Las claves psicológicas y biológicas que explican por qué Messi es el mejor

La genética predispone pero no predestina
La médica Eliana Carla Filosa explica que el éxito deportivo depende de múltiples factores más allá de la herencia genética.

La genética predispone pero no predestina: Messi combina rasgos físicos innatos con disciplina extrema, entrenamiento adicional y una motivación persistente. Su baja estatura durante la infancia, lejos de ser debilidad, fortaleció su agilidad y desarrolló una inteligencia emocional que lo diferencia de otros atletas.

  • Messi se aplicaba inyecciones desde niño para combatir deficiencia de hormona del crecimiento
  • Su abuela Celia Olivera de Cuccittini falleció cuando él tenía 11 años
  • Durante dos o tres meses previos a competencias, Messi realizaba sesiones dobles de entrenamiento adicional
  • Se quedó solo con su padre en Barcelona mientras su madre regresaba a Argentina con sus hermanos

Especialistas analizan cómo la genética, la inteligencia emocional, la resiliencia y el entorno familiar de Lionel Messi confluyen para explicar su extraordinario desempeño deportivo y liderazgo.

Lionel Messi lloraba sin poder contenerse después de que Argentina venciera a Egipto, y en ese momento quedó expuesto algo que los especialistas llevan años intentando descifrar: cómo es posible que una sola persona reúna tantas cualidades simultáneamente. No se trataba solo de la victoria deportiva. En esas lágrimas estaban presentes la capacidad de gestionar la tensión de un partido que se extendió más de noventa minutos, la empatía para entender a quienes lo rodeaban, y algo más profundo aún: la habilidad de potenciar a sus compañeros, de hacerlos sentir capaces de ganar.

La pregunta que se repite en cafeterías, consultorios y vestuarios es siempre la misma: ¿nació así o se hizo así? Fernando Signorini, quien preparó físicamente a la selección argentina en cuatro mundiales, ofrece una respuesta que no es binaria. Messi posee lo que él llama aptitudes innatas: domina su cuerpo con precisión casi quirúrgica, tiene una visión periférica excepcional, detecta los momentos decisivos de un partido antes de que ocurran, y puede iniciar jugadas desde cualquier rincón de la cancha sin desperdiciar energía innecesaria. Pero Signorini va más allá. Para él, Messi no es un atleta común sino un artista del fútbol, y su pequeña estatura durante la infancia y la adolescencia no fue un obstáculo sino una bendición disfrazada. Mientras otros jugadores de su tamaño podrían haber visto una limitación, él la transformó en ventaja: desarrolló una agilidad sin igual y aprendió a esquivar antes que a chocar. Si hubiera tenido un cuerpo más robusto, especula Signorini, quizá habría optado por la fuerza bruta en lugar de la precisión.

La ciencia moderna ha comenzado a mapear los genes que parecen favorecer el desempeño atlético de élite. Investigaciones publicadas en revistas científicas de prestigio identifican marcadores específicos: la proteína alfa-actinina-3, crucial para la fuerza muscular; el gen ACE, asociado con mayor resistencia aeróbica; el gen IL6, que acelera la recuperación después del esfuerzo intenso. Eliana Carla Filosa, médica del Servicio de Cardiología y Deporte del Hospital Universitario Austral, es clara en un punto fundamental: la genética predispone pero no predestina. El éxito deportivo es multifactorial. Depende del entorno, del acceso a entrenadores de calidad, de la calidad del descanso, de la nutrición, de la salud mental y de la motivación personal. Estos factores son tan determinantes como la herencia genética misma.

Rodrigo De Paul, compañero de Messi tanto en la selección como en el Inter Miami, reveló recientemente que durante dos o tres meses adicionales ambos siguieron un plan de entrenamiento diario por encima del que realizaban con el club. Hacían sesiones dobles con su preparador físico, exigiéndose al máximo para llegar a la competencia en la mejor forma posible. Esta sobreexigencia tiene raíces psicológicas profundas. Inma Puig, psicóloga deportiva del Barcelona, observó que futbolistas como Messi siguen jugando como si estuvieran en el barrio, sin cansarse porque existe un deseo de perpetuarse, pero no para las masas sino para sí mismos y para quienes les importan.

La historia personal de Messi está tejida de adversidades que podrían haber quebrado a otros. Desde niño se aplicaba inyecciones para combatir una deficiencia de hormona del crecimiento, lo que según Mac Novicoff, historiador de la Universidad de Dartmouth, fomentó su autosuficiencia y contribuyó al desarrollo de su humildad. Durante su adolescencia, ya instalado en Barcelona, su madre Celia regresó a Argentina con sus hermanos mientras él se quedaba con su padre. Ese desarraigo, esa soledad en un momento crucial de la formación de la identidad, pudo haber sido devastador. Pero Novicoff sugiere que probablemente le inculcó independencia y la capacidad de lidiar con las discontinuidades. Sebastián Blasco, autor de libros sobre la realización personal en el deporte, explica que cuando un niño ha construido un apego seguro en su infancia, desarrolla una confianza básica que le permite explorar nuevos entornos sin perder la sensación de estar sostenido.

La terapia psicológica se convirtió en otro pilar de su fortaleza emocional. Messi mismo ha hablado de la importancia que comenzó a darle a su psiquis en la última década, reconociendo que con ayuda profesional logró cambios significativos en su tendencia a cargarse los problemas en soledad. Su esposa, Antonela Roccuzzo, es un sostén indispensable. Pero hay una figura que sobresale en su historia: su abuela Celia Olivera de Cuccittini, quien en sus primeros años peleaba con los entrenadores del club Abanderado Grandoli para que lo dejaran jugar en categorías superiores. Messi le dedica históricamente sus victorias, levantando los brazos y apuntando al cielo con los dedos índices. Ella falleció cuando él tenía once años, uno de los grandes golpes que enfrentó. Lo vincular y familiar en Messi funciona como un antídoto, un factor protector que preserva su equilibrio emocional.

Su liderazgo desafía un mito extendido en el deporte: que para liderar hay que ser extrovertido y estar permanentemente en el centro de atención. Durante años le pidieron que fuera otro tipo de líder, que hablara más, que mostrara una personalidad diferente. Messi demostró lo contrario, llegando a la cima sin renunciar a su esencia. Cuando anunció su alejamiento de la selección tras la derrota en la final de la Copa América de 2016, parecía el fin. Luego volvió y, con los años, forjó un liderazgo central basado en el ejemplo, la humildad y la búsqueda constante de sacar lo mejor de sí mismo y de cada compañero. Ganó respeto y autoridad no a través de los carteles ni los flashes, sino a través de la resiliencia y el rendimiento. Finalmente, existe una dimensión espiritual que Messi mismo ha reconocido. En el American Business Forum, reflexionó que Dios le regaló un don, pero que en el camino hizo mucho sacrificio y esfuerzo para fortalecerlo. Siempre tuvo una meta e hizo todo lo posible para conseguirla. La espiritualidad, en su caso, ofrece un anclaje, una perspectiva más amplia que recuerda que la esencia de uno es mucho más grande que cualquier resultado deportivo.

La genética predispone, pero no predestina. El éxito deportivo es multifactorial: comprende el entorno, el acceso a entrenadores, la calidad del descanso, la nutrición, la salud mental y la motivación personal
— Eliana Carla Filosa, médica del Servicio de Cardiología y Deporte del Hospital Universitario Austral
Durante los últimos dos o tres meses con Leo seguimos un plan de entrenamiento diario adicional al que hacemos con el club. Nos exigimos al máximo para llegar en la mejor forma física posible
— Rodrigo De Paul, compañero de Messi en la selección argentina e Inter Miami
La Conversación del Hearth Otra perspectiva de la historia
Inventor

¿Entonces no es solo genética? ¿Eso que vemos en la cancha es principalmente trabajo?

Model

Es ambos, pero ni uno ni otro por separado. La genética le dio herramientas, pero sin la disciplina extrema, sin esas sesiones dobles de entrenamiento, sin la obsesión de mejorar cada día, esas herramientas no significan nada.

Inventor

¿Y la estatura baja? Eso parece casi una ventaja en retrospectiva.

Model

Exacto. Lo que pudo haber sido una tragedia en la infancia se convirtió en su mayor fortaleza. Aprendió a moverse de forma diferente, a ser más ágil, a pensar antes de actuar. Otros jugadores más grandes nunca desarrollaron eso.

Inventor

Mencionas la terapia. ¿Es raro que un atleta de ese nivel necesite ayuda psicológica?

Model

No es raro, es inteligente. Messi reconoció que tendía a cargarse todo solo, y buscó ayuda. Eso es fortaleza, no debilidad. Muchos atletas de élite lo hacen, pero pocos lo admiten públicamente.

Inventor

¿La familia es tan importante como el talento?

Model

Probablemente más. Su abuela lo empujó cuando era pequeño, su padre lo acompañó en Barcelona, su esposa lo sostiene ahora. Sin eso, sin esos vínculos seguros desde la infancia, todo lo demás se desmorona.

Inventor

¿Y la espiritualidad? ¿Eso es parte de su rendimiento o es algo separado?

Model

No está separado. Es un ancla. Le permite recordar que él es más grande que cualquier partido, que cualquier gol. Eso le da perspectiva y paz mental, y eso se traduce en rendimiento.

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