fasher: sitiada durante 18 meses por las FAR, la ciudad vio morir a unas 6.000 personas en apenas tres días tras la entrada de las fuerzas paramilitares. La ONU calificó lo ocurrido como genocidio.
Kenneth Roth, exdirector de Human Rights Watch, fue directo: matar deliberadamente a grandes números de civiles parece ser el objetivo principal de las FAR, no un efecto secundario. A ello se suma que entre enero y mayo de 2026 más de 1.000 civiles murieron en ataques con drones; capturar El Obeid daría a las FAR una base operativa para ampliar ese radio de destrucción.
Por ahora, la ciudad permanece bajo control de las Fuerzas Armadas de Sudán desde febrero de 2025. Pero la concentración de tropas enemigas en sus alrededores sugiere que eso está por cambiar. Lo que suceda en los próximos días será una prueba de si la comunidad internacional puede prevenir una nueva masacre, o si una vez más se limitará a observar.
El Obeid, una ciudad de medio millón de habitantes en el norte de Kordofán, se perfila como el próximo epicentro de una guerra que ya ha desgarrado a Sudán durante más de tres años. Esta semana, el Consejo de Seguridad de la ONU, gobiernos europeos y Estados Unidos han emitido advertencias casi simultáneas: las Fuerzas de Apoyo Rápido, una milicia paramilitar, están concentrando tropas alrededor de la ciudad con intenciones claras de recuperarla por la fuerza. Lo que preocupa a los organismos internacionales no es solo la batalla que se aproxima, sino lo que podría ocurrir después.
El Obeid no es una ciudad cualquiera en el mapa sudanés. Controla las rutas de suministro que conectan el centro del país con Jartum y la región occidental de Darfur. Alberga una base militar importante de las Fuerzas Armadas de Sudán y un aeródromo militar. Su ubicación la convierte en un nudo logístico de valor incalculable: quien la controla domina el flujo de armas, alimentos y ayuda humanitaria en una región donde ambas cosas escasean. Además, está situada en el corazón de una zona productora de goma arábiga, un producto de alto valor comercial que podría financiar operaciones militares durante años.
La guerra en Sudán comenzó en abril de 2023 como una disputa de poder entre dos generales: Abdel Fattah Burhan, que comanda las Fuerzas Armadas, y Mohamed Hamdan Dagalo, líder de las Fuerzas de Apoyo Rápido. Lo que empezó como un enfrentamiento entre élites militares se transformó en una catástrofe humanitaria de proporciones históricas. Más de 14 millones de personas han sido desplazadas dentro de Sudán o hacia países vecinos. Las estimaciones de muertos oscilan entre 40.000 y 250.000, una cifra que refleja tanto la magnitud del conflicto como la dificultad de documentar muertes en medio de combates continuos.
Lo que mantiene despiertos a los funcionarios de la ONU y a los defensores de derechos humanos es el precedente de El Fasher. Esa ciudad, también en Darfur, fue sitiada durante 18 meses por las Fuerzas de Apoyo Rápido. En octubre del año pasado, cuando finalmente entraron, mataron a aproximadamente 6.000 personas en tres días. Observadores internacionales y la propia ONU calificaron lo ocurrido con un término que rara vez se usa: genocidio. No fue un acto de guerra convencional. Fue una masacre sistemática de civiles.
Un portavoz del secretario general António Guterres advirtió a principios de junio que no se podía permitir que los horrores de El Fasher se repitieran en El Obeid. Kenneth Roth, exdirector ejecutivo de Human Rights Watch, fue más directo: las Fuerzas de Apoyo Rápido han demostrado un desprecio absoluto por la vida civil, y matar deliberadamente a grandes números de civiles parece ser su objetivo principal, no un efecto secundario de la guerra.
La capacidad de las Fuerzas de Apoyo Rápida para infligir daño también ha evolucionado. Los drones se han convertido en un arma central en este conflicto. Entre enero y mayo de 2026, más de 1.000 civiles murieron en ataques con drones. Si las Fuerzas de Apoyo Rápida capturan El Obeid, tendrían acceso a infraestructura urbana, recursos comerciales y, crucialmente, una base operativa desde la cual lanzar operaciones de drones contra posiciones enemigas y civiles en un radio mucho más amplio.
Por ahora, El Obeid permanece bajo control de las Fuerzas Armadas de Sudán desde febrero de 2025. Pero la concentración de tropas de las Fuerzas de Apoyo Rápida en los alrededores sugiere que eso está a punto de cambiar. Lo que suceda en los próximos días o semanas no será solo una batalla militar. Será una prueba de si la comunidad internacional puede hacer algo para prevenir una repetición de lo que sucedió en El Fasher, o si simplemente observará mientras ocurre de nuevo.
Citações Notáveis
No debemos permitir que los horrores de El Fasher se repitan en El Obeid— Portavoz del secretario general de la ONU, António Guterres
Las FAR han demostrado un desprecio absoluto por la vida de los civiles. Matar deliberadamente a un gran número de civiles parece ser su objetivo principal— Kenneth Roth, exdirector ejecutivo de Human Rights Watch
A Conversa do Hearth Outra perspectiva sobre a história
¿Por qué exactamente El Obeid es tan importante? ¿No hay otras ciudades en Sudán?
El Obeid es el punto de paso obligado. Controla quién lleva armas, quién lleva comida, quién lleva medicinas. Está entre Jartum y Darfur. Si lo pierdes, pierdes el control de toda una región.
Entiendo la geografía, pero ¿por qué la ONU está tan asustada ahora? ¿No ha habido batallas antes?
Porque saben lo que pasó en El Fasher. Tres mil civiles muertos en tres días. La ONU lo llamó genocidio. Eso no fue una batalla, fue una masacre.
¿Y creen que las Fuerzas de Apoyo Rápida harían lo mismo en El Obeid?
No lo creen. Lo saben. Es su patrón. En El Fasher, en otros lugares. Matan civiles sistemáticamente. No es un efecto secundario de la guerra para ellos.
¿Qué ganan con eso? ¿Qué objetivo militar tiene matar civiles?
Eso es lo que hace que sea tan aterrador. No parece ser un medio para un fin. Parece ser el fin en sí mismo. O al menos, es lo que hacen sin importar el costo.
¿Y si capturan El Obeid, qué cambia?
Todo. Controlan el comercio, los suministros, la logística. Y tienen una base para lanzar drones. Más poder, más alcance, más capacidad de hacer daño.
¿Puede la ONU hacer algo para detenerlo?
Pueden advertir. Pueden documentar. Pero están a miles de kilómetros de distancia. Lo que suceda en El Obeid dependerá de lo que hagan los sudaneses que están allí.